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Autor: Chema Madoz

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maradentromaradentromaradentromaradentro
1 de septiembre de 2006

En el mar, como en la vida, nadar siempre mar adentro...


Servidor se va unos días a la playa... (¡por fin!)


Un sencillo latido
31 de agosto de 2006

Recuerdo ahora aquellos versos de Seferis: Aquí acaban las obras del mar, las obras del amor... También yo siento que un ciclo concluye. Y otro comenzará allá donde el pié no acierta a dejar su huella. Pisadas en la arena de la probabilidad. Surcos en el tiempo y sombras en el espacio. Parece fácil. Vivir es fácil -decía otro poeta-, arduo sobrevivir lo vivido... El olvido, mientras tanto, se nos da como una bendición. Maldita bendición. Bendita maldición. Hoy miro al horizonte sabiendo que vivo en medio de una extraña felicidad. Siento su olor: es así como el presente fabrica su nostalgia.

Se vive fácilmente. Un sencillo latido, después otro...


Alucinógena:
31 de agosto de 2006

Todos llevamos el Pensamiento hacia otra parte.
Sólo el Tiempo nos mira, indiferente.


Oído esta tarde en Proserpina:
31 de agosto de 2006

Un padre a su hijo:
- ¡Acho, gilipollas, un poco de respeto!

(Por cortesía de Gino y Cristina)


Dos voces
30 de agosto de 2006

Esta mañana conversando:
- ¿Y qué te parece el ZP, se coge un avión para ver a su esposa actuar? (*Más o menos)
- Pues no sé... p´a mí que se quieren.


Shine on your crazy diamond
25 de agosto de 2006


Syd Barrett (1946 - 2006)

 

Escuchando: Pink Floyd, "The Piper at the Gates of Dawn" (1967)


Adiós Plutón
24 de agosto de 2006


Eras el feo, el taimado, el último de la clase, el diabólico Plutón. Hoy se te destierra del Sistema Solar, no por tu breve circunsferencia, ni por tu linaje maldito, ni siquiera por tu nombre de enfurecido can sabueso. Te excomulgamos de nuestra rígida memoria porque los hombres de ciencia así lo dictan. Ellos, que nunca alcanzarán a medir tu preciosa indiferencia.






Tiburones

23 de agosto de 2006

Durante un segundo y medio aparece en el televisor el nuevo presidente del Real Madrid, esa instituión que ha llevado el mundo del balompié (¿recuerdan aquel deporte?) a una nueva dimensión más cercana al show bussines, las artes circenses y el proxenetismo más abyecto. Como ya es habitual, el presidente habla de la inminente compraventa de un nuevo títere (de escatológico nombre, por cierto) para la honorable colección de mascotas y camisetas que preside, cuando desliza la siguiente prenda: "Es una cuestión, como todo en la vida, negociable", afirma sin pestañear.

¿Pero quién ha dejado el deporte en manos de impresentables como éste tipo? ¿Quién coño le ha dicho a éste señor que "todo" en esta vida sea negociable? Lo será, sin duda, el espectáculo de masas al que debe su cargo y, desde luego, la fiera mercadería del inframundo financiero del que proviene (al igual que su antecesor), pero no todo. No todo, señor presidente.

Resulta repugnante que individuos así ocupen los mejores minutos de los informativos, y no se ofrezca mejor ejemplo a los chavales que un presidente que "todo lo compra", porque todo lo vende. Estos marios condes de pacotilla han arruinado mi afición por el fútbol. Y luego está el circo: ésa pléyade de lacayos de los mass media que aplauden las gracias y miserias de directivos y jugadores repitiéndolas en el infinito de sus crónicas. Todos conocemos las viles y ser-viles maniobras de compraventa de las transmisiones televisivas, el trasiego de maletines, las primas extras, el negocio de la mercadotecnia, los productos oficiales, la benigna hipocresía de los partidos anti-droga...

No lo llamen deporte, por favor. Un respeto para los profesionales del espectáculo.



Donde crecen las rosas salvajes

22 de agosto de 2006

Me derrite la mórbida belleza de esta canción, Where the wild roses, de Nick Cave, que escucho una y otra vez con pasión pajillera y noctámbula. Un lujo la letra, desde luego, en la línea de sus agónicas "murders ballads": puro ejercicio de contención misógina que va penetrando dulcemente, como un limpia cuchillada. La canta a dúo con Kyllie Minogue (¡!) y sus voces se acomplan produciendo un belleza bizarra, turbia pero serena, como un injerto de amapolas bajo las uñas. La indolencia del mp3 se presta a estas flaquezas de la emoción, como si el único surco que quedara por abrir fuera un cerco grotesco, delicioso, en lo más profundo del alma:

El último día, la llevé donde crecen las rosas salvajes.
Ella se recostó a la orilla. El viento pasaba como un ladrón.
Mientras le daba el beso de despedida dije: “Toda la belleza debe morir”
Y dejé plantada una rosa entre sus dientes.


