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Buenas noches, Sol. Buenos días, Luna...
31 de agosto de 2007


Espejismo
30 de agosto de 2007

 

El hombre deforme se asoma al espejo y gruñe, llora, patalea avergonzado su desgracia: en el azogue se refleja un hombre apuesto, alto, elegante, desconocido.


¿Qué se ama cuando se ama?
29 de agosto de 2007


"¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida
o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, qué se halla, qué
es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
o este sol colorado que es mi sangre furiosa
cuando entro en ella hasta las últimas raíces?
¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
de eternidad visible?
Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso".



© Gonzalo Rojas

Escuchando:
De pan y miel, (Sur), de Dorantes.


Domingo Vargas
29 de agosto de 2007


Hablé pocas veces con él -con ellos, con Juan y Domingo Vargas- pero fueron suficientes para entender que la maestría no está reñida con la humildad. Encima de un escenario, Domingo Vargas era, como su hermano, un torrente de emoción, un crisol de influencias perfectamente asimiladas a la vera de su padre, don Miguel Vargas. A ellos, así como al resto de su familia, quiero hacer llegar mi cariño, admiración y respeto en este duro trance.

Además de uno de los mejores guitarristas, el flamenco y en general la cultura extremeña ha perdido a una persona noble, buena, en el más amplio sentido de la palabra.


Los libros del verano
28 de agosto de 2007


Decidido a tomarme unos días de descanso y marchar lejos de casa, lejos de mis libros, dejo aquí constancia de los lecturas que más me han gustado en estos dos últimos meses. Renuevo la promesa de no llevarme un sólo libro aunque eso no incluya, por supuesto, volver con las manos vacías.


El artista y su cadáver
, de Fernando Aramburu
La ausencia del padre, de Enrique Libermann
Poesía (!943-1997), de Tomás Segovia
El fin del mundo como obra de arte, de Rafael Argullol
Una historia de la lectura, de Alberto Manguel
Textos de estética taoísta, de Luis Racionero
Común presencia, de René Char
Antenas, de Adam Zagajewski
Los señores del límite, de W. H. Auden
La poesía española entre pureza y revolución (1920-1936), de Juan Cano Ballesta
Elogio del refrenamiento y Banderas detrás de la niebla, de José Watanabe
Un clavo en el corazón, de Paulo José Miranda
F, de Justo Navarro
Rimas, de Miguel Ángel Buonarrotti
Memorias de un amnésico, de Erik Satie
Diarios, de Jules Renard
La transferencia del mal (y otros fragmentos de La rama dorada) de J.G. Frazer
El libro negro, de Giovanni Papini
El jardín de las delicias, de Francisco Ayala

(Y el mar ¿cómo se lee?)

Escuchando:
Live in Dublin (2007), de Bruce Springteen & The Sessions Band


Living dreams
23 de agosto de 2007


Esta canción fue grabada el verano pasado por dos amigos que pasaron unos días en Trujillo, Jorn Vanweddingen (guitarra) y Bernard Savoye (voz). Chuty los cogió a lazo y se encerró con ellos un fin de semana en los estudios de Álvaro Gil (Ánimas producciones). De aquellas frenéticas jornadas salieron dos canciones. La hoja que aparece en el vídeo es el único borrador donde inventaron esta pequeña maravilla, Living Dreams. El otro tema puede verse aquí. Chuty lo filmó todo y luego decidieron que los vídeos con las canciones se subirían a la Red. Y ahí están, para quien sepa escuchar.


Más, mucho más en:


Inéditos. I.
22 de agosto de 2007

Pájaro del olvido

Nada quisiera ya, pájaro del olvido,
ave confusa y somnolienta que cruzas
mi ventana, sino aprender tu gracia
y maravilla, tu misterio,
y en las ramas últimas,
bajo la luz de agostos venideros,
borrar de mi existencia toda huella,
apagarme contigo en la incierta claridad
del aire -sumiso el vuelo, la voz altiva-
y en otros labios deshacerme
para siempre.




