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Copie usted
(Miércoles, 31 de mayo de 2006)

Me sumo a la iniciativa "Todos contra el canon", que protesta contra el incremento injustificado del precio de los soportes de copia (CDs y DVDs, y descargas de archivos) y defiende las garantías del Copyleft. La creación sólo se defiende compartiéndola.

Pásalo.


Mano de obra
(Martes, 30 de mayo de 2006)

Vengo de dar un paseo nocturno por el centro de la ciudad. El aire es fresco ahora, tras la tormenta de esta tarde, y aún llega de lejos el olor a tierra mojada. Esta noche, sin embargo, he evitado el río y he decidido vagar sin rumbo por las calles que frecuento a diario, cuando el trajín matutino nos empuja y nos lleva cual átomos dentro de este campo magnético llamado Vida. Al intentar atravesar la calle Santa Eulalia un ruido de excavadoras y voces extranjeras me ha obligado a rodear la calle: el pavimento está en obras; una a una están cambiado todas las losetas. La lluvia ha convertido en un lodazal la vía más céntrica de Mérida. Me detengo a mirar cómo trabajan estos obreros: cinco son negros y al menos dos parecen armenios o rusos. Transportan con las palas grandes bolsas de tela llenas de piedras. Otro hace el cemento. Uno más, arriba, en la Puerta de la Villa, coloca unas vallas amarillas. ¿Éstos son los inmigrantes que Acebes se empeña en llamar delincuentes? ¿Éstos hombres son los que Rajoy ha identificado hoy mismo, en el Debate sobre el Estado de la Nación, como "avalancha de delicuentes"? No saco las declaraciones de contexto: textualmente, el líder de la oposición ha dicho que "por cada inmigrante que se cuela por un cayuco entran cien por la frontera del pirineo y por el pirineo entran mafias crueles". Si aquí hay ocho o diez trabajadores inmigrantes ¿cuál de ellos será el delicuente? ¿Ése joven de la gorra de lana que está hundido hasta la cintura taladrando el suelo? ¿O ése otro que vierte un cubo de agua en la hormigonera? Yo veo a unos hombres que trabajan de noche, con prisa y sin descanso.

Más allá, en un parque frente al edificio de Correos, cuatro jóvenes españoles beben, ríen y hablan de chicas mientras uno de ellos hace malabarismos sobre una moto. Luego ha cruzado otro joven: me ha mirado, ha pasado de largo y al instante ha vuelto: me enseña una hoja donde figuran sus datos y un certificado penitenciario. Me cuenta en dos frases que ha estado tres años en la cárcel y que ahora mismo lo que le preocupa es poder comer un bocata esta noche. Extiendo mi mano y se pierde en la noche. Los chavales de la moto le insultan cuando se les acerca para pedir un cigarro.

La realidad tiene muchas fronteras, pero las fronteras sólo tienen una realidad: nos vuelven extraños para el otro, extranjeros no de un lugar sino de una forma de sentir y ser sobre la Tierra. En esta noche limpia de mayo, más clara aún después de la tormenta, compruebo que la ciudad se nutre de distintas realidades: lo que no nos gusta sale a la superficie por la noche. Hombres y mujeres que sostienen nuestro equilibrio a costa tantas veces del suyo. Que cambian las losetas del suelo sin mirar siquiera a quien les mira.


Universo Battiato
(Martes, 23 de mayo de 2006)

Battiato y Jodor en pleno rodajeNuevas noticias en el universo Battiato: el músico y compositor siciliano acaba de estrenar su segunda película como director. Tras la buena acogida crítica que recibió Perduto Amor (2004), su primera incursión en el séptimo arte, acaba de estrenarse en Italia Musikanten, una nueva y arriesgada aventura en clave de época, que trata de reconstruir ciertos aspectos de la personalidad de Beethoven. La historia, alumbrada al parecer entre Franco Battiato y Mario Sgalambro, narra la extraña peripecia de una guionista de televisión que vive una existencia pobre de relaciones y cuya única pasión es escuchar una y otra vez Fidelio, la única ópera del compositor alemán. Así, hasta que un día sufre un extraño caso de hipnosis y se encuentra viviendo en 1826, durante el último año de vida del genial compositor. La trama puede resultar curiosa, pero más sosprendente ha sido la elección del actor protagonista. Porque ¿quién puede encargarse de dar vida a Beethoven en tan ecléptica cinta? ¿Gary Oldman, Willian Dafoe...? No, señores: Alejandro Jodorowsky.

