CUATRO POETAS EN UN TOBOGÁN

Por Carmen Téllez

 

 

Alburquerque, 2005. Un parque infantil. Un tobogán. Reunión de poetas. Cuatro de ellos suben al tobogán. Un acto intrascendente, lúdico, alegre. Una fotografía paraliza el momento, conjura el tiempo. Este libro se genera desde la memoria de ese instante captado en la fotografía.

Algunos instantes se separan de la medida cotidiana del tiempo, quedando ahí expuestos, encapsulados, como ese insecto en la gota de ámbar, conservando un gesto, un movimiento para siempre. Esa es la magia de la fotografía.

Desde ese azaroso juego, es como llega esta antología compartida, donde se unen trayectorias trascendiendo diferencias. Los poetas se acercan, no sólo por compartir referencias de cultura y tiempo, sino también por ese deseo presente en todo poeta de llegar a desenmarañar la existencia, pues un poeta es alguien ávido de realidad, de intimidad con todas sus formas posibles.

La selección de textos escogidos que aparecen en el libro representan muy bien a los autores, que aunque partan de esas referencias comunes, todos tienen miradas y lenguajes propios. El resultado es una obra en la que se entrecruzan los autores, con distintos momentos de los mismos. La antología se compone de poemas en su mayoría aparecidos ya en las diversas publicaciones de cada uno de ellos, pues todos parten de un camino poético bien trazado, aunque en esta ocasión incorporan poemas inéditos, que dejan ver hacia dónde se dirigen sus inquietudes y adelantan trabajos futuros.

Ilumina la antología el prólogo realizado por Simón Viola, en el que profundiza en las trayectorias poéticas y las obras publicadas por cada uno de los poetas.

Y tal como aquel momento les captó, una mirada fotográfica a cada uno de ellos…

JOSE Mª CUMBREÑO

Es la visión poética de José Mª Cumbreño el resultado de una mirada sorprendida como ante un microscopio, que examina la vida y sus paradojas, describiendo sus observaciones desde una distancia aséptica y casi científica. Sus poemas tienen algo de desconcierto y certezas, de vísceras y sentencias lapidarias.

“exige la llanura un tributo de hogueras
al que se atreve a cruzarla”.

Nos dice el poeta. Y nos habla de la vida, pero desde más allá de la vida, con esa distancia de observación calmada y reflexiva que da la sabiduría de haber atravesado el infierno.

“me pregunto si de verdad
huir me ha salvado de algo”
En sus poemas-sentencia, de ÁRBOL SIN SOMBRA, de nuevo la vida como ese enigma de múltiples manifestaciones que se muestra en el absurdo, en lo incontrolable.
Sus ojos son precisos. Observan las certezas con cierta perversión de coleccionista. Escoge, analiza, selecciona momentos y verdades, y despacio, delicadamente, como si fueran pequeños insectos, las va ensartando y clavando en el poema, como si éste fuera un corcho. Al final, el poema, una colección de pequeños cadáveres.

“Impide la cría más fuerte que la otra coma.
Las flores trasplantadas
no arraigarán.
La mujer que no sobrevive al parto”

Nada pasa desapercibido para José Mª Cumbreño, también su mirada escrutadora se posa sobre lo cotidiano, y a través de un conjunto de breves textos en prosa, los objetos transmutan en metáforas.

EL COLADOR
“La mujer del pescador cuela el agua antes de beberla
para no soñar por la noche con tempestades y naufragios”.

Nos engaña el poeta en su poema inédito ESTRATEGIAS Y MÉTODOS PARA LA COMPOSICIÓN DE ROMPECABEZAS, donde de nuevo, desde el objeto cotidiano y partiendo de un lenguaje inocente y descriptivo, rápidamente se volverá contra nosotros transformándose en dictamen y revelando verdades, sabiamente construidas entre instrucciones de montaje. De nuevo, la enumeración de lo inevitable, el tiempo, que se manifiesta en la arena, particiones sucesivas y constantes. El tiempo, que divide y nos divide:

“Pero, mientras que todos los juegos
se quedan siempre en ensayos
con el reloj sólo es posible
(una tribu necesita símbolos)
perder y jugar en serio”


ANTONIO RESECO

“Nos urge el silencio”, advierte.

Tiene Antonio Reseco un tono reflexivo, casi filosófico, aunque la presencia del poeta está entretejida en el poema con un hilo emocional bien presente. Sus textos están envueltos en una niebla de nostalgia y desilusión y revelan la dificultad de mantenerse en equilibrio entre el tiempo y la memoria. En ellos hay una visión crítica de la vida, pues ésta es presentada como una senda de dilemas.

