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D e r i v a S


El jardín de los cerezos
31 de enero de 2008


"Toda Rusia es nuestro jardín... La tierra es grande y maravillosa, y encierra infinidad de lugares encantadores. (Pausa) Fíjese, Ania... Su abuelo, su bisabuelo y todos sus antepasados tuvieron siervos..., fueron poseedores de almas vivas... ¿Será posible, entonces, que no sienta usted cómo desde cada cerezo del jardín, desde cada hoja, desde cada tronco, la miran seres humanos?... ¿Será posible que no oiga usted sus voces?... ¡Oh!... ¡Es terrible!... ¡Su jardín es medroso, y cuando se le atraviesa al anochecer, o durante la noche, la vieja corteza de sus árboles reluce con un brillo opaco!... ¡Diríase que los cerezos contemplan en sueños lo que fue hace ciento o doscientos años y que una agobiadora pesadilla les oprime... ¿Por qué callarlo?... ¡Vivimos en un atraso de, por lo menos, doscientos años!... ¡No tenemos absolutamente nada!... ¡No existe con el pasado una relación definida!... ¡No hacemos más que filosofar, lamentarnos de nuestras tristezas o beber vodka!... ¡Y, sin embargo, es todo tan claro!... ¡Si hemos de empezar a vivir nuestro presente, tenemos, primero, que pagar por nuestro pasado..., liquidarlo!... ¡Y solo podemos pagar con sufrimientos, con un trabajo intenso e ininterrumpido!... ¡Compréndalo, Ania!"


Extracto de El jardín de los cerezos, de Anton Chejov.



Esta tarde hemos terminado de leer entre nosotros El jardín de los cerezos. Mientras mis compañeros interpretaban a sus respectivos personajes, en esa otredad tan precaria como sincera -allí, libres de ser quienes somos y con el olor del café impregnándolo todo- he sentido, asomado a la ventana, que es excepcional -un logro de todos- pasar la tarde así, representando a Chejov.

También he recordado, no sé por qué, este poema de Leopoldo María Panero, Blancanieves se despide de los siete enanos:


"Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos".

 

Escuchando:
Tabula Rasa, de Arvo Part


Ñu
28 de enero de 2008

 

En algún lugar del oscuro inframundo cultural, justo en los desvanes del arte y la inspiración, allá donde no alcanza la memez de pretenderse artista más que artesano, quedará por siempre en la memoria musical de este país un trono vacío. Un trono vacío con la palabra "artista".

Y todos oiremos su silencio insolente y acusador preguntándonos por José Carlos Molina y sus Ñu.



Escuchando:
Cuantos de ayer y de hoy (Antología personal) Vol. 1 y 2 (1978 - 2006), de Ñu


Bajo la mesa
27 de enero de 2008


Existe todo un mundo de lenguajes y significaciones bajo la mesa a la hora de una comida entre amigos. A diferencia de lo que sucede en la superficie, bajo el mantel los cuerpos pueden adoptar una simbología inesperada cuando no reparamos en ellos. Un simple vistazo, una foto fugaz al subsuelo de esa hermosa paella puede revelarnos señales escapadas de algún plato, mensajes tallados en las piernas, silenciosas sandalias, oportunas sorpresas... o, a cambio, la rigurosa radiografía de las formas y los modos de cada cual, comunes, sí, pero intransferibles. Porque existen conversaciones de sobremesa que sólo se comprenden traducidas en estos leves gestos inconscientes. Eso, si la conversación no está verdaderamente bajo la mesa. Donde las palabras no alcanzan a emborronar su sentido.

Pasen y vean:

Under the Table es una idea  de Tope Ganso



Escuchando:
Brel-Quinze ans d´amour (1998), de Jacques Brel


Pelota al agua
24 de enero de 2008




Alange, 20 de enero de 2008.

Esta palabra miente:

"NADA"

 

Nada. (Del lat. [res] nata, [cosa] nacida).

1. f. No ser, o carencia absoluta de todo ser. Era u. menos c. m.

2. f. Cosa mínima o de muy escasa entidad.

3. pron. indef. Ninguna cosa, negación absoluta de las cosas, a distinción de la de las personas.

4. pron. indef. Poco o muy poco en cualquier línea. Pasó por aquí hace nada.

5. adv. neg. De ninguna manera, de ningún modo.


(DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA)


El vacío
23 de enero de 2008


Después del club he subido a casa de Chuty para hacer algunas pruebas en el El sueño invadido, el poemario audiovisual que estrenaremos en febrero (d.m.). Ha sido una tarde larga, llena de ideas y conversaciones extrañas. Tan extrañas como habituales, curiosamente. Uno de los temas fetiche de Chuty es el vacío. Es imposible pasar más de veinticuatro horas con este hombre sin que saque el dichoso asunto del vacío. No es que no me importe a mí el vacío. De hecho, pienso en ello dos o tres veces por semana, justo antes de acostarme. Pero de ahí a someter el tema a debate popular cada vez que asomo por Trujillo, va un trecho. Y yo me niego, oigan. Que entre tanta gente va a haber quien tenga razón. El vacío -que según Chuty no existe, es imposible: todo está habitado (por moléculas, vibraciones, sentimientos) y sólo la idea de que esa pared está ahí nos hace incapaces de traspasarla-, el vacío, decía, ha terminado convirtiéndose en un teorema al que cada uno aporta su visión, sus dudas, sus demostraciones y también, según la hora, sus irrefutables esperanzas. Por supuesto, al final el vacío queda igual que estaba, es decir, vacío. Pero entretanto nos hemos comido unas pizzas charlando. Al despedirnos por hoy -humo en los ojos, risa en el alma- hasta se nos ha ocurrido un nuevo proyecto que, esta vez sí, nos va a hacer ricos de remate.

¡Por no irnos con las manos vacías!

 

Escuchando:
The best (2005), de Lisa Gerrard


Spiritchaser (1996)
, de Dead Can Dance


Ha sido un día francamente bueno: no hay nada que contar.


Comida de olla de un veintitrés de enero de un año cualquiera:

El pasado es imprevisible.
El futuro es irreparable.



Odiseas Elitis
23 de enero de 2008

"Las amarguras que el tiempo arroja dentro de mí las sustrae de mis poemas. Me he llenado de arrugas, para permanecer terso ahí donde nadie me recordará. Una rosa que se vuelve poesía te puede destrozar mucho más que un puñetazo que no se vuelve poesía. Millares de palabras se marchitan en los libros rojos, cuando una simple muchacha dispara. Al parecer, incluso para derrocar gobiernos -qué triunfo- se necesita la buena calidad. En la tristeza de la interminable mediocridad que nos ahoga por todos lados, me consuela que en algún lugar, en alguna habitación pequeña, algunos obstinados luchan por eliminar el desgaste. Con pleno conocimiento de que un día este planeta se congelará o se incendiará junto con sus logros. Ellos, otro tipo de héroes, son los que harán quedar bien a la alguna vez humanidad. Extraño: en nombre del humanismo, desde siempre los pueblos han dado dos pasos adelante y los poetas dos pasos atrás. No nos engañemos. No te haces vegetariano comiendo cordero pintado de verde. Que reduzcas un poema a su sentido esencial no tiene ningún sentido. Una cámara fotográfica oculta en la mala poesía nos condena a volver a ver aquello que hemos visto muchas veces -y a no ver aquello que nunca hemos visto. Seguramente la capacidad de observación es un gran defecto para el poeta que, al final, acaba tomando las nubes por nubes. Muchas mentiras esperan en fila para ocupar el lugar de la verdad. Al menos mintamos correctamente. Muchos en la poesía, porque resulta que son feos, proclaman que Dios hizo feo al mundo. Algunos incluso llegan más lejos: porque alguna vez estuvieron en peligro de ahogarse, insisten en que el mar no es azul. No percibes la magia con la interpretación de la magia, mucho menos con la descripción de la interpretación de la magia. O cantas, o callas. No dices: esto que hago es canto. Eso faltaba. Si los pájaros pensaran nos arrojarían piedras -perdón, quise decir excrementos. En nuestros tiempos se admira más al diamante que se vuelve carbón que al carbón que se vuelve diamante. La sensación del fracaso continúa siendo el buen conductor de las emociones en una mayoría a la que, queriéndolo o no, este complejo la domina toda su vida. Joven, recuerda: no te haces esclavo cuando te somete sólo quien tiene el poder -sino también quien lucha en su contra. Olor de los Textos: a madera húmeda en el fuego, o a hojas podridas, o a habitación vacía. Y más: a piedra ardiente en el sol, a establo, a cabello sin lavar de una mujer hermosa. ¡Pobre Guerlain! Cuidado con la emoción. Si es hechicera, no deja de ser embustera. De la misma manera en que a veces una palabra (no necesariamente bonita o rara) se vuelve el pretexto para crear todo un verso, de tal modo que esa palabra pueda encontrar su lugar preciso y resplandezca, ese verso, a su vez, por la misma razón, se vuelve a veces pretexto para crear todo un poema, cuyo contenido, si nació de dos o tres sílabas humildes, como sentido está tan alejado de ellas como un hombre completo del placer de un instante, que se volvió la razón de que existiera. Toda gran música, en el fondo, es un menosprecio de la muerte. Lo Uno y lo Absoluto que concibe nuestra mente es lo mucho y lo relativo de los demás, llevados a la claridad de la unidad. La distancia de la ``nada'' a lo ``mínimo'' es mucho más grande que la de lo ``mínimo'' a lo ``mucho''. Grecia es el país dorado de la Poquedad que inutiliza el valor del número; pero también el país negro de lo Desigual, donde ningún destino se corta a la medida dada del inicio. En la vida, que aciertes a algunas codornices significa: las mataste. En el arte: las resucitaste. El arte, aun cuando se dirige hacia la muerte, la sube; no cae dentro de ella. Y es por eso que cuanto más se agota la vida, tanto más la obra flota con la cabeza de fuera. Sólo que, a veces, algunos no perciben el espejo y se rompen la cara. Si hay algo que teme el artista consciente es que sabe que los cadáveres de las malas obras son peores que los del hombre. Es cómico, pero las palabras que te ayudan a vivir al otro le ayudan a matarte."