Como lo oyen, que dijo el de Bönn.

La cinta no parece que vaya a ser distribuída fuera de Italia (Perduto Amor ni siquiera llegó a las salas españolas), aunque obtará a algunos festivales de cine europeos en esa nueva modalidad del yo me lo guiso, yo me lo como, que consiste en hacer pelis personalísimas que luego nadie ve pero que ganan muchos premios. Una vez más, aplaudiremos la osadía de Battiato, que hace años cantaba aquello de "yo prefiero la ensalada, a Bettohven y Sinatra". Los años parecen haberle hecho cambiar de opinión.

Los incodicionales de su arte (a Battiato se le comprende o no se le comprende, simplemente) nos conformaremos con verlo en directo en Lorca, el 30 de junio, arropado por la Orquesta Sinfónica de Murcia.

(Escuchando: Franco Battiato: Dieci stratagemi, 2005)


El cartero siempre llama dos y tres veces
(Sábado, 27 de mayo de 2006)

Anoche acudimos a ver la obra de teatro El cartero de Neruda en el Auditorio de Cáceres. Allí nos esperaban los miembros del club de lectura de la Biblioteca Rodríguez A. Moñino, con su directora, María Jesús, al frente. La función gustó a todos, ya que resulta vistosa y sostiene bien una historia que empieza a estar demasiado explotada. A la inteligente adaptación de José Samano, hay que sumar la cuidadísima escenografía de Ana Garay, con cambios de planos en cuestión de segundos y donde cabe desde un pequeño cuadro de danza hasta el discurso del Nobel o el estallido furibundo de la revuelta militar. En cuanto a la interpretación la cosa estuvo muy desigual. Los actores veteranos, es decir José Ángel Egido y Tina Sáez -magníficos en sus respectivos papeles de poeta laureado y suegra resabiada-, tuvieron que lidiar con las endebles interpretaciones de Miguel Ángel Muñoz y Marina San José (atroz la voz de la doncella). Con todo, la obra consiguió emocionarnos una vez más con una historia sencilla y terrible a la vez, pero excesivamente maltratada en la memoria de lectores y espectadores a consecuencia de los múltiples y caprichosos cambios que ha sufrido desde que salió de la mente del novelista Antonio Skármeta.

Y es aquí a donde quería llegar. Si hay algo que me resulta inaguantable del escritor chileno es su falta de honestidad consigo mismo y de respeto hacia su novela. El simple hecho de que el título final que todos conocemos fuera el impuesto por la industria cinematográfica, renegando a pura anécdota la circunstancia (nada trivial) de que inicialmente la obra se llamara Ardiente paciencia (aludiendo a una cita de Rimbaud), y más tarde El cartero y Pablo Neruda, para acabar siendo publicada en todo el mundo como El Cartero de Neruda, es suficientemente elocuente. Skármeta concibió su novelita como una representación teatral (ese vicio de tantos novelistas), pero dado el incipiente éxito se aventuró a dirigir él mismo una primera adaptación cinematográfica que luego se comió con patatas. Tuvo que ser en 1995, cuando el éxito mundial de la película El Cartero y Pablo Neruda elevó a la categoría de best sellers, cuando por fin Skármeta se resarciera del arduo trabajo de sabotear la memoria del poeta chileno, a quien apenas conoció. Para ello no dudó en permitir que Michael Radford situara el encuentro de Neruda y su cartero nada menos que en Italia, convirtiendo sin asomo de vergüenza a Mario Jiménez en Mario Ruoppolo y cambiando la lógica ambientación de Isla Negra por una remota isla del Mediterráneo.


Elegía sin ganas

Estoy elegíaco últimamente. Será que Brines ha entrado en la Academia.