* Excluído de Oscuro pez del fondo



Surrealismo mágico
21 de agosto de 2007

 

"En Perú vuelven a la cárcel algunos de los presos que huyeron de la prisión de Chincha tras el terremoto. Los reclusos vuelven voluntariamente a lo que queda de sus celdas. Voluntariamente quiere decir empujados por el hambre, el miedo o las ganas de terminar pronto su condena. Los presidiarios explican su vuelta. Unos dicen que huyeron para sobrevivir. Otros internos sólo querían ocuparse de su propia familia, saber si estaban bien y a salvo, si podían ayudarles. A otros no les compensa ser fugitivos y estar en continua huída, perseguidos y en deuda con la justicia.

La mayor parte de los seiscientos huidos no han vuelto, ni tampoco se les espera, en una cárcel sin muros ni rejas en el sudeste de Perú".

Fuente: Euronews


Anoto esta pequeña historia de "surrealismo" mágico entre tanta desolación.

 

Ayuda en Acción para Perú


Algunos poemas que me habría gustado escribir
20 de agosto de 2007


El insomnio de Jovellanos, de Luis García Montero.
Hijo de Europa,
de Czeslaw Milosz.
Serán ceniza
, de José Ángel Valente.
Segundo Himno a la Noche, de Novalis.
El silencio
, de Gonzalo Rojas.
El alma del vino, de Charles Baudelaire.
Ajeno, de Claudio Rodríguez.
Tal vez mañana...,
de Eugenio Montale.
Masa
, de César Vallejo.
Modelo para una teoría del conocimiento, de Hans Magnus Enzensberger.
Estatua mutilada, de José Hierro.
Límites, de Jorge Luis Borges.
Tú, cuya mano, de Agustín García Calvo.
El mutilado
, de Gabriel Ferrater.
Arco romano, de César Simón.
Conocimiento del reino submarino, de Javier Rodríguez Marcos.
Virgen del Camino, de Andrés Trapiello.


Canciones que me obsesionan
19 de agosto de 2007


Libertango
, de Astor Piazolla.
Always with me, always with you, de Joe Satriani.

Billie Jean, de Michael Jackson (versión Chris Cornell)
Redemption song, de Bob Marley (versión de Manfred Mann´s Earth Band)
Don´t let me be misunderstood
, de Nina Simone.
Tom Traubert´s blues, de Tom Waits.
Society´s Child, de Janis Ian (versión de Spooky Tooth).
Hallelujah, de Leonard Cohen, (versión de Jeff Buckley).
My funny Valentine, de Chet Baker
Maybe, I´m amazed, de Paul McCartney.
Summertime
, de George Gershwin.
Paranoid Android, de Radiohead, (versión de Brad Melhdau).
Say it ain´t so, de Murray Head.
El jinete, de José Alfredo Jiménez.
Vals de Frontenac. Popular.
La llorona, Popular.
Bourrè, de J. S. Bach (versión de Jethro Tull).


El fin de las estaciones
18 de agosto de 2007


...iones, qué sabes, tú que cantas, del fin de las estaciones, del fin de las estac...


Humo en el agua
17 de agosto de 2007



No puedo dar por terminado Oscuro pez del fondo -no puedo dejar de escribirlo todavía- mientras no resuelva el conflicto originario que lo dio forma, idea y necesidad. No se trata, una vez más, de escribir un libro de poemas. Ahora sé que más de ochenta poemas no forman un libro. A lo sumo, congregan algunos aspectos esenciales que en nada me justifican, junto a la mucha e inapelable retórica del género y -así quiero pensarlo- alguna nimia dosis de inspiración. Pero el oscuro pez avanza sumergido en las aguas de la incerteza, buceando profusas malezas de insomnio, orillándose vertiginosamente en los bajos fondos de mi existencia. ¿Cómo dar una doble respuesta -vital y estética- a este deambular absorto en la fragilidad, en la carencia, en la pura realidad? Esa realidad -al menos una parte esencial de ella- tiene, como siempre, un nombre. Y una edad: apenas cinco años. Él es el protagonista de la única parte verdaderamente inacabada de mi libro. Él es El primer hombre, aquél a quien abraza en primer lugar el moribundo del poema de Vallejo: "incorporóse lentamente, abrazó al primer hombre; echóse a andar...". Sin embargo, no es el relevo natural de una existencia en otra lo que me impide alcanzar el puerto -qué puerto, qué cegadora luz- y ver así cerrado un ciclo de mi escritura que supone, como sospechaba, cerrar un ciclo de mi vida. La rigurosa presencia del hijo ha emborronado las páginas haciendo temblar las piedras del río, las sólidas piedras -por oscuras que fueran- de un hábitat calculado y seguro. También en brazos de la felicidad perdemos algo.