Una y otra vez, ya digo, mientras la noche se vacía como un avispero infectado de luz.

Nick Cave, "Murder ballads" (1994)



Don Juan Manuel

21 de agosto de 2006

La indignadísima carta de don Juan Manuel de Prada, hoy en ABC, saliendo al paso del ataque perpetrado por el director de ese rotativo contra el escritor Suso de Toro, me pilla inmerso en las andanzas de Pedro Luis de Gálvez, protagonista de una de las mejores novelas de Prada y miliciano del infortunio en otro libro exquisito: "Desgarrados y excéntricos" (Seix Barral). Podríamos sospechar que tan presto ejercicio de corporativismo -ejemplar en este caso y cargado de razones-, viene a engordar la nómina de duelos noviliarios tan del gusto de otras épocas felizmente superadas. Ni siquiera divierten ya, aunque reconforta saber que aún hay espadachines capaces de jugarse la cara en redomada actitud mosquetera. El Richelieu de turno siempre tendrá la mejor carroza, pero no es tan diestro con la vaina.


Préstamos y ausencias
20 de agosto de 2006

Agradezco el afectuoso guiño de José Manuel Díez, que rescata en su blog un libro tan especial como Me Acuerdo. El efecto de aquellas lecturas "extravagantes" de finales de los Noventa, cuando de la mano de Elías Moro uno se zambullía en piadosas lecturas que nunca olvidará y disquisiciones sobre estética que nunca aprendió del todo, terminó aflorando en un venéreo homenaje al autor de La vie mode d´emploi, el irrepetible George Pèrec (1938-1982).

Poco más puedo decir: a ratos sentía que tocaba la Belleza con los dedos. Tan ignorante es la felicidad.



Mi nombre es Nadie

19 de agosto de 2006

Ulises gritándole "Mi nombre es Nadie" al salvaje Polifemo. Y el temible ojo sangrando en llamas. Y la oscuridad circundante. Y el destino escrito, una vez más, en la breve y certera ascua. Principio de la Noche. Principio irremisible de la Luz. Así la perpetua rotación de nuestros actos se consagra a ser ese Nadie.

Y el Hombre, que no tiene historia, inventa su biografía.



Elogio de la traición

18 de agosto de 2006

¿Quién de nosotros está en condiciones de juzgar a Günter Grass? ¿Quién, desde nuestra inmovilidad de lectores, puede reprocharle haber afrontado aquellos años de hosca alucinación, afiliándose con tan sólo diecisiete años -y sin alternativa posible- a las Waffen-SS? ¿Acaso no conspira toda su obra contra los principios de cualquier totalitarismo? ¿Dejamos de admirar a Gottfried Benn, Ezra Pound, Ernst Jünger, Céline, Ungarretti... y tantos otros con similares -y aún peores- indicios de locura?

Si la vida es eso, precisamente: experiencia y traición.


Simulacro de otoño
17 de agosto de 2006

Hay simulacro de otoño en mi calle. Una gota de lluvia ácida en mi mano señala el fin de todas las estaciones.


Pintadas
16 de agosto de 2006

Me divertía, lo confieso, rubricar este muro con la warholiana lengua de los stones (los rolling para los más castizos) pero en vista de la reciente espantá he decidido retirarles el saludo. Sólo por unos días, claro, lo que tarde en pinchar de nuevo el fantástico A Bigger Bang y caer como un idiota rendido a los pies de Sus Afónicas Majestades.

La idea era recuperar el tapiz del muro como lugar de expresión. No recuerdo quién señalaba que el graffitti es la última forma expresiva que se manifiesta sobre el lugar del propio mensaje (tiene toda la pinta de ser Valente, pero no estoy seguro). Pues bien: demos rótulo al tabique, escribamos en él lo que se quiera; como en aquel poema de Ángel González, pongamos Marica el que lo lea, o Good save the qeen, o Clapton is God, o Basta ya, Nunca Mais, No en mi nombre... o simplemente que cada cual escriba, pero con tinta de sangre, Viva yo.

El Muro de las Pintadas.
Por gentileza de Chuty y Mundos Virtuales


Miguel de Tena: Lámpara Minera
13 de agosto de 2006

A la cuarta ha sido la vencida. El cantaor Miguel de Tena, de 29 años, ganó anoche la Lámpara Minera, es decir, el primer premio del prestigioso Festival de Cante de las Minas. Y qué quieren, a mí me ha emocionado particularmente este triunfo. Hace unas semanas lo ví cantar en televisión y me dejó pasmao. Ahora se confirma que lo suyo es, además de tesón y mucha garra, verdadero Arte.

