Ir al inicio de El Tiempo de la Palabra
Ir al índice de Derivas

Octubre 2006

Septiembre 2006

Agosto 2006

Julio 2006

Junio 2006

Mayo 2006

Abril 2006

Marzo 2006

Febrero 2006

Enero 2006


NOVIEMBRE
2006

 

 

Diciembre 2005

Noviembre 2005

Octubre 2005

Septiembre 2005

Agosto 2005

Julio 2005

Junio 2005

Mayo 2005

Abril 2005



Lenta flor de la venganza
29 de noviembre de 2006

Cuando tenía 15 años me escondía para leer a Baudelaire. Mi poema favorito de Les fleurs du mal era "Une charogne". Cierta profesora del instituto me sorprendió una mañana copiando el poema en el dorso de un examen. Me hizo poner en pie ante mis compañeros y leerles el poema. Todos sin excepción se rieron. Adquirí automáticamente fama de tipo raro y depravado.

Hoy 39 personas estamos leyendo juntas Las flores del mal. Una de ellas, profesora, me ha entregado esta tarde la versión de Carlos Pujol. Suena mejor -ha dicho- que la que estamos leyendo.


Tanteo (sin acritud)
29 de noviembre de 2006

Club de lectura Trujillo: 20 personas
Usuarios Biblioteca: 2 personas
*

* Contando a la bibliotecaria


Dos tomas de la misma escena
28 de noviembre de 2006

I.

Esta mañana, en la librería Puntoaparte de Mérida: estábamos María, Pilar Nieves, una joven madre cargada de libros de poesía y un servidor.

-Yo ya no sé qué hacer, María -exclama la madre alarmada- mi hija sólo quiere leer poesía.

Automáticamente, Pilar Nieves y yo nos volvimos hacia la madre:

- ¿Qué edad tiene su hija, señora?
- Ocho años. Y sólo lee libros de Neruda, Lorca, Alberti...
- Uff, hágame caso -le advierto tajante- si un día de estos sorprende a su hija escribiendo versos llévela inmediatamente a Urgencias.

Y se ríen las tres. Como si hubiera contado un chiste cojonudo.


II.

Estaba contándole a Pilar Nieves las excelencias de La vida difícil de Slawomir Mrozek, cuando la joven madre -que seguía impertérrita pese a estar rodeada por una librera, una profesora de literatura y un tipo que escribe poesía- confiesa en voz alta que apenas lee últimamente porque no sabe qué títulos leer.

- Y así, claro, -apostilla-, ¡cómo va a leer mi hija!

Los ojos se me salen de las cuencas buscando Seda, de Alessandro Baricco. Pilar me disuade: -No, Seda no, que es una historia muy compleja. -¿?.... Está bien no voy a rebatir teniendo tantos libros al alcance de la mano. Pongo en la de la joven madre Manual de tentaciones, de Abilio Estévez. Lo observa, lo abre y lee unas líneas. Luego me mira con una última reserva y se asegura: -Pero esto no será poesía ¿verdad? No, no, -le miento- son relatos breves, aforismos, cosas así, observe...
- Ah, bueno. Está bien, me lo llevo.
- Mire, si no le gusta se lo regalo. -Respondo, apuntalando la cuestión y sientiéndome a la vez un Cyrano postmoderno y cicatero.

Se ha marchado la mujer tan conforme creyendo que lleva un libro de relatos. Es más: lo leerá convencida de que son historias comunes, emocionantes algunas, otras simpáticas....

Le sienta bien el maquillaje a la poesía. Y esta lectora a un libro así. Jamás un título fue tan acertado.

 

(Escuchando a Albert Cummings: Working man. 2006)


Mário
27 de noviembre de 2006

Esta madrugada ha fallecido en Lisboa el poeta y pintor Mário Cesariny (1923). Quiero esta noche recordar su imagen desgarbada, pulida en las calles y tabernas de Alfama, y pronunciar -fumando mucho y brindando- unos versos del maestro:




Mira,
como sólo tú sabes
la calle las costumbres
El Público
el pliegue de tus pantalones
está lleno de frío
y hay cuatro mil personas a las que eso
interesa

No importa abrácenme
tus ojos
de uno a otro extremo azules
así será durante mucho tiempo
antes que tú y que yo pasarán muchos siglos
pero no te preocupes
mucho
a nosotros tan sólo nos concierne
el presente
perfecto
corsarios de ojos de gato intranspasable
maravillados maravillosos únicos
ni futuro ni pretérito tiene
el raro verbo nuestro

 

Versión de Perfecto E. Cuadrado

 




Frágil
27 de noviembre de 2006

Yo no tengo la culpa de que la gente prefiera el Tomate a Kieslowski, el Corte Inglés a un buen corte de mangas, Marina d´Or a Eugenio D´Ors, Bisbal y Bustamente a Beethoven y a Piazolla, las rosas de la Ana Rosa a las de Rosa Chacel, los christmas de Unicef -tan puntuales- a un abrazo a destiempo. Yo no tengo la culpa y sin embargo, a ratos, se me viene encima la cruel vulgaridad del mundo. Les veo señalándome y protestan: "¿Qué haces ahí todavía? Ven con nosotros. Ven a la basura"*.

Entonces busco el silencio allá donde se encuentre. El silencio, la soledad de mis libros, la bendecida noche. Lloro o río, o me hago el dormido. Dejo que pase el tiempo, mustio, insobornable, hasta estirpar de mí toda dolencia. Sólo cuando creo que voy a ceder, que ya no puedo más, que puedo llegar a ser como ellos -una persona normal- escribo. Una palabra. Luego otra. Y otra...

No tiene precio mi fragilidad.