Arde en el papel el contorno infranqueable de la palabra "Padre". Y ya no sé qué significa.


Dicho de otro modo
16 de agosto de 2007



"La creación, se mire como se mire, no es hija de la plenitud sino de la ausencia, de esa deserción esencial, de ese espacio vacío y ávido que los pensadores de hoy se obstinan en delinear. Se crea para neutralizar una angustia, no para dar testimonio de una euforia, aunque en el preciso momento estemos puntualmente satisfechos o apasionados. Lo mismo puede decirse del amor (...)"


Arnoldo Liberman, La nostalgia del padre


El enemigo imaginario
16 de agosto de 2007

¿Sabes tú, niño,
qué quiere el coco?:
que tengas miedo
(ni mucho ni poco)


Isabel Escudero
de Cántame y cuéntame. Cancionero didáctico

 

Le explico a mi hija de siete años que iremos a pasar unos días a Portugal y ella responde que no quiere ir porque "allí roban a los niños". El comentario se debe -creemos- a los últimos días de colegio, cuando saltó a las planas el caso de una niña secuestrada en el país vecino. A día de hoy, nadie sabe exactamente lo que ha sucedido con la pequeña Madelaine, pero la consciencia popular sigue aferrada a la idea del secuestro porque, : de esta forma, nos sentimos partícipes de la desgracia (con el secuestrador dando tumbos por ahí se mantiene vivo el miedo); y : ello legitima el temor de que podría habernos ocurrido a cualquiera de nosotros, o peor aún: podrían desaparecer todavía más niños.

Recuerdo ahora la charla que nos ofreció Bernardo Atxaga en un bosque de Arenas de San Pedro hace cosa de dos meses: nos explicaba el origen de las creaciones populares (mitos, cuentos, leyendas) destinadas a hacer del miedo un aliado de los intereses de los adultos. La historia, en este sentido, del popular Sacamantecas no tiene desperdicio. Durante décadas, a los niños de la mitad norte de España se les ha atemorizado (o más bien amenazado) con el cuento de que si no hacían esto o aquello venía el Sacamantecas y se los llevaba para triturar sus cuerpos y hacer manteca con ellos. El origen de esta atroz imagen (harto elocuente del sadismo de nuestros mayores) es sin embargo, tan revelador como preciso: durante los años de la revolución industrial, la aparición del tren provocaba toda suerte de recelos. De repente, las distancias entre las aldeas y ciudades se habían hecho salvables y la gente empezaba a desaparecer, camino sobre todo de las grandes capitales. Esto provocó el recelo de una importante parte de la población que vio en este monstruoso aparato de hierros y humo infernales la encarnación de su peor pesadilla: quedarse cada vez mas solos en el pueblo o, dicho de otro modo, apeados del progreso y sus incalculables consecuencias. De ahí, que los padres explicaran a los zagalejos de la época cuando éstos trataban de jugar en el campo, la falsa historia de un hombre malvado, un secuestrador de niños, el Sacamantecas, que cogía a los pequeños y los metía en un saco para llevarlos en tren a la ciudad, donde en enormes máquinas con forma de embudo trituraba a los pequeños. Luego, con el aceite de sus cuerpos engrasaba las ruedas del tren y volvía a por más niños.

Este es, a grandes rasgos, el origen del mito del Sacamantecas que, en función de cada geografía, fue adoptando diversos nombres: el Coco, el Hombre del saco, el Tío Saín, etc... Contra todo pronóstico, la abundancia de información y el desarrollo tecnológico en que estamos inmersos no ha servido para borrar del inconsciente colectivo la dependencia de un miedo injustificable, de un enemigo imaginario, que sin embargo mantiene unido al pueblo, unido en la preocupación, lógicamente.

Me siento al lado de mi hija mientras ella dibuja y colorea un gran barco azul sobre un mar amarillo, como en la canción de Pablo Guerrero. Se la ve relajada y feliz por vivir en un país donde no roban a los niños. Y yo dudo entre explicarle que los niños que se alejan de sus padres pueden perderse (en Portugal como en cualquier otra parte), o ir programando las actividades y juegos que pensamos llevar a cabo en cuanto lleguemos a Caparica.