Nacido en el pueblo de Ruecas, en la provincia de Badajoz, de Tena ha pasado trece años trabajando en una fábrica de sillas hasta que, hace año y medio, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente al flamenco. Tiene en su haber tres trabajos discográficos, aunque yo sólo conozco el último, Vaivén (2004) que recomiendo abiertamente.

Cuentan que el cantaor nada más salir a recoger el premio, con la emoción contenida y alguna que otra lágrima reprimida, manifestó: "Este premio se lo dedicó a mi hijo Angel, y a mi mujer Conchi que me ha apoyado toda la vida, a toda Extremadura, a todos vosotros y a los que me habéis apoyado siempre".

Esperemos que este triunfo de un artista verdadero haga caer de la burra a ciertos ayuntamientos e instituciones extremeños cuyo mecenazgo a triunfitos sin voz y a otras desoladoras quimeras veraniegas es realmente patético. Yo por lo pronto le deseo una feliz carrera.


MEMORIAS DEL SUBSUELO:
Personaje del mes: Armando Buscarini

Llevo días leyendo con devoción la obra de cierto poeta riojano al que hasta ahora sólo conocía por referencias literarias. Se llamaba Armando Buscarini y estaba convencido de ser un genio. El libro que me ha puesto definitivamente sobre su pista se llama "Orgullo. Poesía (in)completa" (Ediciones 4 de agosto) y es una delicia, altamente recomendable, pese a que su autor no fuera un prodigio de los dioses, ni el alma de Bécquer -como él pensaba- se hubiera reencarnado en su persona.

Antonio Armando García Barrios, más conocido como Armando Buscarini (Ezcaray, Logroño, 16 de julio de 1904 - Logroño, 9 de junio de 1940), poeta bohemio español.

Fue hijo de Asunción García Barrios, madre soltera que volvió a su pueblo Ezcaray desde Argentina (a donde había emigrado buscando una vida mejor) para dar a luz a su único hijo. A los quince años, tras haber escrito algunos relatos sobre su pueblo natal y algún que otro canto a su prima, de quien se había enamorado, viajó a Madrid para hacerse como escritor, presentándose ya allí con el seudónimo de Armando Buscarini, supuesto apellido de su padre, a quien nunca conoció. Ese mismo año de 1919 vio la luz su primera publicación, el folleto de poemas en prosa y verso titulado Ensueños. A este opúsculo siguieron otros tantos cuadernos de poesía, obras dramáticas y narrativas como Cancionero del arroyo (1920), Dolorosa errante (1921), Rosas negras (1921), Yo y mis versos (1921), Sombras (1922), Por el amor de Dios (1922), Sor Misericordia (1923, obra teatral escrita junto a Mario Arnold), El aluvión (1924), Maruja la de Cristo (1924), Mis memorias (1924), El rey de los milagros (1924), La reina del bosque (1925), Baladas (1926), Los lauros (1926), La cortesana del Regina (1927), Los dos alfareros (1927), El rufián (1928)... que Buscarini vendía como podía en su puesto ambulante. Cuando las ventas iban mal, acababa la jornada entre los contertulios del madrileño Café Pombo, donde acudían escritores como Ramón Gómez de la Serna o Rafael Cansinos Asséns. A otros, como a los hermanos y dramaturgos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, Buscarini les amenazaba y chantajeaba con suicidarse tirándose desde el Puente de Segovia, viaducto que ha sido puerta hacia la muerte habitual en Madrid para los suicidas, argucia aprendida cuando Navales y Ruano amedrentaron a Buscarini intentando arrojarle al vacío tras haberles molestado (junto a otro poeta maldito o bohemio contemporáneo como Pedro Luis de Gálvez) en el momento en que hacían el amor con sus novias en el Palacio de Oriente, episodio del que le salvó Rafael Cansinos-Assens, que pasó casualmente por el lugar adecuado y en el momento preciso.

Su propia madre le ingresó en el Hospital Psiquiátrico de Madrid, desde donde fue trasladado a Valladolid (donde escribió su testamento) y, finalmente, murió enfermo de esquizofrenia y sífilis en el manicomio de Logroño.

La vida de Buscarini ha sido reconstruida por Juan Manuel de Prada a partir de las crónicas de César González Ruano, Ramón Gómez de la Serna y Cansinos Asséns, así como de lo escrito por el psiquiatra logroñés Alberto Escudero Ortuño en Los caminos de Hipócrates. Prada tomó a Buscarini como personaje secundario en su novela Las máscaras del héroe, que repasaba la vida bohemia de algunos escritores de principios del siglo XX, paralelos a la Generación del 98; posteriormente le dedicó la semblanza Armando Buscarini o el arte de pasar hambre que, corregida y aumentada, publicó conjuntamente a otras semblanzas de escritores raros en Desgarrados y excéntricos.

