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Mayo 2005

 


Aire
29 de mayo de 2008

Por fin un poco de aire limpio en Trujillo.


Empapelados
28 de mayo de 2008


La noticia es ésta: "Los billetes de avión dejarán de ser de papel en junio de 2008", eso nos dice el informativo de turno antes de deslizar que "las compañías se ahorrarán 2.000 millones de euros al año", con nota ecologista incluída "¡Dejarán de talarse 50.000 árboles!". El poder mediático ofrece una vez más sus servicios a las poderosas compañías de vuelo disfrazando la noticia de bien público, de conciencia colectiva: de repente, alguien muy listo ha reparado "en el grave daño que se estaba haciendo a los árboles del mundo" y se ha decidido -entre todos, eso sí, aunque sin preguntarnos- que lo mejor es evitar el billete de papel.

"No obstante -descubrimos rastreando la noticia en la red- se nos insta a que imprimamos el billete electrónico en casa, de modo que el gasto en papel y tinta se traslada al pasajero. Asimismo, aunque llevemos el billete electrónico impreso o no, imprimen la tarjeta de embarque" y también: "El billete electrónico le da autonomía al usuario y más beneficio a la compañía, ya que elimina al intermediario, es decir, las agencias de viajes. Esto ahorra comisiones a la compañía aérea y puede aliviar, en parte, el aumento de gastos que supone la subida del precio del carburante".

Acabáramos, o sea que es eso... Ahora que estábamos a punto de celebrar semejante acontemicimiento, ahora que habíamos encontrado una causa justa y desinteresada para actuar con sensatez, resulta que sólo se debe al interés de las aerolíneas por abaratar costes...

¡Y así es todo


Cielo sobre Lisboa
27 de mayo de 2008



"La primera vez que vine a Lisboa, dijo mi madre, llegué en el elevador de Santa Justa. Nunca he subido en él, ¿entiendes? Bajé en él. Como todos. Se construyó para eso. He visto en él a cientos de nosotros. Lo construyeron para nosotros".

John Berger, Aquí nos vemos.


Lisboa revisited
26 de mayo de 2008


Ver album web

Cuatro años después, vuelvo con los clubes de lectura a la capital portuguesa. Un viaje que ha supuesto, una vez más, un reencuentro literario con esta ciudad que, tanto en sus páginas como en sus gentes, resulta ser un hábitat sellado por la memoria. Lisboa nos ha ofrecido imágenes imborrables, instantáneas tan breves como intensas.


Primera instantánea:


Acompañado por cuatro amigas del club de Mérida, me adentro en el mítico Martinho da Arcada, el más antiguo café de Lisboa, en plena Plaça do Comércio. Fue fundado en 1782 y tras varias reformas y cambios de mando, conserva intacto el ambiente bohemio de principios del siglo XX. Por las mesas del Arcada aún se pasean -ebrios, cómo no- los fantasmas de ilustres escritores portugueses como Cesário Verde, Fialho de Almeida, Texeira de Pascoes, Almada Negreiros, Mário de Sá-Carneiro o Fernando Pessoa. También el Nobel José Saramago tiene ya dispuesta su lápida a la entrada, una turbia mesa de mármol con la inscripción: "reservado". António de Sousa, el actual gerente del Arcada, nos recibe entrañablemente y nos invita a sentarnos y departir con él. Hablamos de poetas, de tertulias y desencuentros, del mago Crowley, de geografías y climas, de patrias y canciones.

Suena Estranha forma de vida en la voz de Dulce Pontes, mientras António nos muestra orgulloso el autógrafo de Amàlia Rodrígues; (aún no sabemos que mañana, en la hermosa ciudad de Sintra, nos espera la voz de la cantante arropada por sus mejores trajes de gala y una espléndida exposición sobre su vida y su obra). Aquí, sentado entre amigos a la misma mesa donde escribió -y sobre todo bebió- Fernando Pessoa, degusto un cálido "Oporto" que adormece mi paladar mientras António, que está espléndido, nos cuenta impagables anécdotas del café. Tras dos horas de improvisada tertulia, nos ofrece el libro de honor de la casa para que firmemos en él. Embriagado, si no de vino, de una inmodesta felicidad, escribo lo siguiente:


 



De madrugada:

- Marqués da Sé, barrio de Alfama -


 

Más tarde, en la soledad de mi habitación de hotel, unos versos de Oscar Hahn atracan en mi voz, que lee por bajo, sin lástima, con un dolor prestado pero cierto:

Dónde estará el pasado que tuvimos
el pasado que tuve entre tus brazos
En la calle resuenan nuestros pasos
pero no estamos: nos desvanecimos

Dónde estarán los besos que nos dimos
la tristeza tan dulce de los fados
tus promesas tus llantos mis enfados
nuestros cuerpos que un día compartimos

Asustados los nuevos ocupantes
de nuestro cuarto en el hotel escuchan
la risa de personas que se duchan

Como los personajes de Pessoa
somos almas sin cuerpo: dos amantes
que penan en las noches de Lisboa.

 

Oscar Hahn, Los fantasmas de Lisboa


Se nos ha enseñado a sobrevivir con la nostalgia de lo perdido; pero nada consuela, ay, del zarpazo de lo que nunca conocimos.

Desde el televisor, Dexter Gordon puntea la madrugada. Más allá de estas cortinas: el tiempo, las sombras, los fantasmas.


Contra Faulkner
26 de mayo de 2008

No el ruido sino el silencio, el silencio y la furia:

 


La historia de las cosas
19 de mayo de 2008

 


Útiles
20 de mayo de 2008


Un libro para vivir:
Vivir adrede, de Mario Benedetti
Un libro para aprender: Las diosas de cada mujer, de Jean Shinoda Bolen
Un libro para creer: Locuciones de la sibila, de Marina Tsvietáieva
Un libro para pensar: Pensamientos, de Giacomo Leopardi
Un libro para sentir: Poemas de la era nuclear, de Oscar Hahn
Un libro para pecar: Manual de tentaciones, de Abilio Estévez
Un libro para viajar:
En la belleza ajena, de Adam Zagajewski
Un libro para reir: Sin noticias de Gurp, de Eduardo Mendoza
Un libro para saber: Ébano, de Ryszard Kapuscinski
Un libro para llorar: Te me moriste, de José Peixoto
Un libro para crecer: La miel, de Tonino Guerra
Un libro para recordar:
Las cosas del campo, de José Antonio Muñoz Rojas
Un libro para no olvidar:
Claus y Lucas, de Agota Kristof
Un libro para amar: El arte de amar, de Publio Ovidio
Un libro para ti: He amado, de José Viñals


© Oscar Hahn
20 de mayo de 2008


EN UNA ESTACIÓN DEL METRO


Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro

y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos

y la perdieron para siempre entre la multitud

Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por la estaciones

y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles

Y quizás el amor no es más que eso:

una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro

y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

 


Siempre Janis
18 de mayo de 2008

 



Licores
17 de mayo de 2008


"Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia al robo, del robo pasa a la bebida y la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente".


"Del asesinato considerado como una de las bellas artes" (1827)
Thomas de Quincey


Por fin dos días sin salir de casa. Llueve, a ratos, con fuerza. Bill Evans: "The interplay sessions", con Freddie Hubbard: extraños equilibrios sobre una cuerda floja. La tarde oculta su luz primaveral tras una densa cortina de polvo y nubarrones; por eso la lluvia cae con la languidez de un relato de Dickens, minuciosa y sobrenatural. Aprovecho para leer, sin obligaciones, sin prisa.

Tsvietáieva: "Todo libro es un hurto a la propia vida. Cuanto más lees, menos sabes y menos quieres vivir por ti mismo".

Uno no escoge los libros que lee; los libros lo elijen a uno. Cuando estoy en la Biblioteca del Estado de Mérida rara vez sé que libros voy a llevarme a casa. Acostumbro a comprar aquellos que necesito y sólo tomo prestados novedades o títulos desconocidos. Esta tarde, por ejemplo, paseando por los pasillos me han salido al paso algunos volúmenes: Los aventureros del absoluto, de Todorov; Diario de lecturas, de Manguel; Soy vuestra voz, de Anna Ajmátova; El fin del mundo como obra de arte de Rafael Argullol; algunos de estos títulos los pedí hace meses.