Hay miedos que no se deben transmitir jamás.

 

Escuchando:
Night of remembrance (2002), de Suyuf Islam


El truco
15 de agosto de 2007


¿Por qué un mismo poema cambia al ser leído en un libro -sobre un libro, quiero decir- o sobre otro?


Cuestiones de fe
14 de agosto de 2007


Escucho estos días con atención dos trabajos discográficos que nada tienen en común, salvo el hecho de estar traspasados ambos por la experiencia de la fe. Lo confieso: uno escribe fe, y al instante comprueba el desprestigio que parece rodear a este término. Por lo común, hoy en día aceptamos sin pestañear cualquier frivolidad artística que se nos presenta, pero desconfíamos de todo aquello que huele a fe, dispersos ya los humos vacuos de la nueva-era y rasgado de una vez por todas el pavoroso velo del nuevo milenio. Pues bien, aquí hay dos obras de arte mayúsculas inspiradas por la fe de sus protagonistas. Se trata de Salvation on lights (2007) de Mike Farris y An other cup (2006) de Yusuf Islam, mundialmente conocido -hasta su conversión a la fé islámica en 1978- como Cat Stevens.

No lo ha tenido nada fácil el autor de Tea for the Tillerman en los últimos tiempos. Tras su alejamiento voluntario de los escenarios a finales de los setenta, y sus poco afortunadas declaraciones en 1989 cuando apoyó la fatwa del Ayatollah Ruhollah Khomeini contra Salman Rushdie (autor de "Los versos satánicos") nadie daba -francamente- mucho por el alma del autor de Sad Lisa, Father and son o Wild world. Y es que, desde la caída de las Torres Gemelas todo han sido problemas para el músico británico, que además de perder seguidores (de su música), ha sufrido diversos boikots por parte de un amplio sector de la industria y la prensa musical occidental, amén de algún que otro altercado en aeropuertos.

La copa que nos ofrece Yusuf es, sin embargo, una copa limpia, llena del mejor caldo que este hombre sabe hacer: once canciones donde vibran el alma y los pies. En cuanto la rompedora Midday (Avoid city after dark) nos hace sentarnos para advertirnos que el maestro Stevens (el gran compositor de canciones que sin duda es) está al frente. De esta forma la hermosísima Heaven/Where true love goes o la estremecedora reinvención que hace del clásico Don´t let me be misunderstood, nos invitan a circular por extrañas veredas humanas donde el rock se disuelve en formas plásticas: pianos con trompetas, guitarras y coros, una orquesta de cuerda y una voz dolorida... Y un no sé qué queda ahí, balbuciendo...


El caso de Mike Farris es bien distinto. Cantante y líder durante los noventa de uno de los mejores grupos de rock sureño de aquella década, los Screaming Cheetah Willies de Nashville, tras numerosas giras internacionales, tres colosales álbumes de estudio y uno doble en directo, finiquitó su andadura con la banda a comienzos de la presente década. Y en ese mismo instante todos comenzamos a preguntarnos qué diablos andaría haciendo el bueno de Mike Farris. Pasaban los años y no daba señales de vida. Así, hasta que en 2004 apareció Goodnight sun (¡qué disco!) donde ya este cantante blanco de alma negra se marca un emocionante gospel interpretado a capella sobre un fondo de campanas de iglesia -¿evangélica, metodista, católica?-. Han pasado tres años y Farris se ajusta una vez más a la verdad de las circunstancias: la fe católica le ha devuelto el equilibrio y la armonía que el rock le disputaba. Y, para quien quiera escuchar, ha decidido entregarnos un disco de música religiosa. Porque eso es exactamente Salvation in lights (2007). Eso, y el mejor gospel y el mejor soul que uno ha escuchado desde que Sam Cooke ascendiera a los cielos para sentarse a la diestra de Otis Redding. Huérfanos estábamos sin duda de una voz y un talento como los de Mike Farris. El inmortal "Change is gonna come" suena estremecedor en sus manos. La inicial y elocuente "Sit down servant" nos lleva de inmediato al oscuro Memphis, a los años de sumisión, a la redención del sufrimiento, a los cantos negros, al spirituals y al gospel. Algo titulado "I´m gonna get there" nos hace ver una extraña esperanza al fondo de la nada.