* tomado de un verso de Luis Alberto de Cuenca


Rosa Lencero
26 de noviembre de 2006

El viernes pasado, la escritora Rosa María Lencero reunió a 150 personas en la presentación de su última novela, La paz del lobo, publicada por La luna libros. Fue en la Biblioteca Pública Jesús Delgado Valhondo y no se recuerda un lleno semejante. Me alegro enormemente de su éxito. He conocido a Rosa en contadas pero singulares -singularísimas- ocasiones, y he sido testigo a lo largo de los años de su trabajo y tesón para conformar una obra que muchos desdeñaban antes de conocer. No creo que ahora la conozcan. Pero sí conocerán -no les queda más remedio- el éxito claro y merecido de su autora, compañera olvidada en la tardes de tertulia y vestica, al fondo de los mostradores de mármol donde la envidia barajaba sus cartas. Y siempre perdíamos los mismos.

Enhorabuena, Rosa.


© Ismael Rozalén
25 de noviembre de 2006


Qué quieren que les diga
24 de noviembre de 2006

Uno lee su propio blog y -perdón- el de otros amigos y compañeros de esta blogsfera y luego recae en el de Gonzalo Hidalgo Bayal. Entonces lee cualquiera de sus textos, el más insignificante, el más breve y descubre, sí, abrumado y esquivo, que definitivamente eso de escribir bien, escribir como lo hace Gonzalo, sólo es concedido a unos pocos. Muy pocos.


Promesa incumplida
24 de noviembre de 2006

Le prometí a Joaquín Leguina este verano que le mandaría un texto de Alberto Manguel donde se desvanecen algunas dudas a cerca de la estimable facultad de Mario Vargas Llosa para hacer abstración de la historia, aplicando "el olvido necesario" ante algunos de sus hechos más atroces, como por ejemplo la dictadura argentina. Aún recuerdo las palabras del bueno de Joaquín -en fulgurante estado de gracia- mirando al suelo y moviendo la cabeza en signo de negación. -"No me fío de Manguel, tío. Y tú no debes fiarte, Daniel. ¡No debes!".
Tengo ante mí una tarjeta de presentación de mi amiga Esperanza donde el autor de Tu nombre envenena mis sueños esculpió su correo electrónico. -"Mándamelo, Daniel. Me interesa saber qué cuenta".

Pensaba hacerlo hoy, ahora, pero he querido releer tranquilamente el texto de Manguel antes de copiarlo. Se titula "Los espías de Dios" y se cierra con estas líneas:

"Se trate de combatir ratas o dictadores, en su papel de espías de Dios los escritores pueden suscitar indómitas formas de justicia. "Muchos valientes vivieron antes que Agamenón" escribió Horacio en el primer siglo antes de Cristo, "pero, desconocidos y no llorados, a todos cubre la larga noche, porque no tuvieron un poeta". Como dio a entender Horacio, nosotros tenemos más suerte. Hoy se están escribiendo, se escribirán en el futuro o han sido escritos ya poemas y relatos que han de redimirnos (o en los cuales encontraremos una especie de redención), que esperan a sus lectores y, una y otra vez a lo largo del tiempo, dan esto por sentado: que la mente humana siempre es más sabia que sus actos más atroces, porque puede nombrarlos; que, en la buena literatura los muestra como detestables, y por lo tanto no inconquistables; que, pese a la debilidad y la índole azarosa del lenguaje, un escritor inspirado puede contar los indecible y dar forma a lo impensable, de modo que el mal pierda algo de su calidad sagrada y quede reducido a unas pocas palabras atesoradas en la memoria".

Alberto Manguel, En el bosque del espejo


El caso es que ahora no encuentro el texto por ninguna parte, y no es plan de fotocopiar un libro para mandarle a un ex-ministro ex-alcalde de Madrid y para colmo escritor, unas pocas hojas con saña y más verdad que la Larousse a propósito de otro escritor que ahora es actor pero quiso ser presidente y ganó el premio Nobel el próximo año. En fin, que no.


Algo de música
20 de noviembre de 2006

Llevaba tiempo sin cargar las alforjas de la mula pero en los últimos días el complaciente borrico -mi Platero cibernético- ha estado surcando los riscos pedregosos de la alegalidad y ha traído a este fanal de sombras algo de luz, de la cara luz que alumbra los cimientos de la industria musical, tan podridos, ya se sabe, por la ambición desmedida y el estupro generalizado, consentido y protegido por las leyes del comercio.

Hablemos, pues, de música, que hoy es sábado y llueve hermosamente como en los poemas de Safo o las películas de Garci. He aquí la cosecha de noviembre:



Paul Weller

Cacht flame Live

El carismático músico británico se rodea en esta ocasión de un buen elenco de músicos para celebrar sus más de treinta años en la música. Sonido espectacular y ejecución impecable. Se incorporan, sabiamente actualizados, algunos éxitos del pasado con The Jam y The Style Council. ¿Qué más se puede pedir?

Françoise Hardy
Parentheses (2006)

Pocas artistas como Francoise Hardy -tal vez Emmylou Harris- han sabido adaptar tan bien su música a cada época conservando intacto su prestigio. Los últimos trabajos de la cantante francesa poco tienen que ver con su etapa de esplendor como musa de la canción francesa. Sin embargo, aquella sensualidad sigue intacta, si bien ya no precisa de la imagen para vencernos, a solas, en la oscuridad de la habitación.




Pat Metheny &
Brad Meldhau

Dos genios mano a mano. La atracción era mutua desde hace años. El guitarrista más controvertido del jazz moderno y el joven pianista visionario -capaz de aunar puntos en común entre Count Bassie y Radiohead- tenían que encontrarse tarde o temprano.
No puedo opinar: aún lo estoy asimilando.

 

 


Scott Cossu

She describes infinity (2002)

Para mal o para bien, el sello Windhand Hill Records puso en órbita a principio de los ochenta a númerosos artistas -mayoritariamente acústicos- cuya sensibilidad común residía en propiciar a través de la música un estado de consciencia superior en el oyente. De ahí el término New Age que persiguió al sello y muchos de los discípulos aventajados de Will Ackerman , su fundador. Sin embargo, Scott Cossu me pareció siempre un músico honesto y un pianista limitado, pero mucho más sincero que su compañero de escudería, George Winston. A principio de los 90, Cossu fue atropellado por un vehículo y su carrera musical se resintió seriamente. Este disco confirma su enorme talento y su prodigiosa recuperación.