Libros, libros...
(Lunes, 22 de mayo de 2006)

Sobre la mesa de mi biblioteca hay siempre dos montones de libros: en uno, aquellos volúmenes que la dinámica de los clubes de lectura impone (aunque sea yo mismo quien decide sus títulos), casi siempre relecturas; en otro, los libros que uno necesita leer, esos (muchos), imprescindibles para poderme entender en medio del mundo y sus sombras. De un simple vistazo a una y otra pila de libros, compruebo cómo entre uno y otro, apenas va quedando tiempo para mi escritura. No creo a quienes se quejan de no tener tiempo para leer. Hay tantos momentos en el día propicios para abrir un libro y enfrascarse en un cuento, un artículo, un poema... Esta tarde, tras tomar un café con Pilar Fernández, he pasado por Punto Aparte y he comprado tres libros: la Poesía de Agustín de Foxá en Renacimiento (qué incómoda puede ser la belleza), la de Amalia Bautista (qué obvio, en cambio, el deseo) en la misma editorial y Una historia de la lectura, de Alberto Manguel en su edición -ay- económica de Alianza.

Me he sentado en un banco del parque a leer el librito de Amalia, sugerente y frugal como un atracón de cerezas (es decir: baja rápido). Luego he abierto el tomo de Foxá, aquel Conde falangista (autor junto a otros del "Cara al sol") que llegó a decir de sí mismo: "Soy feo, diplomático, noble y rico: ¿qué otra cosa puedo ser sino de derechas?". Foxá, cuyo ingenio verbal oscureció durante años la calidad de su literatura, poseía una fina ironía y un gusto exquisito. Llegó a escribir una de las mejores novelas de su época, Madrid, de corte a checa (1938) y una pieza teatral absolutamente genial: Cui-Ping-Sing (1940). Heredero en cierto modo de la audacia metafórica de Ramón Gómez de la Serna, Foxá es un eslabón esencial en cierta tradición de autores consagrados al dificil arte del ingenio, la ironía y la imaginación desbordante. En esa misma tradición que otro autor a menudo genial y poco atendido: José María Hinojosa. Sólo una lectura libre de contaminaciones ideológicas puede garantizarnos el disfrute de ambas obras, plenas de aliento poético y belleza formal, como demuestra el siguiente poema, uno de los mejores de Agustín de Foxá.


Melancolía de desaparecer

Y pensar que después que yo me muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente a mi mansión postrera,
encarnará en la seda de las rosas.

Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados por la luz del sol poniente
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata,
cuando aún cantaba Dios, bajo mi frente.

Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;
que he de marchar yo solo hacia el abismo,
y que la luna brillará lo mismo
y ya no la veré desde mi caja.

 



Little girl blue

© Herb Greene: Janis Joplin

Es de madrugada y escucho a Janis Joplin. Suena Kozmic Blues. Es curioso escuchar su voz sin fumar, sin estar fumado. En la Red he encontrado esta foto de cuando Janis aún era joven y guapa, y ya nadie recordaba que aquella mujer había sido nombrada "el hombre más feo del mundo" en los días de instituto. Sufrió lo suyo, eso se nota. Sólo hay que oírla cantar. Jamás interpretaba la misma canción de idéntica manera. Era impredecible. Puro nervio. Hoy me acuerdo de ella. O de mí. O de mis padres, que me dejaron a solas tantas veces con esta mujer. Un día, mi madre me dijo que se enamoró de mi padre escuchando juntos Little girl blue. Siempre pensé que había sido Angie, de los Stones, la que había propiciado tan catastrófico desenlace. Pero da igual. Me alegro que fuera Janis. Es una canción preciosa, se mire por donde se mire. Janis, en cambio, nunca lo fue. Incluso Leonard Cohen se ríe de ella en Chelsea Hotel. A mí me parece un ser extremo, de una ternura y una fuerza sobrehumanas. Adoraba a Bessie Smith y a Billie Holiday. Cantaba como ellas, es decir, con todo el cuerpo. Arañando las sílabas, sin parar de moverse. Parece que la estoy viendo. Sí, parece que estuviera delante, entre las sombras, magullando la oscuridad con su voz rota y piadosa, cantando: Maybe, Maybe, Maybe... Tal vez los surcos del tiempo no tengan final. Tal vez la historia se escuche a la vez hacia adelante y hacia atrás, como giran los viejos vinilos. Tal vez en este breve instante, si humo ni luz, dos sombras se miran fijamente.

