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Foto: chuty - dc ©


DERIVAS

Mayo 2005

 


De los cuerpos celestes
29 de abril de 2009


Cómo es el choque entre dos planetas, a qué velocidad sucede el cataclismo, qué lenta devastación produce, cuándo se pierde la consciencia del exterminio...

Así el amor.

 

 


Sentir
28 de abril de 2009

 




A casa

Sentir de novo
Aquela dor
A pouco a pouco respirar
Aquele amor que foi
Vivido e esquecido
Em segredo
Como ninguém

Perdoar
Como perdoar
Há tanto tempo que eu queria mudar
Queria voltar
Acordar
Deixar o dia passar devagar
Assim ficar

Sentir de novo
Aquele amor
A pouco a pouco consolar
Aquela dor que foi sentida e sofrida
Em silêncio

Chegar de novo
Sentir o amor
Voltar a casa sem pensar
Deixar a luz entrar
Esquecer aquela mágoa
Sem ter medo
Como ninguém

Encontrar
Poder encontrar
Todas as coisas que eu não soube dar
Saber amar
Perdoar
Saber perdoar
Há tanto tempo que eu queria mudar
Queria voltar
Aceitar
Deixar que o tempo te faça voltar
Saber esperar



Rodrigo Leào: A casa (Canta: Sonia Tavares)

 

 


Ni siquiera palabras
25 de abril de 2009



LA POESÍA

La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
ni siquiera palabras.

Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos.



Eugenio Montejo


Niño Josele: Peace (sobre música de Bill Evans)

 


Comunicaciones
21 de abril de 2009


La multa de tráfico que algún comandante insensato ha hecho llegar hoy a mi buzón es, a todas luces, injusta. Y no por la sanción en sí (la primera que recibo en mi vida) sino por la dudosa fiabilidad del radar: indica que conducía a 137´6 Kmts/h. cuando yo no suelo bajar de 140 Kmts/h.


La casa
19 de abril de 2009

(Stan Getz & Kenny Barron - First song)


Aquella, como todas las casas, era también una mujer. Y una mujer son libros ordenadamente esparcidos aquí y allá acogiéndose al orden milimétrico que dicta el corazón. Una mujer son pájaros que surcan la ebriedad de las palabras, las sentencias del silencio, las rojas corcheas del deseo. Surgen y crepitan en el humo de cada cigarrillo, al fondo de los labios, y ya no encuentran salvación. Mas allí, donde un cráter de espesura anuncia su mandato, callan deliberadamente.

A la mañana, vencidos de inminente nostalgia, caen sobre un colchón de músicas sin fondo, de caricias sin ruido. Así, hasta que encuentran -siempre la hay- una ventana abierta al nuevo día.

Aquella, como todas las casas, era también una mujer.


La posada de las almas
18 de abril de 2009


Recordarás algún día haber estado aquí, sentado en este banco de granito mirando el cielo encapotado y sin saber a dónde ir. Una botella de vino en una mano y un paraguas en la otra son tu único equipaje. Miras a los que pasan y renuncias por igual al poema y a la maldición. Son sólo gotas de lluvia lo que baña tu cara. Finas como astillas.

Enfrente de ti, como una premonición, titubean a ritmo de swing algunas velas encendidas. No podía ser más apropiado el nombre del local: La posada de las almas.


La vieja escuela: Jethro Tull en Mérida
17 de abril de 2009



Existe una ancianidad en el rock, como en el resto de las manifestaciones artísticas. Con mayor o menor fortuna, la experiencia de los años suele traer consigo una invariable calidad artística que, por lo general, aumenta a un ritmo inversamente proporcional al del éxito. Ni siquiera los Stones o Dylan pueden sacudirse ya esta espina, por más que sus últimos trabajos (A bigger bang, Time ouf a mind, Modern times...) contengan todavía apreciables dosis de talento y vigor creativo. Jethro Tull son, qué duda cabe, una de esas instituciones musicales que, como los buenos vinos, han sabido envejecer con una dignidad que muchos otros ni siquiera conocerán. Fue Pete Townsend quien escribió aquello de "espero morir antes de llegar a viejo" y todavía lo vemos ahí, al frente de lo que queda de The Who.

