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© Ilustración: Antonio Orihuela



Primavera presente
24 de febrero de 2007 

A uno y otro lado de la carretera, los almendros en flor, insalvables regueros de certidumbre y esperanza.



Andrés Díaz "El cascarilla"
23 de febrero de 2007 

Andrés nos había pedido venir cualquier día a casa y, en medio de la acostumbrada ración de música, copas y conversación, probar "algunas ideas", buscar nuevas vías de expresión a su guitarra al amparo de la poesía y la complicidad del instante. Así pues, este sábado invitamos a unos pocos amigos y degustamos, de entrada, una buena dosis de música enlatada: Gerardo Nuñez, Tomatito, José Luis Montón, Vicente Amigo, Pat Metheny, Luis Salinas, John Maclaughlin, Lee Ritenour... Luego, en medio del silencio perfecto de las copas y el humo, El Cascarilla tomó su guitarra y la hizo hablar, quejarse, bailar... Fue una clase magistral qué partió -cómo no- de la música árabe. Andrés nos explicó las modulaciones que encierra el género y la manera en que se articulan los ritmos; también el argot flamenco -cuando un cantaor me pide, sin más, que toque en "Quinta por arriba"- y los secretos del modo frigio, que aportan al toque esa cadencia flamenca.

Cerca de las dos de la madrugada, cuando ya el ambiente daba para hacer juegos malabares y nuestra osadía encontró la coartada perfecta, repartí algunos poemas entre los oyentes. -Tú, Pessoa, tú este otro de Kavafis; para tí, Lorca... y así fuimos recitando, acompañados por el toque de Andrés, algunos poemas memorables como Ítaca, La ciudad, Gacela del amor desesperado, Oda a Walt Whitman e incluso cierta Oda de Reis de cuyo título no quiero acordarme.

Lástima que las fotos no tengan sonido.


Escuchando:

Gerardo Nuñez, Andando el tiempo (New Mood Jazz, 2005)
* * * * *



Corrector de pruebas
23 de febrero de 2007 

El corrector infatigable se obstina en cambiar una palabra por otra, con fría lógica y escaso disimulo. No hay dualidad posible entre tecnología y libertad. Una raya roja enturbia la palabra precisa que anoto y que quedará así para la máquina por los siglos de los siglos. Errónea y necesaria, como la vida misma.

Pero nada corrige las erratas del corazón.



Blues del esclavo
22 de febrero de 2007 

Por más que nos droguemos, jamás encontraremos otra mañana de sol tan hermosa como ésta.


Antonio Orihuela ©
22 de febrero de 2007 



Memoria del cambio


La choza que nos dibujaste aquella tarde,
con su hombre primitivo y todo,
la excavé yo treinta años más tarde.

No creo que nadie soñara entonces con corbatas
o morir joven sobre la primera moto que nos prometían
si llegábamos a bachillerato.

Estábamos pendientes del verano
y el humo del primer amor
y su sabor a tabaco.

Oíamos las proezas de los otros,
ávidos de que fueran ciertas,
y mientras llegaba nuestra hora
nos entrenábamos
con la única literatura que apreciábamos,
revistas pornográficas
con accesorios comentarios de texto
que ninguno nos tomábamos la molestia de leer.

Moría Franco
y nosotros, afortunadamente, no teníamos ni puta idea de política,
no tuvimos que correr delante de los grises
para justificar después
habernos convertido en pequeños fascistas,
porque, al fin y al cabo,
sólo de pequeño fascista se puede seguir soñando
con pagar los plazos de una segunda vivienda.

Nuestras traiciones, también afortunadamente,
no tendrían como escenario ninguna idea por la que vivir,
sino algún cuerpo en el que morir
de gusto,
o abrazados, bailando
je t’aime, moi non plus...
y ellas, que no sabían francés, ofrecían sus bocas
mientras nos mentíamos que aquello era para siempre,
para el fin de semana,
porque el lunes era una fórmula matemática,
y el martes una carrera alrededor del instituto,
y el miércoles una interminable clase de religión,
y el jueves era la monotonía de la química
que precede a las noches brillantes
donde volvíamos a amarnos
ajenos a estados de excepción,
golpes de estado en Suresnes
y al paraíso que los altavoces instalados en los Dyanes
decían que estaban forjando para nosotros.

Nuestra realidad, afortunadamente era otra,
un estado perfecto y fugitivo,
un mundo fantástico que resultó,
a medida que fue desvelando sus misterios,
irreparable.

Como la choza aquella que,
en nuestro primer año de escuela,
nos dibujaste,

la misma que treinta años después excavé
para constatar que también tu dibujo
era mentira.


(De La piel sobre la piel. 2004)

 




Ain´t no love in the heart of the city
21 de febrero de 2007


El resumen de mi vida está en el corazón de esta canción.



