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derivas

Mayo 2005

 


Primera tentativa de respuesta
31 de agosto de 2008



Viajo en el tren camino de Azuqueca de Henares. Mañana he dar una conferencia en la Biblioteca Almudena Grandes acerca de la lectura. El título de las jornadas no puede ser más provocador: "La lectura es un riesgo... Atrévete", reza el programa de mano que a estas horas obra en poder de los participantes. Pero yo sigo aquí, en el tren, y aún no conozco el lema elegido. Llevo entre mis papeles el artículo de Luisgé Martín aparecido este sábado en Babelia, de título no menos incendiario: "¿Leer sirve para algo bueno?".

El tren araña con desgana el árido corazón de la península. Me entrego a la relectura de "En el bosque del espejo" de Alberto Manguel. Frente a mí está sentado un hombre de unos cuarenta y tantos años que lee "La isla inaudita" de Eduardo Mendoza; a su lado, una joven devora un libro de autoayuda: "Delega. Un modelo para crear equipos de alto rendimiento" de Donna M. Genett. A mi derecha, una señora de aspecto cansado mira resignada a todas partes. Nadie habla en el vagón.

El hombre sentado en frente de mí no viaja, en realidad, con nosotros; se encuentra ya en Venecia, atrapado en la piel y los recuerdos de Fábregas, el protagonista de la novela que lleva horas protagonizando. La joven adopta, a ratos, una vaga expresión de arrepentimiento, como asumiendo errores de estrategia, mientras sus ojos caen una y otra vez sobra la página con la voracidad de un capataz insomne y despiadado que halla ante sí la fórmula precisa con la que rentabilizar sus vanos esfuerzos. Yo, por mi parte, escojo algunos párrafos de Manguel para fortalecer con ideas y experiencias ajenas mis inseguridades de última hora acerca de la lectura y los libros. La señora sigue mirando ensimismada la nada circundante.

Me pregunto: ¿es menos feliz por ello? ¿Es más feliz ? ¿Se cuestiona, al menos, si es feliz o no?

Por fortuna, su bienestar o su desgracia no dependen de algo tan íntimo e inestable como un libro. Ella es su circunstancia. No busca huir, como el lector de Mendoza, a una hermosa ciudad semihundida para rescatar sus pasiones y pesadillas interiores; no precisa tampoco ayuda exterior para organizar su vida, sus trayectos y objetivos. No lanza preguntas ni exige respuestas. No se cuestiona a sí misma. Simplemente va de un lugar a otro.

La mujer suspira con amable desgana, mira su reloj, habla por teléfono, vuelve a suspirar. Tal vez -se me ocurre- esta mujer sea tan dichosa -es decir, esté consigo misma tan precariamente plena y conforme- como cada uno de nosotros. Aún más que cualquiera de nosotros, pues ha elegido en todo momento depender de sí misma.

Pero es posible, también, que esta señora haya perdido, si alguna vez la tuvo, la voluntad de participar en las decisiones de su municipio, de su comunidad o de su propio hogar. Seguramente acate con callada indignación los vaivenes de la Bolsa, los caprichos de la moda y las múltiples trampas de su época; no espera comprender otros mundos, otras realidades que puedan resultarle inútiles o lejanas. Seguramente vote, resignada, el mal menor; probablemente encienda el televisor a la hora del partido que no verá pero la calma infinitamente, como un silencio de siglos, dolorido y triste. Es más que probable que, cuando las necesitó, no encontrara respuestas a sus emociones, a su cansancio, a sus ilusiones más profundas... Es evidente, en fin, que asume, convencida, la vida que le ha tocado vivir y no la que merece.

Y aún con eso no es mejor ni peor su existencia que la mía.



Bendita incongruencia
27 de agosto de 2008

 

¿Qué extraña, bendita incongruencia es ésta de terminar las vacaciones trabajando; de empezar el trabajo de vacaciones?