Esta noche, sin embargo, contemplando a un cansado Ian Anderson gruñir sobre su flauta y elevar por enésima vez su figura de pelícano encima de las tablas, uno puede ver, más allá de las legítimas carencias vocales, a un músico que ha hecho del arte su bandera a lo largo de las últimas cuatro décadas. Se dice pronto.

Donde otros ven a un músico empeñado en seguir sacudiéndose el polvo de encima, yo contemplo a un pirata, un viejo lobo de mar que ha acompañado mis largas travesías y ha sabido, a su manera, burlarse del mundo que nos ha tocado vivir.

En Mérida, Anderson ha venido acompañado de Doane Perry (Bateria), David Goodier (bajo), John O'Hara (teclados) y, cómo no, el inseparable Martin Barre (guitarras).

Gracias, Ian, viejo lobo de mar.

 

Foto: Jero Morales/EFE


Las mil posturas del pelícano

Una historia resumida de Jethro Tull (o mi vida en seis actos):



Y una más de propina:


Stormwatch (1978)

 


El cazador de instantes
15 de abril de 2009


Una de las formas de posesión más destructoras es presumir el conocimiento del otro. Te conozco como a mí mismo: en el momento en que pronuncia estas palabras, el amante miente con respecto a su capacidad de conocer, aniquila el misterio que hubiera debido preservar y dicta sentencia de muerte contra el amor que cree haber conseguido.

Rafael Argullol


Semana Santa
12 de abril de 2009

 


Cuando la publicidad y el arte coinciden:
6 de abril de 2009




El laboratorio
3 de abril de 2009

 

01. El Cartero de Neruda, de Antonio Skármeta
02. La vieja sirena, de José Luis Sampedro
03. Seda, de Alessandro Baricco
04. Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi
05. La voz dormida, de Dulce Chacón
06. Odas de Ricardo Reis, de Fernando Pessoa
07. La Celestina, de Fernando de Rojas
08. Memorias de Adriano, de Margaritte Yourcenar
09. Canto a mí mismo, de Walt Whitman
10. El año de la muerte de Ricardo Reis, de José Saramago
11. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde
12. Poesía Completa, de Konstantino Kavafis
13. Calígula, de Albert Camus
14. Canciones, de Leonard Cohen
15. La metamorfosis, de Franz Kafka
16. El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger
17. Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes
18. El ángulo de los secretos femeninos, de Diego Doncel
19. El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez
20. Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz
21. Mortal y rosa, de Francisco Umbral
22. El aleph y otros cuentos, de Jorge Luis Borges
23. El baile de la victoria, de Antonio Skármeta
24. Justine, de Laurence Durrell
25. Tesoros y otras magias, de Álvaro Cunqueiro
26. La balada del abuelo Palancas, de Félix Grande
27. Don Juan Tenorio, de José Zorrilla
28. Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela
29. Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca
30. Greguerías, de Ramón Gómez de la Serna
31. El asno de oro, de Apuleyo
32. La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa
33. La voz a ti debida, de Pedro Salinas
34. La Tesis de Nancy, de Ramón J. Sender
35. Las enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda
36. Rimas y Leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer
37. La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera
38. Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez
39. El túnel, de Ernesto Sábato
40. Cuentos de amor, locura y muerte, de Horacio Quiroga
41. Un mundo feliz, de Aldous Huxley
42. En cuanto amanezca, de Justo Vila
43. Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes
44. Pedro Páramo, de Juan Rulfo
45. La muerte de Virgilio, de Hermann Broch
46. Las asambleístas, de Aristófanes
47. Las odas elemantales, de Pablo Neruda
48. Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll
49. La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa
50. Helena o el mar del verano, de Julián Ayesta
51. Leviatán, de Paul Auster
52. Otra vuelta de tuerca, de Henry James
53. Confabulario definitivo, de Juan José Arreola
54. Las flores del mal, de Charles Baudelaire
55. Canciones, de Bob Dylan
56. La pelirroja, de Fialho de Almeida
57. Ninette y un señor de Murcia, de Miguel Mihura
58. Juegos de la edad tardía, de Luis Landero
59. El laberinto sentimental, de José Antonio Marina
60. Torquemada en la hoguera, de Benito Pérez Galdós
61. Antología poética, de Ángel González
62. Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez
63. Iniciaciones, de Israel Centeno
64. Tokio Blues (Norwegian wood), de Haruki Murakami
65. Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma
66. Momentos estelares de la humanidad, de Stephan Zweig
67. El jardín de los cerezos, de Anton Chejov
68. Huir, de Jesús Delgado Valhondo
69. El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence
70. Nada puede el sol, de Antonio López-Peláez
71. Aquí nos vemos, de John Berger
72. Muerte accidental de un anarquista, de Darío Fo
73. Ébano, de Ryszard Kapuscinski
74. De acá para allá, de Antonio Gómez
75. El amor, las mujeres y la vida, de Mario Benedetti
76. Carta a mi madre, de George Simenon
77. La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares
78. Kim, de Rudyard Kipling
79. La princesa manca, de Gustavo Martín Garzo
80. Las penas del joven Werther, de J. W. Goethe
81. Una habitación propia, de Virginia Woolf
82. La máscara y otros cuentos, de Guy de Maupassant
83. El ruido y la furia, de William Faulkner.
84. Poesía, de Rosalía de Castro
85. Del asesinato considerado como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey


Son mi único orgullo literario. Cada uno de estos títulos, además de representar una piedra de toque para conocer en profundidad a su autor, ha supuesto desde el primer día un método de conocimiento para asumirnos como hermanos y adoptar nuestras diferencias, para reconocernos como conciencias perdidas en medio del camino. Ayudándonos cuanto ha sido posible. Hoy, tras seis años y 85 libros leídos y comentados entre amigos, caigo en la cuenta de que han pasado por nuestro club de lectura más de 150 personas. Quién lo diría aquella primera tarde de marzo de 2003 cuando me dirigí por vez primera a un grupo de quince ávidos lectores. Recuerdo que me temblaba la voz. Hoy me hace feliz saber que este repertorio de lecturas -tan azaroso como intencionado- que fuí eligiendo para cada uno de ellos, circula con fluidez por otros clubes de lectura de Extremadura y también de otras regiones. Aurelio Sánchez, director de la Biblioteca Jesús Delgado Valhondo, es el principal responsable de esta feliz circunstancia. Numerosos clubes de lectura solicitan a la Biblioteca los lotes de cualquiera de estos títulos, algunos de ellos nada usuales en este tipo de actividades. Entre éstos el Club de lectura de Trujillo, al cual he trasvasado, llevándolos en mi propio coche, cada uno de los 42 lotes leídos allí hasta el momento.

La excusa -lo dije siempre- sigue siendo el punto de partida que nos ofrece una buena novela, un puñado de poemas o una obra de teatro. Ser lectores no es mejor ni peor que cualquier otra cosa. Hace mucho tiempo que sabemos esto. Pero compartir una reflexión, defender un criterio, expresar una emoción, son cualidades que nos hermanan por encima de nuestras aparentes diferencias, que nos reúnen para mostrarnos a nosotros mismos en una realidad suspendida donde la palabra -no importa que leyes la rijan ahí fuera- sigue siendo un vehículo de expresión y de entendimiento. Semana a semana, año tras año, comprobamos cómo hemos llegado a mover nuestro pensamiento viéndolo en ocasiones dar grandes saltos, revelar insondables razones y nuevas perspectivas. Así, en un abrir y cerrar de siglos, seguimos capitaneando la imparable evolución social -que es también la evolución de una moral- de esta época confusa y paranoica, que sin embargo es la mejor. Si en lugar de aceite hemos arrojado arena al desquiciado engranaje del mundo, algo habremos hecho también por quienes nos rodean. Por mi parte, me he encargado de regar la raíz de la poesía en cada uno de los libros comentados y las actividades llevadas a cabo. Para que viva siempre en al aire y no decaiga jamás.