Y mañana más
21 de febrero de 2007 

Ver fotos

En el Club de Lectura de Mérida estamos leyendo y representando (a puerta cerrada, por supuesto) la comedia de Mihura Ninette y un señor de Murcia. La semana pasada tardamos dos horas en representar el primer acto pero lo pasamos en grande. Algunos vinieron caracterizados de casa. Mañana atacamos el segundo acto. ¡Tiembla Pataki!



Decálogo
19 de febrero de 2007 

Primero. No escribirás, si no es para confesarlo todo.
Segundo En poesía más es menos, pero menos sigue siendo menos.
Tercero. El poema no tiene precio -ni siquiera tu inspiración-, sólo posee un antiguo valor de transferencia. Respeta ese valor.
Cuarto: La poesía es ficción, no mentira.
Quinto. El poeta no tiene biografía sino historia.
Sexto. No serás nunca un Rimbaud: tendrás que leer siempre antes de escribir.
Séptimo. Observa la norma antes de transgredirla, pero jamás publiques sonetos.
Octavo. Honrarás a Juan Ramón y a Whitman, a Celan y a Seferis. Aléjate, pues, de ellos.
Noveno. El poeta es el lector, el poema eres tú.
Décimo. No tendrás elección: todo poeta es póstumo.



Trucos para aplazar la muerte
18 de febrero de 2007 

Es cierto: acostumbro a vivir en cualquier otra realidad cuando ésta, por vulgar, por repetitiva, por hostil, se empeña en volverlo a uno loco. Hoy, por ejemplo, huyendo del esperpento, esquivando disfraces y máscaras, he recalado unos minutos en la cafetería de costumbre. El rato del café, sin embargo, no ha podido ser más breve: Por todas partes silenciosos niños de mirada torcida y adultos gritando, bebiendo, babeando... vasos vertidos y restos de alcohol pegándose a la suela... Pero necesitaba el dichoso café -uno huye del sueño como puede- así que he asaltado una mesa y, sin más, me he sumergido en la lectura de Las personas del verbo de Jaime Gil de Biedma, que últimamente estoy releyendo con fruicción. (Éste término agradaría a don Jaime Gil). Dos o tres poemas nada más, mientras servían el café. Así he caído en la cuenta de que últimamente los poemas que prefiero del autor de Moralidades no son los que me gustaban hace quince años, es decir, los más coloquiales y puteros, ese tono confesional a la vez que elegante. Ahora prefiero poemas como Peeping Tom, En una despedida, Elegía y recuerdo de la canción francesa o el soberbio Pandémica y celeste. Desde que me tomé en serio al catalán (que no fue hasta leer El pie de la letra) prescindo automáticamente de sus epígonos, tanta experiencia mal asimilada, tanto amiguismo cuartelario, tanta mala prosa en verso. Don Jaime Gil fue siempre fue más lejos, más allá de los conceptos asentados por Robert Langbaum -que poco o nada tienen que ver con lo que luego se llamó "poesía de la experiencia"- y la aparente sencillez de su tono denota un dominio técnico que a menudo él mismo se empeñó en disfrazar. Por eso Gil de Biedma es un maestro -mal que les pese a algunos- y su sarampión durante los ochenta y primeros noventa una epidemia que el tiempo despegará antes o después de su inmaculado magisterio.

En estas cosas andaba yo pensando, ya cerrado el libro, cuando el ruido insoportable y el olor a multitud me hizo levantarme y abandonar el local.

Cuando salí a la calle el sol brillaba alto y obsceno, como dorando la vacuidad de tanta máscara. Ya caminaba hacia el río cuando por delante de mí ha cruzado un niño disfrazado de la Muerte. O la Muerte disfrazada de niño.

Y he comprendido que el juego de hacer versos -que no es un juego- huele a pólvora necesariamente y un poco también a alcohol, a desahogo y a vida.


Escuchando:

Eleni Karaindrou, Elegy of the Uprooting (ECM, 2006)
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La única Angie
17 de febrero de 2007 

Llevo días escuchando versiones de Angie por todas partes. La de Tori Amos, directa al cuello; la de Supersonics, lenta y aterciopelada; la de Sananda Maitreya, más que torpe, ridícula... Todas son clones de una misma y jodida melodía, un espumajarro de brillantez de los que en 1973 aún eran capaces los glimmer twins, Jagger & Richards. Esta noche he vuelto a escuchar ese disco, el infravalorado "Goat´s head soup", último de la etapa con Mick Taylor. Para mí son los Stones más puros, más vueltos hacia el rhtmn and blues de sus orígenes, pero con la contudencia y la locura suficiente para seguir explorando. La etapa con Brian Jones es igualmente interesante (o más) pero por aquellos años la banda no tenía tanto control sobre lo que componían, las canciones surgían, sin más, de una gracia divina llamada descontrol. Con Taylor en el grupo, Jagger y Richards comenzaron a manejar la música que creaban. "Sticky fingers", "Exile on main street" y "Goat´s head soup" son la mejor muestra de ello.