JORNADAS DE ANIMACIÓN A LA LECTURA,
Azuqueca de Henares, del 1 al 5 de septiembre de 2008

 


Pasión
27 de agosto de 2008

 

Rodrigo Leao & Adriana Calcanhoto

 

 


Del no lugar
25 de agosto de 2008

 

 


Este hombre sentado a la sombra de su ruina en una sórdida calle de Albufeira, ¿qué lugar habita? ¿Qué tiempo se sacude de encima con desgana, como si nada le perteneciera? ¿Habrá alcanzado en su humilde cansancio la cenital sabiduría del letargo? ¿O se recoge así para no vernos, lejos de todo y de sí mismo, bien seguro en la trastienda de su alma? Ajeno al impulso que ahora, con la cámara en las manos, nos conduce a violar la intimidad de su abandono, ni silencio pide ni una vaga sombra de tristeza convoca a su lado. ¿Dónde radica entonces su fuerza y su corage, su decidida no-presencia?

Si de repente él se levantara y nos mirara ¿qué lengua hablaría? ¿Qué nos dirían sus ojos?

¿En qué estadio del no-lugar hemos ido a dar con él, a entendernos sin palabras ni miradas, un día tras otro...?

 


Pequeñas felicidades cotidianas
25 de agosto de 2008

 

Recién llegado de las vacaciones, lo primero que encuentro al ojear los blogs amigos es un nuevo meme literario -ese engendro del ocio- y sendas invitaciones por parte de Hilario Jiménez y José Manuel Díez a participar en él. Esta vez se trata, según Hilario, de "hablar sobre la felicidad, cumpliendo cuatro reglas: escribir seis cosas sin importancia que nos hagan felices, poner el enlace de la persona que nos ha elegido, escribir estas reglas en el blog y elegir seis personas para continuar el desafío". Al igual que José Manuel, caigo en la cuenta de una evidente contradicción: si algo nos hace feliz, cómo no va a tener importancia. Permitidme la licencia de trastocar este punto y contaros seis cosas -importantes- que me hacen feliz. Veamos:

 

1. Me hace feliz mi hija, que me ha dicho hace unos días: -"¡Tú eres un niño-padre!".

2. Me hace feliz descubrir un satélite en forma de canción, poema o película y dejarme absorver por su órbita. El último: la poeta uruguaya Idea Vilariño.

3. El otro día, en una biblioteca municipal -no diremos más- al divisar un crucifijo en una de las paredes se lo hice observar a la concejala. Inmediatamente despojamos de semejante amuleto aquel recinto inmune a la observancia de los cielos. No olvidaré la mirada envenenada de la bibliotecaria.

4. Me hace feliz acudir cada mañana a recoger a mis hijos al colegio. (El olor de la plastelina es semejante al de la pólvora). Por la tarde, sentado frente a ellos, les ayudo a deshilar el ovillo de las falsificaciones, de los supuestos, de los dos más dos son cuatro... Sus risas me hacen libre y, algunas veces, me dejo convencer por ellos.

5. Me hace muy feliz no haber asistido jamás a una corrida de toros. Sólo reconozco dos fobias: los tunos y los toreros.

6. Me hace feliz acertar a escribir el poema que quiero escribir. (Juro que en tan escasas ocasiones no conozco felicidad más plena).


Prolonguen y prologuen ahora su humilde felicidad Isabel Sánchez, Miguel Ángel Lama, Juan Luis Serrano, Fran Rodríguez Criado, y José Manuel Sánchez Paulete, si les viene en gana, faltaría más.

 


Eclipse de luna
16 de agosto de 2008


 

La luna bailó anoche en Almendralejo. Las canciones de El Desván del Duende y el tango eléctrico del maestro Andrés Calamaro detuvieron por unas horas su brillo sobre nuestras almas. Quieta, en el firmamento, la luna fue presa de la sombra, como todos nosotros. Diabólicamente heridos de vida y de deseo, nos ocultamos en la música que nubla la razón y hace memorable el tiempo. Entre los fieles testigos, sentí aquellos versos de Reis: "Mi ser vive en la noche y el deseo. Mi alma es un recuerdo que hay en mí.".

