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Allí, en el secreto de los bosques vive sola la nostalgia.
Las pausas de la niebla habrán borrado en ella nuestros nombres.


Lecturas con roquefort
(Sábado, 29 de abril de 2006:

¿Para que existen las ferias gastronómicas? Para que el resto de los mortales podamos leer en paz.

Primera escapada. En la mochila, Animales melancólicos, relectura que comencé ayer del magnífico ensayo de Luis Sáez Delgado; una antología poética de Diego Jesús Jiménez: Poesía (Anthropos); el magnífico texto de Azaña sobre El Quijote: Cervantes o la invención del Quijote, que me regaló César Antonio Molina; Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera, la desastrosa crónica Sam Shepard sobre la gira de Dylan en el 75.
En fin, libros, libros...

(La ciudad huele a queso y a multitud).


"El brujo"
(Viernes, 28 de abril de 2006)

Hoy, en Mérida, los compañeros del Club de Lectura hemos asistido a la función Los misterios del Quijote o el ingenioso caballero de la palabra, el magistral monólogo de Rafael Álvarez "El brujo". Uno no se cansa de ver actuar a este mago de la palabra (dos horas de monólogo ininterrumpido que se hacen cortas) y de aprender de qué forma el humor se convierte en la mejor herramienta para quitarle el polvo a nuestros clásicos. El humor: la más depurada forma de amar a un clásico. Sobresaliente.


Unas palabras con Javier Krahe
(Jueves, 27 de abril de 2006: Escuela de Artes y Oficios de Mérida)

- Estarás contento, Javier. Esto está a tope de gente.
- Claro, joder, porque es gratis.


Naufragios del corazón
(Miércoles, 26 de abril de 2006)

Comparto el estupor general ante el posible cierre de la librería Boxoyo Libros de Cáceres. Hay lujos que sólo son apreciados cuando los perdemos. A nadie escapa que en esta Extremadura fértil -editorialmente hablando- hubo un tiempo en que las librerías eran algo más que expositores dispuestos para el negocio: eran también el refugio de nuestro pensamiento, un pensamiento que se agrupaba alrededor de títulos, autores, citas y versos, en el corazón mismo de la literatura. Eran tiempos duros -el sueldo, inexistente, no daba más que para un libro o dos al mes- pero uno podía pasarse en esas librerías horas enteras hablando con sus dueños, gente tan anómala que conocían de primera mano -y aún amaban- su maravillosa mercancía. Era dios Cortázar, por entonces... que luego fue Auster, que luego Bolaños y así, de claro en claro y de turbio en turbio, han pasado los años, siempre al calor de la amistad y la pasión por los libros. Decía Rafael Pérez Estrada -uno de ésos autores que sólo podían conocerse en esa clase de librerías-, que todo naufragio en un fracaso del corazón. Me llevó años asumir, cuando subía la empinada cuesta de José Ramón Mélida, que nunca más entraría en La Luna, la librería de Ana y Marino. O, hace apenas unos meses, en Biblos, la librería que regentaron hasta la desesperación Fernando y Aurora en Trujillo. En éstas y algunas otras, uno encontró la literatura necesaria para huir de este a otros mundos, admiró a escritores que luego quiso ser, y -con el tiempo y varias cañas- llegó a leer sus propios versos, entre amigos y desconocidos.

Por eso, en fin, y por soportar a diario las embestidas de un mundo editorial absolutamente desquiciado, donde Chesterton comparte escalera con Boris Izaguirre, Emily Dickinson con Rosa Villacastín, y Paul Celan con Jorge Valdano, deberían declarar a las librerías de este país Bien Protegido.


Alguna razón me asiste (aunque sea por azar)
(Miércoles, 26 de abril de 2006)

Que digo yo... y Picasso ¿no fue en 1907cuando pintó Las señoritas de Avignon?

Y desde entonces ¿qué? Va a hacer un siglo que conocemos otra forma de contemplar el mundo y sin embargo hemos abandonado a estas señoritas.

Llegó también la guerra un mal verano. Llegó después la paz, tras un invierno todavía peor, dice el poeta. Llegó por fin la modernidad. Pasó de largo. Y un nuevo siglo, idéntico a los otros.

Pero ellas continuan mirándonos, interrogándose. Yo las oigo decir: "nacimos a principios de siglo, como ahora, igualmente incomprendidas, mas con la esperanza del tiempo..."

Nadie las ha vuelto a ver como Picasso.


Carta desde Murania

El escritor Roberto Farona nos envía una nueva carta de navegación, ésta vez a propósito de la novela Paradoja del interventor, de Gonzalo Hildalgo Bayal.


