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DERIVAS

Mayo 2005

 


Si no tienes sueño
27 de mayo de 2009


La sábana (Canal Extremadura Radio).


Esa palabra escrita en la pared
26 de mayo de 2009


Hoy he tenido la oportunidad de visitar el Centro Penitenciario de Badajoz. El motivo -una lectura de poemas- pronto ha sido lo de menos. En territorio tan hostil (nunca sabré si la cárcel es una definición de espacio o una medida de tiempo), en ese páramo de almas extranjeras, digo, en esa aduana de conciencias, la palabra alcanza su más alto sentido. Hoy ha sido así. Y me siento afortunado por ello. Por haber propiciado un momento de verdadera poesía en el interior del alma humana -insisto: no hablo de poemas, no hablo de literatura- y por haber recibido el calor y el agradecimiento de los presos.

Isabel Pérez tiene todos los detalles.

Yo he prometido volver.


Un día en la vida
26 de mayo de 2009

 

Un día en la vida, hoy, por ejemplo.


 


Cierra los ojos
25 de mayo de 2009

 


Déjate llevar por el milagro de la voz que llama sin saber quién eres.

· Abilio Estévez ·



John Cage · In a landscape (1948)

 


El enemigo
23 de mayo de 2009

 

Me despertó el grave olor de la envidia. Tan huérfano de mí se presentaba que, sin temor, me incorporé dispuesto a adivinar su rostro. De par en par abiertas, las puertas del balcón repartían la tiniebla que, por momentos, parecía alojar alguna forma, tal vez un cuerpo, o su ausencia. Sólo el silencio -agudísimo- evidenciaba allí una existencia ajena a la mía; su maltratada soledad contaminaba el aire. Rechacé un diálogo inútil. Estaban claras las causas de aquel mal. Oscuro, impenetrable, se ocultaba de mí rodeando la estancia con un hedor de mil demonios. Me dispuse a avanzar, blindó el camino. Los muebles, esparcidos por la habitación, se cruzaban a cada movimiento mío cerrándome el paso. Qué fuerza -pensé- consigue así vencer las viejas y contrastadas leyes del tiempo y el espacio. Entonces comprendí: tan sólo el odio o el amor: su misma raíz les concede don tan arbitrario. Y pues ambos sentimientos se nutren de una ceguera inmortal, aquella oscuridad nos bendecía a los dos, cada cual en su frontera. Sin mediar palabra avancé hacia aquel ser derruido sorteando su miedo, mucho más grande y compacto que mi humilde mobiliario. Por fin mi mano izquierda alcanzó la pared. La diestra, sorteando aún las sombras, no tardó en encontrarlo. Palpé su amargo corazón, pues nada más había. Ni piel ni huesos, ni mirada ni voz. Sostuve como pude aquel dolor inabarcable y lo llevé hasta mi pecho. Cesó al instante aquella lucha imposible. Y allí, en pie y desnudo, abracé a mi enemigo.


En la mochila
22 de mayo de 2009


Un armario lleno de sombra de Antonio Gamoneda.
Un encuentro de Milan Kundera.
Fábula del escriba de Eugenio de Montejo.


Los días veloces
21 de mayo de 2009


Por dar razón de la existencia veloz que me lleva de mañana a Los Ibores, exactamente a Villar del Pedroso, y me invita a almozar más tarde en Deleitosa con las compañeras de la Campaña de Animación a la Lectura Tesoros de Papel 2009.

Por citar el ritmo vertiginoso que me despeña hasta Trujillo, donde leo frente a un café a Eugenio Montejo antes de la tertulia del Club de lectura donde, en pocos minutos, departiremos sobre Guy de Maupassant.

Por recoger el impulso obediente que me devuelve a Mérida al caer la tarde, donde me espera José Manuel Díez, feliz porque acaba de leer sus poemas en el Ciclo Semana Blanca organizado por Blanca Sánchez. Unas horas antes, sus alumnos han interpretado distintas creaciones musicales inspiradas en los poemas de La caja vacía.

Por reflejar el entusiasmo de reencontrarme con José frente a unas pintas de cerveza y un revueltito de trigueros que dejaremos a medias, antes de meternos en los estudios de Canal Extremadura Radio y participar en el programa La sábana.