Odiseas Elitis, LOS PEQUEÑOS ÉPSILON (fragmento)


· CÁCERES ES WOMAD ·


Sin dirección
22 de enero de 2008


Me he quitado las gafas para no ver, no distinguir la claridad que fulmina mis pupilas y perfora mis manos. De repente, el sol ha bañado los ojos, invisible. Las voces y el ritmo de la cafetera, cada murmullo en el aire y todo cuanto vibra perceptible o lejano, a leguas de distancia y en la mesa de al lado, ha venido a posarse -mariposa mustia que huye de su incendio- en mis manos.

Casi a tientas, he escrito estas líneas a modo de epitafio.

Luego me he puesto las gafas.

Y he echado a correr sin dirección.

 

Escuchando:
Selling England by the pounds (1973), de Genesis


Dentro del corazón
19 de enero de 2008


Hace unos minutos, mientras acostaba a mi hijo:


-"Cuando oyes algo dentro del cuerpo, es el corazón.
Y dentro del corazón están los años".


Miguel Casado (5 años)


Leyendo a Lledó
18 de enero de 2008


"Si nos acostumbramos a ser inconformistas con las palabras, acabaremos siendo inconformistas con los hechos. Ambas actitudes son, sin embargo, formas de libertad. Y la libertad no admite conformismo alguno. Vivir, para los humanos, sobre todo en nuestros tiempos, ha sido siempre una sucesión de conformidades, de aceptaciones y sumisiones. Aceptamos el lenguaje; aceptamos, con él, sentidos, referencias y todo ese monótono universo de ecos que los medios de transmisión de imágenes, sonidos y letras codifican y propagan. Esta abundancia de comunicaciones ofrece, sin duda, una extraordinaria posibilidad de enriquecimiento, de amplitud y libertad; pero también, por los intereses políticos que las dominan y orientan, pueden hacer que la inteligencia resbale por significaciones y perspectivas, para embotarse y enajenarse. Porque los cauces por los que confluyen las imágenes y las palabras nos conforman a sus semejanzas -a las determinadas semejanzas que nos agobian- y nos hacen conformistas. Ser conformista supongo que debe querer decir algo así como conformarse con lo que hay e, incluso, aceptar que "no hay quien dé más". Pero conformarse añade también otro matiz. Conformarse es perder, en parte, la forma propia, para sumirse, liquidarse, en la ajena. Y esa pérdida de la propia forma, si es que la tenemos, si es que, como decía el filósofo, "hemos llegado a construir nuestra propia estatua", es pérdida de ser, pérdida de la sustancia que nos pertenece o nos debiera pertenecer, para derramarla hacia cauces ajenos".



Necesidad de la literatura

De Elogio de la infelicidad (Cuatro Ediciones, 2005)
© Emilio Lledó


Escuchando:
Stabat Mater (2005), de Bruno Coulais


Los huevos de oro de Javier Bardem
17 de enero de 2008


En la reciente entrega de los Premios de la Crítica de Nueva York, Javier Bardem hizo gala, una vez más, de su impagable sinceridad. Noquear con una respuesta así de tajante a todos los presentes (empezando por el presentador) no tiene precio. Bardem tampoco.