La Universidad de La Rioja y Ediciones del 4 de AGOSTO celebraron su I Centenario en 2004. Actualmente se prepara una edición suntuosa de su obra poética completa. En 2006 se publicó un epistolario inédito titulado Cartas vivas (Ediciones del 4 de AGOSTO) con cinco cartas cruzadas por el bohemio riojano con Rafael Cansinos Asséns y Andrés González Blanco. Por primera vez, toda la poesía de Armando Buscarini se ha reunido en un sólo volumen: 'Orgullo. Poesía (in)completa de Armando Buscarini', publicado por 'Ediciones del 4 de Agosto' en Logroño con introducción de Juan Manuel de Prada y edición a cargo de Rubén y Diego Marín A.

Su vida más a fondo

 

En palabras de Juán Manuel de Prada:

La verdad es que me ha acompañado la sombra de este fantasma benigno durante muchos años; hace ya mucho tiempo, quise creer que Armando Buscarini era una especie de ángel de la guarda que guiaba mis pasos, hasta el punto de que llegué a obsesionarme con su figura. Cuando hace 5 años les hable de él a ustedes, todavía no había logrado completar su biografía, llena de dolor, desdén y de episodios lúgubres; una biografía ahogada en tal sufrimiento que me ha llegado a doler a mí mismo cuando he podido recuperar algunos de sus pasajes, como si fuera una espina, de manera que me resulta acongojante tratar de imaginarme la vida de este pobre muchacho. Para que ustedes comprueben a qué me refiero, les contaré que cuando Buscarini tenía apenas 24 años, fue internado en un manicomio, y de ahí pasó a otros hasta que murió a los 36 años. Yo pude rescatar esa última etapa de su vida consultando los archivos de los manicomios en los que había estado, y al leer el historial clínico de estos centros, me quedé realmente espeluznado. En concreto, hay un documento sobrecogedor: el testamento que dirige al rey Alfonso XIII estando ya completamente loco, en el que le pide que se le hagan unas exequias acordes a su dignidad y a su alcurnia como "poeta". Lo cierto es que escribió muchísimos folletos que editaba él mismo, que ponía en la acera de la calle de Alcalá y que pedía a los transeúntes que se les comprara. Generalmente, nadie le compraba nada, y al acabar la jornada, para conseguir un dinerillo con el que pagarse la cena, iba hasta el viaducto, se subía a la barandilla y allí empezaba a amenazar con suicidarse hasta que por fin alguien se apiadaba de él y le daba el dinero suficiente para poder matar el hambre. Así que ésa fue toda su vida, y a propósito de lo que les prometía antes, tiene un poema maravilloso que resume perfectamente cuál era el espíritu batallador de estos bohemios entre los que se encontraba. Se titula "Orgullo" y dice así:


Aunque sufra del mundo los desdenes
de mi vida de artista en la carrera;
aunque pasen altivos a mi paso
los hombres de alma ruin que nunca sueñan;
aunque salgan aullando a mi camino
los famélicos lobos que me acechan
con la envidia voraz; aunque en mi lucha
hambre y frío sin límites padezca;
aunque el mundo me insulte y me desprecie
y por loco quizás también me crean;
aunque rujan tras mí ensordecedoras
tempestades de envidia; aunque me vea
harapiento y descalzo por las calles,
inspirando piedad e indiferencia;
y, en fin, aunque implacables me atormenten
las más grandes torturas, aunque vea
que a mi paso se apartan las mujeres
por ver con repugnancia mi pobreza
( pero quizás ignorando de mi alma
el tesoro de ensueño que se alberga),
nada me importará, porque yo siempre,
caminando sereno por la tierra,
con el alma latiendo por la gloria
y flotante a los vientos mi melena,
iré diciendo al mundo con voz fuerte,
¡con voz en la que vibre mi alma entera!:
-Es verdad que yo sufro; pero oídme:
¿qué me importa sufrir si soy poeta?

 

 

Transcripción literal del
Testamento de Armando Buscarini dirigido al Rey Alfonso XIII

Señor:

Perseguido por las injusticias de la sociedad que me negó el sustento, el trabajo, el cariño y la fama; acorralado por la multitud de enemigos, envidiosos de mi Arte, que se cebaron en mis actos privados para hundir y exterminar mi genialidad y aniquilar los proyectos grandiosos que tenía para el futuro; habiendo sido arrollado y asesinado en el Departamento de Dementes del Hospital Provincial, donde se me secuestró en tal día como hoy, 22 de mayo, por medio de cuatro hombres, y mi señora madre que ayudó a ellos; viéndome perdido completamente, es decir, con vida insegura, puesto que la aguja finísima que colocaron entre el pan taladró el corazón al tomar el camino de un divertículo que en la garganta tenía y que previamente habían observado con los rayos X médicos enemigos y cómplices de mi madre; comprendiendo, en definitiva, que mi situación en el mundo es desesperada puesto que además de vivir con poca vida me veo privado de la libertad, de las comodidades y de los placeres, he decidido eliminarme por medio del ácido prúsico que ingeriré hoy mismo; o, en su lugar, por medio de una cuerda: es decir, ahorcándome.

