Hilario Jiménez
(Montánchez, 1974)


Es Licenciado con Grado en Filosofía y Letras (Filología Hispánica). Ha estudiado con detalle la escritura de algunos poetas de la llamada Generación del 27 y sobre ellos tiene publicados diversos artículos y trabajos, destacando el libro Lorca y Alberti, dos poetas en un espejo (2001) reeditado ya en varias ocasiones; entre otras cosas, ha coordinado el volumen Pablo Neruda, un corazón que se desató en el viento (2005), homenaje en el centenario del poeta chileno, y recientemente ha publicado la edición de una amplia selección poética del extremeño Félix Grande titulada Una grieta por donde entra la nieve (2006).

Profesor, conferenciante, colaborador en revistas científicas y de creación y jurado en varios premios literarios, en los últimos años se ha acercado a la creación poética: Paisaje sin figuras (1995), aún inédito, En un triángulo de ausencias (2003), ilustrado por Eduardo Naranjo, Versos color naranja (2004), muy influenciado por la pintura, y Delirio in extremis de un aguador con sed (2004), original composición en torno al agua. En estos días ve la luz un libro colectivo con tres amigos bajo el título Cuatro poetas en un tobogán (Badajoz, Littera Libros, 2006), donde recoge una pequeña antología personal junto con algún inédito.

Actualmente termina un nuevo poemario y realiza la edición crítica de varios libros: Antología comentada de los poetas del 27, Las brujas de Luis Chamizo, una selección poética de Pablo Neruda y la revisión y actualización de la Historia de Montánchez, su pueblo natal.

 


HE SEGUIDO tus palabras y estoy aquí.

La noche cubre la estancia;
todo ya anochece.
Oscuro y abatido
mi cuerpo
se extravía en tu laberinto
y la eternidad
es como el agua al fin.

Y recogido en tu abrazo todavía
pienso
que la fugacidad del hombre
descansa en un suspiro,
el mismo que tú y yo
hoy compartimos entre sombras,
lentamente extasiados.

(De En un triángulo de ausencias)

 




LA BUSCA

a mi amigo Manolo Ávila, desde Granada


Siempre esperó aquella noche de ventanas cerradas
donde abrazarse a un susurro amanecido
que le diera la mano y paseara su vida.

No recuerda por qué allí sus ojos
desearon probar besos mudos de madrugada,
cómo se dejó atar sin remedio
a cansados sueños de pies cansados,
su cuerpo humillado
ante el desnudo perfecto de la manzana madura.

Sólo confiesa que los pequeños secretos
no han desaparecido con las duchas ni los viajes.
Que dos manos sin dedos tejen por su espalda
la fina tela de las palabras que caen como el día.
Que tras esa voz serena y oscura se pierde
aquel viejo árbol enterrado en cemento.
Que ya no existe si cuando despierta
una sombra no duerme sin ropa a su lado,
con unos labios delgados y mudos
que se saben dueños de la tierra.


(inédito)

 

 

Blog del autor: Ausencias

Otros sitios webs sobre el autor:

Revista Alcántara
El país literario

 

© Hilario Jiménez Gómez

 

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