Sylvia y Ted
(Miércoles, 26 de abril de 2006)

Que la industria del cine carece de escrúpulos es algo que a nadie sorprende ya. Lo hemos comprobado en numerosas ocasiones cuando, ante una historia verificable, los intereses de Hollywood prevalecen sobre la verdad (o las verdades) del hecho reconstruido. Buena prueba de ello es la película "Sylvia" (2003) de Christine Jeffs. Con la acostumbrada (falsa) polémica que, parece ser, es hoy inevitable para que un film venda bien o al menos se hable de él, la cinta ahonda en los aspectos más escabrosos de la tormentosa relación entre la poeta americana Sylvia Plath (1932-1963) y el también poeta y escritor inglés Ted Hughes (1930-1999).

Se trata de una película correcta en lo cinematográfico, pero que obedece en todo momento a un guión absolutamente incriminatorio, que no da opción al espectador a conocer las verdaderas circunstancias que atravesó la pareja. Aquí simplemente Sylvia es la sufrida compañera que sacrifica su creatividad por amor a su marido, que es un portentoso poeta -pese a que no se nos muestre uno sólo de sus versos-, un pérfido bohemio, un notable profesor y of course un indómito mujeriego. Así de sencillo. Ella, sufrirá toda suerte de vejaciones psicológicas (celos reales e imaginarios, la callada humillación de convivir con un poeta famoso) y físicas (dos embarazos que la sumen en una carga familiar de la que no consigue huir). Él, sencillamente, se acuesta con sus alumnas. Así las cosas, no ha lugar a preguntarse por las verdaderas cuestiones de fondo: Sylvia no ha superado la muerte de su padre, cuando ésta tenia nueve años, y lo que es más importante: años antes de conocer a Ted, con apenas veinte, intentó suicidarse por primera vez. Ya entonces confesó en sus diarios: "Tengo celos de los hombres. Una envidia profunda y peligrosa que puede corroer, imagino, cualquier tipo de relación. Una envidia nacida del deseo de ser activa y hacer cosas, no ser pasiva y sólo escucharlas". No parece que fuera éste el mejor preámbulo para una relación como la que viviría pocos años después, cuando en 1955 conoce a Ted, de cuyo primer encuentro nos queda éste testimonio de primera mano en sus diarios: "Cuando él besó mi cuello, yo le mordí la mejilla con fuerza". La atracción fue mutua desde ese mismo instante, si bien ella ocultó durante años aquel primer intento de suicidio a su esposo. Sin ánimo de ahondar más en esta historia con tintes de tragedia griega y, menos aún, pretender justificar las agresiones que de una y otra parte se inflingieron durante años, lo cierto es que a nadie escapa que nos encontramos ante una cinta intencionadamente injusta, más empeñada en mostrarnos la miseria de los personajes (imposible Gwyneth Paltrow en el papel de Sylvia) que en dar merecido reconocimiento a dos excelentes poetas que, por otra parte, no lo necesitan.

Para interesados, recomiendo consultar la verdadera biografia de Sylvia Plath, así como éste interesante estudio sobre su personalidad. También la lectura del revelador testimonio que Hughes publicó en 1984: "Cartas de cumpleaños". Como suele ocurrir en estos casos, las miserias personales no empañan la magia y el perdurable magnetismo de libros indispensables como "Cuervo" o "Ariel".

to be continued...?


"Sylvia"(Christine Jeffs, 2003) ha sido proyectada hoy dentro del ciclo
Cine y Literatura
promovido por el Club de Lectura de Trujillo.


Veinte años de Chernobil
(Martes, 25 de abril de 2006)

NUNCA MÁS... LA PESADILLA DE CHERNOBIL


Rory
(Lunes, 24 de abril de 2006)

Rory Gallagher, el irlandés de fuego, una pieza rota en el tramposo puzzle del rock. Así se muestra ahora, a once años de su ausencia, uno de los músicos más sólidos -ética y artísticamente- que ha dado la historia de la música moderna. Brilló con luz propia en los setenta, sobrevivió sin contaminarse en los confusos ochenta y ocupó un puesto de honor en los últimos años de su vida. Reclamado incansablemente por una legión de fieles amantes del blues, el folk y el rock de alto voltaje, Rory regó su propia leyenda con abundante bourbon y murió como había vivido: perdiendo. Sólo así, cuentan los grandes bluesman, puede transmitirse el arte de los cuatro compases. El hombre que habló de tú a tú a Eric Clapton antes de que éste fuera dios (un dios que luego vestiría de Armani sin sonrojo alguno). Pero así es la vida, más allá de la mitología barata. La historia del blues será siempre una historia de perdedores: Robert Jhonson, Muddy Waters, Peter Green, Rory Gallagher... Mientras su música siga escuchándose por los bares y tabernas de medio mundo, en el rincón más remoto de nosotros mismos sabremos que no todo está perdido y que la vida bien merece otro vistazo.