(Janis Joplin: I Got Dem Ol’Kozmic Blues Again Mama, 1969)


Código abierto
(Sábado, 20 de mayo de 2006)

ABCD de las letras, el suplemento cultural de ABC, publica hoy en su sección de Internet un excelente artículo dedicado a Richard Stallman, el padre del "software libre" e inventor del concepto Copyleft, al que se acoje El Tiempo de la Palabra. Cuando Chuty, Silvia y yo decidimos crear esta web, la premisa fue clara: al no ser una web comercial (no hay en ella publicidad, salvo en los foros que pertenecen a Melodysoft), la web debía convertirse en un instrumento de comunicación y difusión cultural no sólo mío, también de todos aquellos que tengan algo interesante que decir. Queríamos que todos los recursos, desde el diseño a los textos, las imágenes o los archivos mp3 y video, pudieran compartirse abiertamente. Así pues, acogiéndonos al planteamiento legal del Copyleft en cuestiones de propiedad intelectual, botamos la nave en 2003 con la esperanza de que El Tiempo de la Palabra fuera realmente lo que su nombre indica, un espacio, un tiempo para expresarnos, comunicarnos, relacionarnos. Hoy me alegra saber que algunos textos míos, de Roberto Farona, algunas imágenes de Silvia y ciertas fotografías de Chuty se leen, se imprimen y se descargan en más de 25 países, y en cuatro de los cinco continentes. Lejos de intentar ponerle puertas al campo de la creación y exigir algún tipo de recompensa económica, nos sentimos orgullosos de participar así en la gran aventura de las Ideas, ofreciendo y recibiendo información, explorando y conociendo el mundo a través de la Palabra, venga de donde venga y en el formato que sea. El mundo que Stallman -y otros antes que él- han imaginado, es posible. Es necesario. Frente al concepto neoliberal de considerar la cultura un lujo y la creación un mero objeto de consumo proponemos un mundo de códigos abiertos, de mentes abiertas.


Rafael de mi vida (Pista escondida)
(Miércoles, 16 de mayo de 2006)

Qué casualidad. Esta mañana, nada más llegar a Punto Aparte, revisando con María las primeras cajas de libros apiladas en el suelo, descubro entre los numerosos tomos un pequeño volumen que llama mi atención: es de la editorial Huerga y Fierro y su autor... ¡Rafael Pérez Estrada! En realidad, se trata de la reedición -bellamente ilustrada por el autor- de su primer poemario, Valle de los galanes (1963), al que se le ha unido ahora Obeliscos (1968), que permanecía inédito. Esta particularidad otorga mayor relevancia al hecho de que, en los últimos años, la obra de Rafael ha sido constantemente reivindicada por numerosos lectores y poetas de muy distintas generaciones. Es un hecho que la antología de bolsillo El ladrón de atardaceres (1998) preparada por Ana María Moix para Plaza&Janés, facilitó el definitivo encuentro del público lector -un tipo de lector incondicional, como he podido comprobar varias veces- y su autor. Pocos autores tan libres y prolíficos como Rafael, que en los últimos años de su vida llegó a ver publicados cuatro y cinco títulos por año. Como ha señalado algún crítico mordaz, Rafael sentía urgencia por sacar de su chistera mágica todo el encanto que le procuraba su inspiración, su mediterráneo voraz, lleno de obispos con tacón de aguja y arcángeles despistados. -Una mañana, Daniel, ¡el mar se puso en pie! -me dijo en cierta ocasión. Después de nuestro encuentro en Badajoz, mantuvimos una fluida correspondencia a la que él siempre contribuyó puntualmente, incluso en los últimos meses. Hablábamos de estética, de los poetas de Cántico, de Gómez de la Serna y William Blake (se sabía de memoria Los proverbios del infierno), y de ángeles, claro: discrepaba de los ángeles de Alberti, "tan bobos", envidiaba a los de Rilke y cortejaba en secreto al ángel de Klee. Pero su pasión última eran los ángeles de la tradición judía.