 



Robben Ford

Handful of blues

Robben Ford es uno de los guitarristas más versátiles y sinceros de la actualidad. En un momento en que la guitarra parece haber agotado sus posibilidades, gente como Ford, Eric Johnson o Brian Hughes miran al pasado negro, al lenguaje del blues como fuente de inagotable belleza. El sonido de Robben Ford deriva entre el blues y el rock clásico, con alguna incursión ocasional en el jazz. Sin duda, éste es uno de sus trabajos más logrados. Si te gusta Stevie Ray Vaughan, Robben Ford te atrapará.

 


Robben Ford & Joe Diario

Minor elegance (1990)

Disco experimental en la trayectoria de Robben Ford (algunos músicos siguen pensando que no son del todo buenos si no hacen un disco de jazz) lo cierto es que este Minor elegance, en compañía del gurú del jazz Joe Diorio puede resultar desangelado y algo forzado, sobre todo cuando echamos en falta la garra del Ford más bluesy. Se trata, por supuesto, de un buen disco, que escucharán con deleite los amantes de las seis cuerdas, pero que a los que buscamos algo más -¿inspiración?- en la música nos hará volver sobre otros trabajos, de uno y otro.

 


Joe Williams

A man ain´t supposed to cry

La música. Ese misterio que nos explica a veces la vida, y nos ayuda a soportarla con su miseria y grandeza. La vida, o la voz de Joe Williams cantando Everyday i Have the Blues.

Suave y refinado, intenso y espontáneo, como la vida misma.

 

 



Madeleine Peyroux

Half the perfect world

Tenía gran expectación por saber cómo iba a resolver la canadiense el éxito de su anterior Careless Love: sencillamente ha tirado por el camino de enmedio, intentando repetir la jugada. Tal vez sea este el más claro síntoma de nuestros días: artistas que rechazan toda búsqueda de genialidad -ello incluye, claro, asumir retos, abrir caminos a la música- para complacerse en la mera habilidad. Y la de la Peuroux es deliciosa.

 


Uri Caine
Goldberg variations

El pianista Uri Caine, temido por los puristas es al jazz contemporáneo lo que Glenn Gould a la música clásica: un buscador de tesoros y un profanador de templos. Después de su soberbio experimiento con Mahler, se atreve con "las goldberg" de J. S. Bach. Y sale airoso, aunque en algun momento suene deliciosamente ridículo.

 


Spin Doctors

Two princes (The best)

Una de las mejores bandas de los 90 que, sin embargo, terminó sus días sumida en el desinterés general y seriamente fracturada por los cambios de criterio musical de sus miembros. Ninguno de sus discos es malo y esto debería ser suficiente para volver la vista diez años atrás y degustar maravillas como
Este recopilatorio no hace, con todo, justicia al enorme talento de la banda. Mejor hacerse una selección propia.

 

 

 



Solomon Burke
Nashville

Muchos descubrieron a Solomon Burke tras el arrollador éxito de Don´t give me up (2004), un disco de canciones prestadas (por Waits Morrison o Costello, entre otros) sabiamente aderezadas en formato acústico. Ello le valió al rey del soul un Grammy y el reconocimiento general del público, que hasta entonces lo había considerado un hermano menor de Ottis Reding. Hoy Solomon pasea su soberana mole por los escenarios de medio mundo (entre ellos España, este verano) haciendo lo que quiere. Con esa autoridad que sólo unos pocos gozan y que le permite nadar en el soul, el blues, el rock o, como en este trabajo, el country con la suerte de los campeones.

 


Ben Harper

Acústico y Rarezas

Cualquier devoto de Harper sabe que donde este artista lo da todo -absolutamente todo- es en directo. En internet circulan numerosos conciertos no oficiales, de desigual sonido pero de idéntica calidad. Aquí, se recogen diversas colaboraciones y rarezas de Harper, sobre todo acústicas. Un genio para el siglo XXI.

 

 

 




La Espe
20 de noviembre de 2006

"No tener pagas extras me tiene mártir. Las he tenido toda mi vida y las echo de menos en Navidad y en verano. Pero no voy a quejarme. Hay mucha gente con sueldos más bajos que viven muy dignamente".

Esperanza Aguirre


Tres nociones posibles y una Poética prestada
18 de noviembre de 2006

Tobogán.
(Del ingl. toboggan).

1. m. Deslizadero artificial en declive por el que las personas, sentadas o tendidas, se dejan resbalar por diversión.

2. m. Especie de trineo bajo formado por una armadura de acero montada sobre dos patines largos y cubierta por una tabla o plancha acolchada.
3. m. Pista hecha en la nieve, por la que se deslizan a gran velocidad estos trineos especiales.

(RAE)


"Soñé que Georges Perec tenía tres años y lloraba desconsoladamente. Yo intentaba calmarlo. Lo tomaba en brazos, le compraba golosinas, libros para pintar. Luego nos íbamos al Paseo Marítimo de Nueva York y mientras él jugaba en el tobogán yo me decía a mí mismo: no sirvo para nada, pero serviré para cuidarte, nadie te hará daño, nadie intentará matarte. Después se ponía a llover y volvíamos tranquilamente a casa. ¿Pero dónde estaba nuestra casa?"

Roberto Bolaño, Tres


Con los Niños... y con los ojos rojos
18 de noviembre de 2006

Llego a Mérida a la hora de comer y a las pocas horas ya estoy de nuevo en danza. Esta vez con Chuty, que se encuentra en la ciudad para filmar el concierto de Los Niños de los Ojos Rojos: esta noche telonean a Ojos de Brujo en el Palacio de Congresos. Estoy rendido y al principio pienso una excusa porque sé que la noche puede acabar muy mal, pero imagino a Chuty suelto por Mérida, con esa prodigiosa orientación que le caracteriza y me echo a temblar. Mejor será acompañarle.

