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Derivas

Mayo 2005




Disculpen la molestias... pero:
30 de septiembre de 2009

 

La vida pasa.

 


Especie común
30 de septiembre de 2009


Me habían hablado muy bien de esa pareja. Y efectivamente, eso eran: una pareja. Los tres.

 


· Three of a perfect pair · King Crimson ·


Frank Zappa:
29 de septiembre de 2009

 

"El crítico de rock es una persona que no sabe escribir y que habla con personas que no saben hablar para contárselo por escrito a personas que no saben leer".


Todo marcha bien
28 de septiembre de 2009


Según mi peluquero ya no quedan ranas. Así de claro. Las que comemos en cualquier fonda olvidada por la Guía Michelín vienen de China, como casi todo lo demás. Si te fijas bien -masculla mientras la cuchilla repasa mis orejas-, ya no se oyen ranas ni en las charcas. Y hace años de esto. No hay ranas como no hay verduras ni hortalizas ya. Las traen de fuera. Es mucho más barato así. El hombre resopla para sus adentros, se convence de nuevo y vuelve a atacar con la hojilla. Yo, que en la silla de una peluquería me siento el ser más vulnerable del mundo, interiorizo su desasosiego y hasta llego a reprocharme cómo habré estado tan ciego -o tan sordo- como para no haberme dado cuenta antes, no haber reparado en el repentino silencio de las ranas allá en las charcas y pozas de nuestra castigada tierra. Cómo puede habérseme pasado algo así. Tampoco es que los medios dieran cuenta de ello en su momento; nadie comentó nada en medio del café ni hubo la menor campaña en apoyo de las ancas de rana autóctonas. Digo yo que para algo están esos especialistas con bata y doctorado que las observan y las miman todo el tiempo, y hasta las crían en cautividad. Y luego está la rana simbólica: el verde tablero de chapa oxidada de nuestra infancia. Aquel batracio que al encenderse la luces del bar abría su boca esquiva y magullada por el golpe de los aros... También está la rana sagrada de Basho, y la rana invisible del poema de Fray Luis y el Preludio a la siesta de un fauno... Pues no. Nadie dijo nada. Tal vez los viejos pescadores siguieron encendiendo sus lámparas en las noches profundas del verano: sobre la larga línea donde el aburrimiento se mide con la paciencia, aquellos hombres fumaban tabaco de liar y maldecían su suerte. A fin de cuentas ninguno dio la voz de alarma. Las ranas, al parecer, desaparecieron. Tal vez llevemos un par de décadas sin oirlas, insiste, mientras me bajo de la silla. Pero claro, con este ruido de fondo en las calderas del infierno nadie consigue enterarse de nada.

Le he prometido honrar la memoria de nuestras ranas escribiendo este texto.


Único requisito (opcional) para entrar en un Club de lectura:
27 de septiembre de 2009

 

1. -Aprenderse de memoria el cuento El dinosaurio de Augusto Monterroso.

2. -Aunque sea de oído:

 



Tara
22 de septiembre de 2009


Soy un poeta defectuoso. Acumulo errores como otros acumulan agua bendita o estiércol. Lo sé y me resigno. A fin de cuentas es la obra la que hace al artista y no al revés. Escribir es una pasión demasiado íntima como para pensar en términos de perfección. Con el tiempo he aprendido a sospechar de lo perfecto, de lo armónico, de lo correcto. Sin duda estoy equivocado. Y este -sólo este- es un buen motivo para seguir escribiendo.


A trompicones
21 de septiembre de 2009


Esto de llevar un blog a trompicones no es lo más sensato. Uno siente el sano estímulo de callarse, de no dar cuenta aquí de lo que ocurre en otras partes; en la televisión, por ejemplo, que ha terminado convirtiéndose en un reflejo autónomo de la realidad, es decir en una no-realidad. Callarse, digo, porque a fin de cuentas lo que importa es otra cosa.