Quisiera celebrarlo esta noche.

 



Revista Kafka
28 de marzo de 2009


La revista de humanidades Kafka, en otro tiempo ligada a la Universidad de Salamanca, remonta el vuelo tras soltar definitivamente amarras adoptando el formato electrónico y triplicando su periodicidad: de anual pasa a ser cuatrimestral. Es una gran noticia. A los mandos de la revista en esta nueva aventura están Álex Chico y Sergio Sastre. El nuevo número presenta trabajos de Eduardo Moga, Juan Salido-Vico, Efi Cubero, Jordi Doce, Javier Morales Ortiz, Juan Ramón Santos y Antonio Alonso además de una entrevista a Gonzalo Hidalgo Bayal. Ésta resulta especialmente brillante por la enjundia de los temas que en ella se abordan y la capacidad del entrevistador de sacar lo mejor del saber al que nos tiene acostumbrados Gonzalo. Junto a éstos, tres poemas de Trece ángulos de sombra, la parte central del libro que vivo desde hace años.

Gracias Álex, y enhorabuena.

 

(LÍMITE)

 

I.

Qué invierno es éste
qué frío, no anunciado, es éste

un hilo de sombra me lleva a ti,
nos cita bajo el llanto, nos abraza
y se desteje entre tus huesos

cuerpo tuyo este LÍMITE de telas,
esta oquedad sin fin
que no maquilla
la amarga lentitud de la verdad

qué espejo parece estar bebiendo
tu líquida sombra, tus poros
y tu voz

qué azogue no devuelve
la azul fosforescencia de tu risa

desde cuándo
dime

 


De Trece ángulos de sombra (inédito)


El descanso
27 de marzo de 2009


Entrar en la noche, soltarlo todo, alcanzar el sofá y escuchar por ejemplo a Johnny Hartman con Coltrane y McCoy Turner, ese tipo de apuestas seguras contra la fealdad del mundo y sus principios más corrosivos. Ver con claridad toda esa música que nos ha sido ofrecida a modo de esperanza y, renegado de toda conducta sensata, fumarme unos porros hasta que el mundo de ahí afuera, poco a poco, se nuble.



En la mochila
26 de marzo de 2009


En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano (Anagrama)
Escritos pornográficos, de Boris Vian (Rey Lear)
Geografía literaria, de Gastón Baquero (Huerga y Fierro)
Poemas
, de Fiedrich Hölderlin (Renacimiento)
La princesa y la muerte, de Gonzalo Hidalgo Bayal (ERE)

 


Guión de una vida
25 de marzo de 2009

 

El argumento es singularmente breve: con apenas diez años, el chiquillo ha reparado en una piedra abandonada en medio de la acera. Tampoco ignora la afrenta cenital del sol de agosto en su hora más alta cayendo a plomo sobre la inerme materia. Comprenderá años más tarde lo que en ese instante es sólo presentimiento. Coloca la piedra junto a la negra pared de cal liberándola de un destino épico y ruinoso. Ensimismado, contemplará la potencia de aquel cuerpo radiante, su silenciosa resistencia, su humilde condición de mito. Sobre el lomo henchido del mediodía los rayos de sol caen como jarcias. A él lo esperan la piscina y los amigos, el almuerzo y la siesta. De regreso con el atardecer, la risa serpenteando azul en sus labios y el nombre de una muchacha presto a abandonar su memoria, se detendrá a comprobar la única lección que recordará toda su vida: ante la pálida cal, con el sol derritiendo los ásperos perfiles, la piedra es ahora el centro gravitatorio de una belleza imposible, de una solemne pureza sólo destinada a los ángeles y a las almas muy viejas. Como una ofrenda de verdad, la belleza aniquila los ojos del chiquillo, que corre emocionado a casa. No comenzará a escribir poemas hasta cuatro años más tarde. No se detendrá hasta ver reflejado en alguno de ellos aquel fulgor primigenio que aprendió de niño en una piedra.

