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Mayo 2005




Octubre
1 de octubre de 2008


Comencemos cuanto antes. Un poco de música, por favor.

 

 


Ave maría
30 de septiembre de 2008

 

Vuelve a reir con la tristeza
de mi alma, vuelve a temblar
en mis pulmones con orgullo.

Acoge así mi soledad,
extraña flor que no te alejas
de mi vuelo, que es el tuyo.



La vida
26 de septiembre de 2008

 

Esta semana ha sido de órdago. No recordaba tanto trasiego, tantos frentes abiertos a la vez, tanta responsabilidad sobre los hombros. Será que uno ya va siendo mayor y el cuerpo se resiente. (¡Maldita juventud, cómo te escapas!)

El lunes, después de un jornada completita en la oficina, viajé a Valdecaballeros para presentar la Campaña de Animación a la Lectura en la biblioteca municipal.

El martes, bien temprano, volaba por los cerros de la Sierra de Gata donde me entrevisté con los alcaldes de Eljas, Gata y Torrecilla de los Ángeles, cada uno, claro, en su respectivas localidades. En Eljas conocí a la gestora cultural de la Mancomunidad y aún tuve que cancelar una entrevista por falta de tiempo.

El miércoles, jornada de ocho a tres y volando para Trujillo: club de lectura, té y simpatía. Les entrego Ébano, de Kapuscinski.

El jueves, en la oficina, rematamos a ritmo frenético las cuestiones del día siguiente. A las 17´15 h. ya tenía una reunión -informal, pero de trabajo- con un compañero. De allí directamente a la reunión con el club de lectura de Mérida. Este año se han sumado siete participantes, con lo que ya formamos un grupo -sin contar la "población flotante"- de más de treinta miembros en las sesiones de los jueves. Por fortuna, el libro de Benedetti no plantea -al igual que toda su obra- grandes riesgos. Les hago leer a cada uno en voz alta el poema que más les ha gustado de El amor, las mujeres y la vida y los vamos comentando entre todos. Como era de esperar, cada cual ha encontrado su poema aplicando una interpretación propia, y elabora, ahora para todos, sus conclusiones personales. Es curioso como éstas, en la mayoría de los casos, resultan ser argumentos de defensa, protecciones contra el verso y su indistinta carga emotiva. Cuando hasta los lectores más reacios a la poesía confiesan que Mario Benedetti les ha parecido un "excelente poeta", me permito confesarles que a mí, en realidad, Benedetti ni fú ni fá, que está bien, pero que no. Lo importante es que el objetivo se ha cumplido y se han dejado seducir, una vez más, por el lenguaje poético.

El viernes, para rematar la semanita, estaba a las ocho de la mañana plantado frente a la puerta -cerrada- del Teatro López de Ayala de Badajoz. En unas horas, tendría lugar la IV Jornada Hispano-lusa de Análisis de Gestión Cultural que hemos organizado desde la Asociación de Gestores Culturales de Extremadura. Todo ha salido bien y las intervenciones han propiciado intensos debates entre participantes y ponentes. Recogida de materiales, comida en el Zurbarán y volando a casita.

He llegado a Mérida a las 18´30 h. Mi cabeza parece una central nuclear. Me río yo del estress. Ni tiempo me queda para tales síntomas. Lo que yo tengo es cansancio. Y como el sueño me da alergia, sólo encuentro fuerzas para prepararme un buen baño y cerrar los ojos escuchando a Pergolessi.

19´33 h. Me he tumbado en el sofá y aquí me he quedado, con la mirada clavada en el techo y sin ganas de leer una sola línea.


Dentro de mí
24 de septiembre de 2008


Hay un hombre que habita mi sombra y calza mi cansancio.
Hay un muerto que llama a otros muertos y espera una respuesta.
Hay un idiota insatisfecho que aún cree en las buenas acciones.
Hay un asesino -cruel, meticuloso, impenitente- que sabe esperar.
Hay un mártir con lágrimas de cera en la recámara de mi pensamiento.
Hay un déspota ilustrado, un soberbio feroz, un cacique necesario.
Hay un ciudadano sin derechos, un aqualung maleante, un escombro.
Hay un músico tenaz que engarza palabras y corcheas al anochecer.
Hay un príncipe anarquista, un kamikace burgués, un peón de arrastre.
Hay un payaso que ofrece su margarita a la risa del viento.
Hay un amante que estrecha el cuerpo que nunca ha sido suyo.
Hay un padre que entrega su abrazo y vela otros sueños.
Hay un hijo sin lágrimas que besa el cadáver de su padre vivo.

