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30 de junio de 2010


El hombre ha llegado a casa y ha soltado la bolsa sobre una silla de la cocina. Sin encender la luz ha avanzado unos pasos. Manos que tantean en la oscuridad un mueble desencolado, ojos que no miran la puerta (que no encaja) ni reparan en la ventana caída y sin cortinas. El hombre ha sacado de la bolsa media sandía y la ha guardado en la nevera. La bombilla está fundida pero hay espacio suficiente para la otra mitad de la sandía, la otra mitad que no ha comprado. El hombre ha bebido un poco de agua directamente de una botella. Sabor a cal en la garganta. A cal y frustración. El hombre se ha dirigido al salón con la botella en la mano. Del otro lado del muro llega invencible y metálica la voz del locutor, el estruendo de la muchedumbre en la tarde paralizada por noventa minutos de fútbol y otros tantos de publicidad sin cortes, sin tregua, sin opción. El hombre ha mirado el reloj y no ha visto las nueve menos cuarto. Perfectamente sabe que aún faltan dos horas, algo más de dos horas para que ella regrese del trabajo, cansada y sin ganas de bromear, sin hambre siquiera. El hombre se ha sentado en el sofá a esperar no sabe qué, a esperar frente al televisor apagado sobre el que yace el retrato ya lejano de unas vacaciones en el mar. Mira sin ver, adivina sin mirar el fulgor de esos años, ya idos. El calor acompasa el blando fluir de los minutos sobre un fondo de gritos y pitidos. A los veinte minutos ha sonado el primer gol. Diez minutos más tarde ha vuelto a rugir el gentío, el vecino ha insultado al entrenador, los locutores han lamentado el pobre juego de nuestra selección, una voz joven ha seguido anunciando un sorteo millonario.

El hombre se ha mantenido firme en su asiento, con la mirada perdida, intentado no pensar. La habitación se ha ido haciendo oscura, infinitamente oscura. Ha vuelto a mirar el reloj. Las sombras le dicen que aún falta hora y media para que ella llegue.

Seis minutos más tarde, el hombre se ha puesto a llorar.

 


Desde la base: el blues.
14 de junio de 2010

 

 


¿Seguimos dormidos?
9 de junio de 2010

 

 


Presentación en Mérida
7 de junio de 2010

 

El sábado pasado presentamos Oscuro pez del fondo y la Antología de Miguel Ángel Gómez Naharro en la Feria del Libro de Mérida. Lo hicimos a dos voces (Miguel Ángel presentó mi libro y yo el suyo) priorizando el afecto mutuo de una amistad a lo largo que ha tenido puntos de encuentro y colaboración en los últimos trabajos del músico. Bajo un calor sofocante, y en ajustada media hora, desgranamos algunos poemas de mi libro y definí la trayectoria musical de Gómez Naharro como una "voz de resistencia". De la importancia de la suya y otras voces impertérritas en nuestro panorama cultural espero poder hablar aquí más detenidamente en breve.

Nos arroparon amigos y lectores que llenaron la carpa y hasta pidieron un bis (cerré con un haiku) para luego acompañarnos a la caseta de firmas donde estuvimos otra media hora estampando dedicatorias. Sentí una mezcla extraña de satisfacción y sorpresa, cuando, tras firmar unos veinte o veinticinco ejemplares, me informaron que no quedaban más en toda la Feria. Ante tan inesperada circunstancia -soy el primer sorprendido- hubo quienes acudieron con ejemplares de El viento y las brasas y El proyector de sombras. Ni siquiera pude despedirme de Miguel Ángel, a quien envío un fuerte abrazo desde aquí. Algunos compañeros del club de lectura me regalaron un hermoso texto escrito -¿a cuántas manos?- entre todos, para darme ánimos al iniciar la presentación. También a ellos quiero agradecerles el cariño mostrado. Carmen, que no es del club pero como si lo fuera, tuvo la feliz ocurrencia de hacerme un bonito obsequio: cien chapas ¡cuadradas! con el emblema de mi oscuro pez, que yo repartí entre los presentes. Resultaba un tanto surrealista ver después a tanta gente por la Feria con la chapa prendida en la solapa.