Por retener la emoción de unos pocos poemas y algunas confidencias compartidas desde el balcón del Raw Club, mientras la noche nos envuelve y el olor de los naranjos hace imposible toda retirada.

Por fijar la alegría exacta de sabernos aquí, en casa, compartiendo música, poemas, emociones, y escuchar las nuevas canciones de El Desván del duende, que suenan más hondas que nunca.

Por la certeza de dormir agotado y feliz, bendiciendo cada minuto empleado hasta el límite.

Escribo todo esto por retener la locura ordinaria de los días veloces.


Chau, Mario
18 de mayo de 2009

 

CHAU NÚMERO TRES

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
seguro sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote a solas
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

 


Mi cuervo #2 (Segundo borrador. Sobre un episodio real)
17 de mayo de 2009

 

Lo encontré una mañana de sol en medio de los charcos.
Sin árbol que lo cobijara ni busto sobre el que posarse,
aleteaba con torpeza asustado, interrogando el horizonte.
"Así que eres tú -le dije, deteniendo mi automóvil- por fin nos conocemos.
He oído hablar tanto de ti, he leído tantas cosas, que ya ni te esperaba.
Siempre pensé que serías una vaga abstracción, el tótem de viejos mitos,
la pesadilla común de antiguas supersticiones... Quién iba a esperar
que, en pleno siglo XXI, tú y yo quedáramos al margen de leyendas
tan proteicas, hombre y pájaro tan sólo en este erial camino de la nada.
El miedo de los hombres te ha concedido la más agria reputación,
la crueldad de las madres nos ha vendado los ojos con su engaño,
mas tú, pájaro enfermizo, cargado con tu imagen nos consuelas
desapareciendo. Tú, creador del mundo, anuncio de calamidad
-según la humana estupidez- qué culpa arrastras en tu torpe vuelo.
Tan sólo eres un pájaro, hermano, tan sólo uno más en este edén
en llamas sin dios ni fundamento. Cómo puedes temerme. Y cómo
podría, a mi vez, condenarte. No, hermano mío, yo te absuelvo
de tu triste condición: ni el canto ni el vuelo te fueron otorgados.
Y que robas es cierto, como si alguno de nosotros no lo hiciera
una o dos veces en la vida; pero aún más, oscura maravilla,
portentoso humillado: yo te absuelvo del mito y la canción
junto al fuego, yo te absuelvo de las noches de cementerio
y el alcohol entre las sienes del poeta. Y te confieso cuervo hermano:
yo comprendo tu cansancio y que no creas en nada ni en nadie,
que vagues por los campos al abrigo del hambre. Perdónanos, si puedes".

El ave permaneció agazapada y trémula, sin alzar el vuelo.
Volví a poner el motor en marcha y proseguí mi camino.

No miré atrás.



Black Sabbath, Heaven and Hell (1980)

 

The lover of life’s not a sinner.
The ending is just a beginner.
The closer you get to the meaning,
The sooner you’ll know that you are dreaming...

 


Con Kafka
16 de mayo de 2009


Mientras exista la familia, qué necesidad hay de inventar tragedias distantes, azares épicos. Todo lo que somos y seremos está ahí, lo bueno, lo malo y lo peor.


De los asuntos poéticos
16 de mayo de 2009


Con la candente primavera llueven las novedades literarias. Recibo, entre otras, las dos últimas novedades de la editorial Littera, a las que quiero dedicar una especial atención:

Primera persona: ella, del poeta mexicano Omar Pimienta (Tijuana, 1978), es un intenso poemario en la línea alucinada del maestro Sabines y otros grandes como Vallejo, autores que, mediante un ejemplar tratamiento de las circunstancias vitales, consiguieron trascender en sus poemas los apuntes biográficos a base de emociones universales. De ahí el término, quizá inexacto, de poemario familiar que podríamos ajustar a cada uno de estos poemas.. Se trata de una serie de retratos personales que, a modo de álbum fotográfico, consiguen transmitirnos la sombra de aquella memoria -por utilizar el verso feliz de otro mexicano, José Emilio Pacheco- alojada en el poema, desde una evidente voluntad de derribo que termina conviertiéndose en exaltada vindicación de lo perdido. Este sentimiento aparece encarnado muy especialmente en la figura de la madre. Intenso y directo, imaginativo y humano, demasido humano, Omar Pimienta consigue conmovernos en aquellos poemas donde la fuerza de los sentimientos consigue vencer la dura realidad social e histórica de los hechos (El embarazo, Era poeta, Ella y su tormenta). Podemos entender en cada una de estas páginas la dimensión terapéutica que llega a alcanzar la poesía, más allá de la recreación por parte de nosotros, sus lectores, desde el momento mismo de la escritura. No es tarea fácil saber dónde está la frontera con el soliloquio, la lucha con los demonios internos o el discurso privado. Omar Pimienta logra, a mi parecer, salir airoso, si no purificado, al revisitar aquellos lugares y momentos a los que uno no debería volver nunca: la infancia, terreno mítico, lleno, como todos sabemos, de trampas. Un poeta excelente, como ya nos anunciaba José María Cumbreño. Habrá que estar al tanto de sus próximas entregas.