Con la música, en cambio, sucede lo contrario: sólo pido aquello que no voy a comprar.

"Something for you, Eliane Elias sings & plays Bill Evans". Steve Kuhn Trio, "Live at birland". El extraño calor de unas notas justas en el instante adecuado. El principio matemático de la música se vuelve abstracto en el jazz. La suma de compases no nos deja una respuesta, al contrario: insiste en la pregunta: "¿y ahora qué?".

Tal vez porque el jazz es el inconsciente de la música, un discurso onírico que escapa a toda lógica y a cada momento trata de reemplazar lo previsible por algo aún más hermoso.

Brad Mehldau, ya de noche: "Elegiac Circle".

 


Brad Mehldau: "Elegy for Willian Burroughs and Allen Ginsberg"

 


¡Cuesta tanto esfuerzo ser igual que los demás!


Tsvietáieva:
16 de mayo de 2008


"No conozco influencias literarias, conozco influencias humanas".


Pero a veces, Marina, la influencia humana es aún peor, más pobre y menos original, que la literaria. Triste aquel que sólo brilla en verso. El mejor de sus poemas pesa menos que el más olvidable de mis días.


Antonio Sáez Delgado
15 de mayo de 2008

 

La pelirroja galardonada con el VIII premio de traducción Giovanni Pontiero.

 


Antonio Sáez Delgado,
traductor de la novela.


Hace dos años, la editorial Periférica ponía al alcance del lector las dos primeras entregas de un catálogo que, en muy poco tiempo, se convertiría en un reguero esencial por el que rastrear -lo mismo da si clásicos olvidados (Fialho de Almeida, Miguel Cané, Antoine de Rivarol) o reivindicables autores contemporáneos (Israel Centeno, Paulo José Miranda) - literaturas de calidad.

El mérito al buen gusto y la tenacidad recae en la larga experiencia de Julián Rodríguez. Escritor, tipógrafo y editor, Julián es, como me confesaba en cierta ocasión, sobre todo un buen lector. Periférica es la mejor prueba de ello. Tras contar con el entusiasmo de la crítica y el apoyo de sus lectores (que compramos cada uno de los títulos que van apareciendo con la certeza de que su lectura nunca nos defraudará), empiezan a llegar los reconocimientos.

Hoy, leemos:

"La traducción de la impactante novela La pelirroja, escrita por el portugués Fialho de Almeida a finales del XIX y publicada por la editorial Periférica en versión al castellano de Antonio Sáez Delgado, ha sido galardonada hoy con el prestigioso Premio de Traducción Giovanni Pontiero, concedido por la Universidad Autónoma de Barcelona y el Instituto Camões de Portugal.

Este galardón, dotado con 6.000 euros, es, sin duda, uno de los premios de traducción más importantes que se conceden en España, y han sido merecedores de él hasta ahora las traducciones al castellano o al catalán de obras tan relevantes como El libro del desasosiego (O livro do desasosego, Fernando Pessoa), El manual dels inquisidors (O manual dos inquisidores, António Lobo Antunes), Nocturno mediodía: antología poética (Sofia de Melo Breyner) o El testamento del señor Napumoceno (O testamento do señor Napumoceno da Silva Araújo, Germano Almeida).

Supone también este galardón el reconocimiento a una esforzada tarea por ofrecer desde Periférica las mejores traducciones posibles de autores fundamentales en sus países de origen. Aunque algunos hayan sido "opacados" por el paso del tiempo, Periférica trata de organizar desde su fundación, hace ahora dos años, un catálogo orgánico en el que dichos autores convivan con otros nombres reconocidos sin discusión junto a nuevos autores procedentes tanto de las diferentes literaturas europeas como de Latinoamérica".