El poeta los conoce a todos.


El sueño de Noé
24 de septiembre de 2008


Acabo de despertar y sigue oliendo a tierra mojada.


Palabra de artista
23 de septiembre de 2008

 

"Canciones que todavía no existen" por Santiago Auserón

 

"Con la última década del pasado siglo, la sociedad española iniciaba un giro de signo muy distinto a los cambios que durante la transición permitieron llenar el aire de nuevas canciones. Las marcas comerciales se adueñaban del deseo de ser o parecer rockero, mientras el poder orientaba con deliberación sus consignas hacia la pasión por el deporte. Toda una generación de deportistas españoles sube hoy a lo más alto del podio, el deporte se ha convertido en gran empresa pública. Las canciones entretanto han perdido todo afán de originalidad, forzadas por el cálculo de audiencia en los medios. Los jóvenes hacen cola para probar el estrellato, listos para soportar cualquier humillación, siempre y cuando sea ante las cámaras, con la bendición de sus padres. Los concursos televisivos de canto proliferan, mientras el repertorio se limita a la repetición estéril. La pasión por el deporte -el amor popular a sus ídolos quemados en pocos años- y la banalización comercial de las canciones parecen responder a un mismo patrón ético que no resulta ser ni musical ni deportivo. En la Grecia antigua la música compartía con la educación física la responsabilidad de formar buenos ciudadanos. ¿En manos de qué oscuro sentido del bien común han cedido una y otra sus valores?

Los adolescentes intentan escribir nuevas canciones, pero la sociedad mediática les da la espalda, atenta sólo al estribillo conocido. El público educado por el rock envejece llenando festivales de jazz. La música de improvisación se ha hecho merecedora de reconocimiento por aunar la tradición afroamericana con el flamenco, pero necesita nuevas canciones para no repetir siempre la misma copla. Una buena canción no nace del talento solitario, sino de una trama de implícitos renovados por el ingenio popular, cuando se opone al chiste recurrente. La canción pone en juego una modalidad de inteligencia que pocas veces se desarrolla en las aulas, nunca entre los que especulan con el suelo o la audiencia pública. Estamos ante un serio problema educativo. La excusa para frenar la cultura heredada de los sesenta es la supuesta tendencia de los jóvenes a confundir música y vicio. Suposición errónea, si atendemos a la generalización de la corrupción en otras capas de la sociedad. La cultura del rendimiento forzoso se parece mucho al uso de estímulos artificiales. Lo que se teme de los jóvenes no es tanto la formación de malos hábitos, más propios de los adultos, sino la capacidad de concebir algún valor que no se reduzca a mercancía. La educación musical no solamente influye en el sentido de las proporciones, como decían los antiguos griegos, sino que nos convierte en testigos y artífices de vínculos que ningún programa político recoge. Sin buenas canciones los especuladores triunfan, pero los deportistas no saben qué entonar en sus celebraciones. Los humoristas se ponen pesados, las artes y las letras se quedan sin un aliado imprescindible. Los políticos imponen su visión restringida de lenguas y naciones, la sociedad entera sufre una carencia de aire fresco, de ganas de inventarse.

¿Se imaginan un país en el que se pusiera de moda renunciar a toda forma de beneficio poco honesto, donde el machismo no se cobrase una sola víctima, donde las diversas comunidades y lenguas se exigiesen unas a otras lo mejor de sí mismas, en vez de replegarse sobre un sacrosanto simulacro de identidad? Ese país sólo existe en las canciones. En las canciones que todavía no existen. Pero es el único que reconozco como propio".


Santiago Auserón (Zaragoza, 1954)
El País, Babelia, 20/09/2008

 


ONE
22 de septiembre de 2008

 


Si tuviera que elegir una canción que definiera la década de los noventa, no dudaría en señalar One de U2. No encuentro mejor estandarte para una década confusa en lo musical y convulsa en casi todo lo demás. Los 90´s nos trajeron el grunge, los Simpson e Internet, entre otros remedios de fin de siglo. Recuerdo que la primera noticia que recibimos por Internet fue el accidente de Diana de Gales. Y quizá el disco que asentó los moldes musicales, comerciales, tecnológicos y estéticos de un lustro tan poco ilustre como aquel fue el Atching Baby (1991) de los irlandeses. Grabado en Berlín y producido por Daniel Lanois, con la aportación "conceptual" de Brian Eno en materia de atmósferas y texturas, el disco supuso la resurreción creativa de una banda abocada a morir de éxito. El triple salto mortal, vamos: cambio de imagen, una nueva orientación musical (que incorpora sonidos electrónicos y bases pregrabadas) y una decidida apuesta por reinventar el concepto de Arte que ya se refleja en la portada y el diseño interior del disco pero que alcanzaría su máxima expresión y espectacularidad con la gira mundial Zoo Tv Tour.