¡Bravo Bardem!


Taller de escritura
16 de enero de 2008


El pasado sábado visité el Taller Literario de Guareña. Además de pasar un buen rato charlando con los miembros del taller y su coordinadora, Elena García de Paredes, y de leer algunos de mis últimos poemas -que a eso había ido-, tuve ocasión de poner a prueba a los asistentes, que esperaban el típico recital de poesía (como alguno me confesó al finalizar).

Tras leer cuatro o cinco textos inéditos, decidí saltarme el programa y demostrar, a modo de juego, que todos y cada uno de los allí presentes, puede no sólo comprender la poesía sino incluso escribir un poema. Así que les pedí que pronunciaran la primera palabra que en ese momento les viniera a la cabeza. Sobre éstas, que escribieron en una hoja en blanco, fuimos matizando conceptos, desechando los significados más comunes, buscando la palabra exacta que cada cual había querido pronunciar. Cuando todos hubieron encontrado la "suya" (algunos tuvieron que escribirla de nuevo), les puse la única condición: escribirían un poema (aunque sólo tuviera dos o tres versos) sobre la idea que representaba "su" palabra pero si que ésta apareciera en el texto.

Ante el silencio cómplice de Elena, me limité a "empujar" la imaginación de los compañeros, que colaboraron entre divertidos y desconfiados. Algunos de ellos no han escrito nunca un poema. Creen que la poesía no les interesa.

A los pocos minutos, uno tras otro fueron leyendo su texto en voz alta. Salieron cosas curiosísimas. ¡Hasta hubo quien alumbró algunas rimas! Les prometí que colgaría uno de los poemas en este blog, y Elena, por su parte, se ofreció con ellos a seguir trabajando sobre el resto de poemas durante la próxima semana.

El poema de arriba lo escribió Ceferino. Nos contó que, de joven, sus paisanos le dieron una paliza por ser tan rarito y andar escribiendo "esas cosas de mariquitas". Escogió la palabra "Valor".

Hoy suscribo con gusto esos tres versos. Y aplaudo el valor de nuestra rareza.

 

(Valor)

Y desnudo ante todos,
saltó dentro de sí
el auténtico abismo.

- Cefe -

 


No angels (con Rilke al fondo)
15 de enero de 2008




Helado está el altar de los días felices.
Sólo cal y cenizas, sin rumor alguno.

Una sombra cansada cruza
y es tan sólo una cigueña.

Ten fuerza, ten coraje.
Ten palabras para nadie.

Quién, si yo gritara.


(Notas de cuaderno. 14 de enero de 2008. Mérida)

 

Escuchando:
Selección propia (1985-2007), de Dead Can Dance


Ángel González
12 de enero de 2008




Hoy ha muerto Ángel González (Oviedo, 1925 - Madrid, 2008). La noticia me llega en medio de una lectura en Guareña donde he hablado precisamente de él, recomendándolo, citándolo de memoria.

Hasta su nombre, reciamente sencillo, irradiaba esa sencillez de la que siempre hizo gala en sus versos, no por ello menos profundos e intensos. Urbano y telúrico, inconforme y doméstico, Ángel representa como pocos la grandeza del verso claro, diáfano, exento de toda retórica, libre de artilugios y aparentemente coloquial. Su fuente de inspiración era la vida misma. Y a traspasarla, a beberla, a gozarla y a sufrirla dedicó más tiempo, y con mayor ahínco, que a sus propios versos. No nos importó, por ello, que al lado de grandes poemas suyos, inolvidables testimonios de una biografía derrotada, fueran apareciendo otros de un humor insípido y lastimoso, tan español, sin embargo. Con un simple quiebro, con un guiño desaliñado, su palabra podía dejarnos sin habla, como volvió a suceder más tarde en Otoño y otras luces, su último poemario.

Porque Ángel González, a quien recientemente hemos leído en los clubes de lectura de Mérida y Trujillo, será siempre para mí el irremediable autor de Muerte en el olvido, Cumpleaños de amor, Me basta así, Canción de invierno y de verano... y tantos, tantos otros poemas que ya nunca olvidaré, como aquel en que el poeta evoca la figura de su madre, "que tenía miedo del viento", un poema que no puedo leer, ni siquiera recordar, sin emocionarme.