 

Que nuestro querido Antonio Orihuela haya alcanzado el don de la ubicuidad poética es algo que, lejos de extrañarnos, debe ser motivo de regocijo para sus lectores. No dejan de llegar a las librerías nuevas entregas de este autor onubense de alma tránsfuga y corazón inquieto, profesor a más señas en Mérida, y coordinador desde hace años de los Encuentros de Poetas Voces del Extremo, de la Fundación Juan Ramón Jiménez. Si bien en sus últimos libros de poesía hemos podido apreciar un distanciamiento de aquel tono reinvindicativo de sus primeros títulos (no así de la consciencia social que los nutría), ahora ese discurso se ha interiorizado hasta alcanzar el hueso mismo del objeto poético, el sudor, la sangre y hasta las heces de los seres humanos que transitan por sus páginas. Buen ejemplo de ello es este magnífico poemario, El corazón no duerme, que puede leerse como continuación de una entrega anterior, Piedra, corazón del mundo (Germanía, 2001), en realidad, una antología personal de lo escrito entre 1995 y 2000. Lo interesante, en mi opinión, es comprobar cómo Orihuela se ha desprendido de la voracidad de anteriores discursos más o menos ideológicos logrando acentuar el carácter emocional de su poesía. De esta manera, el lector termina descubriendo que todo relato sentimental revela un contenido social, y que la exaltación amorosa -en el sentido más amplio del término y de la manera en que Orihuela retrata sus lazos de familiaridad con el mundo- supone, también, un modo de medir el mundo y, probablemente, la más bella forma de justicia.


Nada
15 de mayo de 2009

 

Nada: hoy tampoco consigo llorar.

 

 


Sin dirección
14 de mayo de 2009

 

"Mientras estés trabajando, intenta sustraerte a la medianía de la cotidianeidad. Una quietud a medias, acompañada de ruidos triviales, degrada. En cambio, el acompañamiento de un estudio musical o de un murmullo de voces puede resultar tan significativo para el trabajo como el perceptible silencio de la noche. Si éste agudiza el oído interior, aquél se convierte en la piedra de toque de una dicción cuya plenitud sepulta en sí misma hasta los ruidos excéntricos. "

Dirección única, Walter Benjamin


O tal vez porque ahora las cosas están deslizándose en todas las direcciones. La ambición se estampa en el muro, la química reemplaza al amor, los sueños pueden ser explicados... Elige tu infierno. Escoge tu perdón. Hay cajeros automáticos en todos los desiertos, dinero limpio si tienes tu conciencia a salvo. No importa dónde estemos. Nada ni nadie nos dice cómo morir, pero tal vez el crujido de un gorrión contra el parabrisas nos demuestra que ya estábamos muertos antes de emprender este viaje. Aún así hemos llegado a tiempo, tranquilo, tranquila, aquí estamos. Puedes hacer lo que quieras.

Los tiempos no han cambiado demasiado. Y Dylan vuelve a ser número uno.


Dímelo con cuatro notas
13 de mayo de 2009

 

"Trionn I" · Alva Noto + Ryuichi Sakamoto


El malo
8 de mayo de 2009


Ahora sí. Algún comandante absurdo y obsoleto ha firmado esta nueva multa de tráfico que certifica -siempre según el radar- que, el día x alas x menos cuarto, iba yo en mi auto a 140´40 Kmts/h. por la autovía de Extremadura. Esto sí que es profesionalidad. ¡Y sin dar palo al agua! Curioso, cuanto menos, que tras catorce años al volante jamás me hayan multado y ahora, en quince días, me remitan un par de amonestaciones (sin pérdida de puntos, eso sí) que certifican al fin lo que sólo yo sabía: que uno, lejos de ser un ciudadano ejemplar, ha terminado convirtiéndose en una amenaza para sí mismo y para los demás. Pagaré felizmente esta multa (al fin y al cabo es sólo dinero) y a la salud del comandante leonés que la rubrica brindaré agradecido:

-Yo quiero ser malo.