Centrándonos en la canción, One es básicamente una composición perfecta. Un medio tiempo arrebatador que atrapa al oyente desde los primeros compases, zarandeando sin tregua sus emociones y esperanzas. Sobre un sencillo ritmo de 4/4, Bono nos ofrece una salmodia acerca de los estragos de una relación sentimental en estado crítico (su propio matrimonio) dejando la puerta abierta a otras interpretaciones; éstas van desde lo bíblico (¡cómo no!); la conciencia de la enfermedad (SIDA) en una relación de dependencia; hasta el inevitable contexto de una tragedia filial ("One life. One blood"; "Sisters" "Brohers"...). Algunas de las imágenes expuestas por el cantante son realmente buenas: "¿Has venido buscando el perdón? ¿Has venido para resucitar a los muertos? ¿Has venido a jugar a ser Jesús con los leprosos de tu imaginación?" (...) "Nada me diste y ahora es todo lo que tengo" (...) "El amor es un templo. El amor es Ley Divina. Me pides que entre y luego haces que me arrastre. Pero no puedo seguir aferrándome a lo que tienes, cuando sólo tienes dolor".

La estructura compositiva de la canción recae sobre un The Edge iluminado que cruza mil y un acordes con su guitarra, haciéndola susurrar en cada estrofa, gruñendo en voz baja, sin llegar a imponerse (muy acertadamente se prescinde aquí del esperado solo) pero sosteniendo sin descanso los cimientos del enorme edificio sonoro en que la canción acaba convirtiéndose. El crescendo final, pone los pelos de punta.

Las posteriores revisiones de la canción, ya convertida en himno, no han conseguido igualar la grandeza del original:

 


 


Algunos libros
20 de septiembre de 2008

 

Antes de que el torbellino de los clubes me lleve por delante, me apresuro a terminar la lectura de tres libros que, cada uno a su modo, me han conducido a otras lecturas y relecturas igualmente interesantes.

 

"El hombre del salto" (Seix Barral)
Don DeLillo.

Tremebunda cartografía emocional del desastre del 11-S a cargo de uno de los novelistas norteamericanos más audaces de nuestro tiempo. Ideal si se conjuga su lectura -a modo de bálsamo- con el magnífico prólogo de José Jiménez a su libro "El ángel caído" (Galaxia Gutemberg) reeditado el pasado año.

"Cultura y melancolía. Las enfermedades del alma en la España del Siglo de Oro". Roger Bartra.

La bestia arcana de la melancolía extiende sus tentáculos más allá de toda época, sin distinción de clases ni culturas, dejándonos a cambio una excelente y abultada bibliografía de la que no sólo los poetas son conocedores: médicos, músicos, filósofos y otras criaturas de buena fe han sido atenazados por la bilis negra, sin desestimar a las víctimas del morbo erótico en cualquier época y lugar. Irresistible. Su sintomatología, reducida ahora al ámbito -no menos oscuro- de la creación poética, podemos rastrearla en el excelente ensayo "El poema envenenado" (Pre-textos, 2008) de Ramón Santamaría.


"El mundo de ayer. Memorias de un europeo".
Stefan Sweig.

Sin lugar a dudas, la radiografía de un siglo y la partida de defunción de toda una época. Indispensable. El relato vivencial de Sweig, con su definitivo desencanto, encuentra un último alivio en las Cuatro últimas canciones (Vier letzte Lieder) de Richard Strauss sobre poemas de Hermann Hesse. No en vano, el autor de Así hablo Zarathustra se negó a eliminar el nombre de Zweig como libretista del cartel de su obra Die Schweigsame Frau ("La mujer Silenciosa"), lo que provocó que el propio Hitler rehusara asistir al estreno como estaba planeado y que la obra fuera prohibida tras sólo tres representaciones.