Como el hecho violento que pienso realizar ha de repercutir en todo el país produciendo la natural expectación, espero de Su Majestad el Rey Don Alfonso XIII y de la Reina Doña Victoria Eugenia la completa rehabilitación de mi memoria mancillada, el reconocimiento absoluto de mi talento y condiciones formidables de artista y cincelador de maravillas, por medio de un gran monumento que se erija en una gran plaza pública. Y al mismo tiempo EXIJO de la JUSTICIA HUMANA el encarcelamiento de mis asesinos y la ejecución en público de la persona que colocó la aguja, origen del asesinato de que fui víctima. Pues ha de comprenderse que la pérdida ha sido ENORME para el país y que el país, ante tan enorme pérdida, no puede ni podrá permanecer impasible; ni tampoco conformarse y menos aún resignarse. Se ha robado una especie de Goya literario, a quien deben rendir tributo todos los españoles. Y como no se puede robar nada ni distraer nada al porvenir común, espero la reparación, no sólo por parte de España, sino por parte de todos los países, incluyendo América; y al mismo tiempo deseo que de mis poemas se hagan ediciones soberanas con láminas y cromos de colores; y deseo que se divulguen mis versos por toda la redondez de la tierra, para que de esta manera, traducidos a distintos idiomas, sean conocidos en todas las lenguas.

Deseo que se me haga un entierro solemne y que todos los escritores y artistas me guarden luto durante cinco años; deseo que se me ofrenden coronas con sentidas y cariñosas dedicatorias y que aquellos a quienes pude ofender den al olvido mis agravios y tomen parte en la ceremonia.

Deseo que la prensa de todo el mundo publique retratos míos y la noticia de mi muerte con enormes titulares: HA MUERTO ARMANDO BUSCARINI.

Deseo que ante mi cadáver desfile toda clase de gentes, lo mismo potentados que obreros, y que los niños depositen flores; deseo que los periodistas desfilen ante mí y que algún escultor famoso saque la mascarilla de mi rostro y el vaciado de la mano derecha, que pudo crear tantas obras inmortales.

Deseo que Serafín Álvarez Quintero pronuncie un discurso y que Alfonso Hernández Catá hable de mis obras; deseo que el embalsamamiento y que la casa de Prensa Gráfica coloque en sus balcones, durante un mes, una bandera negra.

Deseo que mi cadáver vaya envuelto en la bandera española, puesto que yo fui siempre un gran patriota, y deseo, además, que se me digan inmensidad de misas para la completa salvación de mi alma, ya que el hombre, como tal, fue bastante pecador.

Valladolid, 20 de mayo de 1930, en el Manicomio Provincial.

Armando Buscarini

Más información: www.armandobuscarini.com


Canción para una ducha muy fría
(también llamada Vals de aniversario)
9 de agosto de 2006

Ahora que el sol relame mis esquinas y en lugar de nicotina se bebe mi sed. Ahora que mi alma cumple años -ya no somos dos extraños- y no me deja dejarme la piel. Ahora que sospecho que en el mar del estrecho no hay peceras con rejas para un pez. Ahora que me esperan los de siempre aunque nunca fueron los mismos después. Ahora que me encuentro a dos velas y sopla viento de Levante. Ahora que prefiero unas tapas de anchoas a las tapas de un libro de Aleixandre. Ahora que no llevo reloj ni cumplo mis promesas ni deshago tus planes. Ahora que me siento tan a gusto en la trinchera con los seres normales. Ahora que me enternece un sms de mi hermana, ahora que vuelvo a ser -como ella- una persona humana. Ahora que llueve a contramano -con Borges y Bolaño- sobre mi corazón de escualo. Ahora que prefiero, como antaño, no ilusionarme con regalos. Ahora que el amor es un crucero al interior de esos ojos que siempre tuve delante. Ahora que velo mi silencio y escribe estrofas el cadáver de un cantante. Ahora que me muerde la felicidad y no hay perros que apedrear. Ahora que mi estrella -tan bella que es ella- va y mengua. Ahora que el espejo me saca la lengua. Ahora que me pagan por callarme. Ahora que no hay verso que me desarme. Ahora que comunico si no llamas. Ahora que vendo tristeza y telarañas. Ahora que me alegro si te casas. Ahora que el viento respeta las brasas. Ahora que me duele pero me aguanto. Ahora que es siempre, mientras tanto.

