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DERIVAS

Mayo 2005

 


Javier Arroyo & Lusitania Jazz Machine
31 de octubre de 2008

 

21´00 h. Sala Trajano. Mérida. Javier Arroyo y su Lusitania Jazz Machine suben al escenario para ofrecernos su sabia combinación de sonoridades jazzys salpicadas de folklore castellano y portugués, principalmente. La noche invita al recogimiento, a la escucha reposada y sin esfuerzo que propone el sexteto: adaptaciones de temas populares (magnífico ese taranto minero teñido de sangre), evocaciones al gran Zeca Afonso y hasta una ecléptica versión del inmortal A cántaros de Pablo Guerrero; son algunas de las prendas con las que poco a poco la formación ganando nuestra confianza. Sonido limpio, rigor escénico -pese a alguna vestimenta extravagante- y seis músicos bien compactados que atacan su repertorio sin riesgo pero con emoción. Los seis se muestran brillantes y sorprende, por lo inusual, el bello contraste entre el violochelo (Pierrot Thary) y el contrabajo (Guillermo Morente), que establecen una sólida base sobre la que el baterista (Pancho Brañas) va salpicando ritmos sincopados con exquisita violencia o se entrega, cuando es menester, al swing más arrebatador. Sobre este colchón de sonoridades contrapuestas, la voz de Ángela Muro despliega un amplio abanico de resgistros que van del jazz más ortodoxo a la tonada folk o el cante flamenco. Elegancia y poderío el de esta cantante riojana que ha pasado de cantar con Sara Montiel a hacer lo propio con The Chieftains o Carlos Núñez. Se trata, podemos intuirlo, de una artista de vuelo propio. A esta atractiva amalgama se suman el saxo (barítono y tenor), clarinete y alguna estridente ocarina de Paul Stocker para, finalmente, ceder su espacio al piano y la armónica de Javier Arroyo. Es curioso cómo la propuesta global del Lusitania Jazz Machine, perfectamente amoldada a lo que un conjunto de jazz en el siglo XXI debe buscar: reinventar su sonido a base de cruzar fronteras geográficas y musicales, se consigue precisamente adentrándose en el pasado, bebiendo de otras fuentes, dinamitando conceptos cuando no, sirviéndose de ellos, para extraer un discurso propio sustentado sobre múltiples discursos de otras épocas. Una labor excitante que aún puede dar muchos y sorprendetes frutos.

 


www.javierarroyo.com


Versiones, diversiones y perversiones
30 de octubre de 2008

 

Por mandato de Borges, leemos a Kipling estos días en el Club de Lectura de Mérida. He elegido su novela Kim para acercarnos al imperialismo humano de este gran hombre, tantas veces aplaudido como repudiado (acaso con idéntico fervor) por los lectores y la crítica. Para contrastar su semblanza excesivamente literaria, hemos ido leyendo poemas suyos de la antología "Poemas" que preparó hace unos años Benítez Ariza para Renacimiento. El poeta gaditano ha ido domándole los cuernos al morlaco para hacer un sabio pase de capote y presentárnoslo con una voz distinta, pero contando -casi- lo mismo. Es el viejo vicio de la versión, una debilidad que todo poeta sufre en sus carnes cuando en la noche alumbra el escozor del verso ajeno, un lejano trozo amputado de nosotros mismos. La versión es excelente, a mi entender, porque consigue despojar la retórica interna con sencillos cambios, pequeñas actualizaciones que recuperan la dicción del hombre, no la del poeta. A todos les ha encantado este poema.

Aún así, luego me he entretenido en casa barajando otras posibilidades. La Red ofrece hasta un foro donde se analiza el poema en cuestión y se sugieren soluciones que van de lo sensato a lo milagroso. Pero volvamos aquí. Tenemos ese terrible condicional Sí... (If...) a punto de aplastarnos desde una altura insospechada. La voz parece la de siempre. Viene a decirnos algo de nosotros mismos. La trampa está servida. Comencemos a leer:

 

Si...