 


Barón Rojo: El malo (Metalmorfosis, 1983)


Mendigo y Sultán
7 de mayo de 2009


En Palacio, nada más despertar, el mendigo exigió que le fueran devueltas sus prendas. No podía -confesó- soportar semejante pobreza.


Sultán y mendigo
6 de abril de 2009


Aquella noche el Sultán, contra todo pronóstico, se empeñó en ser tratado como un mendigo. Solo, casi humano, descendió hasta reflejarse en las aguas del Darro. Nunca la luna brilló tan alta.


Recordando a Ángel González
4 de mayo de 2009

 

Ni siquiera morir es fácil. Se corre el riesgo, a veces, de quedar en los demás alumbrando días imprevistos, infinitos desenlaces, reuniones clandestinas. Recuerdo esta tarde, mientras paseo por la ciudad, la voz y las palabras de Ángel González. No por nada en especial -la tarde invita a placeres más mundanos- ni por haber leído siquiera en los últimos meses alguno de sus libros, que siempre guardo a mano. No. Hoy recuerdo la voz y las palabras de Ángel González porque ellas son ya mi voz y mis palabras frente al mundo, como sucede a otros muchos lectores. Así, de cuerpo en cuerpo y de sueño en sueño, se va nutriendo la poesía -cuando es buena y sincera y bondadosa- para lograr su sitio en el mundo y dar respuesta al desamparo. Y en medio de la vida comprendemos lo afortunados que somos por haber recogido un instante la palabra en el aire y haberle dado un sentido propio, por haber caminado sobre la tierra -cuando más solos parecíamos- acompañados por el viejo canto de la tribu.

Hoy, que nada me lo indica, he recordado la voz y las palabras de Ángel González. Eran éstas:



Pedro Guerra y Ángel González: Me basta así (La palabra en el aire, 2005)


Delgado, si no esbelto
3 de mayo de 2009


Me cargan esos conocidos que se acercan para regalarnos una porción de su hastío y sin más cortesía, sueltan "y tú, hay que ver, siempre tan delgado, si es que no engordas... ¡y seguro que comes como una lima!...". Si me pillan de buen año, lo más cortés que se me ocurre es dedicarles un risueño silencio y dejar que arrojen de sí su efusiva compasión hasta que comprueban que no me importa lo más mínimo mi aspecto, y lo que es más importante, tampoco el suyo. Acepto de buen grado que vivimos en un mundo de espejos y que al aludir al otro no hacemos sino señalar -y con qué saña- nuestros propios complejos. De ahí que reprima algún que otro mordisco. Para los más observadores tengo siempre a mano una ligera reflexión que, con la sonrisa todavía en la boca, les invita a considerar la diferencia entre estar delgado y ser delgado. Como eso no suele bastar, les complazco añadiendo un profundo temor a estar secretamente en riesgo de disiparme en un mar de dudas. Si el encuentro permite la coña marinera, añado lo de que uno, en realidad, tampoco es delgado sino esbelto. El humor hace milagros hasta en los más ruines. Una flácida carcajada imparte entonces justicia impidiéndoles rebatir prueba tan fehaciente. Esbelto sí, eso les digo. Cuando uno consigue ponerse en ridículo ante los demás los otros salen huyendo como almas que lleva el diablo, almas, claro está, a menudo plagadas de michelines, almas con estrías. Pero siempre están -ay- quienes nos quieren demasiado y a quienes no podemos reprochar su parte clínico semanal. Bajo la severidad del cariño no valen chistes fáciles. Tampoco falsas esperanzas. Me disculpo como puedo por ser tan delgado, tan estrechamente delgado, ligero como un junco, y les prometo cuidarme e incluso dejar de fumar. No vale de nada, lo tengo comprobado: mi constitución (esa es buena: constitución) se las sabe todas para mantenerme saciado en la esbeltez más rotunda. Tal vez -se me ocurre ahora- sea este vicio constante de pensar y repensarlo todo lo que impide mi desarrollo natural, con sus tallas deudoras y sus grasas impacientes, con su cansancio de escaleras y su gimnasio de verano.