Lo contaremos a la vuelta.

Ahora sí, nos vamos de vacaciones.

 


Única función de la Belleza
12 de agosto de 2008

 

ese viaje hacia la nada

Luis Eduardo Aute


No lo dudéis: elegid el sendero que se abre en la espesura y caminad entre aullidos en medio de la niebla. Oiréis también el canto de las fuentes y el estruendo de la cópula nocturna de aves celestes o tal vez imaginarias. El viento que teje las copas de los árboles, el ronrroneo majestuoso de sutiles serpientes, el crispado abrazo de las olas contra el acantilado... todo ello os acompañará sin que nada temáis, pues ya estáis en el camino.

Habréis llegado antes de lo que imagináis. La Belleza requiere, no obstante, un último esfuerzo:

Justo a vuestros pies, el precipicio. Dad un paso más. Tan sólo uno.

 


La casa de los aduaneros
11 de agosto de 2008

 

 

 

LA CASA DE LOS ADUANEROS

 

Tú no recuerdas la casa de los aduaneros
sobre el barranco profundo de la escollera:
desolada te espera desde la noche
en que entró allí el enjambre de tus pensamientos
y se detuvo inquieto.

El sudeste azota hace años los viejos muros
y el sonido de tu risa ya no es alegre:
la brújula gira enloquecida a la aventura
y el cálculo de los dados ya no vuelve.
Tú no recuerdas; otro tiempo trastorna
tu memoria; un hilo se devana.

Aún tengo un extremo; pero se aleja
la casa y sobre el techo la veleta
tiznada gira sin piedad.
Tengo un extremo; pero tú estás sola,
no respiras aquí en la oscuridad.

¡Oh el horizonte en fuga, donde se enciende
rara la luz del petrolero!
¿Está aquí el paso? (la marejada insiste
aún sobre el barranco que se derrumba...)
Tú no recuerdas la casa de esta
noche mía. Y no sé quién se va y quién se queda.

 

 

© EUGENIO MONTALE

Versión de Lorenzo Peirano

 


El escritor, sin embargo
10 de agosto de 2008

 

"Un escritor, si algo importa, nos presenta una versión del mundo que, por definición, es singular y única, lo cual no es lo mismo, por supuesto, que un inaccesible lenguaje privado. La vida pública y política, en cambio, está obligada —a riesgo de ser el sueño de un demente— a moverse entre coincidencias y unanimidades. Son dos maneras distintas de comportarse con el mundo y reflejan, me parece, diferencias más radicales y permanentes que las oposiciones y luchas ideológicas. El destino de un escritor es caminar más o menos solo y su trabajo es en su cuarto (o en un café, si le gusta mirarse en el espejo), no en los pasillos o en las cenas bravas donde se trama la política, menos aún en las plazas multitudinarias. Que piense la política, que la observe, pero que no se acerque demasiado a ese juego necesario y fascinante. Horacio, creo que con toda prudencia, se negó a ser secretario de Augusto y así, paradójicamente, inmortalizó al emperador y a su época. Es más fácil decirle que no a un gobierno enemigo que a uno amigo".


Todavía fulgen en mi mente estas palabras de Alejandro Rossi leídas ayer. Están entresacadas del discurso de recepción del Premio Nacional de Literatura que el gobierno mexicano le concedió en 1999. El autor de Manual del distraído no desaprovecha la ocasión, tras los justos agradecimientos, de denunciar abiertamente la situación de la Universidad Nacional Autonómica de México a la vez que plantea la necesidad de recuperar los conceptos básicos de la Universidad: "El pensamiento, lo sabemos, está contaminado de historia, aunque también es verdad que pensar es ser consciente de esos condicionamientos: pensar es intentar que no nos devoren las pasiones políticas, las hipotecas ideológicas o las estrategias de los bandos y partidos. Hay que buscar esa zona de luz".