Hoy, por ejemplo:

Regreso del club de lectura tras dos horas hablando de Hemingway y Gertrude Stein (se me ha ocurrido que estudiemos esta loca asociación); al terminar, busco de inmediato la manera de quedarme solo. Salgo a la ribera del Guadiana buscando como un perro ofuscado lamer su orilla, recorrerla si es necesario hasta encontrar el punto exacto que la tarde guarda para sí. Ese instante de luz perfectamente ajustada al corazón de todas las cosas, del solemne río que conocieron, temieron y amaron los romanos, de los hombres y mujeres de los que me aparto y también del tráfico, de todo cuanto adquiere esa presencia luminosa como de secreto a punto de revelarse. Cierro los ojos. Respiro. Profundamente. Escucho.

Y es entonces cuando no tengo nada más que decir.


Extravío y deriva
20 de septiembre de 2009


Citemos a Benjamin de entrada. No conozco un método más fiable de emboscarnos en el conocimiento de la literatura y las artes -y por extensión de la vida misma- que el curioso enunciado del filósofo alemán. Como toda pasión, la de existir requiere en ocasiones de todo nuestro empeño. No basta, lo sabemos, fluir tan solamente. Tampoco ir despeñados por el acantilado de los días y los meses sin más preocupación que la indolencia. A cada instante se nos llama a combatir, a redomar el pulso que nos mantiene vivos, si bien inexplicablemente. Estar atento a lo que pasa cuando no pasa nada, ser testigos de ese drama que consiste finalmente en no haber hecho nada o casi nada; emboscarse, en fin, en el incendio que nos rodea es nuestro único y eficaz acto de servicio. En todo individuo hay algo inexorable que justifica su existencia. Algo noble; quiero decir: demasiado noble como para ser humano. Todos, incluso el más abyecto -precisamente él- nos reafirman en esa enorme responsabilidad que sostenemos sin pensarlo. Una música, me diréis, no palidece ante la inmundicia humana de su autor. (Wagner va tomando asiento en el banquillo). Cierto: también del viejo Pound aprendimos a amar su estrecha solidez a fuerza de detestar su persona. Y de Wagner, además, nos emociona irreparablemente su pequeñez humana, capaz de manejar toda una orquesta y de legarnos El anillo del Libelungo, con toda su retranca wikingofascista*. Por su parte la Historia, esa alcahueta tuerta, hace el resto: fija a pie de página obtusas biografías, hechos vagamente puntuales, primeros planos de una realidad que nunca vimos. Dentro. Muy dentro: en el extravío de sus redes de araña, entre el alma del vino y el temblor del zahorí, entre la evolución de la especies y la soledad de cada uno, ahí nos vemos siendo, avanzando, resbalando;

Y ese fluir de cuerpos siempre a la deriva entre el humo y el humor, entre el abierto azar de un libro y su lector apasionado, entre los rápidos que dan a la mar, que es el morir.

Allí nosotros, aprendiendo, amando, olvidando.

 

* ¡Si nos oyera Borges decir vikingo en lugar de viking!


Razón de ser
19 de septiembre de 2009


A qué engañarse: lo que más me gusta en esta vida es no hacer nada. Y pocas veces lo consigo.


Crónica de sociedad
12 de septiembre de 2009

 