(Taste, On the boards, 1968)


Ismael
(Viernes 21 de abril de 2006)

Más, mucho más difícil que encontrar respuestas en la vida es formular las preguntas adecuadas. Mi amigo Ismael Rozalén tiene ese don. Ya he contado alguna vez que su blog me parece uno de los más interesantes y útiles que podemos encontrar por estos mundos de Gates. Precisamente porque es el blog de un tipo -excelente fotógrafo, por otra parte- que no pretende nada en concreto. Desdeña las tentaciones del estilo y no conoce la pedantería del sermón; su pensamiento es claro, riguroso, atento y enrevesadamente sencillo. Miren esto:

¿Por qué las bebidas de limón están hechas con aromas artificiales y los productos de limpieza con limones naturales?

Por no hablar de su desaforada aficción a mostrarnos antiguas portadas de vinilos de diseño pedestre y surcos inmortales, capaces de alegrar la mañana al más pintado. A Ismael debo experiencias astrales impensables antes de escuchar, por ejemplo, a un coro de laringeptomizados cantar Amor de hombre.

El otro día, uno de sus textos consiguió emocionarme. En él reconozco otro nombre, otra ciudad y otra enfermedad. Pero todas las mudanzas -también las del corazón- se parecen como gotas de agua.

Mario

Cuando estudiaba en salamanca, tenía un amigo llamado mario que hacía físicas y que padecía una terrible enfermedad en los ojos que le conducía sin remedio hacia la ceguera. Su obsesión era terminar la carrera y doctorarse antes de perder totalmente la vista. El mal era cruel: con el tiempo no sólo se le iba estrechando el ángulo de visión, sino que además perdía los colores. Ya no veo el azul, isma, ahora todo lo azul es morado para mí, me dijo un día a la vuelta de las vacaciones. Desde hace años no he vuelto a saber nada de él. El lunes, separando el trigo de la paja de las cajas de la mudanza, encontré el teléfono de casa de sus padres. Tengo que llamarte, mario".

Yo conseguí hacer ésa llamada. Ánimo, Ismael.


Historia de un dolor de muelas

Carta del Subcomandante Marcos a Joaquín Sabina.
18 de octubre de 1996


De:Subcomandante Insurgente Marcos.
CCRI-CG del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Montañas del Sureste Mexicano, Chiapas. México.

Don Sabina:

Yo sé que le parecerá extraño que le escriba, pero resulta que me duele la muela y, según acabo de leer, usted camina ahora por estas tierras que, mientras no acaben por venderlas también, siguen siendo mexicanas. Entonces pensé yo que, aprovechando que me duele la muela y que usted camina ahora bajo estos cielos, pudiera yo escribirle y saludarlo e invitarlo a echarse un "palomazo" con el Sup (a larga distancia, se entiende). ¿Qué dice usted? ¿Cómo? ¿Que qué tiene que ver el dolor de muelas con el "palomazo"? Bueno, tiene usted razón, debo explicarle entonces la muy extraña relación entre el dolor de muelas, el que usted camine por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No, no se sorprenda usted de que ahora haya aparecido una muchacha. Siempre aparece una, vos lo sabés Sabina.

Bien, resulta que cuando yo pasaba por esa etapa difícil en que uno descubre que ya no es más un niño y tampoco alcanza a ser un hombre (esa etapa, vos lo sabés Sabina, en que las féminas se transmutan de molestas a interesantes y hay que ver la de problemas que esto provoca), conocí a un viejo que, sin que se lo pidiera, decidió que tenía que darme un consejo sobre esos seres incomprensibles pero tan amables que eran, y son, las mujeres.

"Mira muchacho "me dijo", la vida de un hombre no es más que la búsqueda de una mujer. Fijate que digo `una mujer y no `cualquier mujer. Y por `una mujer, muchacho, me estoy refiriendo a una de `única. El problema está en que el hombre siempre queda con la duda de si la mujer que encontró, si es que encuentra alguna, es esa `una mujer que estaba buscando. Yo ya estoy viejo y he descubierto una fórmula infalible para saber si la mujer que uno encontró es la `una mujer que estaba uno buscando..." (...) El viejo carraspeó y me confió: "Si tu le dices a una mujer que te duele una muela y ella, en lugar de mandarte al dentista o darte un analgésico, te abraza y deja que recuestes la mejilla en sus pechos, entonces, muchacho, esa mujer es la `una mujer que andabas buscando...".

Yo me quedé perplejo, pero como quiera tomé nota de la fórmula. A mí nunca se me había ocurrido que debía pasarme la vida buscando una mujer (...). A mí se me ocurrían cosas más concretas y factibles, como ser bombero, conquistar el mundo o construir un avión que se controlara solo con el pensamiento. Respecto a las mujeres, yo me tenía en muy alta estima y estaba más propenso a que esa "una mujer" me encontrara a mí, que a buscarla yo.