Hacia el final de su discurso, Rossi reflexiona sobre la condición de escritor: "Crear algo es una aventura por esencia desamparada, sin garantías. Cuando nos decidimos, se abre el espacio de la libertad. La libertad es la que nos permite romper con los destinos heredados. Ejercerla es entrar en el territorio del desamparo, la región de la creatividad".


"El territorio del desamparo". Una luz se enciende en alguna parte de ese devastado lugar.

 


33
9 de agosto de 2008



Mis´ry and the blues

 


No está mal llegar a la edad de Cristo a ritmo de swing, rodeado de amigos y de libros, y fumando -cómo no- alguna cosa extraña traída de muy lejos.

Fiel a la ocasión, para fijar el recuerdo de esta noche o simplemente porque te sientes feliz (feliz y triste, como toda verdadera felicidad) has elegido esta vieja grabación, Mis´ry and the blues del gran Jack Teagarden.

Y ahora que todos se han ido: sopla.




Veto
8 de agosto de 2008

 

 



De palabra
7 de agosto de 2008


Supremacía de la palabra en estos tiempos de imágenes y pixels: para encontrar un archivo o una fotografía en medio del océano digital es necesario dar con la palabra precisa, escribir el nombre que, previamente, alguien le ha dado.

 



De nuevo Quignard
7 de agosto de 2008



"Cuando una sociedad está a la espera del acontecimiento que puede extinguirla, cuando el miedo, el desamparo, la pobreza, la desherencia y la envidia de todos contra todos han llegado a un estado de madurez, comparable al de los frutos bajo el calor, una expresión secreta y ávida aparece en la mayoría de los rasgos de los vivos que se encuentran por las calles de las ciudades que son las nuevas selvas. Los rostros que nos rodean cargan con esa tristeza y manifiestan ese silencio que se extiende. Ese silencio, a pesar de la Historia, es decir, a causa del mito de la Historia, sigue siendo ignorante de su ferocidad. Las sociedades occidentales están de nuevo en ese estado de terrible madurez. Están en el límite de la carnicería. "

 

© Pascal Quignard
Retórica especulativa (fragmento)


Una copa servida a los muertos
6 de agosto de 2008

 

 

-"Señor, ¿puedo pediros una última clase? -preguntó el señor Marais animándose de pronto.
-Señor, ¿puedo intentar una primera clase? -replicó el señor de Sainte Colombe con voz sorda.
El señor Marais inclinó la cabeza. El señor de Sainte Colombe tosió y dijo que deseaba hablar. Hablaba de un tirón.
-Esto es difícil, señor. La música está ahí para hablar de lo que la palabra no puede hablar. En tal sentido, no es totalmente humana. ¿Conque habéis descubierto que la música no es por complacer al rey?
-Descubrí que era por agradar a Dios.
-Y os habéis equivocado, pues Dios habla.
-¿Por regalar el oido?
-Aquello de lo que yo no puedo hablar no regala el oído, señor.
-¿Por conseguir oro?
-No, el oro no es audible.
-¿Gloria?
-No. No son sino nombres que se renombran.
-¿Silencio?
-Éste no es sino lo contrario del habla.
-¿Por los músicos rivales?
-¡No!
-¿Por el amor?
-¡No!
-¿Por el amor perdido?
-No.
-¿Por el desamor?
-No y no.
-¿Será por un barquillo dado a lo invisible?
-Tampoco. ¿Qué es un barquillo? Se ve. Tiene sabor. Se come. Eso no es nada.
-No sé qué más, señor. Creo que hay que dejar una copa a los muertos...
-Ahí os quemáis.
-Un pequeño abrevadero porque beban aquellos a quienes el lenguaje ha traicionado. Por la sombra de los niños. Por los martillazos de los zapateros. Por los estados que preceden a la infancia. Cuando carecíamos de aliento. Cuando carecíamos de luz..."