Dos horas antes del concierto, los Niños están en plena prueba de sonido. Me presentan a Alberto Casado (bajista, guitarrista y webmaster del grupo) un tío estupendo al que me unen -ahora lo sé- muchas cosas, además del apellido. Chuty quiere filmarlo todo -nervios y backstage incluídos- asi que me encuentro compartiendo camerino con nueve tíos en falda escocesa, dos o tres novias maquillándoles y un delicioso aroma a incienso jamaicano. Los Niños salen a escena con el Palacio a medio llenar, casi empujados por la circunstancia, pero pronto logran dominar la situación haciendo que el público salte de sus butacas para bailar en el foso. La divina especia de su música -esa receta secreta- lleva ritmos funk y tonadas celtas, impulsos de hip hop y bocanadas de folklore pre-industrial, muchas horas de curro y un indómito cachondeo que es contagioso y repite como la morcilla de mi pueblo. En menos de cuarenta minutos lo han conseguido: la gente grita desde ambos lados del foso pidiendo más. No hay tiempo para más. En realidad este concierto no es del todo suyo. Por lo visto en la música se juega con el uniforme prestado incluso cuando uno juega en casa.


...y una pupa en la boca del cielo

Nos sentamos a ver a Ojos de brujo. Me han hablado muy bien de ellos y he leído muy mal sobre ellos. Tuve en casa el último disco pero no me pareció gran cosa. Ahora me dispongo a comprobar. El concierto abre con una pantalla proyectando el logo del grupo y luces de paipai decorando el fondo. Una bailaora hace su entrada por la derecha y una sugerente base con raíces arabigosandaluzas envuelve al espectador. Hay mucho talento sobre el escenario: una base rítmica impecable, dos guitarras flamencas, dos buenas voces de apoyo... pero, pasada la exhibición de baile, la cantante del grupo hace su entrada -vestida de la peor guisa que he visto en décadas- y comienza a gritar como una vendedora de marcaíllo. En efecto, también las letras aluden a esa compungida aristocracia que se apiña ante los montones de saldo y los boquerones a la vinagreta: dedica una de las canciones "a todas vosotras, que os gustan los montones de ropa en el mercao". La agreste vocalista añade unas pizcas de hip hop escupidas con desgana y se dirige al público hablando atropelladamente, incluso confundiendo el mensaje: "Para que no haya tan pocos ricos" grita, y se pone a saltar. -Esto es lo que venden en las gasolineras ¿no? pregunta Chuty. Tras más de media hora de rumba de arrabal salpicada de étnico-politécnico abandonamos el auditorio aburridos. Tenía hasta hoy la vaga idea de que Ojos de Brujo eran una especie de Radio Tarifa + Martirio. Ahora sé que la dama de la peineta y las gafas de sol puede dormir tranquila. La M es minúscula. Es una lástima que un grupo con tanto talento se limite a ser el mero acompañamiento musical de una ferianta. Insisto: tienen mucho arte -aunque tampoco hay nada nuevo- pero el resultado es desconcertante y -cuando se le pilla el truco- decepcionante.

Con todo, me quedo con esta frase dicha por un maromo a otro en el descanso: -"Joder, tío, tengo una pupa en la boca del cielo..."

Yo también.


Web de Niños de los ojos rojos


Travesía urbana (sin casco ni cinturón)
18 de noviembre de 2006

Podría ser como cuenta Hilario (salvo los desnudos femeninos en la cafetería, que yo no vi por ninguna parte) pero fue aún mejor. Porque si algo de mágico tiene la poesía es que, a veces, es capaz de reunir a tipos tan antagónicos, extraños y dispersos como nosotros cuatro: un interventor de banca, un profesor que es concejal, un maestro de escuela (de los de ahora) y un enreda hiperactivo. Casi ná. De nuestra travesía urbana sin casco ni cinturón -faltó Cumbreño, que le han requisado el carné por puntos- me quedo con algunas imágenes de ésas que, por supuesto, la cámara no capta: el afeitado apresurado de Antonio (con corte incluído, no sabemos si a posta); cuatro libros de poesía comprados con provinciana avaricia en la librería del Círculo; la mirada de Ada cuando le dije que la suya es una "belleza acerada"; su respuesta -que ometiré mientras viva-; Santiago Castelo sentado en primera fila y proclamando, con los brazos cruzados "No sabéis lo que habéis hecho" antes de alabar la Antología con palabras que jamás habría soñado; el frío tan ardiente de Madrid, con su Callejón del Gato y sus infiernos paralelos; un concierto de Blues, una mirada perdida, un niña de dos años con una madre hermosa y cansada... y, -efectivamente, Hilario- dos, sólo dos sillas vacías. Sin nombre, pero con rostro.


Traslado del tobogán
17 de noviembre de 2006

Esta tarde -para todos aquellos que quieran darse una vuelta por allí- instalaremos el tobogán en la Sala Nueva del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Será a partir de las 20,00 h. y el acto contará con la intervención de Ada Salas, además de los autores. Estáis todos invitados.


La sonrojante felicidad de esos días en los que uno escribe un poema -ni bueno ni malo: un poema- mientras el mundo se desgañita, se malvende, se reproduce, se enamora... ajeno por completo a la Poesía que, sin embargo, revela y prolonga su eco, manteniendo así en extraño equilibrio el mundo.


A esa isla desierta...
13 de noviembre de 2006

A esa isla desierta, si me permiten, le cambiaría el altivo cocotero por una hermosa hembra del cáñamo. Da menos sombra, cierto. Pero las noches serían -verdaderamente- la secreta antesala de Dios.