(...) A mí ni se me ocurrió que la fórmula estuviera mal. Así que achaqué mis primeros fracasos a la falta de autenticidad en mi dolor de muelas. Con clips y palillos, después de una paciente labor de meses, logré picarme dos muelas con tanto éxito que tuve que acompañar la estrategia con una fuerte dosis de antibióticos. Repetí la fórmula, ahora con la confianza de saberme auténtico, y los resultados siguieron siendo magros.

Así hubiera seguido adelante, acabando con mis muelas, si no es porque, ya adolescente, encontré a otro viejo que, cruel, me dijo: "Tu problema está en la cara. Más bien en tu nariz. A los feos, las muchachas no les hacen caso, a menos que sean cantantes". "¿Cantantes?" Bueno, esta nueva fórmula les daría reposo a mis muelas (que por lo demás ya estaban definitivamente destrozadas)... Claro que el problema entonces era saber qué se necesitaba para ser cantante (...). Después, escuchando canciones, me di cuenta de que el problema era mayor, ya que una cosa era ser "cantante" y otra más difícil era ser "cantautor" o "canta-autor" (vos lo sabés Sabina). Entonces hice trampa, es decir, escribí algunos poemas (o como se llamara lo que escribía) y dejaba siempre pendiente la música.

(...)Resulta que (vos lo sabés, Sabina) hay ahora una muchacha que está demasiado lejos y entonces pensé que usted, Don Sabina, podría echarme una mano y una tonadita (mire que no es lo mismo pero pudiera ser igual). Y usted podría echarme una mano si me permitiera tutearlo y, cómplice como ha sido antes sin saberlo, fingiera usted que nos conocemos desde hace mucho tiempo y que, por tanto, es perfectamente natural que usted reciba una carta del Sup redactada en los siguientes términos: "Sabina (sí, ya sé que te desconcierta este inicial e irreverente tuteo, pero tú compórtate como si tal cosa): He trabajado arduamente en los últimos días en la letra que me encargaste para tu nueva canción (~­Vamos, quita ya esa cara de espanto! Ya sé que no me has encargado ninguna letra para ninguna canción, pero sígueme la corriente para despistar al enemigo) pero ha sido inútil. No me sale nada original.

Así las cosas, busqué en el cofre del pirata y solo encontré un viejo y mohoso poema, que no es tan viejo y tal vez ni a poema llegue, que te puede servir si le das un poco de aliño. Es ideal para ponerle música y escalar con velocidad el "hit parade" internacional (no me preguntes si para arriba o para abajo), pero tú ya sabes que a nosotros los artistas (sigue fingiendo demencia, no denotes la menor sorpresa) no nos importa la fama (bueno, no mucho).

En este caso particular, a mí solo me interesa una muchacha que está demasiado lejos para que pueda yo musitarle al oído este poema y arrancarle así, vos lo sabés Sabina, una sonrisa o una lágrima (...). El poema dice, más o menos, así: "Como si llegaran a buen puerto/ mis ansias,/ como si hubiera donde/ hacerse fuerte,/ como si hubiera por fin/ destino para mis pasos,/ como si encontrara/ mi verdad primera,/ como traerse al hoy/ cada mañana,/ como un suspiro/ profundo y quedo,/ como un dolor de muelas/ aliviado,/ como lo imposible/ por fin hecho,/ como si alguien/ de veras me quisiera,/ como si, al fin,/ un buen poema me saliera./ Llegar a ti." La tonadita puede ir más o menos así: tara-tarara-tararira-etcétera, vos lo sabés Sabina. El título de la canción podría ser "Canción para una muchacha que está demasiado lejos", o "Un dolor de muelas para ella", o "Un dolor de muelas, Sabina, la larga distancia, una muchacha y el Sup". En fin, ya se te ocurrirá algo. El crédito puede ser "Letra: el Sup. Música: Joaquín Sabina", o "Letra y música: Joaquín Sabina (a petición del Sup)" o como quieras.

Vale. Salud y ojalá ella entienda.

El Sup." Esa podría ser la carta que usted recibiera y aceptara, Don Sabina.

Y todo esto viene a cuento porque estaba yo solo, con mi dolor de muela y leyendo que usted camina por estas tierras. Entonces pensaba yo que usted, tal vez, estaría de buen humor y magnánimo y que podría contarle yo la historia de los dolores de muelas, mi frustrada carrera como cantautor y una muchacha que está demasiado lejos (...).

Vale. Salud y ya sabe usted, si le sobran por ahí un analgésico o una tonadita, no dude en mandármelos. Ambas cosas se agradecen en este asfixiado pecho que le escribe...
Desde las montañas del sureste mexicano.

México, octubre de 1996
Subcomandante Insurgente Marcos.