Para rematar una jornada feliz y alargar el encuentro con los amigos, habíamos organizado para esa noche una fiesta en casa bajo la amanezante insinuación de ofrecer "una velada poética". Ni por esas se amilanaron (aunque a las dos nadie había abierto un libro todavía) los amigos que respondieron al quite. Cuando la cosa estuvo a punto, apagamos todas las luces y la casa quedó iluminada sólo por velas y candiles. La inicial propuesta de leer mis poemas pronto fue reemplazada por lo que bauticé como "un viaje entrópico-musical": la electrónica de Wolfgang Haffner sirviendo de mantra a los poemas de Leopoldo María Panero.

Nos dieron las cinco.

 

 


Oscuro pez en "Agitación y cultura"
6 de junio de 2010

 

Reproductor de audio

Lectura realizada en Canal Extremadura Radio (4/6/2010).
Entrevista realizada por Olga Ayuso.


Sobre Oscuro pez
4 de junio de 2010


 

Sobre Oscuro pez del fondo

Rafael Morales Barba

 

Con sus virtudes bien claras me llega al correo este Oscuro pez del fondo, que el jurado del Adonáis ha sabido premiar y dejar en segundo plano simultáneamente. Al menos en apariencia, porque no es ningún demérito ser accésit del premio más importante en español para poetas jóvenes. Y recordemos que accésit significa el que está más cerca del primero. No es un demérito, ni mucho menos, sobre todo cuando se lee el prometedor poemario, todavía lleno de futuro, del poeta que es, pero sobre todo del que puede llegar a ser Daniel Casado (1975). Fundamentalmente si consigue afianzar la voz propia y delimita su papel de lector aplicado de José Ángel Valente, Antonio Gamoneda o Claudio Rodríguez, cuyos versos, fórmulas y referencias, resuenan todavía. En ese sentido su merodeo todavía no ha despegado completamente como hizo Antonio Méndez Rubio en su salto hacia el trasluz o el lugar que no existe desde Wallance Stevens, frente a cierto continuismo de Ada Salas. O quien es ya un nombre de referencia, Vicente Valero, que supo evolucionar desde su antiguo maestro, Antonio Colinas, con la lectura del desasosiego existencial de Claudio Rodríguez y el lenguaje de José Ángel Valente, hacia un recorrido de interiores a través de los paréntesis de Francis Ponge. Del diálogo de interiores y ficciones que Stevens construyó como metapoema. Algo parecido le puede ocurrir a este zambranista que, como todos esos poetas un poco mayores que él, pero con los mismos modelos, necesita evolucionar hacia la voz sin anclajes. Sea la ya insinuada por alguno de esos nombres o hacia territorios indómitos.

Oscuro pez de fondo (2009), como hemos dicho, trae todos esos iconos, junto a citas no menos significativas como la de los inquietantes Alejandra Pizzarnik y Paul Celan, o del contemplativo y desolado César Simón, entre otras. En ese sentido el libro trae algunos guiños desde las citas hacia cierta poesía del minimalismo, como la argentina, junto a otras más inusuales en español como el excéntrico poeta portugués que fue Al Berto o, aunque choque en ese contexto de patrones, el poeta realista asturiano Víctor Botas. Lo cierto es que es la voz de Valente a través del juanramoniano animal de fondo, del limo y el cieno, de la derrota en definitiva con que nuestra época vive el yo, la que abre el libro desde el poema que da título al libro con su conmovida resignación y desconsuelo. Lo marca y también le lleva hacia el poeta moral que reprueba envidia, mentira, traición…y hacia una actitud gnoseológica, indagadora y existencial, que se revela en la autognosis y en cierto hermetismo de quien señala un camino y se adentra en él entre incertidumbres y titubeos emocionales. A veces cierto hermetismo, sólo a veces, pero también talento para proponerse en esos parajes titubeantes donde brilla una capacidad tropológica muy sugerente: con el ramo de niebla de la vida o la larga noche de palabras vencidas. En efecto, la diosa melancolía del hombre moderno que ya no cree en la revelación, viene en el libro como un presente que se opone a la esperanza de un hijo, Miguel, que sosiega el desconsuelo y da sentido al omphalos u ombliguismo, por contarlo a la manera de su maestro, con que cierto ensimismamiento nos recorre. De esa forma el poemario trastoca el angustiado pathos que marca una mirada distinta y no monocromática como la que venía desde la reciente tradición de la poesía esencial. Ese eclecticismo, a veces desconcertante para el lector, porta así esperanza, ironía (Equilibrios), o una profunda delicadeza, menos ácima y desconsolada que la valentiana, como demuestra el espléndido Pájaro del olvido. En cualquier caso esa herida desde donde dialoga con la vida tiene su deriva hacia la ternura (y reproches), como en el magnífico Surcos, donde la memoria establece una silenciosa estampa de silencios. Así también lo hizo Vicente Valero en su momento con una mujer de negro, intemporal, en los campos de Ibiza. Pero Casado ha establecido ahí un diálogo que hace olvidar ese después de todo somos las piedras del río. Enlaza así con toda una tradición metafísica extremeña, zurbaranesca, a la que habrá que hacer caso en ese sentido conmocionado y de pureza, soledades, intimismos. No nos engañemos, no es un desconsolado sin más lleno de clichés y lecturas, sino una voz fresca y honda en el camino, que busca desde su biblioteca viva de lecturas y sentimientos, la suya propia. La del solitario pensativo y desasosegado que dialoga entre tu alma y la noche.