Escenario común
13 de noviembre de 2006

Nadie me lo pregunta, así que lo diré libremente: de caer en una isla desierta -ese escenario común de los miedosos- pediría tan sólo tener a mano algunos poemas sueltos (no muchos), sacrificando así el orden previsto de lo que cualquiera -sin estar cercado por el mar, se entiende- asumiría como esencial. No: yo me sentiría menos perdido de poder contar con breves, rarísimas migas de oro encontradas por azar en libros ajenos, en vidas íntimas, en testimonios abocados como yo a la derrota y a la coquetería. Pienso en La mariposa de Tonino Guerra, el Canto IV de Pound, la Noche oscura del alma, los versos finales de la Epistola, la Elegía primera de Rilke, un haiku de Basho sin rana ni estanque, los Proverbios del infierno, Estranha forma de vida, el poema del Mayor Sabines, Serán ceniza, Ajeno, Blues del esclavo, El insomnio de Jovellanos, Arco romano, Conocimiento del reino submarino... Eso sería todo. Eso, y un letrero que diga "No molesten".

(Escuchando a Mísia: Canto)


Revelación
12 de noviembre de 2006

Casi a golpe de timón, hoy hemos ido a Trujillo. En el jardín, al sol, Gil de Biedma con jamón y Zagajewski con cerveza. Del primero, el reciente Retrato del artista en 1956, libro desigual y entretenidamente aburrido que demuestra que el autor de Pandémica y celeste era un pésimo diarista. Del segundo, un excelente libro de memorias: Dos ciudades, tambien de reciente aparición en El Acantilado. En él, el poeta polaco nos da claves precisas para situar su obra y, por ende, la de buena parte de la literatura de Europa Central a mediados del siglo pasado. Con momentos de humilde genialidad: "El éxtasis y la ironía", "Y, no obstante, la fraternidad..." y humor: "El portero", "Maté a Hitler", "El informe de san Pedro"... Llevaba un libro más: "Desplazados del paraíso" de Antonio María Flórez, que me ha parecido bien construido en una primera lectura apresurada, y a cuya lectura espero entregarme esta noche o mañana.

Hemos comido en casa de Chuty y Celima: arroz y canelones. Riquísimos. Luego hemos salido los cuatro con Tina (Valentina), la perrita, a sondear los caminos de la muralla. El Espolón, altivo y paciente, nos ha regalado unas horas de sol maravillosas. A medida que avanzábamos por el camino, Chuty ha señalado la singularidad de este tramo, una estrecha vereda hecha por el paso, respetuosamente conservada en la sincronía de los atardeceres. La humildad de este orden de hierba y arena me ha resultado casi insoportable, un modélico ejemplo de renuncia, un acto de servicio digno de algún dios extraño y ciego que no atiende a condiciones, no pregunta para quién es el paso, no cuestiona cada efímero destino.

Lo he fotografiado:


También a Chuty:

Él no lo sabe -o tal vez lo teme- pero cada vez que nos encontramos (una o dos por semana) su forma de mirar el mundo invade mis sentidos, pone en orden -alocado y febril, como todo orden- los principios más elementales de mi vida, aquello en lo que creo. Cada instante compartido cobra entonces la dimensión de un magisterio -él detestará esto, pero es verdad- y nuestras charlas acaban siendo un nutritivo, acaso involuntario, intercambio de revelaciones. La mirada adquiere entonces una pasión olvidada: las piedras o la hierba, el sol, las raíces... aparecen como advirtiera Blake: "en su infinito", desprendidas de toda singularidad, dueñas del tiempo y la pausa, múltiples, órganicas, solidarias... A veces de un simple comentario ha salido un poema, una idea, una deriva... otras, contagiados por el humo de la necesidad, nos hemos limitado a sentir el rugido insobornable de la inocencia, a "ver un mundo en un grano de arena, y el universo en una flor salvaje. Tener el infinito en la palma de la mano y la eternidad en una hora".
Esta tarde he advertido que mi afecto es más profundo que mi admiración. De todos los cuadros que él pueda pintar y todos los poemas que yo sepa escribir, la sustancia que nos une y nos hermana es dolorosa, felizmente más libre y primitiva. Lo único verdaderamente sagrado que me ha sido concedido.



Membrillos en el suelo y lumbre en la chimenea: se diría que el otoño ha pasado por aquí. Y sin embargo...


La errata es bella
11 de noviembre de 2006

Yo no escribo herratas, me dijo. Yo tanpoco, le respondí tajante.

(Salida por la targente)


A mano
10 de noviembre de 2006

Escribo sobre un párpado de niebla, un filo de cuchilla, un rumor de labios. Escribo sobre una estalactita de fuego, una mancha de petróleo, un bocado de aire en la mañana. Escribo sobre el mar sin mar de la esperanza, sobre el pecho de los amantes, sobre la espalda de un niño. Escribo sobre el agua oscurísima, sobre la cal de las paredes negras, escribo sobre un muro de cansancio y terciopelo. Escribo sobre un trébol, un naipe, un avispero. Escribo sobre la mano de Dios -mis dedos manchando de sangre sus uñas-. Escribo sobre la seda junto a la llama, sobre la ausencia perfecta de la mujer que más amo, escribo sobre mis huesos.

Nadie me pida compasión. Escribo sobre lo primero que tengo a mano.


Todavía
8 de noviembre de 2006

En el 60 aniversario de la liberación de Auschwitz

Me revienta que a más de medio siglo de la célebre e insidiosa formulación de Theodore Adorno sobre la necesidad de escribir poesía después de Auschwitz, se siga manoseando la cuestión. Para mí quedó magníficamente contestada en un rotundo poema de José Ángel Valente: "Y después de Auschwitz, y después de Hiroshima y Nagasaki cómo no escribir". Pero hete aquí que los conspicuos periodistas vuelven a la carga cada vez que alguien derrumba con arietes de belleza la incólume ordinariez cotidiana. Entonces se vuelven al poeta, al músico, al pintor, el equilibrista... y le preguntan -todavía- por la utilidad de la poesía.