El curso pasado tuvimos a Antonio Sáez Delgado en el Club de Lectura de Mérida con motivo, precisamente, de la lectura de La Pelirroja. Allí nos explicó algunas cuestiones técnicas y personales de su traducción. Por lo que a nosotros respecta, hubo unanimidad: la novela resultó ser excelente (mórbida, tétrica, sensual) y la traducción nos pareció una vuelta de tuerca más a esa maravillosa pesadilla naturalista de principios del siglo pasado: Antonio, con mirada huidiza, nos confesó haber preferido emplear la palabra "rebeca", pese a que en la época de La pelirroja Hickock aún no había nacido.
Cosas así dan valor a un texto. Lo humanizan, actualizándolo, poniendo esos leves tabiques al paso de la nueva realidad de cada época. Así, la pelirroja vive más intensamente su frío cobijada bajo la tenue pana de una rebeca sucia -pero blanca- con olor a cementerio. El texto de Fialho de Almedia sigue vivo en castellano, y ya ha atravesado todo un siglo.

Enhorabuena, Antonio. El Club de Lectura Jesús Delgado Valhondo celebra este premio contigo.


Una historia de terror
14 de mayo de 2008

Porque el silencio no cura



Como todas las historias de terror, ésta también es verdadera.

Debíamos tener trece o catorce años, alguno incluso menos. Fuimos -eso sí, sin distinción- los últimos niños en jugar en la calle de noche, dando patadas a un balón o yendo "a nidos", subiéndonos a los árboles o toreando ovejas, haciendo güas de arena o cabañas de escombros. Esas cosas, que yo sepa, ningún niño las repitió después.

Una tarde, casi al comienzo de la primavera, me reuní con mis amigos ("la pandilla", como decíamos entonces) en el antiguo Paseo Ruiz de Mendoza. Junto a ellos, me encontré a un tipo encorbatado y con gafas a lo lennon haciéndose el interesante, lanzando frases ocurrentes y formulando enigmas, idioteces del tipo "cuál es el único nombre que no incluye ninguna de las letras de la palabra Carlos". Recuerdo que era Tinín.

Como el tipo era de lo más anodino, pálido y delgado, calvo, con una mirada estúpida y certera que lo hacía aún más vulgar, enseguida nos cayó simpático. Sobre todo cuando empezamos a reirnos de él y a seguirle el juego. Recuerdo bien que se dejaba insultar. Eso debió advertirnos, pero entonces no existía la palabra freaky.

Aquella misma noche nos propuso a ir a la discoteca de un pueblo cercano. Con la más santa inconsciencia, nos metimos en su microscópico "ax" rumbo al pueblo vecino. Allí tomamos unas cervezas. Aún recuerdo su grotesca vocecilla tratando de convencernos de las "bondades de la mentira". Y luego, a la vuelta, su trémula sonrisa cuando directamente nos preguntó si ya nos masturbábamos. Con todo, aquella no fue la única vez que viajamos con él. Tampoco fueron mucho más, tal vez dos o tres.

Una tarde me sorprendió encontrarle a la salida del colegio. Se presentó con la excusa de devolverme una cassette que había encontrado en su coche. Estaba serio, contrariado, hecho un manojo de nervios. Me pidió que le acompañara a tomarse una copa al bar que estaba en frente de mi colegio. Parecía esperar a alguien, pero no me lo dijo. Ahora todo resulta más sencillo, más claro, pero entonces, allí, a la puerta de aquel bar, rechazando la invitación de un tipo adulto de la edad de mi padre, ni siquiera reparé en lo más obvio: la cassette no era mía.

Lo dejé allí mismo y me volví a casa. A los pocos días, los padres de uno de mis amigos nos dijeron que su hijo no saldría más con nosotros. Ellos cumplieron su palabra y él, cosa rara, también. De una forma gradual y sin mayores aflicciones nos fuimos distanciando unos de otros hasta quedar reducidos a los cuatro amigos que, pocos años después, montamos una banda de rock. Por lo demás, el tipo había desaparecido dejando entre nosotros un aura de personaje extraño, camaleónico y turbio, sin que jamás nos atreviéramos a indagar de qué clase de oscuridad se trataba. Simplemente "el maricón", como le llamábamos incluso a la cara, había desaparecido.