Respuesta de Joaquín Sabina

23 de Agosto de 1998

Al Subcomandante Marcos:

¿Dónde encontrar una excusa para tan terca mudez? Sucede que, cada vez con mayor saña, las musas se vengan de quien abusa del ripio y el do, re, mi. Qué puedo contarte a ti, que no sepas de memoria, si andas cambiando la historia con la tinta y el fusil. Bastaría con que en las actas chiapanecas del dolor, conste que mi corazón es una ciencia inexacta, que a regañadientes pacta, con la razón militante. Ojalá, subcomandante, al cabo de este pregón merezca tu absolución, este afónico cantante. Pero, elige con cuidado a quién diriges tus cartas, porque hay leyendas que infartan al ánimo más templado.

¿Cómo puede merecer corresponsal tan bragado quien desde el mejor hotel de Cancún o de Sevilla oye hablar de la guerrilla como quien oye llover? Y, sin embargo excluido de partidos y banderas, me conmueve tu manera de no darte por vencido, de disputarle al olvido la hoguera del porvenir, de desempolvar la crin del caballo de Zapata, de matar a los que matan, de enseñarnos a vivir.

Me encargaste una canción y por décimas te salgo, hace meses que cabalgo sobre la contradicción de restaurar la emoción, en tiempos tan iscariotes, con la mano en el escote del verso a la antigua usanza. Así hablaba Sancho Panza con mi señor Don Quijote. Por lo demás, cuídate, cuando vengan por las malas, que no te rocen las balas, que no te falte papel, ni frijoles, ni mujer, que la virgen lacandona te esconda bajo su lona. Te lo pide un gachupín que se despierta en Madrid soñando con tu persona.


Como un dolor de muelas

Como si llegaran a buen puerto mis ansias,
como si hubiera donde hacerse fuerte,
como si hubiera por fin destino para mis pasos,
como si encontrara mi verdad primera,

como traerse al hoy cada mañana,
como un suspiro profundo y quedo,
como un dolor de muelas aliviado,

como lo imposible por fin hecho,
como si alguien de veras me quisiera,
como si al fin un buen poema me saliera...
una oración.

Como si la arena cantara en el desierto
los cantos de sirena del mar Muerto,
como si para crecer sobraran las escaleras,
como si escribiera un ciego un libro abierto.

Ven a poblar el zócalo de ojos,
siembra de migas de pan caliente
mis canas de alcanfor adolescente.

Ponle al sordo voz y alas al cojo,
bendice nuestro arroz, nuestro minuto,
como si no fuéramos cómplices del luto...
del corazón.


(Letra: Subcomandante Marcos, Joaquín Sabina / Música: Pancho Varona) 2002



Silencio, cámara, acción...
(Miércoles 19 de abril de 2006)

Dentro de los actos previstos para el Día del Libro -que este año cae en domingo y por ello se celebrará el viernes, cosa de lo más lógico- se proyectará en la Biblioteca Regional un documental sobre diversas actividades de fomento de la lectura en Extremadura. El caso es que hoy han estado grabando parte de ese material en el club de lectura de Trujillo. La sorpresa ha sido que el equipo técnico ha grabado toda la sesión, las dos horas íntegras, y nuestra humilde tertulia se ha transformado poco menos que en el programa de Sánchez Dragó. Cerrábamos ya el análisis de La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa y el grupo estaba especialmente motivado. Al final, hasta los técnicos han participado del debate sin despegar el ojo del visor: de repente uno del equipo daba su opinión sobre La fiesta del chivo, y todos continuábamos la charla sin mirar a las cámaras, como si esa voz viniera directamente desde Lima. Ha sido de lo más estimulante, a tenor de las múltiples intervenciones y lo difícil que ha resultado contener a mis secuaces contertulios.

Por cierto, ¿saben que la RAE contempla el término "Cameraman" (1. m. Cinem. y TV. cámara: Hombre cualificado para la toma de imágenes) Y yo me pregunto, ¿si en vez de un hombre es una mujer, cómo le diremos? ¿Camerawoman?
Leer para creer.

(Stephen Stills: Araxass, 1972)


Piensa en verde
(Martes, 18 de abril de 2006)

Como uno ya no sabe qué es o qué se supone que debe ser este espacio de Derivas, me atrevo a colgar aquí un chiste que acabo de recibir por mail. No diré el remitente, aunque, por cierto, es uno de vosotros:

-Pepito -dice la maestra- si tengo cinco pájaros en una rama y le pego una pedrada a uno de ellos ¿cuántos me quedan? -Ninguno, señorita. -¿Por qué ninguno, Pepito? -Porque los demás se irían volando del susto.
-Está mal -responde ella-, pero me gusta tu forma de pensar.
Al rato, Pepito, animado, le pregunta a la maestra:
-Seño... si usted ve a dos mujeres comiendo un helado y una de ellas lo está chupando y la otra lo está mordiendo ¿cuál de ellas es la que está casada? Después de pensar un poco, la maestra dice: -La que lo está chupando, supongo...
- No maestra: la que tiene el anillo en el dedo, ¡pero me gusta su forma de pensar!