Una mañana, al volver de trabajar recojí como siempre el correo de mi buzón y un diario que por entonces regalaba cada mañana El Periódico Extremadura: según subía en el ascensor, leí la noticia de su muerte. Llevaba varias semanas ingresado en una clínica de Málaga, su "segunda residencia" en los dos últimos años. Allí había terminado de escribir "El grito. Diario de un tiempo difícil", su último poemario. La clínica se llamaba "El ángel".


A ti
(Martes, 15 de mayo de 2006)

Autor: Joan Brossa

En el parque temático de la modernidad el arte es publicidad y la cultura turismo. Bien sabes de lo que hablo. Siempre decías que llegaría lejos. Ahora ya lo ves: sigo aquí. Tan lejos, tan cerca de todo lo que aborrecemos y amamos.

Pero sígueme: te enseñaré los mecanismos de la sospecha, las aguas del delito, la dulce traición, porque aún creo en ti. Por ti escribo todavía y, con extraña fe, escojo cada palabra y apunto sobre tu sien.


Anto-lógico
(Martes, 15 de mayo de 2006)

Amo a españa, versión Peppines. "Son jóvenes, son audaces, tienen cuatro millones de firmas, les gusta la gente normal..."


María Mercedes Carranza
(Lunes, 14 de mayo de 2006)

En el blog de Álvaro Valverde encontramos una muestra de la calidad y el arrojo que acompañó siempre a la poeta colombiana María Mercedes Carranza. El poema La patria -cuyo título, claro está, no es gratuito- es un magnífico ejemplo del compromiso ético que asumió su autora, especialmente en los últimos años de su vida.
Hija del poeta y escritor Eduardo Carranza -cuya obra poética y crítica fue recopilada por la hija en el magnífico volumen "Carranza por Carranza"- María Mercedes pasó de vivir a la sombra de un apellido ilustre a dirigir la Fundación Cultural la Casa de Poesía Silva, una de las más importantes de Colombia, a la vez que desarrollaba una doble labor, periodística y poética, tan personal como arriesgada. Tras el asesinato en 1989 de su amigo Luis Carlos Galán (candidato a la presidencia del gobierno) a manos de las FARS, y la desaparición de dos de sus más queridas amigas, la poeta debe hacer frente en 2000 al secuestro de su hermano Ramiro, también a manos de la guerrilla, duro golpe del que ya no se repondrá. Si en estos últimos años su poesía se recrudece y se alza sobre la injusticia y la miseria moral para denunciar la barbarie, su presencia pública acompañará cada palabra escrita manifestándose abiertamente contra "toda forma de terrorismo" -en alusión clara al juego mantenido por el Gobierno y las FARS- que impera sin escrúpulos en "la hermosa y terrible geografía colombiana". Buen ejemplo de su altura moral es la editorial publicada en 2002 en el nº 15 de la revista "Casa Silva". Tal es la creciente amargura que va minando la salud de María Mercedes (las noticias sobre su hermano son escasas y equívocas, y se llega a dar por cierta su ejecución), que la noche del 10 de julio de 2003 decide quitarse la vida en su despacho de la Fundación Casa de Poesía Silva. En un despacho contiguo, ciento siete años antes, un disparo fatal acabó con la vida del gran poeta José Asunción Silva.

A los pocos meses de su muerte, en noviembre de 2003, Amnistía Internacional organizó en Mérida un acto en favor de los Derechos Humanos bajo el título El derecho a la palabra. A tal efecto se organizaron dos recitales poéticos acompañados de música en directo. Cuatro fuimos los poetas invitados a participar: Antonio Orihuela, Araik Symonian, Uberto Estabile y yo. En mi caso decidí leer poemas de otros autores que para mí simbolizan la independencia y el valor ético por encima de cualquier prebenda artística, estética, funcional... Elegí poemas de Nazin Hikmet, Octavio Paz, José Emilio Pacheco y María Mercedes Carranza. De ésta última, leí otro poema impresionante, Sobran las palabras, perteneciente a su último libro El canto de las moscas (1998).


SOBRAN LAS PALABRAS

Por traidoras decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor;
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.

 



Rafael de mi vida (Bonus traks)
(Sábado, 13 de mayo de 2006)

Rafael Pérez Estrada

Lo vi tan feliz y seguro que no pude contenerme: ¡Usted no está en condiciones de escribir poesía!, le advertí didáctico.

