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HISTORIAL

Mayo 2005



Y punto.
29 de enero de 2009


El día menos pensado daré por cierta la teoría de una poética indolora, puramente técnica, plagada de recursos y efectos bien definidos antes de escribir siquiera el primer verso.

Ahora bien, aun reconociendo que pueda ser así (alguna vez), que existan poetas a salvo de la tensión que el proceso creativo acarrea -algunos de los cuales leo con agrado- y que el poema pueda ser también un molde elegido de antemano; aún a costa -supongo- de pasar una vez más por un bicho raro, seguiré teniéndolo muy claro: no me interesa.

La escritura es conmocción o no es nada.

Y hablaré de víctimas y verdugos si alguno se pone pesado.



A pie de página
29 de enero de 2009


De cuantos reinos tiene el hombre
el más oscuro es el recuerdo.

José Ángel Valente.



Es la hora mustia de limpiar el polvo a los estantes. Aquejado de un asqueroso afán de pulcritud, repaso (tocándolos de nuevo: los libros hay que tocarlos) algunos volúmenes que el tiempo -más que la impresión de un cierto orden lógico- ha ido alejando de mi alcance aunque siempre estuvieron a la vista. ¿Cómo decirlo? Hay una lenta jauría de nombres y recuerdos esperando avalanzarse como gatos en celo sobre mi memoria. Van a decirme nuevamente quién era yo. Cómo reía, cómo pensaba, cómo soñaba. Vienen a cobrarse su cuota de olvido, a protestar con su desaire mi decidida supervivencia. Versos señalados a lápiz por manos ajenas, ejemplares de segunda y tercera piel, importunos puntos de lectura, regalos, donaciones, extravíos...cada objeto alberga un pasado preciso minuciosamente anotado en sus márgenes.

Pero yo soy yo todavía. Por eso voy abriendo cada libro y cada libro me cuenta una doble historia: la de su texto, desgajado y luminoso como ancla de oro en mitad del océano, y la de cada naufragio inesperado o feliz en que me fueron entregados -como bolsa de plomo también- en medio de largos paseos, largas conversaciones y largos y profundos besos. No respeta nada el polvo. Su metáfora es perfecta. En las solapas aún perdura un destello de hierba y un rancio olor a vino: las señales del fuego entre sus páginas.

Porque si a un texto regresamos con mirada limpia, jamás al libro que lo alberga. Esta es la dura lección que aprendemos cuando empezamos a colocar los tomos intentando dar consistencia de archivo a nuestros pasos por el mundo. Ya no sabemos si el polvo es el aviso elocuente -que ignoramos- de la Muerte o la limpia bienvenida de ese hijo suyo, el Olvido, posándose a cortos plazos ante nuestras propias narices.

Una mañana -la primera mañana- todo será pasado. Nadie alcanzará a descifrar otras huellas, otros signos a pie de página entre estos libros que ahora ordeno y atesoro. Sólo encontrará poemas de autores mexicanos, chinos, irlandeses, españoles... hombres de una sola piel y una única respuesta ante el vacío: escribir.

Nada nos librará de estar ausentes ese día definitivo aunque se hayan vivido cien vidas y sobrevivido otras tantas.


Algo de música. (Versiones raras y curiosas. Cap. 1)
20 de enero de 2009

 


Hoy me ha dado por rescatar versiones raras y curiosas. Para no andarme por las ramas, me he ceñido a un sólo grupo, Nirvana, y a dos de sus temas más reconocibles: Come as you are y Smells like a teen spirit.

Para empezar, aquí tenemos al maestro Caetano Veloso versioneando Come as you are, uno de los himnos de la avalancha grunge que alzó a los altares a Kurt Cobain. En este trabajo (Foreign affair, 2003) del cantautor brasileño, el tema suena sencillo y turbulento, fiel al espíritu de aquel rentable caos en que se convirtió el segundo disco de Nirvana, el ya mítico Nevermind (1991).



Caetano Veloso: Come as you are (Foreign affair, 2003)


Hace unos años, el inefable Paul Anka ("El hombre que nunca se fue del todo") sorprendió a propios y extraños entregándonos Rock swing (2005), un disco de versiones de temas clásicos del rock; en él se presentaban adaptaciones bizarras de bandas como REM, The Cure, Van Halen, Soundgarden o Nirvana, entre otros. He aquí, para los más barbitúricos, esta deslumbrante adaptación en clave de swing de Smells lika a teen espirit.


Paul Anka: Smells like a teen spirit (Rock swing, 2005)



Tendríamos que remontarnos hasta Frank Zappa para encontrar a otro músico capaz de elevar la parodia a la consideración de obra de arte. Richard Cheese lleva años consiguiéndolo; su orquesta es conocida en Las Vegas como una de las más originales y perversas formaciones que han pisado un escenario. El secreto está en un ejemplar dominio del swing, unos arreglos muy elaborados y -atención- una lengua viperina que, en el mejor momento, troca un verso por otro y añade gemas como "somos el mundo, mantenga a Michael Jackson lejos de los niños" donde debería repetir aquello "somos el mundo, somos los niños" del aborrecible "We are the world" de Stevie Wonder. De esta guisa, Ricardo Queso viene repasando en sus seis magnificos albumes las más reconocidas canciones de artistas como Nirvana, The Offspring, Radiohead, Madonna, White Stripes, U2, Coldplay, Depeche Mode, Pink Floyd, Oasis, Metallica, Prodigy, Beck, Rage Against The Machine, Guns n' Roses, Britney Spears, Green Day, Nine Inch Nails, Led Zeppelin, Stevie Wonder, Van Halen, Korn o Beastie Boys, entre otros. Acaba de anunciar su retiro del mundo del espectáculo por problemas de voz (¡!).