Obviamente en un libro tan rico de inquisiciones y disquisiciones hay otros registros que miran hacia los lados como el conmovedor Inmigrantes, Equilibrios…es decir, donde Casado muestra esa vena solidaria y conmovida por el dolor ajeno, que es la base de ese cristianismo que parece dejado a un lado, tal y como le ocurrió a Claudio Rodríguez en la época del Don (tal y como se puede comprobar incluso desde los poemas de la prehistoria del zamorano), pero del que guarda parte de la cosmovisión. En este sentido el libro muestra su eclecticismo de intimismos esenciales y metafísicos (expresión que no le gusta a Mario Martín Gijón), sabio y solidario, humano y donde cielo y fondo (no) son el mismo naufragio. No cabe duda de que su lectura no se aparta en este sentido de la de muchos de sus contemporáneos.

 

Rafael Morales Barba es profesor de Literatura Española
en la Universidad Autónoma de Madrid.


 


I. Ay!
3 de junio de 2010


Preguntado a plena luz del día por el motivo o circunstancia que obligara a andar entre el gentío a cientos de chiquillos en edad escolar, el hombre se ha girado a mirar lo que señalaba. En carrozas y caballos pero también a ras de suelo, la sorda infantería atreviesa en peregrinación la carretera.

-Quillo, que ezto e er Rocío, ha contestado el hombre, de suyo mutuo.

Si, pero llevan un mes sin pisar las aulas, hemos dicho nosotros.

Y nos hemos dado la vuelta.


II. Si, pero...
3 de junio de 2010

 

Decimos El Rocío... ...sí, pero al menos éstos creen en algo -folklorismos aparte- supranatural, en una fuerza mayor: su afán de devoción se justifica en la creencia de un obsequio al final, en la otra vida, o bien unas propinas mientras dura ésta.

En Badajoz los había que imploraban al rey a grito pelado: "Majestad, resuelva esta situación". ¡Al rey!.

En cuanto "a esta situación"... ¿a qué se referían?. ¿A esta situación de paraísos fiscales para la conciencia?, ¿de emociones adquiridas sin el consentimiento de la razón; de fugas, de espejismos, de blancos terribles en nuestra conciencia cotidiana?...

...¿o quizá sólo aludían a lo económico?


 

Mayo 2005

 
Envía tus comentarios: daniel.casado@terra.es

 

Universos paralelos

 







Escaparate de venenos

Me acuerdo
(1999)
El largo andar
tan breve

(2003)
El viento y
las brasas

(2004)
El proyector
de sombras

(2005)
Oscuro pez
del fondo

(2010)

Cuatro poetas
en un tobogán

(2006)
Antología 30
(Premio Arcipreste de Hita)

(2009)

Literatura en Extremadura
(2010)



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