Si puedes mantener la cabeza en su sitio
cuando todos la pierden -y te culpan por ello-;
si confías en ti cuando los otros
desconfían -y les das la razón-;
si puedes esperar sin cansarte, si no
mientes cuando te vienen con mentiras
ni odias a los que te odian y, aún así,
no te las das de santo ni de sabio;

si sueñas, sin llegar a ser esclavo
de tus sueños; si piensas, pero no te conformas
con pensar; si te enfrentas al Triunfo y al Desastre
y das el mismo trato a esos dos impostores;
si soportas que tuerzan tus palabras
para embaucar con ellas a los tontos;
si se rompen las cosas a las que has dedicado
tu existencia y te agachas a rehacerlas;

si juntas todas tus ganancias para
jugártelas a cara o cruz, y pierdes,
y vuelves a empezar de nuevo, una vez más,
sin mencionar siquiera lo perdido;
y si tu corazón, tus músculos, tus nervios
cumplen incluso cuando ya no son
lo que eran, y resistes cuando ya no te queda
sino la voluntad de resistir;

si hablas con multitudes sin perder la honradez
y paseas con reyes sin perder la humildad:
si no pueden hacerte daño tus enemigos
-tampoco tus amigos- y todo el mundo cuenta
contigo -no en exceso-; si no desaprovechas
ni un segundo de cada minuto de carrera,
la tierra y cuanto en ella existe es para ti;
serás, en fin, lo que se dice un hombre.

 

Rudyard Kipling
Versión de José Manuel Benítez Ariza


Me gusta
27 de octubre de 2008



Me gusta tanto la vida que por mí no dormiría. Y en especial, un arte, el de quemar instantes sin hacer nada útil, como por ejemplo pensar un poema sin llegar, ni por asomo, a escribirlo.


Premisa
26 de octubre de 2008


Nada más indigesto para un poeta que el pudor.



Seis años... y sin prisas.
25 de octubre de 2008


Mientras le ayudo a ponerse el pijama, hablamos de la vida. Le explico que cuantas más cosas aprenda de niño, más "grande" y más "bueno" será de mayor. Mencionamos el espacio, el sol y la luna. Ya casi estaba en la cama, cuando le he preguntado: -¿y tú, Miguel, cuándo vas a ir a la luna?, Y él, como azorado por la cuestión, posponiendo la estresante tarea de darse un garbeo por los jardines lunares, ha respondido:

-¡Qué se yo...!


Esa palabra maldita
24 de octubre de 2008

 

 

"No importa:
cometo un plagio más, y tan a gusto”



Víctor Botas

Pocas palabras tan repudiadas como la palabra "plagio". Tan grave, que la RAE da como segunda acepción "secuestrar a alguien". Así, el plagiador es aquél que más allá de copiar obras ajenas, secuestra la inspiración de otro haciéndola pasar por suya. Como nuestra época se jacta de tener remedios para todo, del delito del plagio hemos pasado a la humillación -mucho más llevadera- de la intertextualidad. Y lo que antes suponía un robo a mano armada, ha pasado a denotar, en el hábil manejo del préstamo, un qué se yo de culturetismo snob, de cierto exhibicionismo lúdico, al ser fulano o mengano un tipo muy leído y escribido; de poseer, en fin, una sabiondez exquisita y venerable. Así las cosas, no contentos con las abundantes debilidades de la inspiración, se nos antoja comprensible ¡y hasta bienintencionado! que cualquier estrella mediática escriba una novela, o que el escritor de cabecera amueble las nuestras con cuatro o cinco títulos por año. Qué menos.

El plagio, en cambio, es unánimemente rechazado.

Pedro casariego  Córdoba (1955-1993)Se sube a la picota estos días al bueno de Enrique Bunbury. Al parecer, unos versos de Pedro Casariego Córdoba se han apropiado de una canción del músico maño. O viceversa. El caso es que andan por ahí, revueltos en alguna estrofa altanera y galopante de las que escribe este hombre, ya de por sí rarito, pues se sabe hace años que toma su nombre artístico de un personaje teatral de Oscar Wilde. Los musos de la mediocridad se frotan las manos señalando a un igual. Pero no es igual que ellos. Con todos sus excesos (el único grave que se me ocurre es el lamentable documental sobre Leopoldo María Panero), con todas sus reverencias a Blake en el pasado y a José Alfredo Jiménez en época más reciente, con toda su pomposidad endémica bajo el pecho, Enrique Bunbury es un creador que no nos merecemos, un artista inigualable.