 

 



(© Pascal Quignard: La lección de música;
Ed. Funambulista, 2006)



El lugar de la ausencia
5 de agosto de 2008


Una costumbre extendida entre poetas obliga a enumerar, con la ayuda de los años, una suerte de lugares más o menos propios; rincones provistos de una luz y un tiempo distintos, inéditos y reconocibles, que sólo en el poema se anuncia alumbrando, de paso, el registro adecuado, la voz que requieren las condiciones del medio: lo que algunos llaman el ámbito de la revelación, y que desde Grecia, designamos como Topos.

Envidio a quienes son capaces de poseer -siquiera en la ficción de sus mejores páginas- un sólo rincón de la Tierra. Esas costas, mares o desiertos que nacen de la pasión de la mirada extendiendo su recuerdo a lo largo del poema. Y lo envidio porque, al escribir, me es ajena toda posesión. Desprendimiento, pérdida, añoranza, ése es el reino de mis versos.

Mi lugar es la ausencia.

 


 


Sobre un poema de Cesare Pavese
4 de agosto de 2008

 

 

 


Elogio de la imitación
3 de agosto de 2008



Desde que me conozco (o tal vez antes) un profundo impulso de acción me seduce cuando contemplo admirado una obra de arte. Ello me lleva a error la mayoría de las veces pero el impulso, ya convertido en reto, es siempre el mismo: me siento perfectamente capaz de repetir tales logros. Si bien esta grandilocuencia congénita me protege en el último momento de estrellar mis esfuerzos contra la lona de la realidad, el innegable alimento neuronal que me aporta durante las horas, los días o incluso los meses de rapto, acaba dando su fruto. No pocas veces he sufrido la tentación de corregir una película de culto evaluando los puntos flacos, mejorando los diálogos o alterando el ritmo de las secuencias; el resultado suele ser -solía ser- un corto casero elaborado en total ausencia de medios, más cercano a las intuiciones estelares de Jodorowski que a la divagación metapoética de Kieslowski. La música, eso sí, suele quedar perfecta.

Con la literatura (y no digamos con la música) me sucede lo mismo. Si releo a Borges o Cortázar, por ejemplo, percibo un creciente desasosiego a medida que avanzo por sus páginas. Tomo entonces un instantánea de su genio (pongamos Funes el memorioso, Continuidad de los parques, etc...) y me lanzo a escribir un relato maravilloso que en nada desmerezca de tales patrones. El resultado -no hace falta decirlo- resulta a todas luces menos convincente, cuando no un completo fracaso. Pero incluso en este fracaso de mis fuerzas creativas intuyo una grandeza: la de asumir un molde irreductible, la de trazar mi propio vuelo por debajo de la cima más alta.

Para alguien que no cree en la originalidad es más que suficiente. Y ni aún así me entrego al consuelo cierto -pero vano- de que a menudo existen obras mediocres, poemas ilegibles, composiciones infumables, que llegan a mis manos sin que ninguna de ellas venga firmada por mí.

 


Porque el Hombre es sólo un hombre. Y a veces ni eso.



Sexo o lectura: la apacible dicotomía de estas tardes de agosto. ¿Me atreveré a confesar -después de todo- que estoy cansado de ambas?


Breve cuento tras una siesta de verano
1 de agosto de 2008

 



Era inocentemente hermosa, tanto, que al desnudarse ante mi se hizo el silencio y desapareció.

Toda la noche yo amé su invisible caricia, su espalda sin tramos, sus senos sin vértices.

Al disolverme en su sombra pude oir por última vez mi nombre en sus labios, como una ronca respiración, como un aullido lejano.

 

 


 

Universos paralelos:


Otros mundos:




Escaparate de venenos

Me acuerdo
(1999)
El largo andar
tan breve

(2003)
El viento y
las brasas

(2004)
El proyector
de sombras

(2005)
Cuatro poetas
en un tobogán

(2006)

 

 

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