Del Tobogán

han dicho...




Tras el IX Congreso de Escritores Extremeños -celebrado en Alburquerque en abril de 2005- cuatro jóvenes poetas de dicha Comunidad Autónoma decidieron reunir algunos de sus poemas para conformar esta antología colectiva. En la lectura de Cuatro poetas en un tobogán se vislumbra una serie de semejanzas. Así, se observa un deseo de experimentar con todo tipo de formas poéticas, que van desde en el empleo de la prosa poética hasta el de las enumeraciones acompañadas de un espíritu lúdico. Al pasar a las peculiaridades de cada uno, notamos en el caso de José María Cumbreño un ingenioso empleo de la historia de Sodoma y Gomorra en "Soar". Antonio Reseco, por su parte, hace gala de un gran esmero en la palabra escrita para describir diversas vivencias urbanas. Hilario Jiménez Gómez aborda los temores compartidos del amor así como la huella que deja el abandono. Finalmente, Daniel Casado posa su mirada en hechos cotidianos como la guerra de Irak y en el efecto del tiempo en el ser humano. La edición se enriquece con un riguroso y oportuno prólogo de Manuel Simón Viola.

G.L.
ABCD de las Artes y las Letras

 

 


Mucho que decir de estos CUATRO POETAS EN UN TOBOGÁN que irrumpen y acaparan, en la inicial fotografía que da título al libro, el espacio del niño. Si según Barthes afirma, la composición canaliza y la lectura disemina, este juego aparente del epígrafe y la imagen, nos remite a un proceso de selección de textos inteligentemente planteado. Un simbólico juego aunando similares trayectorias donde el fragmento engarza los motivos, perfectamente unido al grupo en que se inserta. Las breves páginas que conforman este libro, contienen la plural muestra literaria que ha fermentado, y crece, con una misma levadura de temporalidad. Tanto José Mª Cumbreño, 1972; Antonio Reseco, 1973; Hilario Jiménez, 1974 y Daniel Casado, 1975 se integran en una misma corriente o parecida visión cultural y existencial pero con lenguajes y expresiones diferenciadores, marcados- pese a la juventud del cuarteto- por la calidad y la impecable madurez compositiva. No obstante, para entender mejor la gestación de este libro y de la obra de cada uno de los integrantes del mismo, remito a la sapiencia y magisterio del autor del prólogo, Simón Viola. Viola traza en unas breves páginas introductorias, un clarificador y sugerente estudio sobre los textos de los cuatro autores. Yo aquí me limito, de forma subjetiva, en aportar la visión personal que la lectura de estas obras – y de otras que de ellos he leído - me suscita.

Personalmente, prescindiendo al principio de los poetas que lo vertebran, he leído esta entrega como un todo; como siguiendo la estela de una armónica combinación de secuencias simultáneas que se abre con la hondura metafísica de Soar, el poema de José María Cumbreño, donde la incertidumbre del tiempo y la memoria se vuelve circular o encadenada. Más que al personaje bíblico, el Lot que reflexiona me remite a otra huida: A la Huida de Lot de Alkexander Wat, no por la referencia o la influencia pues el Lot del poema y el de la novela son distintos- distantes, sino por que, aunque no sean comparables, los dos poseen la contemporaneidad de una distancia indagatoria. La extrañeza “de las motivaciones de los actos humanos (…) todas las pruebas de la naturaleza humana, hasta lo más profundo de los sueños del hombre”. -Como sostiene el Lot de Wat- mientras que el de Cumbreño en su exilio: Imagino que el tiempo / es una escudilla volcada sobre la mesa. Y que Exige la llanura un tributo de hogueras/ al que se atreve a cruzarla (…) mientras culmina: Me pregunto si será cierto / eso de que todos murieron. Me pregunto si de verdad / huir me ha servido de algo. Este creador, aparte de la excelencia de su poética, es dueño también de una especial maestría en el relato al que aporta ese punto de intriga, de irónica distancia, tan ágil y tan contemporáneamente subversiva.

Antonio Reseco es poseedor de un lenguaje profundamente interiorizado, de una expresiva y sorpresiva, espacial y especial madurez, debatiéndose siempre entre la duda y la certeza entre el silencio:
Nos urge la mudez, el designio de creer inútiles todos los sintagmas, de conocer la belleza que encierra el verbo nunca pronunciado… y la palabra.
Dotado de una rara intensidad, tan honda como leve, proyecta la turbia ambigüedad de las atmósferas, a menudo opresivas, envolventes y secretas; y a veces, sabe convertirse en ese flâneur baudelariano, que vaga por las calles del misterio, internas y exteriores del propio laberinto, buscándose y buscando el centro mismo del conocimiento o la sabiduría…
En cada periplo, en cada ensoñación esquivamos los recovecos. Una afilada arista que rasga siempre y sin contemplaciones el lineal discurrir.
Desde jóvenes fuimos enseñados / a orillar lo irredento de las cosas: Somos abandono y evitación…arañar la apariencia para ahondar en el fondo o, alerta, en la tan personal vigilia de ese Isomnio: Acaso sea este tránsito / por calles solitarias / la respuesta al conocimiento.