Ahora que es ahora, sin duda, y no mañana. Ahora va el verano -tan feliz que lo inventamos- y nos engaña.


Y ODISEO COMENZÓ A ACTUAR
3 de agosto de 2006

Con Esperanza Rayo y Mario Vargas Llosa

Cuatro noches y un mismo resultado: la fuerza de un texto hermosísimo y la desigualdad interpretativa de sus protagonistas, Aitana Sánchez-Gijón (inmenso ejercicio el suyo de maestría y contención, interpretando a varios personajes) y el novelista Mario Vargas Llosa, autor del texto y orador eficaz, que no actor. Tal circunstancia no consigue empañar una obra bien planteada, sustentada por la sencillez y el equilibrio y que cuenta con los magníficos diseños de Frederic Amat. Aunque sólo fuera por la emoción de haber visto a Don Mario abrir cuatro noches seguidas la función "a pecho descubierto" y sin red habría merecido la pena. Me parece que hay que echarle mucho valor al asunto para salir al escenario del Teatro Romano de Mérida y medirse con una actriz del talento de Aitana. O como le dije justo antes de la foto: "Con un par, don Mario".

De ella, de la dama de mis desvelos (y los de Segundo) mejor ni hablamos...

Con Mario VArgas Llosa, tras la función

Fotos: Maxi


EN MEMORIA DE ABEL
3 de agosto de 2006

Esta mañana, mientras desayunaba con Daniel Álvarez hemos leído atónitos en la prensa la noticia de la muerte de nuestro amigo Abel Holgado, compañero inolvidable de aquella feroz infancia nuestra de bicicletas oxidadas, pelotas de trapo, tardes indelebles y otros primeros auxilios... Hacía ya muchos años que no sabíamos de él (su familia marchó de Trujillo hace unos 15 años) pero nada ha podido borrar jamás el recuerdo de aquellos años, ni su mirada amable, limpia, bondadosa. Nos vimos por última vez el año pasado, en Trujillo precisamente, y nos alegramos mucho ambos, si bien ya con esa cortesía inevitable que la distancia acabó instalando en nuestros corazones. Hace dos meses soñé que nos volvíamos a encontrar, esta vez en Cáceres.

Inmediatamente he escrito un texto -más emocional que racional, como creo que deben hacerse estas cosas- y lo he mandado a la sección Cartas al Director de un periódico regional. No soy aficionado a usar este recurso. Lo hago por esa conversación aplazada -sólo aplazada-, por los amigos de Trujillo (que me consta la comparten letra a letra) y, finalmente, porque no tengo medio de hacerle llegar a su familia mi cariño y condolencia.

Por si no llega a publicarse, dejo aquí constancia del profundo afecto al amigo, al compañero que fue, es y será siempre Abel en nuestra memoria.



En memoria de Abel

La presa trae hoy tu foto y la memoria ardiente de tu nombre: Abel. Hoy te siento como entonces, como ayer mismo, como siempre. Ni la vida -que en el ecuador de nuestra adolescencia nos impuso horizontes distintos, alejados más por la inercia del trabajo y los años que por la distancia- ni la vida, Abel, te digo, pudo jamás borrar tu imagen de mi mente, ni el recuerdo encendido de tu amistad generosa y leal, cuando la vida era todavía un regalo inminente, una ofrenda de esperanzas que apenas comenzábamos a imaginar. Nos jugaba la infancia -¿recuerdas?- en calles de arena y piedra, de güás y escaleras, de polvo y niebla.

Sin esperar nada, contábamos las horas dando patadas al balón contra una pared soleada detrás de tu casa en Trujillo. Entre patadas llegó tambien la adolescencia, algo turbia ciertamente, mientras amanecían en nuestras carpetas las primeras iniciales del amor, tan individual, ya se sabe, tan exclusivo, tan distanciador... Aprendimos a fumar y nos aburrimos al instante, en una misma noche. Corrimos cientos de veces tras la pelota -y ya no era de trapo- pero sólo ganábamos si tú jugabas en nuestro equipo. A veces tambien nos peleábamos, que es la forma que tienen los adolescentes de afirmar su afecto mutuo, insobornable, sin malicia ni orgullo. Y hasta en aquel trance fortuito y necesario sentía tu cariño de amigo y tu bondad. Te he soñado varias veces, Abel, y nos hemos encontrado allí donde las palabras son innecesarias. Te sabía feliz y me bastaba.

Esta mañana, desayunando con Dany -el otro Dany ¿recuerdas?- la seca noticia nos ha dejado el alma helada y los cafés intactos sobre la mesa. La vida no trae instrucciones de uso. Nadie nos dice dónde ni cuándo comenzamos a vivir. Ahora estás más vivo que nunca en mi corazón. Ahora es ya imposible la distancia y el olvido. Donde estés estamos, amigo, haciendo carreras de velocidad o sentados en un banco mascando regaliz y mirándonos las manos, manchadas del barro de la vida.