* * *

A qué escribir para la inmortalidad -me dijo el poeta contable, que era sumamente práctico- si la mortalidad está más cerca.

* * *

Conocí en el Círculo de Bellas Artes a una mujer: Era la mensajera del soneto, y nada más verme, como si estuviera a punto de asaltar la Bastilla, me gritó terrible: ¡Abajo la libertad poética!

* * *

¿Para quién se viste la mujer del ciego?, preguntó el filósofo, buscando un pretexto para un discurso imposible: Para la noche y el tacto, respondió el ciego, que era un necio insoportable.

* * *

Y ella deseó fervientemente que no fuera un ángel, que fuera solamente un muchacho.

* * *


Rafael Pérez Estrada nació en Málaga en 1934 y nunca quiso alejarse de su mar. En su ciudad, de la que unos días antes fue nombrado Hijo Adoptivo, murió el 22 de mayo de 2000. Estudió derecho en la Universidad de Granada y compaginó con éxito el ejercicio de la abogacía con la creación artística, pues no sólo fue uno de los escritores más originales del siglo xx, sino que su pintura destaca también como ejemplo de fértil imaginación. Entre sus numerosas publicaciones poéticas señalamos: La bañera (1982), Libro de Horas (1985), Conspiraciones y Conjuras (1986), Libro de los Espejos y las Sombras (1988), Bestiario de Livermoore (1989), Libro de los Reyes (1990), Tratado de las Nubes (1990), Los Oficios del Sueño (1991), La Noche nos persigue (1992), La Sombra del Obelisco (1993), El Domador (1995), Ulises o libro de las distancias (1997), El viento vertical (1998), El ladrón de atardeceres (1998), El grito & Diario de un tiempo difícil (1999) o Cosmología esencial (2000), su última entrega prologada por José Angel Cilleruelo, acaso su mejor estudioso. Como autor teatral, Edipo aceptado, Los sueños, Premio García Lorca (1972), Vacanal (1978), La Gala de la Gran Gala (1979), Pequeño teatro (1998). Como novelista, La extranjera (1999) y Doctor Harpo (2001). En El levitador y su vértigo (1999) Francisco Ruiz Noguera ha recogido una significativa selección de sus textos y de estudios sobre la importancia de su obra. Tras su muerte, el interés que despierta su peculiar universo imaginativo trasciende las fronteras nacionales y aparecen diversas traducciones al inglés, francés, italiano, sueco, rumano, vietnamita, chino mandarín, entre otros idiomas. La más reciente es la antología Devoured by the Moon, por Steven Stewart, Nueva York (2004).

(Rafael Ballesteros)



Rafael de mi vida

De hacer caso a algunos moralistas, a aquellos que postulan que la virtud está en el término medio, habría que pensar que todo enfermo, en cuanto está en el medio de un espacio imaginario que abarca la salud y la muerte, es un hombre virtuoso. Sin embargo, una simple reflexión sobre el dolor y cuantos vicios son propios de lo patológico, nos revela, junto a un profundo malestar, la falacia de muchos moralistas.

Rafael Pérez Estrada


El teatro de los sueños
(Cualquier día menos hoy)

Cuando uno está enfermo los planos de la realidad se superponen: un simple olor a lápices puede llenar los días de esperanza y la noticia más importante fluir sordamente en el aire marchito de la actualidad. Estos días he visto sacar las uñas a Evo Morales, saltar por los aires el escándalo de las inversiones filatélicas, desmantelarse el tripartito catalán, estrellarse un helicóptero en el mar... pero a mí lo que de verdad me importaba era determinar -de una vez por todas- la posición de Borges ante las atrocidades de Videla, y aclarar -dedo en alto- si ésta primavera está definitivamente pasada de moda.

Los enfermos, ya se sabe, siempre tan egoístas.


Por soñar sin dormir
(Hospital de Mérida. Unidad de Urgencias. Domingo, 7 de mayo de 2006)


A mis ventinueve más uno
-bajo en alquitrán, cero de grasa,
ni pelo en pecho, ni pelo de tonto-,
hoy se me queja de ayuno
y con acento de sacristán me pide la tasa
el pulmón izquierdo, 2º alveolo, pta.al fondo.