Hablaremos sólo de sus letras:

Dejando a un lado el mencionado sarampión que causaron, en efecto, los espíritus del vino: Blake, Baudelaire, Celaya..., las letras de Bunbury han reescrito a lo largo de los últimos años el devenir común -y derrotado- de muchos de los que formamos su generación; la épica inicial ha dejado paso a unos versos mucho más sencillos, más directos, más sinceros. Estrofas, letras, canciones, en suma, que nos han regalado el acento porteño de una garita en Cuba, el desolado graznido del artista circense, la justicia poética del que masculla, frente al micro, aquello de: "Adiós, compañeros, adiós..." y lo hace nuevo.

Qué pensaría PeCasCor de la canción de Bunbury en la que reposan sus versos "Veo misterios en algunas mujeres / y detectives en algunos hombres", amén del título epístolar, ese "hombre delgado que no flaqueará jamás". ¿Entre hombres delgados es la lucha? ¿Entre artistas? ¿Entre creadores? Ni siquiera eso. El cascabeleo proviene de la obesa, informe, infame turba que forman quienes sólo buscan ensuciar la imagen del artista con un debate infructuoso, cuando no sencillamente envenenado. Si PeCasCor hubiera podido escuchar esta canción -de no haber muerto en 1993-, sabemos que habría encajado con humor la cuestión, con ese humor triste y único que destiló siempre en sus poemas y dibujos.

El resto sólo es humo. Y aquí ni siquiera hay fuego.

 


Bunbury
23 de octubre de 2008

 

Cinco años después, el huracán Bunbury volvió a pasar por Mérida y ésta vez tampoco podíamos faltar. Presenta nuevo disco, "Hellville deluxe", que viene a ser la respuesta en clave americana a los devaneos electrizantes de Neil Young, Tom Waits y compañía, en lo que no deja de ser un nuevo alarde de mimetismo musical por parte del músico maño. Si ayer fue el cabaret porteño y antes de ayer la electrónica marroquí, hoy resucita con hechuras de cowboy sideral para inventarse nuevamente a sí mismo, merced a una mezcla de influencias que podríamos calificar -grosso modo- como folk-rock de raíz americana cantado en castellano. Ni mejor ni peor, aunque como siempre en exceso. Porque Enrique Bunbury es un tipo grandilocuente y excesivo. Nadie ha puesto tan fácil las cosas a sus detractores como él. Lo mejor del personaje es que bajo sus ademanes y su engolada voz hay un músico extraordinario, no exactamente un gran creador, pero sí un artista capaz de escribir canciones de ésas que te agarran durante varios días y cuando te quieres dar cuenta has pasado varios años a sus pies. Bunbury es, por lo demás, un gran fingidor a la manera pessoana. En este Hellvile deluxe hay algún corte que rechina por todos lados (ese Todo lo haremos mejor en el futuro que acaba quedándose en una burda copia de Tom Waits -máquina de huesos incluída-, con un registro grave forzadísimo y una letra que parece prestada por Torrebruno), junto a otros cortes más inspirados, más rockeros, que no defraudarán a los acérrimos del cliché. Tras haber visto hace unos meses en directo a Andrés Calamaro, tengo para mí que el maño han buscado su particular "Alta suciedad", y es que en algún momento el rock bastardo del argentino parece ensombrecer la nueva propuesta de un Bunbury que ha decidido, por esta vez, no arriesgar: canciones pegadizas, estribillos comunes, desarrollos predecibles, unas gotas de bolero por aquí, una guitarra de palo por allá (Bunbury no es Dylan, claro está) y un resultado, a mi parecer, que sólo roza el aprobado. Habrá quienes lo pongan por las nubes y también quienes lo tilden de desastre. Ni una cosa ni otra.