“Nada es ya lo que creíamos,
ni la altura que alcanzamos
ni la vista desplegada en perspectiva”.

Explora Antonio Reseco formas poéticas diversas, y a través de la prosa y a modo de diario manifiesta cierta desconfianza de la palabra, la palabra que a veces abruma y que aquí se erige como representación de lo mundano y banal; por esa razón, nos exhorta al silencio, que no es otra cosa que atención y contemplación:
“Nos urge el silencio.
A veces, abruma el saludo, la oferta, el ruido.
Basta observar lo ignorado de las cosas, la piedra exacta, rotunda
que abrió durante siglos el camino del arroyo”.

También desde el silencio llega el conocimiento, pues aquel parece contener la condición para una observación minuciosa. Observación iluminada y ampliada por la noche y la falta de sueño.

“acaso sea este tránsito
por calles solitarias
la respuesta al conocimiento”

Y tras esa observación, de nuevo, los momentos, esos instantes lúcidos donde la mirada se aclara y permanece. En el poema inédito reflexiona con cierta ironía sobre la existencia, llegando a plantear la duda sobre una vida rodeada de libros, e incluso sobre el sentido del oficio poético, mostrando además los verdaderos temores que se esconden tras ese desencanto.
“éste que reescribe sus temores,
su muerte,
el olvido seguro
de su nombre”.

 

HILARIO JIMÉNEZ GÓMEZ

No es fácil hablar de amor, aunque sea el tema poético por excelencia. Hilario Jiménez ahonda con valentía en el sentimiento amoroso, sus versos tienen intensidad emocional, y en este sentido se arriesga.
El sentimiento amoroso es para este poeta ese prisma por el que mira y a través del cual, contemplará también la huella que el amor genera: el dolor, el abandono, la ausencia. Pero también el sentimiento amoroso tiene una presencia poderosa como fuerza protectora, incluso siendo evocado desde la memoria, para dar sentido a la existencia y amortiguar el dolor.

“Claro que sé amor
que como a mí te angustia este anochecer
que parece invadirnos con su eternidad”.

Sabe el poeta de lo transitorio de los momentos, y de esa leve línea que une a la muerte con la vida. Todo tiene un sentido de provisionalidad, de momento efímero:

“la fugacidad del hombre
descansa en un suspiro”

En ese viaje de exaltación del sentimiento amoroso contempla la realidad y esta contemplación convive con la reflexión, como en los poemas de VERSOS COLOR NARANJA donde en ellos, al lado del mar y viviendo con intensidad ese presente, se evocan momentos amorosos que ya pasaron, pero esta vez la memoria está en calma, sin melancolía.
“El agua me envuelve
parece arroparme en tu ausencia,
en la noche,
en el sueño”.

 

DANIEL CASADO

En un juego de espejos, imagina Daniel Casado las manos del lector llegando al poema, y a través de ellas, recrea e inventa, en ese imposible movimiento donde se funde la memoria con el futuro, considera la propia existencia y la poesía como crisol de certezas, donde el poeta se “atraganta en la verdad de las cosas”.

“y piensa que en el poema,
-torpes signos escritos contra la muerte-
tu naciente rostro
terminará quizás asomando”.

La poesía de Daniel Casado está “atravesada de símbolos”, y éstos llevan dentro una fuerte carga de búsqueda espiritual. De entre sus símbolos más visitados: las manos. Son las manos un gran referente en sus poemas. Se muestran como puerta a la memoria, unas manos que tienen aún sueño evocadoras de la infancia, que sostienen una moneda como divisa de la amistad, manos que son atravesadas por el tiempo o que nos trasladan al recuerdo del amor perdido:

“miro, a solas, mis manos.
Sólo en ellas parece posarse,
siquiera un segundo,
el abrasado rastro de tu amor”

La infancia, ese territorio perdido, es rememorada por Daniel Casado desde lo cotidiano y sus personajes. Sus textos en prosa tienen como eje esa recreación, los ojos de la infancia, que con un toque “proustiano”, se despliega desde la memoria sensorial con la que a través de sabores, olores, sonidos...reconstruye sensaciones de la niñez, “esos días atravesados por los símbolos.”

EL AFILADOR
Tiene su armónica el pulso exacto de mi infancia.

Apuntan otros temas en la trayectoria poética de Daniel, que además de su habitual introspección, desarrolla una proyección más externa y social, como deja ver en sus poemas inéditos.

Finalmente, esta breve visión, esta fotografía, es también una panorámica de un grupo de poetas contemporáneos, y quizá, aunque la poesía sea siempre memoria, es este un momento encapsulado de cuatro trayectorias que se subrayan y confirman hacia el futuro.

 

Carmen Téllez