Recuerdo bien el día en que se me grabó a fuego esta canción. Trujillo estaba en fiestas y ella y yo decidimos torear las capeas a nuestra manera, escondidos del mundo, adolescentes con más miedo que vergüenza. Sonaba Angie una y otra vez mientras nuestras sombras se desnudaban, ajenas al tiempo, en la profanada suavidad de una cama extraña y matrimonial.

Esa tarde, por fin, hicimos el amor.


Sin amor en nuestras almas y sin dinero en nuestros abrigos

With no loving in our souls and no money in our coats



The Police, vuelve la santísima trinidad
12 de febrero de 2007


Cinco discos redondos

Outlandos d`amour (1978)

Regatta de blanc (1979)

Zenyata mondatta (1980)

Ghost in the machine (1981)

Synchronicity
(1982)

1977: El punk hace estragos en la comunidad musical. Tras la incorporación de Andy Summers en sustitución de Henri Padovani, el trío registra su primer Lp, un disco lleno de nervio y frescura, con declaración de principios incluída (Born in the 50´s) y temazos del calibre de Can´t stand losing you, So loney y Roxanne.

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 Respaldados por el éxito de Roxanne, el segundo trabajo del grupo, cuenta con una mejor producción y abre nuevas sonoridades. Coqueteos con el reggae y un pop crudo y directo son las bazas de su éxito, que ya trasciende
Message in a bottle, Walking on the moon y Bring on the night se convierten automáticamente en himnos para miles de jóvenes.

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Ligero bajón creativo, motivado tal vez por las presiones de la discográfica que quería un nuevo disco cuanto antes, la extensa gira de Regatta y los compromisos individuales de Sting. El sonido The Police se ajusta a la comercialidad, pero su afán de experimentar queda anulado en beneficio de canciones tan simples como De do do do , de da da da o Don´t stand so close to me. El disco es su mayor éxito de ventas hasta ese momento.

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Era necesario un cambio de sonido y The Police lo asumen sin reservas: ritmos funky, saxos y soul de diseño para un disco arriesgado e introspectivo.
Es el primer disco donde tocan otros músicos y, a partir de este trabajo, el directo se verá también reforzado por una banda que incluye teclados y coros.
El bajo trepidante de
Demolition man, la sinergia de Spirits in a material world, el ritmo bailón de Every little thing she does is magic o la extraña Invisible sun hacen de este disco algo muy especial.

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Instalados en un status de megabanda, The Police reinaban a comienzos de los 80´s.
Sin embargo, las primera fruicciones aparecen en el seno de la banda por estas fechas y el siguiente disco es compuesto por separado, pero esto, lejos de perjudicar el resultado final, lo realza, dando lugar al que es para muchos el mejor trabajo de la banda inglesa. En sus 11 cortes hay de todo: sonidos marroquíes, pop bailable, rock futurista, baladas... Every breath you take es una canción sencillamente perfecta. Kind of pain una pieza inolvidable y Wrapped around your finger tiene un encanto especial.
El disco les convierte en millonarios y el grupo se convierte en un marca. No en vano, la última canción de este album se titula -irónicamente- Murder by numbers.

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CUATRO POETAS EN UN TOBOGÁN ahora en Google Vídeo
8 de febrero de 2007

Ya está en la Red el vídeo de la presentación de la antología Cuatro poetas en un tobogán. Más que de una presentación al uso, se trató de un coloquio el que participaron los críticos Enrique García Fuentes y Manuel Simón Viola y los cuatro autores, además de contar con la excelente presentación de Carmen Téllez. El acto, conducido por la periodista Pura Caballero, tuvo lugar el 1 de diciembre de 2006 en la Biblioteca Jesús Delgado Valhondo de Mérida.

Visita la web de Cuatro poetas en un tobogán



Transilvánica
7 de febrero de 2007

Hay golpes en la vida, yo no sé...
César Vallejo

A medida que avanzo por la autovía en dirección a Trujillo siento cómo mi energía se disuelve, mi cabeza se llena de lúgubres pensamientos y una borrosa nube de hastío y melancolía empaña los cristales. En realidad -me digo- la melancolía, como la alegría, es algo infundado, meros trámites de la razón, burocracia absurda de la vida. No sentir, ése es el camino, ésa es la única y verdadera libertad. Quisiera ser como Soares o Reis, poseer una consciencia inalterable o bien la frivolidad de esos viajeros que sólo ven la ciudad que traen consigo, la perfecta postal con que partieron debidamente doblada en la maleta.