Otro asunto es la puesta en escena. Bunbury es una animal de directo, una chamán -tampoco aquí se libra de las sombras- capaz de mover multitudes o, como la otra noche, de provocar al público con un "buenas noches, cabrones" para, acto seguido, entregarse durante dos horas y media horas de concierto en las que la intensidad, la adrenalina y la emoción viajan de la mano sin descanso. Esta es, por otra parte, la primera gira de Bunbury sin el Huracán Ambulante, la banda que lo acompañaba desde Pequeño. A su lado tiene un buen atajo de músicos solventes, con un sonido tal vez más estandarizado, si bien limpio y potente. El toque andrógino se ha extendido ahora al resto de la banda (al aparecer uno de los guitarristas creímos estar ante el mismísimo Prince. ¡Qué falta hará! gritó alguien entre el público) y ese mismo espíritu rige la (re)creación de algunas canciones que han sufrido un lavado de cara algo forzado: Sólo si me perdonas, Salomé o El extranjero. Del lado de los aciertos, hubo momentos inolvidables como la interpretación de El rescate, las coreadas Infinito, Sácame de aquí, Lady Blue, Los restos del naufragio... y una sorprendente interpretación extendida de No me llames cariño, que supuso el punto álgido del concierto. Cerró, cómo no, invitándonos a corear Y al final...

Visto lo visto y escuchado lo oído, el veredicto sigue siendo favorable para un artista de raza que, si no existiera (cosa improbable en un país tan dado a la tragedia), habría que inventar de inmediato. Por suerte para nosotros, Bunbury sigue siendo la mejor representación de sí mismo.

 


Bunbury en Mérida, 18 de octubre de 2008. Plaza de Toros.

 


Indecisión
22 de octubre de 2008


¿o superstición?

 


Flashback
22 de octubre de 2008



Tour de force por varios municipios de Sierra de Gata preparando la campaña Tesoros de Papel. Entre ellos, he visitado Guijo de Granadilla, el hermoso pueblo donde vivió y murió el poeta José María Gabriel y Galán. En compañía del alcalde y el bibliotecario, he recorrido las estancias de la vivienda -hoy convertida en museo- donde se escribieron poemas emblemáticos como El embargo. Al salir a la balconada, me informan de que en mayo se organizan unos juegos florales en los que participa todo el pueblo y algún que otro rapsoda recita poemas del autor de Castellanas, Religiosas y Extremeñas encaramado al generoso pórtico de la inmortalidad ajena. Por un instante, contemplo a los vecinos agrupados frente a la casa del poeta y me viene a la mente aquella escena de Amanece que no es poco, la delirante película de José Luis Cuerda en la que los parroquianos, todos muy doctos y fervorosos lectores de Faulkner, se reunían de cuando en cuando en la Plaza Mayor para hacer flashback. Y ya cuando me aseguran que en el pueblo hay varios expertos en la obra del poeta salmantino, que sus versos yacen inscritos por doquier en plazas y fuentes y que la tumba del poeta es objeto de peregrinación cotidiana y fervorosa, siento que me he extraviado del sigo XXI y he ido a parar a una época extraña y benéfica donde el Pueblo y la Poesía caminan de la mano.

Sólo al entrar en una tasca de la Plaza y apurar nuestros cafés, me convenzo de estar de nuevo en el presente: desde el televisor, el ministro de Economía, Pedro Solbes, desentraña con torpes argumentos la crisis económica. No sé si es prueba suficiente.


Los días
17 de octubre de 2008


Con extrema suavidad o con dureza tibia, los días lo van amansando. La fuerza irracional y precisa de antaño, la rabia, el viejo descontrol... van dejando paso a un dócil animal que ahora mide sus palabras y reprime sus golpes: ese cauto aborigen que asistido por la inteligencia o el engaño asume su silencio y pide tiempo muerto a su corazón. Mirándose en las lentes de aumento de la televisión, desde el fondo sin fondo de las estadísticas, él oye el áspero murmullo del tiempo y se abriga de certezas, cuando no tan sólo de recuerdos. Así día tras día, hasta quedar reducido a cenizas.