El ser humano se nutre de experiencias como ésta o como el disco de Cat Stevens (para mí siempre será Cat Stevens el músico), ahora llamado Yusuf Islam. Obras donde hay un porqué inherente a cada nota. Donde la música es una forma de mostrarse a los demás sin pedir nada a cambio. Así contemplo, en esta tarde de verano, a estos dos buenos amigos. Porque la música se ve, como se ve todo arte (excepto, posiblemente la pintura), como se ven las palabras aunque no se las entienda o no se les haga demasiado caso.

Ambos discos me han emocionado profundamente.

 

An Other Cup (Polidor, 2006)

Salvation in lights (Ino records, 2007)



Cultura Popular
11 de agosto de 2007


Esta atrocidad, en plena fuente de la Plaza Mayor de Garganta la Olla, es gentileza -me cuentan los vecinos- del señó arcarde. Las señales de tráfico están, como puede verse, a ambos lados de la fuente. Un relevante ejemplo -uno más- de Cultura Popular.


El horror
11 de agosto de 2007


Puerta de la casa-museo de la Inquisición, en Garganta la Olla (Cáceres). Foto: DC



Antigua residencia de los Condes de Acevedo. Al parecer, el emperador Carlos V, en agradecimiento por el buen trato dispensado, le concedió al hijo mayor de éstos el título de Escribano Real, y el derecho a transmitírselo a sus descendientes. Siglos más tarde, la casa acogió el dudoso honor de servir al Santo Oficio, convirtiéndose a la vez en cárcel, tribunal y sala de torturas.

Cuando, hace unos diez años visité la casa (entonces convertida en Museo de la Inquisición), ésta se encontraba regentada por una familia que vivía en la planta alta. Recuerdo perfectamente la escena: nos la enseñó una muchacha de apenas 16 ó 17 años, con las uñas pintadas de rosa y una estética almodovariana total. Con un desparpajo que ya quisiera para sí Loles León, nos fue mostrando las distintas dependencias mientras nos contaba los horrores que allí habían tenido lugar, o nos explicaba -haciéndose una interminable trenza- que la mesa del Inquisidor se mantenía tal como éste la había dejado. La vivienda estaba completamente calcinada y en las paredes se podían ver grilletes y otras herramientas de castigo. Una angustiosa sensación de opresión nos hizo salir de la vivienda y tomar aire fresco en la plaza.

Esta tarde hemos vuelto a Garganta la Olla. No he podido resistirme a visitar "la casa". Ha sido fácil dar con ella. Sin embargo, al asomarnos, hemos comprobado que ya no permanece abierta al público. Como único signo de vida, un manojo de guindillas resecas en la pared. Como signo de su oscuro pasado, este impresionante portón de madera donde permanecen los símbolos que justificaron la persecución, la tortura y la aniquilación en tiempos no muy lejanos. Y ahí, en las vetas de esta madera que atraviesan la Historia, inmóvil, silencioso, el horror.


Escuchando:
Salvation in lights (2007), de Mike Farris


LAS CANCIONES DE MI VIDA. Cap. II: Soldier of fortune (Deep Purple)
10 de agosto de 2007

 

David Coverdale (voz) - Adrian Vandemberg (guitarra)



Soldier of fortune
es a Deep Purple lo que Stairway to heaven a Led Zeppelin. Cuando fue escrita por Ritchie Blackmore y David Coverdale para el album Stormbringer (1976) ya eran evidentes las diferencias musicales que cada uno trataba de imponer en la banda. Coverdale ama el blues y el soul mientras que Blackmore -convertido ya en una leyenda de las seis cuerdas- no veía nada claro aquella pasión desordenada por el funk y los ritmos negros que sufrían Coverdale y Glenn Hughes. El tiempo, como siempre, puso a cada uno en su lugar: al frente de dos bandas poderosas (Whitesnake y Rainbow), pero esa ya es otra historia.

Muchos años después, en 1998, Coverdale decide repasar su repertorio de éxitos hard-metálicos acompañándose tan sólo de su fiel escudero -y mano derecha en aquellos años- Adrian Vandemberg. Sería, curiosamente, su última colaboración. Todavía dura el desencuentro entre Mr. Coverdale y el genial guitarrista sueco.