Pasaron tres o cuatro años. Una noche, mientras actuábamos en un pub, uno de mis compañeros se quedó lívido de repente. Presa de un pánico atroz me confesó que lo había reconocido entre el público, que era J, "el maricón", que había vuelto a por él. Reunimos a un grupo de gente, entre ellos algunos adultos, y salimos a la calle tras él. No conseguimos darle alcance. Esa misma noche conocí el resto de la historia.. La realidad puso en mis manos la últimas piezas del puzzle: uno a uno, nos había ido citando años atrás, en aquellas últimas tardes de colegio, con excusas similares a la que empleó conmigo: una cinta, un paquete de tabaco, una copa... No sé con cuantos de nosotros consiguió estar a solas. Nunca nos lo hemos preguntado.

Ahora sé que nos robó la infancia y la libertad. Nos dejó el miedo y el odio.

Es por miedo que he olvidado su rostro, pero no por miedo a él, sino por miedo a mí mismo.

Sólo sé que si lo vuelvo a ver, lo mataré.


 

¿Oyes cómo pasa el tiempo?




Normandías
11 de mayo de 2008


"Vivo pendiente del desembarco de Normandía", no olvido este verso de Rafael Pérez Estrada; lo añoro con cierta frecuencia, añoro esa alegría que dice, la de vivir pendiente de algo que esté por suceder, un desembarco -el que sea- que dé un futuro lógico a nuestras pulsiones más sinceras, al alma en plenitud, a la loca espectación ante la ofrenda inminente de la vida o, por lo menos, a la vieja aspiración de ser un tripulante que sabe a dónde va, aunque lo lleven las olas.

La verdad es que ya no espero ningún desembarco o, para ser precisos: ninguno me espera a mí. Ya sólo sé de cuestiones sencillas -y baratas- y del silencio del mar.


Everybody hurts
10 de mayo de 2008


Francisco Casavella, hoy mismo, en El País:

"Sólo el tiempo cuenta, el tiempo de verdad, el martillo de las ilusiones, el que pulveriza los ritmos y las melodías de la canción. Porque siempre hablamos de "canciones para el recuerdo" como si fuéramos Julie Andrews como una pídola en lo alto de las montañas berreando The sound of music. Pero ¿qué fue de nuestras canciones? ¿Por qué no puedo ver el documental sobre Joe Strummer si sé que cada minuto va a lijarme el alma con el recuerdo de todo lo que en realidad no fui, de lo que en realidad no hice, de lo que en realidad no sucedió en esta ciudad donde entonces y ahora se podía y se puede oler mierda bajo las calles? No, no puedo ver el documental sobre Strummer y pienso, contra lo que se suele suponer, que los nostálgicos -mis antagonistas- son en realidad gente dura, monolitos que pueden escuchar las canciones sin que les evoquen resacas, desamores, sábanas sucias, muertos, cenizas

... Y veo a los protagonistas del asunto, a John Lydon, alias Johnny Rotten, llorando al final de La mugre y la furia, el documental sobre los Sex Pistols, todo aquel cinismo, toda aquella provocación, ahora sólo lágrimas amargas... Y leo en Por favor, mátame la tristeza oceánica que subyace en el relato de Jerry Nolan sobre su primer concierto -Elvis en Hawai, nada menos- y el futuro batería de los New York Dolls y de los Heartbreakers sólo se puede fijar -en medio de una extraña fascinación- en el agujero que Elvis tiene en la suela de uno de sus zapatos. Y veo al mismo Strummer en el documental sobre la historia de The Clash también llorando -y amargamente-, no por lo que pudo haber sido y no fue, sino por lo que nunca pudo ser ni será. Es el tiempo y el diablo en las canciones.

Los grupos buenos: ¿quién puede oír a los Ramones, a Television, a Eddie and the Hot Rots, a los Jam, a Brinsley Schwarz, a los Modern Lovers, a los Fleshtones o a, ¡premonición!, Richard Hell, sin dejar de pensar: ¿esas canciones son yo mismo ahora, esa coliflor que te mira en el espejo son aquellas canciones y quizá la culpa no sólo sea mía? Y aunque la culpa sólo es mía quiero creer que los predicadores sureños tenían razón: es la música del infierno.