No es consciente, sin embargo. Piensa que tiene, todavía, tiempo por delante.



¿Qué estamos haciendo mal?
16 de octubre de 2008


"El tiempo en el que vivo es extraño. A veces es difícil discernir lo que está bien de lo que está mal, lo justo de lo injusto. Nunca llueve a gusto de todos y tus decisiones siempre acaban perjudicando a alguien. Cómo guiarse en un mundo en el que todo cambia, en el que los valores se degradan con cada nuevo logro social y en el que muchos inocentes han muerto en nombre de la justicia y tantos pueblos han sido oprimidos por los abanderados de la libertad. En el que la diferencia entre el acierto y el error se mantiene siempre en un precario equilibrio sobre la cuerda floja. Tengo 20 años y tengo miedo de que los peligros del camino y el cansancio del viaje me conviertan en una persona insensible y rencorosa. Tantas veces veo padres y madres de familia añorando su imagen adolescente, en una fotografía palidecida por el tiempo. Esas caras soñadoras se han convertido en muecas de desilusión y sufrimiento. Ahora veo mi foto y siento pavor, pues no puedo evitar pensar que algún día la observaré y añoraré los días en lo que había ilusión en mi mirada, que posiblemente habré perdido la capacidad de ser feliz".

Joaquín Soler Navarro. Valencia


Esta carta, publicada en la sección La carta de la semana del suplemento XL Semanal y leída hoy mismo por una compañera en el club de lectura de Trujillo, nos permite sospechar las razones que pueden llevar a un chaval de 20 años a sentirse así, "sobre la cuerda floja", temeroso de perder "la capacidad de ser feliz". Es un testimonio válido, como tantos otros, que nos obliga a preguntarnos por esa sutil dosis de decepción que día a día nos aplicamos unos a otros con la ensayada sonrisa del ganster que, el momento previo al pistoletazo, masculla eso de "no es nada personal, amigo; pero tengo que hacerlo". Y lo hacemos: putadas de todo tipo, pequeñas, medianas y enormes; putadas sin sentido "porque hay que llegar a fin de mes", "porque hay que pagar la hipoteca", "porque si no, otros las harán"... Y así nos va. Hemos convertido al extraño en sospechoso, al extranjero en contrincante, al diferente en enemigo. No es sólo una cuestión de modales: la peor naturaleza, la miseria más honda del ser humano, se nos presenta cual fétido espectro cuando hay por medio unas monedas, un puesto de trabajo, un ascenso o cualquier otro mecanismo de poder. Por un cargo hemos visto devorarse como hienas a intelectuales de altura, a filósofos, a poetas, a músicos... lo cual demuestra que los más altos valores de nuestra sociedad (citaré tan sólo uno: el de igualdad) son usados como papel de... -ya me entienden- cuando se trata de ascender en la vida. El peso de nuestras mentiras, de todas las trampas esparcidas -y en esto son cómplices desde la publicidad farisea y machacona al Estado sobreprotector y amnestesiante- por el estrecho campo de batalla de la dignidad humana, el peso, en fin, de tanta infelicidad y tanta injusticia aupadas tantas veces a la categoría de ejemplo, recae, ya lo ven, sobre nuestros jóvenes.

¿Qué podemos esperar de ellos? No lo sé. Que no nos maten, por lo menos. Aunque bien podrían -y les estamos enseñando a hacerlo- regalarnos una vejez a la altura de nuestras ambiciones. De ésas en las que nadie te echa de menos.

 


Estatua mutilada
15 de octubre de 2008


Es uno de mis poemas favoritos. Hoy lo he leído en el club de lectura de Trujillo. Me ha emocionado como la primera vez.



José Hierro

ESTATUA MUTILADA


Mujer de un funcionario romano,
recorriste la tierra
-sombra suya- de Gades a Palmira.
Soles distintos te adoraron,
maduraron tu piel, fueron dejando
seco tu corazón.