 

 

 

 


Lázaros
19 de septiembre de 2008

 

No faltan los días en que aparece descrito el mundo en unas pocas páginas. Leemos con fruición a Homero, a Virgilio, a Pavese o a Zweig... y esos mundos, tan distantes, nos resultan familiares, concentrados, y a la vez sólo posibles, en la medida de su afirmación, al inscribirse en otro tiempo rigurosamente exacto al nuestro: el tiempo de la memoria. ¿En qué grado memoria y presente se funden en el texto? Nunca lograremos descifrar este misterio. Cada vez que escribimos, cada vez que leemos, agitamos un crótalo infinito de voces y cadencias de otro tiempo que resuenan dentro de nosotros. El plagio, incluso el plagio a la hora de la lectura, resulta inevitable pues la historia se plagia a sí misma y la emoción -porque hablamos de emociones- circula contenida y secreta de un cauce a otro, de un libro a otro libro por el mar de la escritura. Como las venas de una hoja, como los nervios en las alas de una mariposa atrapada en su vuelo, cada palabra aguarda su función. La palabra, que está viva y muerta al mismo tiempo. La palabra. Con todo, la experiencia se encargará de ofrecernos esas pocas páginas necesarias que cuestionan -nada hay más peligroso que una emoción- la falsa realidad que nos rodea. El mundo, por su parte, andará empeñado en deshacerlas, borrarlas, alejarlas de nosotros primando unas sobre otras: son las falsas señales del lenguaje, terminología pragmática, poco más. Leer es despertar de su sueño realidades adormecidas, difusas pero latentes. Así, el lector es ese Lázaro que echa a andar cuando resuenan en su interior las palabras acordadas. El gesto recobrado de una luz que no se extingue y que ilumina de nuevo su camino.

 


Win Mertens: Lir, de Maximizing the audience (1984)

 


La inquietante sonrisa de la abuela
17 de septiembre de 2008

Para Jaime R.


Y todo lo daremos a cambio de la inquietante sonrisa de la abuela allá en su mecedora, junto al fuego. Todo: también el vértigo del salto, la huida a medianoche, los labios abrasados. Con las manos untadas de carmín o de rocío avanzaremos -con luna o sin ella- hacia el instante preciso, hacia el precioso instante de la ofrenda. Qué envidia de dioses terrenales o celestes. Qué insana adoración de lo fugaz irrepetible. Aúlla el lobo bajo el celaje de estrellas y la Osa tiembla, altanera y pudorosa: habrá de contemplar un nuevo sacrificio, cómo se ofrecen -por ella guiadas- dos sombras sin almas, dos furtivas soledades al débito del tiempo y lo vencen. Ya late el corazón tras la camisa abierta. Ya tiembla el pecho firme, desatado y generoso. Otras lunas, otros brazos seguirán a éstos, y a cada cual su tiempo alcanzará y a cada cual su mansedumbre.

Los años como un sueño habrán pasado. Los nietos -qué importa cuales o de quién- al decaer la velada, con la última uva aún en los labios, besarán la frente marchita, las débiles muñecas, las manos silenciosas y torpes. Una mueca inquietante y lejana alumbrará en el arrugado rostro de la anciana. Pensarán -con qué ingenua piedad- que ya no les escucha. En alto brindarán las copas por el nuevo año. Todas, menos una.

Dueños de su silencio, observarán la escena dos ojos consumidos. Y sonreirá la abuela allá en su mecedora, junto al fuego.

 


Rondó
15 de septiembre de 2008

 

Oíd qué dulcemente ha entrado el otoño en las sembradas cavernas del corazón:


 