Lluvia de Cartago
7 de noviembre de 2006

No porque llueva seré digno.
Claudio Rodríguez


Encuentro fugaz con Carmen Téllez para entregarle la antología Cuatro poetas en un tobogán. La urgencia del momento no nos exime de tomar un copa en el primer bar que encontramos. Cae una lluvia fina que confiere al acueducto de Los Milagros un aura dublinesco. -¿Y éste otoño tan perfecto?- exclama Carmen cuando salimos del bar, y ofrece su palma en un gesto antiguo, insconciente. Hemos hablado antes de gestos: -"muchos individuos, pocos gestos"- ha sido la conclusión. Me he oído decirle entonces que la única revolución que le queda al ser humano es la revolución -verdadera- del espíritu. Y he aprovechado que no bebíamos alcohol para ensayar una definición de mi teoría de la poesía como "ciencia del sentir". Ella, cauta, ha aludido a la relación entre mística y poesía. Hemos citado a Valente, Scholem, Zambrano, Celan... En el televisor, el parte oficiaba el calendario de lluvias mientras algunos parroquianos se entregaban cabizbajos a la liturgia de unos garbanzos con torreznos. A mí me ha dado por sentir que ése instante, ese perdido momento de comunión cotidiana y proletaria, esa escena de otoño provinciano regresaban de una postal lejana a modo de deuda, como la lluvia en el poema de Borges.

He acompañado a Carmen hasta su coche y le he entregado algunos libros antes de despedirnos: -Te acerco, si quieres... -No, déjalo prefiero ir andando.

Justo cuando el automóvil se perdía al fondo de los bloques de espejo y hormigón, un perro ha cruzado la calle empapado. Llueve -hemos pensado al mirarnos-, llueve equivocadamente.

La Epístola Moral a Fabio
6 de noviembre de 2006

Coincido con Miguel Ángel Lama en destacar -vía Dámaso Alonso- la serenidad y belleza que desprende éste texto, que no sólo no pierde vigencia sino que se diría necesario en épocas como la nuestra. Quizá porque siguen siendo éstos "tiempos de miseria y de infidelidad". Casualmente, volví sobre la Epístola hace unos días, bien entrada la madrugada, sintiendo, como su protagonista, que "Un ángulo me basta entre mis lares / un libro y un amigo, un sueño breve / que no perturben deudas ni pesares".

Hace cuatro o cinco años, cuando me encontraba escribiendo El viento y las brasas, leí por primera vez completa la Epístola Moral en la magnífica edición de Dámaso Alonso para Crítica que desde entonces me acompaña. La serenidad y la altura moral de Fernández de Andrada pusieron -quiero pensarlo así- cierta mesura en mis poemas y de su lectura extraje un extraño alivio y no poco consuelo:

"Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé: rompí los lazos.
Ven y sabrás al grande fin que aspiro,
antes que el tiempo muera en nuestros brazos."

Desde entonces me acompaña esta estrofa final como una oración pagana que repito de memoria. Sin esperanza, que diría Ángel González, pero con un oscuro, profundo convencimiento.


HB o la soledad del verdugo
5 de noviembre de 2006

 


© Ricardo & Nacho


Ley por Justicia
5 de noviembre de 2006

La condena a muerte dictada por un tribunal iraquí contra Sadam Hussein, lejos de asegurar la paz en la zona, ofrece una justificación más para los extremistas. Los de ambos lados, se entiende. Por lo pronto George Bush, con su proverbial sabiduría, ha dicho que la condena a muerte de Hussein es un “gran logro” que representa un “paso hacia la democracia” en Irak. Una democracia -como puede verse aún en algunos estados federales de su país- que no excluye las ejecuciones de presos y que considera un derecho la aplicación de la Pena de Muerte. A estas alturas nadie duda que las atrocidades cometidas bajo el mandato de Hussein le hacen merecedor de una pena ejemplar. Sin embargo no parece la horca el ejemplo más desarrollado del sistema de valores occidental. Si es así, mal andamos. El pueblo iraquí ha tenido ante sí la oportunidad de demostrar a Occidente que puede ser una sociedad civilizada. Y que la Justicia, que no entiende de índices electorales, no es la Ley que marca el más fuerte. A una barbarie respondemos con otra. Ojo por ojo el mundo acabará ciego, como ya dijo alguien. Se sigue confundiendo la Ley con la Justicia intencionadamente. La primera otorga votos y calma a las fieras. La segunda ofrece la oportunidad de valorar el crimen desde una posición alejada de él.
De ser justos, nada más terrible para Ussein -como para cualquier genocida (ay, Pinochet)- que conservarle con vida ante un mundo que le señala, encerrado a cadena perpetua y derrotado, y lo hace testigo del verdadero desarrollo de la ansiada libertad de su pueblo.


Polífonías
4 de noviembre de 2006

Esta tarde, a modo modo de atrasado responso, he estado escuchando la Missa pro defunctis de Tomás Luis de Vitoria seguido de las Jeremiah lamentatione de Thomas Tallis. Sin duda, dos de las partituras más bellas que conozco. Luego -ay, vida- he vuelto al mundo de los vivos, donde la belleza es bien distinta y el tiempo, si no oro, bronce aquilatado de purpurina. Además llovía y los niños pedían calle y juego y columpios. El caso es que hemos terminado en un McDonalds.

Y allí estábamos sentados, ante el fragor de las fingidas hamburguesas (nada que ver con las del anuncio) y la expectación de los happy meals, cuando han entrado cozeando un grupo de adolescentes. Quince exactamente. Cada uno con su móvil y su "jolines, tía". Cada uno con su risa no del todo malvada. No se puede decir que converesaran, pero se entendían a gritos y en un código secreto que incluye el eructo y el tirón de pelos. Antes de pedir la comida ya habían desenfundando sus teléfonos móviles, disparando el flash a diestro y siniestro y regalando al respetable un innúmero repertorio de armoniosas melodías: Opá, Shakira, el himno del Barça... todas, o casi todas, sonando a la vez.