A tu esposa, a tus padres, a tus hermanos -Yudith, Rebeca e Isaac-, este abrazo mío, nuestro. Siempre.


Los libros...

HOMERO, ILLÍADA, de Alessandro Baricco (Anagrama)
HE AMADO, de José Viñals (La Poesía señor Hidalgo, 2006)

EL ARCO Y LA LIRA, de Octavio Paz (FCE, México, 2004)
VARIACIONES SOBRE TEMA MEXICANO, de Luis Cernuda (Tezontle, FCE 2006)
COMPAÑÍA, de Samuel Beckett (Anagrama, 1990)
JARDÍN BOTÁNICO, de Eugenio D´ors (Tusquets, 1981)
EL AGUA, LA PIEDRA, LA PALABRA, de Antonio Colinas (Ayto. Salamanca)
ALTAR DE LOS DIAS PARADOS, Julieta Valero (Batleby)
LA PELIRROJA, de Fialho de Almeida, (Periférica, 2006)
POESÍA COMPLETA, de W.B. Yeats (Lumen, 2005)
DESPUÉS DE TODO, de Miquel Marti i Pol (DVD, 2002)
LA BRUMA Y OTROS ELEMENTOS, de Oskar W. Milosz (Univ.Nac. México, 1996)
EL IRIS SALVAJE, de Louise Glück (Pre-textos, 2006)
PISTA DE DESPEGUE, de Paul Auster (Anagrama, 2004)
POESÍA COMPLETA, de Eugenio Montale (Galaxia Gutemberg, 2006)

...y los amigos:

Estos son algunos de los libros que han acompañado o acompañan mis horas de estío. Sólo los buenos, por supuesto, los otros han quedado ya arrinconados en algún estante o los he ido regalando precintados con mi mejor sonrisa. El goce de leer la Ilíada vía Baricco se lo debo a Marino González, que me lo recomendó una de éstas últimas noches de teatro, vino y lentejuelas; el descubrimiento de Louise Glück se lo debo a Álvaro Valverde, que nunca falla en sus recomendaciones. Un artículo de Santos Domínguez leído en Salamanca una tarde de bochorno y Mundial (sin relación aparente) me empujó definitivamente a comprar la poesía completa de Yeats, y aún lo estoy digiriendo, pese a haber cruzado España con el tomito en la mochila. El encuentro con la poesía de Julieta Valero hubiera sido distinto sin la intervención de nuestra amiga común, Estibaliz. Los poemas y ensayos de Auster me los sugirió una tarde Segundo Tercero, en un descanso de EstaciónCultura. La asombrosa novela de Fiadho de Almeida ha supuesto para mí un placer inenarrable que aún tiene cuentas pendientes con Luis Sáez y Julián Rodríguez. A ese portentoso autor que es Oscar W. Milosz lo descubrí en casa de José Viñals, hace un par de años y hoy su lectura va unida al aprendizaje de aquellos días. Los libros, como las buenas películas, resultan aún más apasionantes cuando alguien nos abre las puertas de su corazón. Recomendar un libro es siempre un acto de fe. Escribirlo, ya se sabe, no pasa de ser pura necesidad.


LÍBANO
2 de agosto de 2006


Es lo que tiene tener compañeros tan atentos como certeros. Todo lo que vengo sintiendo desde que volvió a recrudecerse la situación en Líbano se condensa en el acertado texto de Santos Domínguez. Hace unos días hubiera publicado en este blog mi indignación por lo que está sucediendo en Líbano, por la canallesca complicidad de la ONU -el silencio es cómplice siempre; la torpeza, la inutilidad pactada, es otro crimen más- y sobre todo, por la bastarda y diabólica cooperación de Estados Unidos en todo esto. No lo hice, al fin. O mejor dicho: lo subí e inmediatamente lo borré. Creo que ya circula demasiado odio, demasiada sinrazón en el mundo como para que yo añada la mía, tan torpe, tan lejana. Ante ciertos temas uno se reconoce incapaz de la mesura. Así pues, me sumo al texto de Santos al que no le sobra ni falta nada. Ni valor, ni verdad.


¿Hay un poema para ellos?

Campus Party Valencia 2006


Segunda revolución de la lectura

por Antonio Lafuente

El 4 de julio de 1971, hace ya 35 años, nació el Proyecto Gutenberg. Su fundador, Michael Hart, disponía de mucho tiempo de computación que le había concedido el Laboratorio de Materiales de la Universidad de Illinois y no sabía cómo emplearlo. Esa tarde, de regreso a casa, tras haber asistido a un espectáculo de fuegos artificiales paró en un colmado para comprar algo que comer. Al pasar por caja le regalaron una edición barata de la Declaración de Independencia. Un hecho insignificante que bastó para que se aliaran la casualidad y el inconformismo.