Homenaje a la lectura
(Lunes 17 de abril de 2006)


Ay, ay, ay...
(Domingo, 16 de abril de 2006: Fiesta del Chíviri)

Niña si quieres saber,
niña si quieres saber,
la vida de los casados
ay, ay, ay, la vida de los casados...
Niña, cásate conmigo
niña, cásate conmigo
verás que bien lo pasamos.


(Letrilla popular, atribuída a Goro)


Durante años fue mi padre quien cantaba ésta y otras letras populares al sol rugiente del vino (en bota, por supuesto) y la morcilla. La Plaza temblaba, como hoy. Quién iba a decirnos que pronto seríamos nosotros, tan hermosos y malditos, la niña, la novia, los casados.


Chouvinismo etílico
(Sábado, 15 de abril de 2006)

El sábado por la noche, con la Plaza llena y al calor de los amigos, me sentí orgulloso de pertenecer a este pueblo, a este pedazo de tierra que llamamos Trujillo.

Y no prometo corregirme.


De espaldas al funeral
(Jueves Santo, 13 de abril de 2006)

Mérida es una ciudad tremendamente beata, pero de una beatería pálida y sin gracia, tan sosa de costuras como ligera de enaguas. Estos días, esa ensalada de especias en que se ha convertido la Semana Santa aquí puede degustarse en todo su esplendor. Ya en el certamen de saetas sonó la campana del escándalo: al parecer el jurado había premiado a una cantaora por otra. Ciertamente -debieron pensar algunos-, de noche todos los gatos son pardos. Pero no se trata de eso. Ni de mis repeinados niños de la OJE con sus cornetas al viento, sus flequillos perfectos y sus calcetines hasta las rodillas, soplando el himno de la mártir. No es eso. No es eso lo que me atormenta. Es simplemente que el otro día, en la procesión, ví a los capuchones dar caramelos al público. A los niños, a los ancianos, a las madres presurosas... a todos. Incluso a mí. Era como si al rey Melchor lo hubieran encapuchado unos salvajes y lo pasearan descalzo por la ciudad toda la noche, regalando caramelos podridos a los niños, encaramados a los brazos de sus padres. Y tal vez las mantillas, esas semicorcheas con vela, son en realidad los renos de Papá Noël que una mala bruja ha convertido en estatuas de sombra, en plañideras de saldo, tan augustas, tan serias. La triste iconografía sólo pone un ocre acento a vino malo, repetido, peleón... a tan bárbaro espectáculo. Y no me refiero al de las tallas, que también de lo cruel y lo patético se nutre el arte, sino al de esa retahila de santos sin altar, mandamases y mandamenos, que cierran la marcha bajo el palio soez de la desvergüenza.

¡Y cómo fuma el señor obispo!


La palabra "Palabra"
(Miércoles, 12 de abril de 2006)

Andan buscando la palabra más bella de nuestra lengua castellana. Ignoro si al final se rifa un coche, un fin de semana en Praga o el diccionario de la RAE en cd-rom pero el lance, a priori, es atractivo. Chuty, contumaz en sus obsesiones, propuso "clítoris" pero a fe que las hay más bellas y complacientes. Celima dijo "Soledad", y su soledad sonó a plenitud, a bien dispuesto... pero cualquiera que haya sentido en la oscuridad más absoluta crecer sus uñas sabe que la soledad no existe. Otros dijeron "Almanaque", por darle relevancia post morten; "Pluscuamperfecto" tan imperfecta; "Frágil" tan mírame y no me toques, que es como decir "Rosa". Hay quien gritó "Árbol" y se le sumaron otros, dando forma a "Bosque" y luego a "Espesura" y más tarde a "Selva". Otro, despistado, sugirió "Saudade" y tuvieron que intervenir los ministros de asuntos exteriores. La eficiente secretaria de gafas kilométricas dijo "Mecanografía" atusandose el pelo. A la "Patria" del iracundo, las feministas contestaron "Matria". Pronto descubrimos que la palabra "Galimatías" era demasiado complicada, un lío, y que "Susurro" apenas se oía. También trajeron Guacamoles, Mermelada y Duraznos... Centellas, Mocasines, Balaustradas... Esquirla, Musgo y Novicia...

Pero para mí que la palabra más hermosa, la única necesaria todavía, es la palabra "Palabra".

A qué más, a qué más -nos dice Jorge Riechmann-, si tanta suerte tuve de tener la palabra palabra.


Resolución
(Lunes, 10 de abril de 2006)


Resolución de ser feliz
por encima de todo, contra todos
y contra mí, de nuevo.


Jaime Gil de Biedma


Y de repente es estar vivo la única forma de desaparecer.