Cómo sería tu cabeza, tu mano,
lo que fue carne tibia, vestidura del alma
y luego piedra silenciosa...
Ahora la mano ya no está en la piedra.
Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída
por el agua que la albergó durante siglos.
¿Cómo serías? Imagino que el escultor,
sumiso a los clientes, las rutinas,
los tópicos vigentes en la Roma de los Césares,
copió de ti la apariencia banal.
¿Serías verdaderamente
-no quedan rasgos que dejen comprobarlo-
matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra,
que prefería muertos valerosos,
soledad y desolación,
antes que amor, calor y compañía de cobardes?
¿O tu rostro impasible
revelaría otra verdad?

Ahora no tienes ojos,
ni siquiera de piedra,
para que en ellos se refleje y cante el mar,
el mismo que rompía en tus ojos humanos
y te vestía de llamas azules.

(A la orilla del mar ocurriría aquel amor).

Un legionario, un soñador, un triste,
a la orilla del mar... Y le decías: “Ráptame,
llévame contigo, da a mi vida
sentido y esperanza, olvido y horizonte,
dale vida a mi vida”. (Él fingiría indiferencia
cuando subías con ofrendas al templo.
Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte
cuando estaba con él a solas.)

El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo,
a otro sol y otra tierra del Imperio,
lloró desconsolado el que era fuerza tuya.
Te hizo un collar de lágrimas.
(Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco.)

Ahora no tienes ojos,
ni siquiera de piedra.
El mar y el tiempo los borraron.
(Dentro del mar se pudriría aquel amor.)
Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron
para edificación y pasmo de los hombres.

Jamás podrá la piedra
albergar un soplo de vida.
Y entonces, dónde ha ido tanta vida,
dónde está tanta vida que la piedra no puede contener,
no puede imaginar y transmitir.
Tanta vida que fue la salvadora
del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo?

Cómo puede morir lo que fue vida.
Quién puede asesinar la vida.
Quién puede congelar en estatua una vida.
Qué hay en común entre este bulto
-pliegues rígidos y elegantes,
rostro esfumado, manos mutiladas-
y aquella estatua de ola tibia,
aquel pequeño sol poniente,
aquel viento de carne pálida,
aquella arena palpitante,
aquel prodigio de rumores:
lo que tú fuiste un día,
lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio,
en el que escarbo inútilmente
con el afán de un perro hambriento.



Libro de las alucinaciones, 1964

 


El otro
11 de octubre de 2008

 

Uno, con los años, aspira a convertirse en un perfecto salvaje. Hoy sólo me interesa el salvajismo como la más elemental manera de nutrición: devorar uno sobre otro los platos calientes del pensamiento humano, de la loca imaginación sobrehumana y esa turbia inclinación a la nostalgia que algunos llaman poesía. No conoce el salvaje ley ni medida a su abandono: roe, machaca, descuartiza cada frase o verso hallados a su paso; si olfatea entre la tupida hojarasca de los signos algo de sangre, hinca el afilado canino en mitad de la página y succiona. Querrá que emane la pútrida flor de la experiencia, insistirá en saborear hasta las heces el hondo licor de la esperanza... Todo será en vano, sin embargo. Morirá antes de tiempo, pues no persigue el conocimiento (tan asequible) sino la subsistencia. Por eso este salvaje no sabría qué hacer en las élites oscuras (ha visto, lo jura, poetas ataviados con corbata y frac) o en los lujosos salones del Centauro donde celebran el solsticio los legionarios de la pluma. Nada sabe de escuelas y tradiciones, no conoce idioma y ha terminado por olvidar su nombre. Vive en lo anónimo. Y desde esa atalaya infranqueable ejerce su reinado, feliz como un dios. Y desde allí, erigido en la inmundicia de su pensamiento, os mira, poetas, y os desprecia.

 


Peras
10 de octubre de 2008

Andando el tiempo, el único que encontró peras en un olmo fue Machado.


Zapatero
10 de octubre de 2008



Ahora que las cosas van mal, Zapatero debería adoptar tres medidas: la primera legalizar la marihuana; la segunda legalizar la prostitución. Ése sería, para empezar, el país que yo quiero.

La tercera medida ya sería pedir peras al olmo.