Pero no hay forma. Hoy me siento un Cioran obligado a sonreir. Transilvánico y oscuro. Frío.


Escuchando:

0, de Damien Rice
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...
4 de febrero de 2007

Escuchando:
Litany (ECM, 1996), Beatus (ECM, 1997) Arvo Pärt.
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Bálsamo
3 de febrero de 2007

Quedan las tardes de cierzo interno, cuando todo parece banal y transitorio y la vida se desdibuja en los posos petrificados del café. Salimos entonces a la calle movidos por la inercia de la sangre y el recuerdo indeleble de los días no vividos. Somos náufragos en la prosa podrida de la coexistencia, esa militancia errática de instantes vacíos que remuelcan los baúles de un tedio húmedo y voraz. Ese dolor sin sentido, ese arañazo futuro. Entonces.

Entonces: ahora. Cuando regreso de fatigar la sonora llama, y las nubes amenazan con borrarlo todo, y una mano, en algún lugar del poema, está borrando ya nuestro verso forzado de insistencia postausteriana. Llego al Chocolat y no es Juliette Binoche quien me atiende. Es sólo una joven cansada y de mal genio, es sólo un Café con música de Camel y falsas reproducciones de cajitas de dulces italianas. Es su dueño, Justo, que me cuenta que Ferrá Adriá es un tramposo de la alta cocina. "Lo conocí en un congreso en Suiza y no sabía ni hablar". Es el olor a humedad en todas partes. A humedad y a tiempo corrompido.

Saco el fino tomo que Julián Rodriguez me ha recomendado esta mañana, en la librería Punto Aparte. La analfabeta, de Agota Kristof, una novelita biográfica. Lo leo de una sentada, sin levantar la vista. Lo vuelvo a leer. Miro el débil lomo con áspera sospecha. ¿Cómo? ¿Cómo sucede?

¿Qué don preciado da en la raíz de uno mismo? ¿Qué oculta maquinaria extiende -en el epicentro de la miseria humana- el salvoconducto fugaz de la esperanza?



Escuchando:
Les Goûtes Réunis (Arsis, 2006) , de Jaap Schröder y el cuarteto Hippocampus.
Sonatas de Telemann, Bach y Emanuel Bach.
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Una tarde mágica
2 de febrero de 2007

Eso es lo que nos ha regalado el escritor y traductor Antonio Sáez Delgado al nutrido grupo de amigos del club de lectura Jesús Delgado Valhondo de Mérida. Se podía cortar el silencio, la atención y la complicidad que reinaba en la sala mientras Antonio narraba los entresijos de su ardua traducción de La pelirroja (Periférica), la estupenda novela del portugués Filho de Almeida, que acabamos de leer. El coloquio ha sido intenso. A buen seguro Antonio no olvidará algunos comentarios; como los de P., que ha contado los doscientos y pico nombres propios que aparecen en Corredores de fondo y ha glosado ese libro como uno de los mejores trabajos de Sáez, además de leer algunos versos de Ruinas, el segundo poemario del autor.

Escuchando:
Angels & Vampires, de Sananda Maitreya
(Antes conocido como Terence Trent D´Arby).
* * *


Shakespeare in love
2 de febrero de 2007

Me consta que mi padre no ha leído jamás un poema mío. De motus propio, se entiende. No es que no me quiera el hombre, sino que bastante tiene con soportar una vez al mes mi prosa vil y desquiciada de retoño apócrifo. Colecciona discos, en cambio. Y sellos. Y otras menudencias del tiempo y la obsesión, como carteles de cine o siestas de toda una tarde. Ni los discos ni los sellos, ni siquiera los carteles y menos aún las siestas pueden alterarse lo más mínimo. Nada extraño debe desbaratar la infranqueable alineación de sus discos, libros, monedas y silencios. Los tiene contados, el jodío.

Pero hete aquí que un buen día, al publicar mi tercer libro y después de muchos años dando la tabarra con que las Obras Completas de Shakespeare estarían mejor en mi biblioteca, mi padre -en leal ejercicio de una transmisión de bienes que se remonta al comienzo de los tiempos- va y me regala los tres dichosos tomos de Vergara (amputando, por cierto, la colección, que consta de otros tres con las Mil y una noches.) Yo, en mi papel de hijo descarriado y arrepentido, me bebí de una tacada el tomo primero. Para los otros dos no me llegó la sed. Ni el ánimo.

Mi padre ha cumplido un pacto de caballero consigo mismo. Yo he descubierto que me quiere, a su manera.

Todos hemos salido ganando. Sobre todo Shakespeare.

Escuchando:
Ulisse, de Premiatta Forneria Marconi
* * * *


Sir William Shakespeare en Mundo en Verso
1 de febrero de 2007


 

 

 

 

Carmen Nubla recitando el Soneto CXLVII de William Shakespeare


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