-"¿Has visto mi nuevo móvil?" -le ha preguntado un zagal a la soberana muchacha que tenía en frente. -"Tiene la canción de Chenoa".
- "Sí, pero el mío tiene polífonía" -ha respondido la jaquetona. Y ha esbozado, en efecto, una sonrisa de jaque mate.

A mí me ha dado por pensar que en la vida, como en la polifonía, no hemos hecho más que retroceder.

(Y me he zampado la hamburguesa)


Razones inconfesables
3 de noviembre de 2006

Un amigo me ha contado la verdadera razón por la que Leonard Cohen vuelve a estar de actualidad en forma de disco (Dear Heather), libro (Libro del anhelo) y película (I´m your man): la que fuera su manager y amante, Kelley Lynch, harta -suponemos- de los cinco años de retiro en un monasterio budista del canadiense, ha desaparecido -no sabemos si dejando una notita en la nevera- quedándole lo justo para su pensión de jubilación. Todo un detalle la de esta dama. ¡Y temíamos por su aventura con Rebecca de Mornay!

La verdad es que en los últimos diez años Mr. Cohen no ha estado a la altura de su leyenda. Sus dos últimos trabajos discográficos, "New ten songs" y el anodino "Dear heather", adolecen del encanto de anteriores entregas y sus poemas -lo compruebo ahora leyendo este Libro del anhelo plagado de referencias lorquianas sin gracia y plagios a Kavafis- no aguantan ni de lejos la comparación con Dylan, Cave o Young. Eso sí, conserva una voz sin voz que es un delirio, al menos para mí, y si me pidiera el Taj Mahal me pondría a recolectar ahora mismo.

Así pues, ¿donde quiere usted la nueva mansión, Sr. Cohen?


J.M.
2 de noviembre de 2006

De los evidentes dones que los dioses han regalado a José Manuel Díez, el de la poesía y el de la música, yo envidio sobre todo el segundo. Con una envidia atroz bien regada, eso sí, de cariño y admiración. Servidor, que durante años acarició el sueño de llegar a ser un cantante de rock -pecado venal de adolescente confuso y problemático- sigue las andanzas y los éxitos de José Manuel y admira esa innegable capacidad para el sacrificio y la tenacidad en un mundo tan difícil como la música, sobre todo en los tiempos que corren. A estas alturas no me cabe la menor duda de que llegará lejos, no sé si en el mundo discográfico, pero sí al menos en su evolución personal, que es lo que importa. Un tipo que se marcha a la China mandarina con un amigo "sólo por conocer aquello" y vuelve con un ramillete de canciones; que escribe poemas que ganan premios mientras suda la camiseta (y la gorra) por los festivales y escenarios de este país merece nuestra admiración sin paliativos. Al margen de gustos y diferencias, que las hay. Olé tus huevos.


MEMORIAS DEL SUBSUELO
Personaje del mes nº4: Phil Spector

2 de noviembre de 2006


Phil Spector
(Harvey Philip Spector, 26 de diciembre de 1940) el inventor del Wall of sound (muro de sonido), el rey Midas del pop en los 60, el Picasso de la producción musical, el "primer magnate de lo juvenil" en palabras de Tom Wolfe, es hoy un hombre acorralado por la Justicia y la víctima principal de su delirio megalómano. No le faltan méritos. Podríamos decir que sin él la música popular tal como hoy la conocemos sería inconcebible.
Spector comenzó su carrera musical como guitarrista y compositor del grupo The Teddy Bears, que en 1958 obtuvo un gran éxito con la canción To know him is to love him. El título no es otro que el epitafio de su padre, muerto por suicidio en 1949. Pronto saltó de la interpretación a la producción musical, especializándose en grupos femeninos como The Crystals y The Ronettes, a estas últimas acabaría llevando al éxito mundial con el super hit Be my baby, para después casarse su líder, principal testigo y víctima de las excentricidades de su esposo (recomiendo la entrevista a Ronnie publicada recientemente en Popular 1 o el articulo "La pesadilla de una Ronette" aparecido en El País). Sus grabaciones de aquellos años empiezan a distinguirse por un sonido envolvente y profundo, bautizado como Muro de Sonido.
La técnica de Spector consistía en grabar múltiples pistas de acompañamiento, superponiéndolas hasta crear un sonido compacto y algo apabullante. En otras palabras, se trataba de considerar una canción de tres minutos como una pequeña epopeya wagneriana, un verdadero objeto de arte. Spector dará así una nueva dimensión al trabajo del productor, que en su caso es tan reconocible que llega a eclipsar al artista. A partir de entonces "el sonido Spector" tendrá una gran influencia sobre otros músicos que se lanzarán a experimentar con el estudio como instrumento musical; entre ellos los Beatles (que lo llamaron para hacerse cargo de las grabaciones de Let It Be) o Brian Wilson (The Beach Boys).

A mediados de los 60, produce dos sencillos especialmente ambiciosos: You've Lost that Lovin' Feelin (1964), de los Righteous Brothers, y River Deep, Mountain High, de Ike and Tina Turner (1966). En el caso de River Deep el single no alcanzó el éxito previsto por motivos externos (coincidió con el asesinato de Kennedy) y Spector se vuelve -literalmente- loco, se encierra en su mansión de Los Ángeles y abobima del mundo. Será el fin de la Era Spector.

Spector con John LennonTras unos años retirado del negocio discográfico, regresa (no sin polémica) cuando John Lennon le encarga en 1970 dar forma publicable a las grabaciones del proyecto Let it be. Spector modifica el sonido de varias canciones, enriqueciendo el acompañamiento con múltiples pistas de instrumentos y coros. Paul McCartney queda especialmente descontento con The Long and Winding Road, balada de piano, a la que Spector añade toda una orquesta. Aunque en adelante incorpora a las versiones en directo parte del arreglo de Spector, aprovecha cualquier ocasión para criticar el tratamiento del disco, y no descansa hasta editar, ya en el 2003, una versión "limpia" de los arreglos de Spector (Let It Be... Naked).