Marcos
9 de octubre de 2008


Y qué espíritu, devotamente descuidado.
Hölderlin

 

Marcos es un amigo de la infancia. En esa infancia de la que todos somos expulsados él vive preso mas vive con generosidad y alegría: el dios Cromosoma le concedió el favor de ser feliz como un niño. Hace unos días, "descubrí" que copia versos de la antología Cuatro poetas en un tobogán y los reordena sabiamente mezclando los de un autor con los de otro, deshilachando estrofas y fundiendo ritmos, trastocando los sentidos. Así compone los poemas que luego recita, orgulloso, a las más jóvenes de la Asociación.

Me hace feliz saber de esta inesperada utilidad de la poesía. Allí, en su casa, mientras él escribía poemas, yo he trenzado este homenaje:

 

Rompecabezas

Para Marcos


Quién sabe si el azar de tanta ruina
se ordena atesorando un equilibrio:
tu mente copia versos con delirio,
toma en préstamo imágenes con rima,

y en la verdad de tu rompecabezas
la nuestra es sólo una verdad a medias,
efímero botín que no desprecias
por más que sea otra -y vana- su belleza.

Quién sabe si la nieve derretida
enjugará los labios de tu dama
o te dará de nuevo miedo del amor.

Yo prendo tu amapola disecada
y mientras bebo brindo por tu ardor
y por la efímera alegría de la vida.

 


Adiós a todo aquello
8 de octubre de 2008

Snapshot Paris de Alfred Stieglitz (1864-1946)

 

 

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el paso del rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían los ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las Virtudes y de las Gracias del planeta:
Los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino,
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas que se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una muchacha
cuyo rostro suelo ver en sueños
iluminado por la triste mirada
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
-la sal y el agua
de mis días sin objeto -

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras -un poco de aire
movido por los labios- palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.

 

 

De El árbol de la memoria, 1961, © Jorge Teillier


 

 


El Arte
8 de octubre de 2008

 

Miguel Ángel termina la obra y agradece a los dos modelos su paciencia infinita. El más joven se viste, hace una venia y sale de la Capilla; el otro, simplemente, se desvanece en el aire.


Rafael García (Colombia)


En las manos
7 de octubre de 2008



El cazador, de Mario Míguez.
Orfeo XXI, Poesía española contemporánea y tradición clásica, edición de Pedro Conde Parrado y Javier García Rodríguez.
Diario 1980-1993, de José Antonio Gabriel y Galán.
Método poético y narrativo, de Edgar Allan Poe.
La invención de Morel, de Adolfo Bioy-Casares.
Historias de amor, de Robert Walser.
La máscara y otros cuentos fantásticos, de Guy de Maupassant.


Duda
6 de octubre de 2008



Siempre me he preguntado -y ahora más- si un poeta es verdaderamente un escritor.

 


Dictado
5 de octubre de 2008


"El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa, nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado. El buen escritor nunca recurre a una Fundación. Está demasiado ocupado escribiendo algo. Si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica. El buen arte puede ser producido por ladrones, contrabandistas de licores o cuatreros. La gente realmente teme descubrir exactamente cuántas penurias y pobreza es capaz de soportar. Y a todos les asusta descubrir cuán duros pueden ser. Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos. El éxito es femenino e igual que una mujer: si uno se le humilla, le pasa por encima. De modo, pues, que la mejor manera de tratarla es mostrándole el puño. Entonces tal vez la que se humille será ella".


William Faulkner


A mil besos de profundidad
5 de octubre de 2008


Maestro...

"Dejé a una mujer esperándome.
Me encontré con ella algún tiempo después;
me dijo: -Tus ojos están muertos.
¡Qué es lo que te ha pasado mi amante!

Y como me hablaba con la verdad,
traté de contestarle de igual forma.
-Lo que le haya pasado a mis ojos,
le ha pasado a tu belleza."


La energía de los esclavos
. Leonard Cohen.

 


Leyendo
4 de octubre de 2008

 

"Una vez en un bar, un hombre me preguntó que a qué sabían los libros, 'así, por término medio'. Se me ocurrió una respuesta inmediata, pero no quise hacer que se sintiera totalmente idiota, de modo que hice como que me lo pensaba y al cabo de un rato le contesté: 'Amigo mío, dado el abismo que separa todas tus experiencias de las mías, lo más cerca que te puedo situar de ese sabor tan único es decirte que los libros, así, por término medio, saben a lo mismo que huele el café'."