Lejos, muy lejos todavía quedaban las sombras. Aquel brillo aún le sostiene.

 


Caballos
21 de marzo de 2009


"El poder engendra caballos", escribió en su día Rafael Pérez Estrada. Para fijar tan rigurosa observación llegó incluso a pintarlo: un equino robótico desprovisto de alma, sin ojos, tan sólo una mole desbocada y turbia. Así los veo charlar esta mañana en la cafetería, a la hora sin fin del desayuno. Caballos, heno, crines. Mientras el camarero sirve las tostadas, compiten entre ellos por la atención del jefe de servicio, del plausible director general, del dilatado consejero de turno. Sin rubor van repitiendo los argumentos del que está más arriba, merodeando sus flancos, sabiéndoselas todas. Unidos por un pacto de intereses, sirven a la causa mas la causa no importa. Crines, caballos, heno. Cuántos de ellos, por un futuro que jamás doblará la esquina, han ido aplazando sus ideales, sus escasas convicciones hasta la ansiada hora del asalto. Y cuántos -ay- ni convicciones ni ideales aplazarán jamás pues sólo un fin persiguen: ese poder que los angustia y excita, y al que se entregan con fruición no exenta de erotómana obsesión. Una vez que humedezcan sus estilográficas en las pútridas aguas del stablishment, relincharán soportando sobre sus lomos las contigencias del cargo, las deudas adquiridas en largos años de duelo cuerpo a cuerpo. Enjaezados para la gran maquinaria, trotarán al compás de esa noria de feria que es la humana ambición. Los demás comprobaremos su porte ruinoso en los desfiladeros donde van a morir las pobres bestias cuando ya no son útiles. Un rastro de agendas emborronadas, una nueva capa de pintura en la pared y todo estará listo para el siguiente. Pasen y vean.

Heno, crines, caballos.

 

 

 


Primavera
20 de marzo de 2009

Tropezando con mi rostro distinto de cada día.

F. G. Lorca


Me prometí a mi mismo no escribir hasta la llegada de la primavera. Esperaría mientras tanto agazapado en la benévola consistencia de los días rehusando dar cobijo a la tentadora costumbre, al coloquio sordomudo que nos impone la actualidad. He preferido esquivar las causas que marchitan antes de tiempo mojándome los dedos de palabras urgentes, de irreparables razones. He necesitado sellar con cera mis oídos y, amarrado al duro banco de una galera turquesa, confiar en el milagro cercano de la primavera. Alrededor la estupidez es mucha, escaso el tiempo. El hombre que me habita no ha parado de trabajar: sus viajes, sus proyectos y reuniones, el continuo vaivén de su existencia no es, desde luego, muy original. Ha sido un alivio dejarlo ir de un lado para otro. Sin responsabilidad. Sin pedirnos nada el uno al otro. Yo no escribo. El vive en paz. Así ha sido durante estos últimos días del invierno. Ahora es distinto. Ya estoy viendo la cara que pondrá cuando sepa que he vuelto.

 


King Crimson, One time (Thrak, 1995)

 

Universos paralelos:

 


Otros mundos:




Escaparate de venenos

Me acuerdo
(1999)
El largo andar
tan breve

(2003)
El viento y
las brasas

(2004)
El proyector
de sombras

(2005)
Cuatro poetas
en un tobogán

(2006)

 

 

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