La efemérides, los computadores y el libro tenían algo en común. Se trataba de recursos gestionados por organismos públicos, pero pertenecientes a un patrimonio común que podía acrecentarse. Y así saltó la chispa que disparó la imaginación de un estudiante de 24 años ansioso de notoriedad: Michael Hart se pasó la noche tecleando el librito y, una vez transferido al disco del computador, envió un mensaje a los otros usuarios de la máquina informándoles de lo que había hecho. Lo que fue espectacular, lo que hoy todavía celebramos, es que tuviera la doble visión de imaginar para un computador otra utilidad que no fuera hacer cálculos y ensoñar el nacimiento de la biblioteca universal, con todos los libros y para todas las gentes. Fue una genialidad, porque por aquellas fechas sólo había 23 host (nodos) y unos 100 usuarios.

Y, sin embargo, la iniciativa era revolucionaria. Cuando Gutenberg inventó los caracteres móviles no inventó el libro, un objeto que se mantuvo durante mucho tiempo sin apenas modificación: hojas dobladas impresas, agrupadas por cuadernillos y cosidos entre sí. El cambio que produjo la imprenta fue muy lento y, desde luego, estuvo asociado a otras innovaciones que permitieron abaratar los costes de producción y distribución. Roger Chartier y Fernando Bouza han explicado que el éxito del libro no fue fácil, pues el poder (la alta burocracia y la elite culta) sospechó de la nueva tecnología y, temiendo los errores que pudiera introducir el impresor, defendió el uso de las formas tradicionales de comunicación: la palabra dicha o manuscrita.

en la pantalla. El gran cambio vino con el crecimiento del mercado. La revolución llegó cuando comenzaron al proliferar los ámbitos de sociabilidad en el siglo XVIII (salones, tertulias, cafés, escuelas) y la gente se puso a leer (libros, folletos y prensa). Fue una revolución de la lectura. Por eso, tiene sentido la pregunta (retórica) que Michael Hart hace a sus entrevistadores: «No veo qué hay de radical en publicar de nuevo libros que tienen entre 100 y 2.500 años de antigüedad». Y es que, en efecto, no cambian los contenidos. La digitalización, sin embargo, permite nuevos media y favorece un nuevo cambio, la llamada segunda revolución de la lectura. También hoy contamos con muchos detractores del libro electrónico, gentes que le niegan a la lectura en la pantalla todos los goces que experimentamos en el papel, aún cuando nada impida, como ya sucedió con el cine o en internet, que nuestra vida en la pantalla sea placentera y liberadora.

Hart quiere subir a la Red y distribuir gratuitamente todos los libros posibles, es decir los que no plantean problemas de derechos de autor. El proyecto Gutenberg puede dar acogida a todos los libros antiguos, pero también a todos los modernos cedidos por sus autores. En la actualidad ya hay 19.000 libros y cada mes se producen dos millones de descargas. También se puede adquirir un DVD con 10.000 libros al precio de un dólar y se aspira a que por 40 dólares dispongamos de un cofre que pesará un kilo y almacenará un millón de libros que, desde 2009, estarán accesibles y convenientemente indexados vía internet.

economía del don. La cultura volverá a ser pública y casi gratuita. Y si aquí citamos el Proyecto Gutenberg, ignorando otros proyectos memorables como Gallica o la Biblioteca Virtual Cervantes, no es sólo porque fuera pionero, sino también porque el sueño de Michael Hart se basa en la economía del don (en especial, los centenares de correctores de pruebas voluntarios) y no está limitado a ninguna cultura, lengua o país. Predomina el inglés, pero seguramente se debe a la errónea política de nuestros estados, más proclives a la propaganda nacional(ista) que a la defensa de lo común.

La cultura volverá a ser de dominio público, pues asistimos a un doble proceso que, si Gutenberg no lo impide, desembocará en una abominable privatización de la palabra escrita. Y es que las leyes que regulan la propiedad intelectual no dejan de ampliar el tiempo en que una obra es privativa de sus autor o sus herederos. Simultáneamente, el crecimiento exponencial del número de publicaciones hace que conforme pase el tiempo la práctica totalidad de todos los impresos producidos por la humanidad hayan sido publicados en nuestro siglo. La consecuencia de ambos hechos es que, explica Hart, el 99 por ciento de la palabra escrita esté en manos privadas, una circunstancia que arruinaría cualquier ilusión de equilibrio o bienestar común. La revolución que predica Michael Hart no es entonces sino una forma inteligente de luchar contra el colapso de la otra revolución de la lectura, la que produjo la Ilustración y en la que todavía pacen las libertades individuales.

(ABCD 5 de agosto 2006)


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