Al margen de tendencias e in- tendencias, la poética de Hilario Jiménez al que no le importa poner el enunciado Flores dormidas – tan seguro se encuentra de lo que le persigue a lo que aspira - a uno de sus poemas, ni acariciar la piel de la palabra con una brisa clara de mar nuevo y antiguo o expeler el aliento sobre el azogue terso del espejo como si fuera la transparencia que abisma y que reclama. No es nada fácil hablar de amor ahora sin caer en los tópicos, sin abismarse y, al filo mismo del acantilado guardar la voz y el eco comprometidamente y escribir, sólo así, con valentía que: Oscuro y abatido / mi cuerpo / se extravía en tu laberinto / y la eternidad / es como el agua al fin . Y,… que la fugacidad del hombre / descansa en un suspiro, el mismo que tú y yo / hoy compartimos entre sombras, /lentamente extasiados. O también esa buscada herencia del mejor surrealismo, contemporáneamente trasvasada en metáforas llenas de contenido. Unos versos palpitantes y eternos que nos hablan de muerte como si fuera amor o del amor como si fuera muerte y también de promesa, al filo del silencio o al borde del milagro, devuelto a la espuma de un mar cuyo horizonte puede ser espejismo o extravío.

Daniel Casado, persigue la fugitiva luz en la penumbra, la esquiva certidumbre de lo incierto, y sin arqueologías, las huellas de las sombras, los fragmentos del sueño, la realidad del aire. Poliédrico, cercano en apariencia, escrutador de signos, esquivo hacia lo hondo, busca en su propio tiempo las señales de todo lo intangible, atrapando lo huidizo bajo el limo del fondo. Palpando lo real: Desde un rincón cualquiera, en un ático / cualquiera, mientras la ciudad – y tú con ella-/ duerme, pasto de la soledad, un hombre solo / traza signos y se interrumpe, llora o escupe, / se atraganta, en fin, en la verdad de las cosas. / Y piensa que en el poema, / - torpes signos escritos contra la muerte-, / tu naciente rostro / terminará quizá asomando. (…) Y que en este cerco donde asoma ahora/ el vacío, un verso, oscuro, te revelará. Perfeccionista, conocedor del viento del pasado y abriendo cauces nuevos de futuro. Sabedor del azar y de lo efímero.

Desde esta cuádruple sumersión, yo recomendaría leer despacio este libro. Guarda muchas sorpresas. La obra de estos cuatro creadores, no agota ese misterio de la fuga y de la permanencia o de las secretas familiaridades donde apenas mediremos el sentido que trasciende la sorpresa individual de un poema, el afilado alejamiento de una certeza, la tensión provocada en un relato, el conflicto que resuelve determinada imagen, ciertas claves, el entrecruzamiento de las múltiples voces, la circular mirada y la atracción del vértigo, la visión del vacío y una complicidad- complejidad cercana y vinculante a las que aportan las dosis de ironía necesarias que aligeran el peso de lo reflexionado; con mucho más de “juego” sin perder la agudeza de las observaciones.

 

Efi Cubero
Revista Vegas Altas de la Serena




Creo que el hecho de publicar poesía así, uniendo fuerzas, tan osadamente, siendo ellos mismos los que gestionan su propio presente creativo, demuestra una solidez en sus intenciones muy necesaria en el ambiente literario que nos rodea. Y seguro -en esto seré un tanto egoísta- que eso nos abre puertas a la hora de ser escuchados a muchos otros, entre los que me incluyo.

El libro, por sí mismo, ya es un triunfo, un éxito de sus poéticas a nivel individual (y no soy nadie para aportar juicios de valor a calidades tan patentes), pero sobretodo un éxito de la poesía que representan como grupo, como literatura de un solo cauce, con mucho bueno que decir, también a coro.

Estas y otras características hacen de este poemario un feliz preludio a algo mucho mayor, lo sé, algo que seguramente ponga en sus voces las bases para lo que está por venir en la poesía de nuestra región. Algo para lo que no falta tanto tiempo… espero no equivocarme. (Y espero, también, estar cerca cuando suceda…)

Os invito, de paso, a visitar su web. Más allá de la lectura obligada del libro, es importante el novedoso contenido que estos poetas aportan a su obra a través de internet. (Tres guiños que me han hecho sonreír con ella: la sección de amigos, en la que se me incluye -muchas gracias-, el poema visual de Juan R. Montaña y la foto de Hilario bajo el retrato de Larra. Sin desperdicio).

Comparto vuestro brindis, compañeros.

Salud y Poesía!!!


José Manuel Díez, músico y poeta.