Ha muerto uno de los grandes, no hay duda. El poeta de las tascas de Nuevo México y los amaneceres de Madrid, el que merendaba algunas tardes (mordiendo los acantilados y escupiendo las gaviotas), el que bailaba tangos con las cucarachas, el que hablaba a las estatuas, el que trazó un inventario de lugares propicios al amor... el hombre, sólo el hombre: Ángel -ahora sí- fieramente humano.

 

CUMPLEAÑOS DE AMOR


¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.

Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.


Ángel González

 

Escuchando:
La palabra en el aire (2003), de Ángel González y Pedro Guerra.


Escrito en una servilleta
10 de enero de 2008



Aprender a amar requiere
el sacrificio de la duda, abolir
de la razón verdades y cicatrices,
dejar una vez más el corazón al aire
-pura nada en su vuelo- y así obedecerse en la renuncia
(que es la ofrenda)
de quienes, amándolo todo,
nada poseen y nada exigen.

Aprender a amar requiere
cierta piedad de uno mismo.



Trujillo, Isla del Gallo, 10 de enero de 2008


Mañana seré libre
5 de enero de 2008


Como los Reyes Magos no existen, me he pedido a mí mismo un poco de tiempo libre. Tiempo libre y algún que otro caprichito, claro está. Por ejemplo, un ordenador nuevo (para ver pelis en horas sueltas) con dos grabadoras de dvd para piratear hasta el último aliento mi música favorita. He añadido también algunos complementos para la casa, como un mueble de madera para los discos (que habré de montar con paciencia un día de éstos) y una caja de herramientas por si me decido a colgar cachibaches y reparar desperfectos. No he dejado escapar la ocasión para pedirme un par de botas con las que pasear cómodamente en las tardes de invierno, camino de mis quehaceres cotidianos. Y por supuesto una agenda, con rotuladores de distintos colores para anotar meticulosamente los eventos y requerimientos del nuevo año. La raqueta nueva y el bolso de tenis falta no me hacen, pero es un placer ponerlos en la lista y ver si cuelan. Ya sólo me falta empezar a buscar alguien con quien jugar.

Estoy ansioso por ver qué me he echado mañana por la mañana. Será una suerte tener tanto tiempo libre.

 


Escuchando:
The last great Traffic Jam (2005), de Traffic.


Er freaky
4 de enero de 2008

 

Puede ser el último efluvio musical navideño, la embriagadora placidez de un anuncio en blanco y negro en mitad de las noticias, la flor de un día de las antologías freakys.

O puede tratarse de un genio, un syd barret a punto de encontrarse, un engendro de la diosa Armonía, un eructo sideral recién salido del alma.

El caso es que da gusto verle.

Ahí, al piano, sollozando esta perla espumosa y tahúra, dejando el peso de su voz por encima de las teclas, mitad cíclope, mitad sirena... mientras la melodía va royendo los calzones del galán televisivo, poniéndonos la chincheta bajo la almohada la noche de Nochevieja, desplumándonos de todo lo superfluo.

Tranquilos. Es sólo un buen tipo, uno de los nuestros: Mr. Antony and the Johnsons.

 

Hope there´s someone:

 

 

Bien, y ahora cerrad los ojos:

¿Cuál es el verdadero olor, a qué huele esta música?

¡

 


Loreena
3 de enero de 2008



Durante cuatro noches de septiembre de 2006, Loreena McKennitt ofreció una serie de conciertos en el mágico recinto de la Alhambra. No era la primera vez que la cantante y arpista canadiense manifestaba su pasión por el cruce de culturas del siglo XV español. Ya en 1993, en su disco The mask and mirror, dejó constancia de su búsqueda personalísima de motivos literarios, musicales y religiosos en piezas como The Dark night of soul (la Noche oscura del alma, de san Juan de la Cruz), Santiago o Marrakesh night market. Ahora ve la luz en forma de dvd el resumen de aquellas intensas veladas: Nights from the Alhambra (Quinlan Road, 2007). En esta ocasión, la banda que acompaña Loreena se muestra más suelta que de costumbre (con un Brian Hughes soberbio en las cuerdas) y la cantante parece rejuvenecida ante el hechizo de los ecos de la Alhambra y la entrega del público español. Si a su anterior entrega en directo, Live in Paris and Toronto (Q.R. 1999) podíamos reprocharle cierta rigidez interpretativa y un excesivo manierismo que apenas dejaba paso a la espontaneidad, aquí nos reencontramos con la McKennitt más inspirada de los últimos diez años.