Oscuro pez
(Domingo, 9 de abril de 2006)

nadar en un mar de legañas donde muere la luz que es sólo un cerco oblicuo flor abisal en tu memoria podrida nadar como nada el pez hacia la red multiforme sin rumbo ni sentido sólo deriva sólo deriva sólo deriva


Los heridos de la felicidad
(Sábado, 8 de abril de 2006)

Chuty, Kiko y yo: ¿qué dirá el tablero ahora que todo está dicho?


Carlos Lencero
(Martes, 4 de abril de 2006)

Ha muerto Carlos Lencero. Al saberlo he buscado instantáneamente el nº 6 de la revista La Luna de Mérida, tan primorosamente editado por Marino González y Ana Crespo, y he leído al azar uno de aquellos maravillosos relatos que me entusiasmaron hace diez años. No falla: Lencero es un maestro del relato corto, sabe caracterizar a los personajes con uno o dos trazos sutiles; sus personajes son los borrachos y las ninfas, los mecenas y las putas, en un mundo que se desmorona sin remedio. La fuerza de su lenguaje nace también de esa ruina.
Esta noche volveré a leer el nº6 de la revista La luna de Mérida. Ahí está, por ejemplo, uno de mis cuentos favoritos. El Pavo y la faja, se llama. Leánlo. Lean todo de este hombre. Bueno, lean lo que quieran, como siempre.


Homenaje a César Simón
(Lunes, 3 de abril de 2006)

Arco romano

En medio de las viñas se levanta.
Testimonio de un tiempo, ya es el tiempo.
Permanece, si llueve, solitario;
y solitario cuando quema el sol.
Divide el mundo en dos, insiste y calla,
cerrado, pero abierto el hermetismo
de la interrogación que no se extingue.
Y es excesivo para explicitarlo.
¿Conclusión? Irreal planteamiento.
El arco es como yo, que no concluyo.
Porque fui contra el cielo como el arco:
de vacío a vacío en la belleza,
de la nada a la nada entre la luz.


César Simón

Fotografía: Arco Romano de Cáparra (Badajoz) · Autor: Claudio


Cierto aire de familia
(Domingo, 2 de abril de 2006)

Nada tan típicamente literario, tan bohemio en el peor sentido de la palabra, que la administración de eso que llamamos justicia poética. Como si hubiera otra justicia posible para la poesía, para la gran poesía, que la que otorga el tiempo. Uno, que no es ajeno a los vicios del gremio, guarda también su lista de autores predilectos, tantas veces olvidados en las galerías oficiales o escatimados en las tendenciosas tendencias de lo actual, que no siempre es lo nuevo. Pero en el marco de las corrientes estéticas asumidas por todos, las que definen de cuando en cuando ciertas antologías y estudios críticos más o menos serios, han existido siempre deudas y olvidos dificilmente justificables. No conviene olvidar que es el lector, y no el estudioso, el alumno o el poeta, a quien va dirigida la poesía. Desde esa óptica, me atrevo a indicar algunos nombres de autores que para mí han sido y son esenciales en mi formación como lector de poesía (único oficio del que me siento satisfecho hasta el momento, como sugería Borges). La mayoría de ellos, con la excepción quizás de Antonio Gamoneda, que goza hoy de un fervor unánime, siguen siendo ninguneados en los cánones oficiales. Hablo de Diego Jesús Jiménez, José Viñals, Pedro Casariego Córdoba, Miguel Labordeta, X.L. Méndez Ferrín, José Antonio Masoliver Ródenas, Rafael Pérez Estrada, Joan Vinyoli, Aníbal Núñez, Miquel Martí i Pol, Manuel Padorno, Luis Feria, Maria Merçe Marçal, Luis Álvarez Piñer, César Simón... Todos ellos tienen un cierto aire de familia para el lector atento, apasionado por rastrear el signo siempre caprichoso de la mejor poesía española.


Cumpleaños feliz
(Sábado, 1 de abril de 2006)