Y de pronto, estás en una barra, o en una estación de metro, o en un taxi, y por la estridente radio emiten una melodía de hace treinta años que nunca te llamó la atención, algo banal, sin historia, sin halo, sin recuerdo - Stevie Nicks cantando Dreams, por ejemplo-, y esa canción que quedó en el limbo de lo inocuo llega a las entrañas como un punzón y, misteriosamente, cura y susurra que hubo una vez algo tan fascinante como el agujero en la suela de Elvis en medio de toda esa autocompasión que ahora te acosa, estúpida y retorcida como un sacacorchos.

Y entonces te consuelas porque todo sigue del revés en un mundo que puede ser próspero para extravagantes más jóvenes, y las lágrimas salen sin duelo, sin amargura, corriendo."


© Francisco Casavella: El diablo en la canción


Delicatessen
5 de mayo de 2008


De la mano de la editorial Littera, que con gusto ejemplar comandan en Villanueva de la Serena Antonio Reseco y Daniel Fernández-Bergés, nos llega, en nuevo formato, el primer título de una nueva colección, Litteratos, dirigida por José María Cumbreño. Se trata de un volumen sobrio y de menor tamaño que encierra, al menos en esta su primera entrega, un suculento manjar: Diario de un vago, de Andoni Sarriegi.

Para los amantes de la buena mesa el nombre de Sarriegi no debe resultar desconocido: desde hace más de quince años este periodista mallorquín (Palma, 1964) viene firmando algunas de las mejores reseñas culinarias de este país así como la crónica de sus viajes gastronómicos en publicaciones tan prestigiosas como Gourmetour, Club de Gourmets o Terra de vins. Y eso que, pese a la secular austeridad estética de la Alta Cocina (lo siento, lo de "restauración" me sigue sonando a anticuarios), Sarriegi no ha perdido el humor ni el vicio de catar la vida tal como se le presenta.

Buena muestra de ello son estos aforismos, pensamientos y crónicas de mantel que nos ofrece -caldo breve pero denso- este Diario de un vago. A través de ellos podemos rastrear los pasos perdidos de un hombre cabal; demasiado cabal, a veces, de ahí su acierto y su humor irresistible:


"Si no fuera por las mujeres, el mundo estaría lleno de señores".

"El mundo se divide en buenos y mansos"

"Una buena abuela le da mil vueltas a un padre"

"-Habiendo vecinos pobres, ¿construyen un teatro?

"Definitivamente, la globalización es un latazo: ¡en todas partes el mismo grupo de música andina!"


Son textos -digamoslo ya- con un pie en la greguería y otro en la servilleta, en la corbata y hasta en el perejil de la experiencia propia, esa maestra inigualable que nos hace entender las razones más ocultas de nuestro propio ser, y aún las de los demás:

Deslumbra, entre líneas, alguna que otra muestra de deslumbrante sabiduría:

"Dos no follan, si una no quiere"

 

Pues eso: un buen libro para leer si ella -o él- no quiere... ya me entendéis.


Aviso:
Este libro no debe tomarse de un sólo trago.

www.litteralibros.com


Os equivocáis:
2 de mayo de 2008


El verdadero objetivo de la literatura no es quedar sino ser.


Marillion, o el milagro de la infancia eterna
2 de mayo de 2008



Angelina, del álbum Marbles.

 

Dejo las riendas del entuerto a los jinetes más aventajados, pero a mí me da que Marillion siguen siendo una de las mejores bandas de este planeta. Su forma de entender y practicar el rock progresivo en los umbrales del XXI me parece todo un lujo.

Dejo aquí constancia de esta perla, Angelina, de su doble álbum Marbles y de un ceñido texto de presentación de la banda extraída de su web en español www.thewebspain.com. Esta versión de Angelina aparece recogida en el directo Marbles Live. Aquí el amigo Steve Rothery nos ofrece una lección de cómo hacer hablar a una guitarra.

Existe una versión acústica de Hogarth al piano recogida en uno de los albumes navideños de la banda.

Así da gusto. Tal vez ahora seamos menos, pero estos músicos conocen a su público.