La grabación tuvo lugar en los estudios de la compañía Toshiba en Tokyo, para un reducido grupo de amigos y capitostes de la industria. Cuarenta personas, a lo sumo. Y nada de trucos. Sólo un micrófono, una guitarra acústica y dos banquestas que suenan durante la grabación. Lo demás es pura magia. Coverdale interpreta diez canciones, diez episodios disueltos en su larga trayectoria de 25 años cantando rock. Abraza a cada una de ellas como si de una mujer se tratara, reconociéndolas, abandonándolas de nuevo. La última de ellas es Soldier of fortune.



Blues de aniversario
9 de agosto de 2007


Alguien te ha dicho que espera,
al otro lado de la pantalla, noticia
de tus días y tus noches

-rumor de mar en calma,
somnolientas olas
acarician sus pies descalzos-

y has preferido,
como tantas veces, ser sincero
al menos al poema. No alumbrar
con fuegos de artificio, con velas
ilusorias esta hora sólo tuya,
cuando el silencio es el único amigo
que está sentado, puntual, a tu lado.



Conmigo
8 de agosto de 2007


Es lo que tiene el verano. Uno puede entregarse toda una tarde (con sus días y sus noches) al placer de escuchar música sin salir de la trinchera del estudio. Amontonando vinilos, cds y archivos de mp3 -condenados archivos que han hecho inalcanzable el tiempo de la escucha-, me doy al placer pueril de ir confeccionando mis propias colecciones, demorándome en grabar la perfecta antología de rock progresivo, la de Canciones para una huida, la de Grandes damas del blues o simplemente, el disco insuperable de Madredeus que sólo yo conozco, hecho de injertos de todas las épocas. Extraño placer el de la música, siempre conmigo.




Escuchando:
In absenta (2005), de Porcupine Tree


Cinema
7 de agosto de 2007


Allá donde haya un cine esta noche, quiero acercarme, con aquella espectación tan obvia y tan pura de la infancia, a recobrar entre sus cintas la borrosa edad donde todo se descubría. Quiero esperar a que abran el Cine Rugall en Trujillo para el estreno de Superman. Quiero habitar el cómodo silencio entre extranjeros de un cine de calle en Marvâo, para ver Sostiene Pereira en portugés y enterarme de todo. Quiero bajar por las calles de Córdoba, perdido entre los jazmines salvajes de agosto, y encontrar bajo una iglesia esa función nocturna donde una y otra vez se proyecta Metrópolis. No tengo otros recuerdos, tal vez. No me distrajo tanto la película, como el silencio aquel entre las gentes sencillas, cuando todas nuestras diferencias se desvanecen como el humo y regresaban los sueños -a cada cual los suyos- que luego los actores se encargaban de cumplir. O no, porque la cinta aún corre en la bobina y la luz del proyector, por el momento, no se ha apagado.

 



B.S.O.: "Il cielo in una stanza" de Gino Paoli en la versión de Franco Battiato
como homenaje al Chaplin de "Luci della città" (City Lights) y "La febbre dell'oro" (The golden rush)


F
6 de agosto de 2007


"Lo diré del revés. Diré la lluvia
frenética de agosto, los pies de un chico
enroscados al final del trampolín,
el salto agudo de lebrel que exhalan
las lilas en abril, la paciencia
de la araña que va escribiendo su hambre,
el cuerpo - dos cabezas, cuatro piernas -
en un solar gris del ocaso, el pez
deslizante como arco de violín,
el azul y oro de las niñas en bici,
la sed dramática del perro, el corte
de los faros de camión en la alborada
pútrida del mercado, los brazos suaves.
Diré lo que me huye. Nada diré de mí"

 

Un poema de Gabriel Ferrater, Al revés, que bien merece una noche en vela.



Escuchando:
Hard Groove (2003), de Roy Hargrove & the RH Factor


Justo
6 de agosto de 2007


"Entonces acaba la guerra, vencen los peores", una línea maestra de la novela F, de Justo Navarro.