Hacía años que no iba a un guateque. A uno de los de entonces, de ésos que celebrábamos en pisos de estudiantes estrechos como cerillas, en los que siempre huele a dentrífico y a eventualidad, a macarrones y a ropa interior. No ha cambiado mucho la cosa, ciertamente. Si hay algo que nunca envejece es la risa. Y esta noche nos hemos reído mucho, muchísimo. Quién lo iba a decir; de la fiesta sólo conocía a la anfitriona, Ana, uno de esos pocos regalos que la vida nos ofrece: flequillo en cascada y calcetines a juego con la sonrisa, ojos tiernos y corazón de gigante. Ana es el tipo de persona con quien un lunes puede resultar apasionante. El resto eran amigas, su novio y un par de tipos que no conocía. Luego llegó Segundo -otro que tal baila- y la noche se fue estirando en la complicidad de los daikiris. Así pude conocer a Nanda Ruano, artista plástica que sabe más de poesía que muchos poetas que conozco; hablamos de Alejandra Pizarnik, de William Blake, de Miró y Duchamp, de tarot, de Jung y del inconsciente colectivo. Las chicas bailando en el salón y los ellos arrinconados frente al frigorífico. Muy años ochenta todo. También la música, que contó con sendos homenajes a Rocío Jurado y a Rocío Durcal: (el de la Durcal se comprende, pero el otro... ¿era necesario?). Más tarde apareció Stephan, un alemán con acento sevillano que viene desde hace un mes al Club de Lectura. Me presenta a Emilio, "un compañero del grupo", me dice. -¿Qué grupo, Stephan? Vamos, que los tipos tienen una banda de rock con la que hacen versiones de Deep Purple, Free, Cream, Lenny Kravitz...y se lo pasan como enanos. Les cuento mi historia secreta de cantante de rock y se parten de risa. Hablamos: grupos, canciones, movidas propias y ajenas... Emilio, mientras lía el primer porrito de la noche, mira de fijo al alemán y le suelta: ¡tenemos que echar a nuestro cantante!
Las chicas deciden que hay que ir a un karaoke a homenajear como es debido a la Durcal. Confieso que no había entrado jamás en el Sinatra ni sospechaba que existieran en Mérida antros tan frikis como éste. Me ahorraré los detalles más mórbidos, pero allí había hasta marineros con el típico tatuaje del ancla y, perfilado en tinta roja, el nombre de la diosa de sus travesías. Servidor, que ya está mayor para ir dando el cante, decidió allí mismo dar por finiquitada la velada. De regreso a casa, andando muy lentamente, mientras la ciudad seguía vomitando sombras chinescas arrucadas en los portales, me sobresaltó la sospecha de ser también un freak, un pasajero más de la noche y sus misterios. Lejos del orden laboral acostumbrado existen otras tribus que toman las mismas calles, frecuentan las aceras, arañan las mismas paredes, mueven el hilo sin fin de la casualidad y desaparecen antes del alba.

Frente a la puerta de mi casa, descubro un nido de gorriones. Hay milagros que sólo existen para ser contemplados en horas extrañas. Que nunca descubriríamos de otra forma.

Feliz cumpleaños, Anita.


Viñals
(Viernes, 31 de marzo de 2006)

Acabo de hablar por teléfono con José Viñals. Su voz recia y elegante me desarma nada más oírla: Querido Daniel... José es uno de los regalos de mi vida. Excepcional como ser humano, en su persona se manifiesta la sabia observación de Ben Jhonson de que para escribir buena poesía es necesario ser además una gran persona. No es del todo cierta -¡lo hemos comprobado tantas veces!- pero en este caso se ajusta plenamente a la realidad de los hechos.

Ilusionado como aquel que hubiera comenzado ayer mismo a escribir, me informa que en unos días aparecerá un grueso volumen dedicado a su obra que recopilará nada menos que 10 libros inéditos y uno ya publicado. Viñals es así. A quienes frecuentamos desde hace años su espléndida e insobornable poesía, no nos sorprende ya lo profílico de su arte. Sí, siempre, la radical belleza de sus versos, la fuerza de su voz, original y orgásmica como pocas. Desde el hallazgo de su Poesía Reunida (1963-1993) publicada por el Ayuntamiento de Jaén, al que siguieron poemarios como Animales, amores, parajes y blasfemias, (1998), El cielo (1998), Milagro a Milagro, (1999) Prueba de artista (2000), Transmutaciones (premio Jaime Gil de Biedma, 2000), El amor (2002)... Viñals no ha hecho más que crecer y, como señala Jorge Riechmann en su magnífico ensayo Resistencia de materiales, su consejo y amistad es procurado por muchos jóvenes poetas que encuentran en él un referente insobornable, a la vez crítico y teórico, atento en todo momento al trabajo serio y verdadero, por lejano que éste pueda estar de sus pronunciamientos estéticos. José busca siempre la sorpresa, la emoción del texto, dejándose alumbrar por la llama de la juventud y la frescura, digno continuador de una tradición que encontró en Vicente Aleixandre su más claro ejemplo. Cuando apenas queda nada de aquellos feroces poetas "radicales, marginales y heterodoxos" de finales de los noventa, José Viñals continúa enseñando sus dientes, moviéndose a la sombra del estruendo, convocando la rara, lujuriosa, sutil belleza de la vida en cada una de sus páginas.

Otro día hablaremos de Martha, la Catherine Blake del maestro, una mujer que borda telares y guarda en su memoria cada sílaba, cada verso de José.

A tí, don José, viejo hermoso Viñals, que los dioses te guarden por muchos años. Sabe que tu poesía vive desde hace tiempo en nosotros.


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