Decido asistir a la Gala de los Premios Literarios Ciudad de Mérida. Desde el año pasado, esta velada se celebra en el peristilo del Teatro Romano con un acto sobrio y elegante alejado de los excesos y la parafernalia de ediciones anteriores. Es uno de los aciertos de la nueva corporación. La elección del sitio -hay que decir marco incomparable: ya es una tradicción- no podía ser más apropiada. Hace un viento ligero de noreste y en el cielo asoman nubes remolonas cargadas, eso sí, de amenazante lluvia. El número de invitados parece el justo, es decir, la mitad de otras veces y la cuarta parte que antaño: no asoman esta vez el clero ni las fuerzas vivas de la ciudad; tampoco se ve a empresarios galácticos, presidentes de fútbol, emeritenses eméritos ni otras especies demasiado literarias para un evento como éste. Están los que de verdad se interesan por la cultura y algún que otro despistado como yo. Siempre es agradable encontrarse en la puerta del Teatro Romano con Ada Salas (radiante no: luminosa), saludar en la puerta a Elías Moro, Antonio Gómez, Serafín Portillo... algunos viejos conocidos de la época de retrancas en tertulias y cabarets, y el personal de la Biblitoeca Juan Pablo Forner, que se ha encargado del evento y a quienes felicito desde aquí. Tomo asiento entre Pilar Nieves y Paco López, al fondo del batallón de filas destinadas al cuchicheo. El acto transcurre veloz: la espléndida presentadora resuelve con gracia y esmero las contigencias propias del directo. Ante ella, el jurado de ambas categorías (novela y poesía) y el séquito de políticos miran al cielo; si llueve -se nos dice- habrá que salir en estampida y el fallo se hará público mañana a través de la prensa. No llegan las aguas a la arena. Tras unos vespuntes de guitarra clásica a cargo de David Gallardo Martínez (más tarde tocará una obra de Leo Brower especialmente conmovedora), y un primer acto del ballet "Y la inspiración se hizo carne" representado por Óscar Alonso y Mónica Correa Alcón, llega el momento de anunciarse el ganador del XIII Premio de Novela "Juan Pablo Forner".

La novelista Soledad Puértolas se encarga de desvelarnos el misterio acrecentándolo: no hay ganador. El jurado ha decidido declarar el premio desierto. Esta resolución -difícil y suponemos que ingrata- confirma el rigor del jurado y refuerza el prestigio del certamen. La sorpresa se extiende entre el público. Soledad Puértolas es clara y concisa: "las obras tienen calidad y mérito en determinados episodios, pero no han conseguido el logro total de una novela". El segundo acto del ballet nos pilla ya preparados para cualquier cosa. Sin embargo las nubes se alejan, la noche queda en calma, los dos bailarines libran su puntillisimo sobre un fado de Mariza. Al abrir la plica conocemos que el título de la obra ganadora es "El ave fénix sólo caga canela". Canela fina, oiga. En su defensa de la obra ganadora, Félix Grande alude al psicoanálisis y Lacan, al humor y la irreverencia de que hacen gala estos poemas. Mucho mas convincente se manifiesta el propio autor, Ángel Cerviño (Vigo, 1956) al ser contactado por teléfono: "entendiendo el psicoanálisis como un estilo literario". Pues claro. Un libro -y lo digo muy en serio- que habrá que leer con atención: tal vez tenga razón.

No hay vino de rigor, así que salimos a tomar unas copas y cenar algo por no perder el dulce hábito -todo un estilo de vida en el ámbito literario- de la cocreta*. Tras las oportunas indecisiones, Marino, Elías, Fermín y yo nos aferramos a una mesa en la terraza de las Siete sillas. Ración de bacalao y torta del Casar rehogada con cerveza. Hablamos, cosa extraña, de libros. Pronto la tertulia es monopolizada por el talento acaparador de Gonzalo Hidalgo Bayal. No exagero: Elías y Marino se pasan más de dos horas alabando -y desentrañando, de paso- los vericuentos y las claves de su última novela El espíritu áspero y lo mejor es que resulta un placer escucharles. Cuando a última hora se nos une el actor Juan Carlos Tirado, los tímpanos de Gonzalo ya deben estar al rojo vivo. Al despedirnos, nos alejamos cada uno por su lado como esas barcas que, amarradas a puerto, sostienen cada una un baile distinto con las aguas.

Dulcemente, como quien no quiere la cosa, cae el telón. Se cierran los párpados.

 

* "cocreta": término patentado por el colectivo Alcandoria.


Pasolini revisited
11 de septiembre de 2009

 

Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas.
Este moverme... en días totalmente
fuera del tiempo que parecía consagrado
a mí, sin regresos ni paradas,
espacio lleno todo de mi estado,
casi prolongación de la existencia
mía, de mi calor, del cuerpo mío...
y se ha truncado... Estoy en otro tiempo,
un tiempo que dispone sus mañanas
en esta calle que yo miro, ignoto,
en esta gente fruto de otra historia
.