Richard Cheese: Smells like a teen spirit



Y una última versión -que me voy a hacer la cena-. La de nuestra musa favorita, lírica y linfática a partes iguales: Tori Amos. No hay mucho que añadir a la belleza lánguida y canadiense de esta mujer (ella es norteamericana, pero su voz es canadiense, a todas luces) capaz de ir aún más allá en la ecléptica brecha abierta por Joni Mitchell y Kate Bush. La canción perfecta para irse a la cama y no pegar ojo.


Tori Amos: Smells like a teen spirit. (The Beekeeper, 2005)

 


El animal
19 de enero de 2009



Franco Battiato, Ecos de danzas sufí (1985)

 


Nosotros, los solitarios
16 de enero de 2009


Pero, quiénes exactamente. Nadie pondrá cara ni nombre a lo que hacemos. Nadie dirá, después de algún tiempo, esto era suyo, de aquel o de algún otro autor preciso al alumbrar una emoción. El corazón, que todo lo funda, carece de memoria. Por lo demás, nadie acompaña eternamente. Lo sabemos, y por eso mismo cuanto alumbra en nuestras páginas contiene la celebración de una pequeña, efímera eternidad. Una flor, decía Blake, es trabajo de siglos. Hasta aquí hemos llegado a duras penas, arrastrando el odio de los humillados, husmeando en los pupitres de la tradición, celebrando el breve goce de la simple existencia. ¿Poetas? Quién lo sabe. Comunes solitarios. Comunitariamente solos, sombríos o celestes. Un tono, una cadencia es lo que da el que recrea nuevamente el viejo canto de la tribu. Las palabras, que son piedras con líquenes, historia viva, el sudor y la sangre de nuestros antepasados, en realidad ninguno las posee o las inventa. Alumbran con su fulgor inaudito las márgenes del gran río. Nosotros, los solitarios, piedra sobre piedra, una vez más y mil y cien mil veces solos, engendramos su canto. Eso es todo. El canto pulido como piedra de río que se ofrece en nuestros libros para todos, para nadie.

(Pero no era esto lo que yo quería contar. Ya saldrá).


Chema Cumbreño
15 de enero de 2009


José María Cumbreño se ha decidido -por fin- a crear su blog. Confieso que lo echaba de menos.

Bienvenido, amigo, a este extraño vecindario.


Parar la masacre
10 de enero de 2009

 


¿Leer? ¿Escribir?
9 de enero de 2009



Retomo un falso dilema y una sabia cuestión. A menudo nos encontramos ante esta disyuntiva. Enrique Baltanás -que es sabio aunque le pese- nos ofrece una respuesta escribiendo su pregunta. Por mi parte, he sabido siempre que puedo pasar sin escribir pero no sin entregarme a la lectura durante un par de horas cada día. Escribir se vuelve entonces reacción lógica, sarampión profundo que picotea en el cuerpo y en la mente al cerrar el libro que devoramos. En el mejor de los casos, la escritura se convierte en otro modo de lectura. Está llena -quién no lo sabe- de préstamos y audacias que perderíamos por el camino de la simple existencia, algo así como el dormir sin soñar nada. O peor aún: como despertar sin recordar lo que hemos soñado.

Volver al sueño se utiliza en ciertos círculos iniciáticos para indicar el abandono de la doctrina y el regreso al mundo, a su falsa vigilia que no es, en efecto, más que un sueño profundo, un no ser estando.

Escribir es siempre dejar una huella. Leer es reconocerla.


Cultura sin mordazas
7 de enero de 2009



Foto: Victoriano García ©


Amordazados. Así se manifestaron hace unos días en la Plaza Mayor de Salamanca el fotógrafo Victorino García, el poeta Raúl Vacas, el mimo Josetxu Morán y el cuentacuentos Fernando Saldaña. Con ellos, más de trescientas personas del ámbito de la cultura -que es el ámbito del pueblo- sumaron su atronador silencio para protestar por el veto que sufren en su actividad profesional estos y otros artistas salmantinos. Llevan años censurados y discriminados en las actividades culturales programadas por el Ayuntamiento. Llueve sobre mojado, podríamos pensar. Y aquí radica el error, la ignominia de vernos representados por políticos del tres al cuarto a los que, efectivamente, sólo les interesa que llueva sobre mojado; es la cultura de la visibilidad y el estruendo mediático que, mientras eleva sus candidaturas y maquilla sus disfraces, desprecia el trabajo de fondo y la cultura de base.