Iberia
5 de agosto de 2007


Contemplo con desgana el zipizape organizado en Navarra y cierto es que a nadie mínimamente sensato le puede agradar semejante desaguisado, pero -asqueado de tanta trifulca y tanta manipulación- calmo mis temores escuchando a Saramago, entre otros, defender la creación de una nueva nación que fundiera España y Portugal, Portugal y España. Habla de hacer renacer aquella identidad perdida -sumergida más bien- que un día se llamó Iberia. Mucho me temo que los saramagos del mundo, o al menos los de España y Portugal, imaginamos extasiados una unión cultural, más que otra cosa. En lo político, en lo ecónomico, bien sabemos que podría ser catastrófico. A estos nuestros, por ejemplo, quién les dice ahora que pertenecen a la nación de Iberia, a la muy literaria y nostálgica Iberia que cantó Esquilo y que, siglos más tarde, Estrabón ya comparó a una piel de toro: "Con el nombre de Ibería los primeros griegos designaron todo el país a partir del Rhodanos y del isthmo que comprenden los golfos galáticos; mientras que los griegos de hoy colocan su límite en el Pyrene y dicen que las designaciones de Iberia e Hispania son sinónimas» (Estrabón, Geografica III, 4, 19).

La Historia, con sus accidentes, siempre acaba dando un orden extraño y lógico a las cosas. Hoy, que las fronteras son sólo mentales y, en muchos casos, fruto de una ignorancia o desinterés secular, irremediable, soñar una nueva Iberia es entregarse a una hermosa quimera, un dulce desvarío de la razón que no soportaría el rancio chovinismo de algunos. Mejor dejar las cosas así, al menos en el plano constitucional, y vivir cada día esa realidad invisible que nos acerca y nos contrasta en una antigua identidad común.

La de la Imaginación, por supuesto.


Escuchando:
O meu bandolim (1992) y Rituais (2001), de Julio Pereira


Máscara y espejo
4 de agosto de 2007


"Siempre hemos estado en manos de simuladores, y lo aceptamos porque nosotros también lo somos. La cuestión no estriba, pues, en una pugna entre veracidad y simulación, sino en la potencia que ésta demuestra para imponerse. Los grandes intérpretes de la simulación son, precisamente, aquéllos capaces de transformar el murmullo del eco en una música poderosa".

Rafael Argullol
El fin del mundo como obra de arte


Regresión:
4 de agosto de 2007

Marillion · Brave (1994)



 



Sala de curas
3 de agosto de 2007


El anciano que me responde en el pasillo de la consulta, esgrime el bastón para indicar que el último es él, que lleva ahí toda la mañana sin que nadie le haya preguntado aún sus apellidos ni qué demonios le duele. Tiene la mirada aviesa, torcida por alguna lejana contrariedad -tal vez una herida de guerra- que él luce exagerándola un poco, y mira a los ojos de cuantos le miran y aún de aquellos que no osan extraviarse en su retina. No pierde comba, el viejo. Antes de nosotros, ha entrado a consulta una mulata gigantona y fresca, con un niño moreno, sonriente y algo bobo entronizado en su cochecito. El viejo me mira, pícaro, y dándome con el bastón en el brazo, dice: -"Ésta jaca es como la del chiste aquel. ¿Lo sabes, no?" -"Pues no, mire usted, no caigo ahora mismo... pero diga, diga..." -"Pues eso, hijo, que uno no está tan acabado como parece, y reconoce perfectamente a una mujer como ésa: piel morena traída del Sahara, ¿sabes?...". -"Ah", digo yo. -"Pues claro, hijo, ¡Esa piel es como arena movediza!" susurra sin el menor disimulo y, sin girarse, sentado de perfil, contemplando la puerta cerrada de la consulta, comienza a divisar las dunas, los negros fulares, la pólvora hacinada.

Por supuesto, el abuelo se ha olvidado del chiste -a estas alturas ya sé que sólo era una excusa para trabar conversación conmigo- y pasa a contarme su experiencia en Argel, sus noches "bandoleras", sus heridas, efectivamente, de guerra. -"Las del amor, me las hice yo, por cuenta propia y sin pagar jamás un duro".

De repente, la puerta de la consulta se abre y sale la arenosa mulata con el niño en brazos, empujando el cochecito vacío. El viejo continúa perdido en los mares del África, jugando al póker y bebiendo coñac, soldado sin enemigo, lejos de España. Ya no repara en la mulata, ni dedica -como yo- un último vistazo a esa isla de ébano que se pierde contoneándose al fondo del pasillo. El viejo sigue hablando hasta que una voz, dentro de la consulta, pronuncia su nombre. Entonces se pone en pie violentamente, dice: "ya va, señorita" y sin más, se rebaja el cuello de la camisa y me muestra una enorme cicatriz que serpentea columna abajo, como una víbora del desierto. -"¿Lo ves? ¿Lo ves bien? Esto, en cambio, me lo hicieron aquí".