Firmin, Sam Savage


30 + 7 escalones
4 de octubre de 2008


Me llega por correo electrónico el desaliento de una compañera del Club de Lectura de Trujillo. Este año ha tenido que renunciar a su actividad favorita a causa de una dolencia en las piernas. Los 37 escalones que la separan de nuestras reuniones semanales resultan a menudo infranqueables aunque no se tengan 76 años. No es la única, me consta, que ha sacrificado sus dos horas de amena charla alrededor de los libros por este motivo. La Biblioteca Municipal de Trujillo lleva 22 años encaramada a las barbas de un imperioso palacio, el Pizarro de Aragón, que no le pertenece. Mejor la cultura andaría a ras de suelo, donde los libros saben a la vida y la vida es aún mejor que un libro. Un recinto -preferimos- bajo, sin anchuras de historia, sin blasón y sin candado, una casa de todos a la altura de todos.

Y ahora ella:

"Treinta escalones, más siete en la calle para acceder al edificio, son los que hay que subir para ir a la biblioteca municipal de Trujillo. Soy jubilada y tengo problemas en las rodillas de modo que no puedo acudir al club de lectura del que formo parte desde su inicio y tengo que resignarme a no poder ir. ¿Cuantos trujillanos estarán en mi situación?

Me dicen que tienen proyecto para nueva biblioteca???
!Qué cosas Señor!"



Desasosiego
2 de octubre de 2008


Que no cunda el pánico hermanos, compañeros literatos, poetas afines, todos y todas... pero sabed cuanto antes que, pulsando este botón, tendréis a vuestro alcance el Livro do desassossego completo, con toda su verdad y su ironía, con todas sus comas y acentos a punto de despeñarse por vuestra imprensora. 251 páginas reducidas a píxeles. El talento de Pessoa apresado en un sólo click, como dicen ahora. Así es el progreso. Una de cal y dos de arena. La tradución es de Ángel Crespo.

 

desasosiego


Respuesta de Pessoa:
2 de octubre de 2008

 

"Nadie me reconoció bajo la máscara de la igualdad, ni advirtió nunca nadie que era una máscara lo que tenía, porque nadie sabía que en este mundo hay enmascarados. Nadie supuso que a mi lado hubiese siempre otro, otro que, al fin de cuentas, era yo..."

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego


El que no está
2 de octubre de 2008

 

Sobre la tibia loma que cada mañana se hunde en el Sena, leyendo a Celan.
Frente al desnudo silencioso de tu cuerpo en una habitación desconocida, sonriendo...
En las primeras mesas del Café Central, tarareando con Chano Domínguez La Tarara.
En Nueva York, seguramente huyendo de la urbe hacia el Hudson por ver morir la tarde.
En una taberna de Innisfree, apagando las velas que el amor dejó sobre la mesa, imposible.
Volviendo del mar, una mañana de diciembre tergiversada de ardores y esperanzas.
En un local de ensayo a las afueras de cualquier ciudad, orgulloso y feliz entre amigos.
Junto a la tumba de Martín Romero, en Zafra, para seguir leyendo a Costrafreda.
Y en tantos otros lugares, en fin, que no alcanzo a imaginar, que sólo habita el destino.

Allí, donde me esperan, soy el que no está.


Octubre
1 de octubre de 2008


Comencemos cuanto antes. Un poco de música, por favor.

 


(Por cierto, esta canción de los míticos Talk Talk incluye uno de los mejores solos de guitarra
que he oído en mi vida, obra -como casi todo lo demás- de Mark Hollis)

 


 

Universos paralelos:

 


Otros mundos:




Escaparate de venenos

Me acuerdo
(1999)
El largo andar
tan breve

(2003)
El viento y
las brasas

(2004)
El proyector
de sombras

(2005)
Cuatro poetas
en un tobogán

(2006)

 

 

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