Tuve la suerte de conocer a Raúl Vacas y admiro su trabajo desde dentro de la poesía, en talleres, cursos y conferencias que ofrece por media España dejando siempre al público entusiasmado, conectando a niños y mayores a través de la palabra y elaborando, con su honda trayectoria humana, el mejor de los poemas. Raúl es de esos pocos afortunados que viven intensamente la vida, en aras siempre de un lógica poética que escapa a la mayoría de los mortales. De ahí que, una vez más, uno esté del lado de los que trabajan el sueño, de los que alimentan la dulce pesadilla de la belleza allá donde ésta tiende a camuflarse o casi a desaparecer. Razón de más para insistir -al lado de quienes reivindican un trato justo- en el más preciado valor de un artista: su silencio.

A ver si así se enteran los que nunca se enteran de nada.

 

http://lasmordazas.blogspot.com/

 


Foto: Victoriano García ©

 


Cierra los ojos y mira
2 de enero de 2009

 


Lo peor es que sólo hay un mundo. Y no es éste.

 


Send before I die to Raymond Carver
1 de enero de 2009

 

"La oscuridad se agrupa en las ramas. Quédate dentro. Quédate quieto".

Carver

I.

La única tradición que me consuela estos días es el paseo por la parte antigua de la ciudad. En realidad no hay nada que mirar. Mis pasos conocen el sendero que lleva al Espolón, tras pasar frente a las piedras de Santo Domingo y lo recorro con agrado, casi con indiferencia. Después de cinco días comiendo cosas raras, chupando animales con nombres tan extraños como txangurro y bebiendo lambrusco como sordos, sólo deseo caminar, caminar hasta perderme en esta hora muerta, lejos de las risas de todos, en ese preciso instante en que la conversación ha vencido y el silencio se bambolea como un barco ebrio de tocar fondo. He salido a dar un paseo. Pasear no hace mal a nadie. Si quiero un mundo imposible, aquí lo tengo, en la naturaleza: casi diría aquello de "los húmedos campos dormidos bajo la luna". Si, podría ser. Leo este verso de Carver y sigo caminando. No se sabe si es de día o de noche. No importa para este cuento. El hombre sube o subo yo o sube un hombre distinto, sin fijarse si quiera. Como un muerto. No sabemos si van y vienen chovas por el cielo pero seguro. El Espolón ofrece su vista hacia el oeste. No diremos ahora que la "inmensidad carece de significado", esas cosas sólo le sientan bien a Gamoneda. Aquí hemos venido el lector y yo a saber qué coño pasa. A qué viene este revuelo.

Pero hete aquí que no pasa nada. O mejor dicho: nada se decide a pasar. Todo está quieto. Quieto como una foto. Y el hombre... o yo... estamos -estoy- sentado entre mi familia. A la mesa y abriendo regalos. Regalos de corazón. De esos que no llevan papel ni cinta.

 

II.


De algunos balcones cuelgan sábanas con la imagen del niño Jesús. Púrpuras. Me pregunto en qué extraño país he venido a vivir.

 


Apuntes de 2008
31 de diciembre de 2008


Con un nuevo abrazo para Elías Moro.

 

Me acuerdo de vagar perdido por Monfragüe como el que anda por su casa.
Me acuerdo de haber dado muerte a los poetas mustios. De la emoción, esa noche volqué el coñac de Jaime en mi vaso de cerveza.
Me acuerdo de haber sido Oscar Wilde, una vez más, entre los muros infectados de Reading.
Me acuerdo de haber estado casi a punto de llegar a poder ganar... algo.
Me acuerdo de haber visto a Dylan sin tener que mirar una revista.
Me acuerdo de Ángela, que una tarde me dijo: -¡Tú eres un niño-padre!.
Me acuerdo del concierto en que José Manuel Díez me hizo llorar en el instante en que cantaba: "Las niñas me tienen miedo, los niños saben quién soy".
Me acuerdo de haber devorado un libro en una sola tarde: Ejercicios de estilo, de Queneau.
Me acuerdo de delta mágico que formamos en la alta noche cacereña tres amigos sin rumbo.
Me acuerdo de haber sido Dodi Al-Fayed por los puentes veloces de Lisboa (ella juraba que no era princesa).
Me acuerdo de Abel cada vez que riega las avenidas de mi memoria el camión de la basura.
Me acuerdo de Federico Martín Nebras cantando coplas hurdanas, de pie, en medio del restuarante.
Me acuerdo de Ángel Campos Pámpano.
Me acuerdo de haber quemado mi pasado -tan denso- con una sola cerilla.
Me acuerdo de que Jesús Marchamalo no deja de hablar ni bajo el agua.
Me acuerdo -ahora- de que la nieve no me interesa lo más mínimo sin tí.
Y no me acuerdo de nada más. Lo juro.

Feliz año a tod@s.


 

Universos paralelos:

 


Otros mundos:




Escaparate de venenos

Me acuerdo
(1999)
El largo andar
tan breve

(2003)
El viento y
las brasas

(2004)
El proyector
de sombras

(2005)
Cuatro poetas
en un tobogán

(2006)

 

 

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