El repertorio escogido no podría ser más acertado, recogiendo gemas de todas sus épocas como el delicioso Stolen child (el famoso poema de W.B. Yeats) o la tradiccional She Moved Through The Fair, ambos de su primer trabajo, el autofinanciado Elemental (Q.R. 1985), la danza Huron 'Beltane' Fire Dance, de Parallels Dreams (Q.R. 1987) y, por supuesto, la intensa interpretación de The Lady of Shalott, el épico poema amoroso de Tennyson y el esperado cierre de la noche con la shakesperiana Cymbeline. Junto a éstos, piezas de sus últimos trabajos ya en el seno de WEA, la multinacional que distribuye sus discos por todo el mundo y de la que Loreena trata de prescindir a través de una magnífica página web traducida a varios idiomas donde ofrece toda su música.

En cuanto a los intérpretes, además de Loreena, que mantiene intacta su poderosa voz llena de matices, además de tocar el arpa, el acordeón y el piano, nos encontramos con una banda renovada sabiamente dirigida por el hombre de confianza de McKennitt: el mago de las seis y doce cuerdas Brian Hughes, que se encarga de las guitarras eléctricas y acústicas, el Oud (especie de laúd árabe) y el Celtic Bouzuki. Les acompañan Caroline Lavelle (Cello), Rick Lazar (Percussion), Hugh Marsh (Violin), Donald Quan (Viola, Keyboards, Tabla) y las nuevas incorporaciones de Tal Bergman (percusión), Panos Dimitrakopoulos (Kanoun), Nigel Eaton (Hurdy Gurdy) Steáfán Hannigan (Uilleann Pipes, Bodhrán, Percussion), Tim Landers (Acoustic and Electric Bass), Sokratis Sinopoulos (Lyra), Haig Yazdjian (Oud).

El concierto se ha editado en dvd y doble cd. Dejo aquí, a modo de aperitivo, la interpretación de The Mummers' Dance, con subtítulos en castellano fielmente traducidos por un tal Mariobros. ¡Bon apetite!



Loreena Mckennitt - Mummers Dance (Subtitulada en Español)
Del concierto ofrecido en septiembre de 2006 en la Alhambra de Granada.


En frío
2 de enero de 2008


Aqualung my friend
don't start away uneasy
you poor old sod
you see it's only me.

Aqualung, Jethro Tull


Llega también, un mal día, el momento de saludar la estampa lejana de alguien que conocimos. Bajo los fastos de la navidad, avanzando entre los coches, lo veo tambalearse delante de mí. Llega, me abraza y comienza a salpicar de hazañas la borrosa vidriera de los días lejanos. Los ojos hinchados, la frente magullada, el reiterado acento del alcohol en sus labios. Trae ese olor cálido y nauseabundo de lo que a fin de cuentas es un hombre, o lo fue, antes de arrastrar por los aparcamientos y las terrazas abarrotadas de bultos anónimos la negra estrella del infortunio. Esa mezcla de orines y sueños rotos, ese frío en las manos y en el alma que, ahora, se vuelve hacia nosotros, nos llama por nuestro nombre -confundiendo algunos datos sin importancia- y nos reconoce sin rencor, amablemente.

Es posible que nos pida algo de dinero o que insista en invitarnos a una copa que pagaremos con la excesiva amabilidad de quien trata de zafarse de un espejo. Una oscura piedad insoportable se abre paso, triste y dolorosa, como esas luces del belén que nadie ha apagado todavía.

-"¿Sigues dando clases en el Conservatorio? -me dice- Eres bueno con la flauta".

Quién puede resistirse a una mentira a medias, a una media verdad tan cómoda. Quién soy yo para mostrar la mísera postal de mis pequeñas victorias. En situaciones así resulta obsceno hablar de uno mismo, de la familia, el trabajo u otros simulacros de la fortuna, y más aún de poesía.

-¡Dos cañas, jefe! ¡Bien frías! ¿Dónde vas a dormir esta noche?

Ignora mi pregunta y, pese a todo, sonríe con toda su alma, como entonces.

Al despedirnos en la calle he sentido latir, en frío, el corazón de la noche.


Paseo de Año Nuevo
1 de enero de 2008

 


Trujillo es un estado del alma,
no un lugar.

Trujillo es mi manera de estar solo,
una ciudad que no existe.
Por eso recorro sus calles, Lázaro de mi infancia arruinada, sombrío Pilatos siempre dispuesto a traicionar lo que más ama.
No me queda otra opción.
Entre la belleza y la verdad,
elijo la supervivencia.

Trujillo sólo existe lejos de Trujillo.


Fotografía: © José María Mellado
http://www.mellado.info/



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