Genesis o la caja de música
14 de septiembre de 2008



Genesis es una de mis pesadillas más recurrentes; sigue siendo un placer enredarse en los mil y un matices de álbumes como Nursery Crime, The Lamb Lies Down on Broadway o Wind & withering. Los escuché muy temprano, aún en el colegio. Las tardes de septiembre (cuando entonces era otoño en septiembre) se iluminaban y extendían a través de los surcos y las portadas de la banda británica, antes de su asalto definitivo al pop de los ochenta. Tras una primera etapa -embrionaria- de coletazos pop faltos aún de la dirección adecuada (el recomendable From Genesis to Revelations), el sonido Genesis comienza a perfilarse en Trespass (1970), pero serán dueños de su potencial creativo (musical y teatral) a partir de Nursery Crime (1971). Es entonces cuando Peter Gabriel comienza a desplegar todo su mundo de referencias literarias (de Lewis Carroll a Wilde, de la mitología griega a Eliot), y se lanza a teatralizar las complejas letras que escribe. Piezas del calibre de The Musical box, The Return of the Giant Hogweed o Fountain Of Salmacis, requerirán en sus interpretaciones en directo elevadas dosis de dramatismo e imaginación; para ello, Gabriel no dudará en disfrazarse y volar -literalmente- por encima del público. Todo esto, unido a una técnica compositiva exquisita (con el guitarrista Steve Hackett en permanente estado de gracia) y una solvencia técnica siempre al servicio de la idea (y no al revés), elevó muy pronto a la banda a una nueva categoría: la de los supergrupos sinfónicos del momento. Situados ya en esa primera liga de honor, cada nuevo lanzamiento de la banda, cada nueva gira, supondría una vuelta de tuerca más al enrevesado mundo interior de Gabriel. En ese clima de constante superación, la banda entrega dos obras maestras: Foxtrot (1972) y Selling England by the pounds (1973), antes de caer rendidos a la megalomanía inherente al género, el denso, retorcido y maravilloso The Lamb Lies Down on Broadway (1974), tras el cual Gabriel decide abandonar, en pleno éxito, a la banda. Este primer período de crisis interna (no sería el primero ni, por supuesto, el último) obliga a la banda a buscar un sustituto. La historia es bien conocida: tras más de cuatrocientas audiciones a diversos cantantes, el batería Phil Collins se ofrece a interpretar las míticas canciones de Gabriel y a llevar, con sus gracias y chistes, las riendas de una nueva etapa creativa. Etapa que, para sorpresa de propios y extraños, arranca con otra obra deliciosa. A Trick of the Tail (1976) supondrá la evolución "natural" de una banda que parece no conocer límites a su creatividad. Este nuevo trabajo, cantado íntegramente por Collins, esconde algunas de las composiciones más representativas del sonido Genesis (Dance of a volcano, Los Endos) junto a piezas semiacústicas, menos complejas pero igualmente elaboradas (Ripples, Entangled). El creciente protagonismo de Collins, y los primeros estertores de la fiebre pre-punk que se avecina, son sólo algunas de las causas "oficiales" que sirven para explicar que el siguiente trabajo, el crepuscular Wind & Wuthering (1977) fuera la última obra maestra de los británicos. En este trabajo, Hackett asume el peso creativo de las composiciones, lo que generará conflictos con el resto de miembros de la banda, que ya buscan un sonido más comercial con el que salir del estado de confusión producido por el agotamiento del sinfonismo y las sacudidas del Punk. El directo Seconds Outs vendría a confirmar que el poder de la banda en directo seguía intacto, reforzando la base rítimica con los baterías Bill Bruford (Yes, King Crimson...) o Chester Thompson (Weather Report, Frank Zappa...). Las interpretaciones de esa época de temas como The cinema show, Firth Of Fifth, Los Endos, Afterglow... consolidarán la fama de Genesis como grupo apabullante en directo. .

Pero aquí acaba la historia, al menos para mí. Confieso que los Genesis de finales de los setenta hasta nuestros días, me producen una mezcla de aburrimiento y exasperación: Discos como And Then There Were Three (1978), Duke (1980), o Abacab (1986) con su éxito predecible y sus bobas creaciones del tipo Turn It On Again, Tonight, tonight, tonight, We can´t dance o baladitas como Into the deep y Home by the sea no hacen sino confirmar que el talento se perdió definitivamente con la marcha de Hackett. Y es que la realidad es dura de roer: Phil Collins (el Peter Pan del rock), con ser un soberbio baterista (adoro su trabajo con Brand X), un empalagoso productor (August, de Clapton es un buen ejemplo de mal gusto) y un inaguantable actor (Buster, el robo del siglo), es alguien muy distinto a aquel músico que un día, ya muy lejano, me hizo soñar con las canciones de A Trick of the Tail o estremecerme con sus endiablados duelos de batería junto a Bill Bruford y Chester Thompson.

Cuesta creer que el hombre que canta en la banda sonora del Tarzán de Disney y el inquieto baterista que aporrea los tambores tras la sombra de Peter Gabriel sean la misma persona. Una vez más, todo es posible en Wonderland.

 


The musical box, Genesis

 


Dancing with the moonlit knight, Genesis

 


Un caballero observa desde la tierra baldía
14 de septiembre de 2008

 

"¿Puedes decirme dónde está mi país?"
Preguntó el unifauno a los ojos de su amada
"¡Está conmigo!", gritó la Reina del Quizás

Dancing with the moonlit knight, Genesis

 


A la hora violeta, cuando los ojos y la espalda
se alzan del escritorio, cuando el motor humano espera
como un taxímetro espera palpitando,
yo, Tiresias, aunque ciego, palpitando entre dos vidas,
viejo con arrugados senos de mujer, puedo ver
a la hora violeta, esa hora del atardecer que nos empuja
hacia el hogar y envía del mar a casa al marinero,
la mecanógrafa, ya en casa a la hora del té,
levanta la mesa del desayuno, enciende
su estufa y prepara su comida de conservas.