Escuchando:
About time (2005), de Steve Winwood


Luciérnagas
2 de agosto de 2007


Juro que no he visto luciérnagas este verano. Es pronto, nos dice el sentido común, aún hace calor y las noches caen como brasa incandescente sobre nuestros cuerpos desprotegidos. No hay luciérnagas, es cierto. Todavía. Pero insiste tu rumor de besos conquistando mi carne, silenciosa y húmeda. Así me has recordado este poema de Justo Navarro, que ahora tú lees:

 

¿Te acuerdas de las últimas luciérnagas? Latía
su fulgor movedizo sobre la fronda ilesa.
Ahora que, caprichoso, el verano se enfría
y un aire de inclinada caligrafía inglesa
hace vibrar los cables y se instala en los setos,
las he visto otra vez. Me has cerrado los ojos
muy apretadamente: una trama de objetos
menudos, de neón, bulle como despojos
de luz. El agua es una seda estrujada
en la piscina: un viento fugaz nos acurruca.
¿No brilla una luciérnaga en tu córnea, parada,
cuando tocas mi carne y me besas la nuca
y acatamos felices la noche de verano?
Vivir es esta dulce disolución en vano.

© Justo Navarro

 

Escuchando:
Creole love call (2005), de Nils Landgren & Joe Sample


Agosto
1 de agosto de 2007


¿Qué dolor refinado de qué amor?
¿Qué mediodía de qué agosto?

César Simón



Agosto es mi mes preferido, no sé bien por qué. En realidad, resulta pesado en el silencioso mediodía, cuando el calor y la desgana parecen invitar a la relajación, a la inactividad más plena y la sola digestión de los minutos resulta agotadora. Esos minutos de fuego, sin embargo, con esa luz ajusticiando los mármoles, las paredes de cal, los silencios de parques y jardines, devienen en privilegio cuando se tiene entre las manos el libro adecuado. Me acompañan desde hoy las páginas de Rafael Argullol (El cazador de instantes, La atración del abismo), los nuevos poemas de Adam Zagajewski (Antenas), los de Chantall Maillard (Hilos) y la novela F de Justo Navarro, que pienso combinar con los poemas de su protagonista, el poeta catalán Gabriel Ferrater.

Pero -vuelvo a Agosto- hay algo más que luz y mediodía profundo en este mes que chapotea torpemente en mitad del calendario. Hay mañanas con deliciosos despachos abandonados, secretarias que llaman desde la playa disfrazando de inoportuno olvido su Mal de Estocolmo, hay niños con flotador que nadan alineados los mejores años de sus vidas, hay cervezas interminables -como la vida misma- entre amigos que no descansan de ser felices y ricos.

Y luego están las tardes, las movedizas tardes de agosto, enormes paquidermos donde cabe todo y nada. Como aquellas tartas de cumpleaños -apiladas frente a mí las veo ahora- donde siguen encendidas las velas del cariño, la dócil costumbre del abrazo. También las tardes de dulce huida, cuando una mísera porción de sombra y de sigilo -bajo un árbol, en un portal...- bastaba a los adolescentes para intercambiar sus primeros besos, sus últimas certezas.

Y las noches, claro, las noches de agosto. Noches de rock, cuando joven. Noches de jazz -preferentemente-, ahora. Noches bajo el silencio de la última copa, volviendo de alguna fiesta extraña con olor a humo y a frivolidad. Noches con vecinos que conversan sentados sobre sillas de anea, blancas como la memoria de sus vidas. Noches con niños en carzonas, olvidados monarcas del verano en la hora adulta de la madrugada, bautizando estrellas y sorbiendo regalices con pepsicola.

Puedo seguir... pero es verano, hace calor y uno, aventurándose en las estrechas capas de la realidad, sorprende este presente inédito que requiere, nuevamente, la demolición de la memoria. Ser sólo en mitad de la vida, bajo la súbita temperatura de agosto, aquel que celebra su existencia y la de cuantos le rodean.

Y eso hago. Enfebrecidamente.

 


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Révérence (2006), de Henri Salvador



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