En las siguientes décadas Spector producirá sólo a artistas que le supongan algún reto profesional como John Lennon, George Harrison, Leonard Cohen y los Ramones o caprichos (de su hija) como Starsailor en 2002, por ahora su último trabajo. Nadie sale ileso al trato con el productor. Cuenta Leonard Cohen que Spector llegó a apuntarle a la cabeza con un revólver durante la grabación de Death of A Ladies Man. Tampoco los Ramones -no eran desde luego el grupo adecuado- tuvieron una relación fácil con el maniático productor. La aventura fue traumática para los chicos de Queen´s: Spector se presentó una mañana en el estudio con dos matones, una puta y su pistola, encañonó a la banda y les preguntó: «¿Queréis ser geniales o simplemente buenos?».

Desde el incidente Ramones hasta su reaparición con Starsailor, Spector abandona casi absolutamente la actividad artística, convirtiéndose en una leyenda viva pero inactiva.

En el 2003 vuelve a la actualidad como presunto asesino de la actriz Lana Clarkson. Spector se declara inocente y afirma que se trata de un suicidio. El juicio de Spector previsto para septiembre de 2005, ha sido sobreseído en dos ocasiones.

A la izquierda, Phil Spector, en el momento de su detención y a la derecha la actriz Lana Clarkson, que apareció con un disparo en la mansión del productor.


LA VIDA DE UN GENIO LOCO


1958. To Know Him Is To Love Him, originalmente cara B de su primer single como líder de The Teddy Bears, alcanza el número 1 en las listas estadounidenses y vende más de un millón de copias.

1961. Tras una fructífera etapa bajo la tutela de Jerry Leiber y Mike Stoller en la que escribe clásicos como Spanish Harlem, Spector, 21 años, decide fundar su propio sello: Philles.

1963. A Christmas Gift for You from Phil Spector, considerado como el mejor álbum navideño de todos los tiempos, corona un año glorioso en el que se suceden uno tras otro éxitos del calibre de Be My Baby o Da Doo Ron Ron.

1964. Spector resiste la avalancha británica encabezada por The Beatles gracias sobre todo a You’ve Lost That Lovin’ Feelin’ de The Righteous Brothers, aún hoy la canción más radiada de la historia de EEUU: más de nueve millones de veces.

1966. El fracaso de River Deep Mountain High, un single de Ike & Tina Turner en el que invierte una millonada y que sólo llega al puesto 88 de las listas yanquis, marca el fin de la era Spector y precipita el cierre de Philles.

1970. Con Instant Karma, tercer single en solitario de John Lennon, da comienzo su relación con The Beatles, encargándose de la polémica posproducción de Let It Be (muy mal vista por Paul McCartney) y de los primeros álbumes de Lennon y George Harrison.

1977. Produce el embriagador Death of A Ladies Man, entonces injustamente repudiado hasta por su autor, Leonard Cohen, que lo califica de «experimento fallido».

1980. Aparece End of The Century, de los Ramones, último disco producido íntegramente por Spector.

2002. Probablemente para complacer a su hija Nicole, fan del grupo, produce seis canciones a los ingleses Starsailor. Un año después, el álbum Silence Is Easy sólo incluye dos de ellas (una es el single del mismo nombre).

2003. McCartney se saca de la manga Let it Be Naked, una nueva versión de Let it Be, remezclado y sin rastro del trabajo de Spector, que recibe críticas mayoritariamente negativas.

2003. 3 de febrero. El cuerpo de Lana Clarkson, actriz de series B, aparece sobre una silla en la casa de Spector en Alhambra, California, su vestido corto negro bañado en sangre. Fulminada por una bala que dejó un orificio de entrada en el paladar y otro de salida en la base del cráneo. Spector asegura que se suicidó. Todo es posible...



Anteriores MEMORIAS DEL SUBSUELO:

Personaje nº3: Armando Buscarini en Derivas Agosto 2006
Personaje nº2: Oskar W. Lubicz Milosz
en Derivas Julio 2006
Personaje nº1: Sananda Maitreya (Terence Tren´t Darby) en Derivas
Marzo 2006




Frente a la tapia

1 de noviembre de 2006

En pleno siglo XXI, frente a la tapia del Cementerio de Mérida he presenciado el siguiente diálogo entre una gitana de menos de 20 años y su madre, de poco más de 40. Mirábamos el mismo cartel.

-Madre ¿sabe usted leer?
-¡qué voy a saber!
-¡pues vamos buenas si queremos saber qué dice ahí"


Rodeadas de chiquillos, las dos gitanas miraban con atención y curiosidad la zanja abierta frente a la tapia del cementerio, hoy cubierta de ramos de rosas y mensajes de recuerdo y esperanza. Tras unos segundos de silencio me han mirado, y entonces les he explicado que esas flores rinden homenaje a las víctimas de la Guerra Civil, que muchas fueron asesinadas frente a esa misma tapia y que hace poco han aparecido restos humanos confirmando lo que para muchos era un secreto a voces: frente a esta tapia fueron asesinados centenares de vecinos.
La hija, entonces, me ha mirado como si les estuviera gastando una broma y ha dicho: -"Pero de eso hace ya mucho tiempo ¿no?" -"Exactamente 70 años", he respondido yo.
Y madre e hija se han dado la vuelta, seguidas por la chiquillería, temiendo tal vez haber dado conversación a un loco.

Ese loco ha comprendido, en su irrevocable demencia, que peor aún que la ignorancia de los pueblos es a veces el desinterés insolidario y cazurro de sus gentes. Y que la brutalidad -que no distingue etnias ni edades- se propaga como el hedor de las castañas podridas.


Otras secciones:


Blogs y webs amigas:

 

 

copyleft