 

"Marillion es uno de los secretos mejor guardados del panorama musical del Reino Unido. Un grupo que nos ofrece música potente y emotiva, que muy a menudo es capaz de calar hondo en sus oyentes, y cuyos vibrantes conciertos en directo dejan al público sin aliento.

Cuando Fish, el primer cantante de Marillion, dejó la banda en 1988 después de cuatro discos, fue sustituido por el carismático Steve Hogarth, ex-miembro de The Europeans y colaborador ocasional de The The y Julian Cope. Hogarth aportó a la banda una nueva energía y una nueva alma.

Los malos augurios se disiparon rápidamente, ya que a lo largo de NUEVE discos, Hogarth, junto con los miembros fundadores Steve Rothery (guitarra), Mark Kelly (teclados), Pete Trewavas (bajo), y Ian Mosley (batería), le dieron un nuevo ímpetu al sonido de Marillion, redefiniéndolo constantemente. Se adentraron y asentaron en nuevos territorios musicales con discos llenos de inventiva y emoción sin importarles los caprichos de aquellos que dictan las modas musicales.

Después de la aparición en el mercado en 1999 de "marillion.com", la banda desterró de una vez por todas la presión del fantasma de las compañías discográficas creando su propia compañía (el sello acertadamente llamado Intact) y liberándose para producir algunos de los mejores momentos musicales de su carrera.

Gracias a su incursión pionera en Internet, Marillion ha desarrollado una relación muy cercana y especial con sus fans. Desde financiar una gira entera en los Estados Unidos, hasta la grabación de sus discos recientes, la legión de fans de Marillion es única en su afecto y dedicación. Como resultado de este apoyo tan apasionado a gran escala, Marillion ha podido salirse de la industria musical convencional y abrirse su propio camino.

En el 2001 Marillion dio el paso innovador de pedir a los fans que compraran por adelantado el álbum "Anoraknophobia", antes de que estuviera grabado. Para su sorpresa 12000 personas respondieron, ayudando de esta forma a su grabación. En el 2004 la banda volvió a pedir a los fans que compraran por anticipado la que sería su obra maestra "Marbles", pero esta vez el dinero se canalizó para la promoción y el lanzamiento del nuevo álbum.

El hecho de que los sencillos "Don't Hurt Yourself" y "You're Gone" irrumpieran en el Top 20 de las listas del Reino Unido (este último alcanzando el número 7), dejó boquiabierta a toda la industria de la música.

No es un mal resultado para una banda sin una multinacional que le respalde.

Esto ha sido simplemente la última jugada de un grupo con 23 años de historia, que se ha aferrado a la convicción de que lo que hacen SIGNIFICA algo real.

Enfrentados a la ignorancia y la apatía, Marillion continúa desafiando las ideas preconcebidas y las etiquetas. La banda ha evolucionado hasta convertirse en una fuerza musical radiante, con más cosas en común con grupos experimentales como Radiohead y Muse, y la majestuosidad eterna de Talk Talk y The Blue Nile.


Para los que aman a Marillion, son algo especial. Para los demás son un idilio por materializarse.

El inminente nuevo álbum "Somewhere Else" bien podría ser el que le traiga a la banda el reconociemnto generalizado que merece desde hace tiempo. Los pocos privilegiados que ya lo han oído, piensan que es el mejor disco de Marillion, y eso que es su disco número 14, lo que significa tres discos más que U2, dos más que Los Beatles y el mismo número que Los Ramones, un hecho poco común en los anales del rock.

Más raro todavía es que un grupo se esté superando a sí mismo tras un cuarto de siglo de vida".

 

 


Parábola en tres actos
1 de mayo de 2008

 

A los Hermanos de la Hermandad de la Luciérnaga.
(Para J. A. CL. C. P. A. y B.)

 

-Ja, ja, ja voy a comerte... le dijo la serpiente a aquella enrevesada luciérnaga blanca que no había dejado de palmotear un sólo instante sobre su nuca, pura como el hilo de una cometa.

- ¿Por qué te empeñas en comerme? ¡Ni siquiera pertenezco a tu cadena alimenticia!, arguyó la víctima (que era licenciada en Lógica Aplastante y una sabionda de mucho cuidado).

-Porque no soporto que brilles, respondióle la viperina.


 

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