 

Versión de Delfina Muschietti


Pier Paolo Pasolini (1922-1975)


Mis canciones favoritas: "Amigo" Banzai (Banzai. Hispavox, 1983)
10 de septiembre de 2009




 

Para muchos la irrupción de Banzai en el panorama rockero español a comienzos de los ochenta fue una de las sorpresas de aquella década maldita. Frente al snobismo subvencionado de muchos músicos nuevaoleros (del que Nacha Pop fue el ejemplo más flagrante pero ni mucho menos el único), el "sector duro" mantenía intactas sus señas de rebeldía: Barón Rojo, Leño, Obús, Asfalto, Ñu, Topo, Bloque y otras excelentes bandas de la época lograron facturar excelentes trabajos, si bien desde la más rigurosa independencia en cuanto a medios y difusión. Chapa discos, la gran compañía que aglutinó a casi todos ellos, tenía una infraestructura muy limitada, lo que, a la larga, condenó al obstrascismo a casi todos sus fichajes.

Curtido en mil batallas, el guitarrista Salvador Domínguez (Madrid, 1953) había prestado sus servicios como músico de sesión para diversos grupos de los sesenta (Los Bravos, Los canarios, Pop-Tops...) pasando en la década siguiente a destacar al frente de Los canarios de Teddy Bauitista y Los pekenikes. Pero será en la banda de Miguel Ríos donde la reputación de "Salva" se disparará entre los aficionados dada su versatilidad con las seis cuerdas. Tras una estancia en Londres que coincide con el surgimiento de la New Wave Of The British Heavy Metal, Salvador regresará a España para fundar su propia banda. Formada por Valentín del Moral “Chino” (cantante), Juan Carlos Redondo “Snoopy” (teclados), Carlos Vázquez “Tibu” (bajo), Larry Martín (Batería) y Salvador a las guitarras, tomarán su nombre de una de las composiciones de Domínguez para su amigo Miguel Ríos: Banzai. Su primer disco Banzai (Hispavox, 1983) se convertirá en un clásico del underground rockero español y la banda, con uno de los mejores directos que se recuerdan, será una de las bandas más queridas por los fieles al género.

En la discografía de mi padre el primer vinilo de Banzai es una de esas joyas raras, buscada incansablemente por completistas y nostálgicos. El disco tuvo una promoción mínima o nula, a lo que no contribuyeron los cambios en el seno de la banda y la aparición, un año después, de un segundo trabajo, Duro y potente (Wea, 1984), demasiado deudor a mi gusto de los sonidos anglosajones. Banzai no es un disco de heavy metal, ni mucho menos, sino un excelente album de rock con algunas letras realmente buenas (Tu real salvador, Amigo, No te enganches), canciones que atrapan a la primera (Funciona legal, Siempre quieres más, Héroes) y el himno que todo disco de rock debe tener: Voy a tu ciudad. En estos surcos, la voz entrañable de Valentín del Moral aporta un toque sereno a las increíbles escalas que Salvador elabora por encima de una base sólida y unas armonías perfectamente construídas. El resultado es lo que se ha dicho: un excelente disco de rock. Pero hay algo más: en las letras, el poeta Xavier Noguerol aporta crónicas de la periferia social (Héroes), radiografías del desgaste suburbano (Tu real salvador) y una tajante reivindicación de la integridad personal frente a los abusos de la moral establecida (Amigo).

He elegido ésta última, un tema que me envuelve en recuerdos de adolescencia, cuando acaso yo mismo me sentía el desdichado destinatario de este canto a la amistad.

Se recomienda escuchar alto.


 



El temor de los intelectuales a la política, por Ramin Jahanbegloo


 

Universos paralelos:

 


Otros mundos:




Escaparate de venenos

Me acuerdo
(1999)
El largo andar
tan breve

(2003)
El viento y
las brasas

(2004)
El proyector
de sombras

(2005)
Cuatro poetas
en un tobogán

(2006)

 

· DERIVAS traducido ·

(Servicio de Google Traductor. El Tiempo de la Palabra no se hace responsable de estas traduciones)

 


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