Vive Dios que no he fumado
a posta este mal fario: estábame reposando
anoche, como solía; sobre la estera
unos libros, mi peta, en fin, mi reinado...
y de pronto un crujido, en lo hondo, resoplando:

pensé que ya era, ya llegaba la muerte, tan fiera.

A mis treinta y uno menos cuarto
y sin haber sido sastre ni monaguillo,
ni levantar tres palmos del suelo
-como quien dice- va y me asola este infarto
del alma o de la vida: sabe dios, chiquillo
que has hecho
-me dice, tan grato, mi suegro.

En resumen: que a mis treinta bajo cero,
cambio el altar de mis noches morenas,
solitarias de ajenjo, mas de pasión llenas

y sin que medien dios ni diablo, aquí dejo
los vicios del amor, la fusta y las cadenas,
la mala memoria, los versos, las terrenas

pasiones que al soñar sin dormir yo sufría,
y ahora sin sueño duermo noche y día,
que otra cosa es la vida: si no sueño, su reflejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto iniciado en el Hospital de Mérida,
mientras escuchaba el disco
Alivio de Luto
, de Joaquín Sabina.




En una isla
(Miércoles, 3 de mayo de 2006)

Escucho On an island, el nuevo trabajo de David Gilmour. A falta de nuevos fluidos rosas, bueno es este atillo de canciones vaporosas preciosamente atado. El disco ahonda en su vertiente acústica sin rozar por un segundo la maravilla de aquel lejano Wish you were here, pero con el inconfundible aroma a perfección que todos esperamos. Gilmour apenas hace rugir a su stratocaster, dejando que los teclados, los coros y una densa atmósfera poética inunden cada tema. En el corte que da título al disco, las armonías vocales de Gilmour nada tienen que envidiar a unos Crosby, Stills y Nash en estado de gracia, y Where we start es la antesala perfecta para una velada con velas y vino. Dick Parry aporta su saxo en la brillante instrumental Red sky at night, un universo de tres minutos.

Si había alguna esperanza de que tras el G8, Waters y Gilmour volvieran a trabajar juntos, este nuevo trabajo del guitarrista y antaño enemigo íntimo, difumina toda posibilidad de reunión. El dueño -según los tribunales- del legado Floyd ha vuelto a poner tierra (y mar) por medio.


Tormenta y magdalenas
(Martes, 2 de mayo de 2006)

Uno echa de menos las tomentas de su infancia. A veces nos pillaban en mitad de la plazoleta, jugando al clavo o al avión. Las faldas de las niñas se erizaban como el lomo de los gatos y las viejas corrían a refugiarse tras los visillos de la superstición. Recuerdo a Ignacia, mi lejana vecina, insistiendo para que entrara en su casa. Los truenos, hijo mío -me decía-, son la cólera de Dios. Y allí me quedé una tarde entera, comiendo magdalenas junto a aquella mujer asustada, niño de ojos adultos por fin útil.

Supe así que el miedo, como la fe, es una herencia futura.


Rígido espejo
(Lunes, 1 de mayo de 2006)



El papel blanco, rígido espejo,
sólo devuelve lo que fuiste.

El papel blanco habla con tu voz,
tu propia voz,
no aquélla que te agrada;
tu música es la vida,
esa que derrochaste.

Es posible -si quieres- recuperarla,
si te aferras a eso tan indiferente
que te lanza hacia atrás,
allí donde comienza tu camino.

Viajaste, muchas lunas viste, muchos soles,
tocaste muertos y vivos,
sentiste el dolor del muchacho
y el gemido de la mujer,
la amargura del niño inmaduro...
cuanto has sentido sin fundamento se derrumba
si en este vacío no confías.

Quizás ahí encuentres cuanto creíste perdido,
el brote de la juventud,
el naufragio certero de la edad.

Tu vida es cuanto diste,
este vacío es cuanto diste:
un papel en blanco.

 

Yorgos Seferis (1900-1971)


Macondo, Comala, Murania, Trujillo... La realidad tiene tantas fisuras.


 


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