Sí, creo que voy a dejar de pensar tanto. Y lo mejor para no pensar, como todos sabemos, es leer. Estoy con Fronteras infernales de la poesía, de Bergamín, libro orondo en su esbeltez.

A ver si un día de estos me disipo definitivamente, como los místicos y los poetas, y me reencarno en libélula.

 

 

 


Jazz y poesía: Art Pepper y Billy Collins
1 de mayo de 2009

 

Era otra mañana clara y soleada,
una brisa seca agitaba los árboles en torno a la casa
y yo no tenía nada que hacer
-mi escena habitual a finales de agosto.

Estaba leyendo la autobiografía
de Art Pepper, así que puse un disco de Art Pepper
y encendí los altavoces de fuera
para sentarme bajo el sol caliente.

Y leer más acerca de su vida de sordidez y prisión
mientras escuchaba su alto veloz, suave
saliendo de entre dos grandes arces
como si el jazz de la Costa Oeste fuese la música
de la propia naturaleza.

Así, dibujé una especie de caja
alrededor de la mañana,
en tres dimensiones y a lápiz,
conmigo dentro sujetando una regla en mi mano.

Leía y escuchaba y leía,
y a veces echaba un vistazo a las fotografías
para comprobar la cara del hombre
que me dijo que una vez había conducido un Cadillac verde dorado

en el que podías perderte para siempre, como cuando
miras a las aguas de un lago;
el hombre que dijo que había compuesto
una balada llamada "Diane" para su segunda mujer
sólo para darse cuenta más tarde

de que la melodía era demasiado hermosa para ella.
El tipo que confesó haber vendido
a su perro, un caniche color champán llamado Bijou,
por un chute de veinte dólares

y el que comentó que los hombres que en la cárcel
intentaban desintoxicarse introducían
los bajos de los pantalones en los calcetines
para que ni la más ligera brisa tocara su piel.

Detrás de donde yo estaba sentado al sol
había un brote de flores silvestres rosadas,
y algunas de las abejas que revoloteaban por allí
comenzaron a zumbar alrededor de mi cabeza.

Una en particular parecía tan interesada
en mí que la di un manotazo,
me levanté rápidamente y dije "no me vaciles
o te parto la cara, fantasma,"

una reacción sin duda inspirada
en mis lecturas sobre los bajos fondos californianos
en el cincuenta y siete,
mi año favorito de todos los tiempos para el jazz.

Pero persistió, esta abeja, y al final
me obligó a retirarme dentro, al estudio oscuro y fresco
donde un gato dormía sobre una silla,
un buen lugar para escribir todo esto

y preguntarme en qué ocuparía el resto del día -
tal vez en colgar un cuadro en la pared
o en recibir una llamada sorpresa
de alguien a quien solía amar.

¿Qué tal algo de Dexter Gordon
a la hora del aperitivo
y quién sabe?
quizás un encuentro con una hormiga cruel -

todo ello, probablemente, es parte de mi propia autobiografía,
un relato más cauto, contado en tiempo presente,
con unas pocas ilustraciones toscas
y un diagrama de mi pequeño árbol genealógico,

un trabajo cuyas páginas pasan
cada día como el agua que hace girar la noria,
la única cosa que no puedo dejar de escribir,
el único libro que nunca podré abandonar.

 

Jazz y naturaleza, Billy Collins

Art Pepper · Blues for Blanche

 

 

 


Foto: William Claxton©. Jazzlife

 

 

 

 

Art Pepper · September song



De los cuerpos celestes
29 de abril de 2009


Cómo es el choque entre dos planetas, a qué velocidad sucede el cataclismo, qué lenta devastación produce, cuándo se pierde la consciencia del exterminio...

Así el amor.

 

 


 

Universos paralelos:

 


Otros mundos:




Escaparate de venenos

Me acuerdo
(1999)
El largo andar
tan breve

(2003)
El viento y
las brasas

(2004)
El proyector
de sombras

(2005)
Cuatro poetas
en un tobogán

(2006)

 

 

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