Colgadas fuera de la ventana están puestas a secar
sus combinaciones acariciadas por los postreros rayos del sol,
sobre el diván (que por la noche le sirve de cama)
hay apilados medias, zapatillas, camisas y sostenes.
Yo, Tiresias, un viejo de tetas arrugadas
vi la escena, y predije el resto —
yo también esperaba al huésped previsto.
Él, un joven carbuncular, llega,
es un empleadillo cualquiera, de mirada atrevida,
uno de esos sujetos cuyo empaque le sienta
como una chistera sobre un millionario de Bradford.
El momento es propicio, como él esperaba,

La cena ha terminado, ella está aburrida y cansada,
él trata de excitarla con caricias
que aun cuando son irreprochables, no son deseadas.
Sonrojado y decidido, él empieza el asalto;
sus manos exploradoras no encuentran resistencia;
su vanidad no necesita respuesta,
y hasta acoge bien su indiferencia.
(Y yo, Tiresias, preví, sufriendo,
todo lo que ocurrió en este mismo diván o cama;
yo, que estuve sentado bajo los muros de Tebas
y anduve por el infierno de los muertos.)

Él le otorga un último beso protector,
y baja a tientas por la oscura escalera...

Ella se vuelve y se mira un momento en el espejo,
sin advertir que su amante ya no está;
su cerebro formula un vago pensamiento:
«Bueno, el asunto terminó ya, y me alegro que así sea».
Cuando una mujer adorable comete tales locuras
y luego vuelve a pasearse sola por su cuarto,
se alisa el pelo con mano automática
y pone un disco en el gramófono.

 

T.S. Eliot, The wasted land



 



Álvaro Valverde
12 de septiembre de 2008



Muchos de los que hoy escribimos poesía en esta región encontramos en la obra de Álvaro Valverde un sólido estímulo humano y literario que lleva décadas confirmando su excelente vitalidad en numerosos poemarios, todos ellos reconocidos por el público y la crítica especializada. Por eso, cuando hace seis años Valverde fue nombrado coordinador del Plan de Fomento de la Lectura en Extremadura, muchas cosas empezaron a cambiar en nuestra región en el siempre difícil panorama de la animación a la lectura. Su visión al frente del PFL permitió por vez primera asumir la problemática desde dentro, actuando en los diversos ámbitos que rodean al libro y la lectura (léase creación literaria, sector editorial, centros de enseñanza, medios de comunicación, etc...) y consiguiendo el apoyo de instituciones tanto públicas como privadas.

Por esos años, Valverde fue -conviene recordarlo- pieza clave en la gestión y el desarrollo del I Congreso Nacional de la Lectura celebrado en Cáceres en mayo de 2005 y que fijó las bases sobre las que hoy se plantean ideas y proyectos de diversa índole. Valverde ha dedicado a la Consejería de Cultura su tiempo, esfuerzo y experiencia en programas como Estacion Cultura, Expotren, Recetas de Lectura o el desarrollo de la exposición "Extremadura en sus páginas. Del papel a la web" sin que ello, por decirlo llanamente, fuera un requerimiento contractual. Sencillamente, su larga trayectoria avalaba estos proyectos además de garantizar la participación de numerosos escritores y especialistas a los que, de otro modo, hubiera sido bien difícil implicar.

Tras el fallecimiento del inolvidable Fernando Tomás Pérez, Valverde fue nombrado director de la Editora Regional y su apuesta desde el principio consistió en continuar la labor emprendida por su sucesor. Al frente de la ERE Valverde no sólo ha reafirmado la línea de exigencia establecida (en cuestión de la calidad literaria y el valor cultural y social de las obras publicadas) sino que ha conseguido, con pericia y sacrificio, abrir tres nuevas colecciones (Viajeros y estables, Editora de Bosillo y Plural); mantener planteamientos poco rentables como la colección de facsímiles La Biblioteca de Barcarrota; respaldar abiertamente géneros minoritarios como el ensayo y la poesía, y dar cabida a autores noveles que, de otra manera, hubieran encontrado aún más difícil su acceso al mundo editorial. Decisiones fundamentadas, todas ellas, en la calidad literaria de los textos. Y es que esto, ya se sabe, es requisito que muchos no entienden o no están dispuestos a cumplir. Ingrata tarea, desde luego.

Sólo cabe esperar a que el tiempo (siempre lo acaba haciendo) nos demuestre una vez más que el trabajo bien hecho tarde o temprano alcanza su fruto, y que los libros -al fin y al cabo será lo que tengamos- quedarán siempre ahí, para quien quiera asomarse a ellos, ajenos por completo a las efímeras y banales circunstancias de nuestra época.




Nightnoise
2 de septiembre de 2008

 

Nitghtnoise ha sido, para muchos de nosotros, la mejor banda folk de los ochenta y noventa. Su mezcla de música de raíz, entre culta y popular, un leve aroma jazzy y una amplía voluntad de ir siempre más allá, pronto les permitió desmarcarse de los planteamientos de la Nueva Era de comienzos de los ochenta (no en vano, la banda firmó durante toda su existencia con el sello Windhan Hill, nave pionera del movimiento new age).

Nacidos como proyecto de colaboración entre el violinista estadounidense Billy Oskay y el guitarrista irlandes Micheal O'Dohmnaill, crearon un disco de referencia: Nightnoise (1984) que sentó las bases de su sonido, aunque no definió la dirección a seguir. Pronto vinieron los cambios. Tres años después, la banda se rearmó con la entrada de la hermana de Michael, la pianista y vocalista Tríona Ní Dohmnaill (Skara Brae, Relativity, Bothy Band); y el flautista irlandes-estadounidense Brian Dunning. Firmaron otra obra maestra, Something of Time (1987) que, ahora sí, permitía aventurar un planteamiento mucho más ambicioso, vinculado a la capacidad técnica de cada uno de sus miembros pero conservando intacta la esencia camerística y reposada de su primera obra. Con la entrada del violinista escocés Johnny Cunningham en sustitición de Oskay, la banda orientó su sonido aún más hacia la música celta de origen irlandés. Los álbumes Shadow of Time en 1994 y A Different Shore en 1995, se vieron coronados por un éxito de crítica y público que los situó en primera línea del panorama músical internacional. LAs colaboraciones, proyectos paralelos y requerimientos artísticos de diversa índole no se hicieron esperar, prolongando -tal vez demasiado- la aparición de nuevo material inédito. En 1997 entregaron su único disco en directo, el emblemático The White Horse Sessions. Nighnoise como banda había dado lo mejor de sí, y aunque la ruptura definitiva nunca se hizo oficial, hoy podemos apreciar hasta qué punto la química entre estos cuatro músicos, sobre todo en el escenario, hacia de ellos un referente de calidad y creatividad como pocas se ha podido encontrar. No firmaron un disco malo. Y nos quedamos con eso, con el sabor de esa alquimia celeste que pronto aprendimos a amar y a conservar como un manjar inesperado y siempre delicioso.

Buena muestra de ello es esta apasionante versión del clásico Moondance de Van Morrison:

 

 

Esta misma tarde, rastreando algunos datos en la Red, he tenido noticia de la muerte de dos de sus miembros: Johnny Cunningham, de un ataque al corazón en 2003 y Micheal O'Dohmnaill hace dos años. Tenían 46 y 54 años respectivamente. Sirvan estas breves líneas de homenaje a unos músicos que durante tantos años nos han hecho tocar el cielo con los dedos.

 


Ladrillo a ladrillo
1 de septiembre de 2008

 

Ladrillo a ladrillo se construye este refugio. Con sosiego va mezclándose la arena de los días con la argamasa febril de las apariciones que sustentan mi equilibrio. Piedra sobre piedra, palabra tras palabra. Es necesaria la paciencia de quien requiere solamente un franco mirador desde el que contemplar -sin miedo ni falsas esperanzas- el cielo abierto, la tarde desterrada, la eterna noche del alma. No concibo otra ambición que dar sentido a la duda afirmándome en la sorpresa cotidiana y el milagro de cada día. Con mimo adecento esta trinchera. Me entrego a la tarea de ordenar los asuntos que van saliendo al paso; recojo del mundo voces y sonidos que no me pertenecen pero son yo mismo; aquí los traigo (miradas sin manual, palabras sin destino...), los dejo hablar, hablar... Y así quedan, expuestos sobre esta humilde ventana, embellecidos tal vez por un rígido afán de camuflaje. No me interesa la verdad. He comprendido la fatuidad de cuanto aspira a ser útil. Con gratitud ofrezco estas palabras como el que riega una flor que no encuentra raíces más allá de lo invisible.

 


Primera tentativa de respuesta
31 de agosto de 2008



Viajo en el tren camino de Azuqueca de Henares. Mañana he dar una conferencia en la Biblioteca Almudena Grandes acerca de la lectura. El título de las jornadas no puede ser más provocador: "La lectura es un riesgo... Atrévete", reza el programa de mano que a estas horas obra en poder de los participantes. Pero yo sigo aquí, en el tren, y aún no conozco el lema elegido. Llevo entre mis papeles el artículo de Luisgé Martín aparecido este sábado en Babelia, de título no menos incendiario: "¿Leer sirve para algo bueno?".

El tren araña con desgana el árido corazón de la península. Me entrego a la relectura de "En el bosque del espejo" de Alberto Manguel. Frente a mí está sentado un hombre de unos cuarenta y tantos años que lee "La isla inaudita" de Eduardo Mendoza; a su lado, una joven devora un libro de autoayuda: "Delega. Un modelo para crear equipos de alto rendimiento" de Donna M. Genett. A mi derecha, una señora de aspecto cansado mira resignada a todas partes. Nadie habla en el vagón.

El hombre sentado en frente de mí no viaja, en realidad, con nosotros; se encuentra ya en Venecia, atrapado en la piel y los recuerdos de Fábregas, el protagonista de la novela que lleva horas protagonizando. La joven adopta, a ratos, una vaga expresión de arrepentimiento, como asumiendo errores de estrategia, mientras sus ojos caen una y otra vez sobra la página con la voracidad de un capataz insomne y despiadado que halla ante sí la fórmula precisa con la que rentabilizar sus vanos esfuerzos. Yo, por mi parte, escojo algunos párrafos de Manguel para fortalecer con ideas y experiencias ajenas mis inseguridades de última hora acerca de la lectura y los libros. La señora sigue mirando ensimismada la nada circundante.

Me pregunto: ¿es menos feliz por ello? ¿Es más feliz ? ¿Se cuestiona, al menos, si es feliz o no?

Por fortuna, su bienestar o su desgracia no dependen de algo tan íntimo e inestable como un libro. Ella es su circunstancia. No busca huir, como el lector de Mendoza, a una hermosa ciudad semihundida para rescatar sus pasiones y pesadillas interiores; no precisa tampoco ayuda exterior para organizar su vida, sus trayectos y objetivos. No lanza preguntas ni exige respuestas. No se cuestiona a sí misma. Simplemente va de un lugar a otro.

La mujer suspira con amable desgana, mira su reloj, habla por teléfono, vuelve a suspirar. Tal vez -se me ocurre- esta mujer sea tan dichosa -es decir, esté consigo misma tan precariamente plena y conforme- como cada uno de nosotros. Aún más que cualquiera de nosotros, pues ha elegido en todo momento depender de sí misma.

Pero es posible, también, que esta señora haya perdido, si alguna vez la tuvo, la voluntad de participar en las decisiones de su municipio, de su comunidad o de su propio hogar. Seguramente acate con callada indignación los vaivenes de la Bolsa, los caprichos de la moda y las múltiples trampas de su época; no espera comprender otros mundos, otras realidades que puedan resultarle inútiles o lejanas. Seguramente vote, resignada, el mal menor; probablemente encienda el televisor a la hora del partido que no verá pero la calma infinitamente, como un silencio de siglos, dolorido y triste. Es más que probable que, cuando las necesitó, no encontrara respuestas a sus emociones, a su cansancio, a sus ilusiones más profundas... Es evidente, en fin, que asume, convencida, la vida que le ha tocado vivir y no la que merece.

Y aún con eso no es mejor ni peor su existencia que la mía.



Bendita incongruencia
27 de agosto de 2008

 

¿Qué extraña, bendita incongruencia es ésta de terminar las vacaciones trabajando; de empezar el trabajo de vacaciones?



JORNADAS DE ANIMACIÓN A LA LECTURA,
Azuqueca de Henares, del 1 al 5 de septiembre de 2008

 


Pasión
27 de agosto de 2008

 

Rodrigo Leao & Adriana Calcanhoto

 


 

Universos paralelos:


Otros mundos:




Escaparate de venenos

Me acuerdo
(1999)
El largo andar
tan breve

(2003)
El viento y
las brasas

(2004)
El proyector
de sombras

(2005)
Cuatro poetas
en un tobogán

(2006)

 

 

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