Autor: Daniel Casado (Cáceres, 1975)

 


D E R I V A S
Agosto
de 2005


¿Qué dolor refinado de qué amor?
¿Qué mediodía de qué agosto?


César Simón

 

Ver las últimas  Derivas

 


 


Mundo real :
(Miércoles, 29 de agosto de 2005)

"Tell me down in New Orleans, whiskey´s streaming like wine. Tell me Canal Street is the longer street in town".

John Lee Hooker (1950)

 

Parece que en New Orleans, la cuna del jazz y del blues, un huracán con nombre musical ha sobrepasado todas las previsiones, dejando a la ciudad hundida en el fango y el caos más absoluto. Hace unos días veíamos a miles de personas refugiarse en un inmenso estadio, otras abandonaban el lugar en dirección contraria al viento. Sin embargo, la furia de Katrinna les ha devuelto de golpe a la provisionalidad, ese sentimiento connatural al ser humano que predicadores y agentes de seguro tratan de hacernos olvidar. La idea de seguridad, tal como la entendemos en nuestra sociedad de consumo, se reduce al simple hecho de prevenir mediante pólizas y oraciones, la fuerza de la naturaleza o la ira de los cielos.
Hoy, la ciudad del sol naciente es una masa informe de tierra anegada, cuerpos a la deriva, casas destrozadas... El pánico parece haber saltado de la pantalla. Los americanos se han convencido, una vez más, de la dura fragilidad con que nos envuelve la vida. Allá donde uno mire, sólo hay dolor y destrucción: barcos empotrados en las viviendas, planicies arrasadas por el agua, cuerpos que el viento ha barrido lejos, igual que en esas películas de catástrofes que tanto les gusta.


Revisando viejas cintas:
(Martes, 28 de agosto de 2005)

La llegada del dvd a casa (debemos haber sido los últimos de toda España) me permite revisar estas noches de agosto soberanamente largas y calurosas, algunas viejas cintas que en su día me interesaron. No puedo decir que me apasione el cine; todo lo más, algunas películas sueltas de cine europeo o japonés, algún clásico americano y poco más. No voy al cine desde hace lustros, ni lo echo en falta. Prefiero pasar un par de horas leyendo un buen libro, o escuchando un disco, que viendo una película, por buena que ésta sea. El caso es que éstas últimas semanas he estado revisando algunas cintas realmente entretenidas. Juego, claro está, sobre seguro. No me gustan las sorpresas ni los descubrimientos de primera mano.

Léolo, (Jean-Claude Lauzon, 1992): Una extraña e irónica cinta cargada de poesía (la poesía de la fealdad, también) que esconde un mensaje terrible. Una parábola acerca de la sensibilidad poética en un entorno lleno de hostilidad afectiva y social, en el que trata de sobrevivir el pequeño Léolo. Contiene dos o tres escenas absolutamente inolvidables... y la sugerente música de Lorenna McKennitt. ¿Se puede pedir más?

American Beauty, (Sam Menders, 1999): Un ajustado retrato de la sociedad americana (¿sólo americana?) con un ritmo trepidante que va de la comedia al drama, pasando por el thriller, y unas interpretaciones magníficas entre las que sobresalen las de Kevin Spacey y Annette Bening. Una demolición de la sociedad actual desde dentro.

Delicattesen
, (Jean Pierre Jeunet y Marc Caro, 1991): Áspera, sórdida, acojonante, divertida, espeluznante, bellísima cinta del autor de Amelie (Jeunet) que no da un sólo respiro al espectador. Para ver con amigos en una tarde de verano, piscina y chicas en bikini. Antes de cenar, por supuesto.

Los muertos - "Dublineses",
(John Huston, 1987): Prueba irrefutable de las limitaciones del cine como género narrativo: Huston consigue aburrir al espectador narrando puntillosamente el primer relato de la famosa obra de James Joyce. Todo está en su sitio: la cámara se muestra ágil, los actores excelentes, el vestuario impecable, pero al final la sensación de aburrimiento es tal que nos hace pensar que los muertos seamos nosotros.

El desencanto
, (Jaime Chávarri, 1976): La otrora escandalosa cinta de Chávarri que mostró a una España adormecida la disección de una familia burguesa venida a menos y lo hizo desde sus propias entrañas, con los impagables testimonios de la mujer y los hijos del poeta Leopoldo Panero, es hoy ya un envejecido documental cuyo ingravidad no desmerece otras virtudes, puramente iconográficas. Sobre todo, para quienes hemos frecuentado la obra de los poetas Juan Luis y Leopoldo María Panero, y bueno, en fin, algunos exabruptos periodísticos de Michi. Años después Ricardo Franco rodó una segunda parte (que iba llamarse genialmente El desencuentro) y que, a mi parecer, es un hermoso ensayo sobre la muerte, el paso del tiempo, la herencia repudiada... y donde los tres flamantes actores interpertan grotescamente su papel de infants terribles. Impagable Juan Luis Panero vestido de cowboy pegando tiros a la tapia de un cementerio, o Michi Panero arrastrándose -literalmente- por el pasillo de su casa de Madrid.

Dogville
, (Lars von Trier, 2003): Donde se demuestra (de nuevo) que Nicole Kidman es, sobre todo, una gran actriz.

El marido de la peluquera,
(Patrice Leconte, 1990): Intimismo, delicadeza, poesía de las pequeñas cosas. Un canto al amor sin límites y a los límites que cada uno ponemos al amor. Anna Galiena: la sensualidad hecha mujer.

The wall
, (Alan Parker, 1982): La pesadilla socio-educativa de Rogers Waters que llevó a Pink Floyd dos años antes a la cima de su creatividad, vió potenciado su alcance con esta brillante cinta del director Alan Parker. En ella, un sorprendente Bob Geldof arropado por un costoso montaje donde se intercalan imágenes reales con holografías llenas de mensaje antibelicista, dan cuerpo a esta maravillosa ópera rock. La película aporta, en lo musical, numerosos minutos extras que los floyd desecharon de la versión para el disco (¡y éste ya era doble!). Más allá de sus logros y defectos, El muro es una obra maestra del género musical pese a que su mensaje, en apenas veinte años, haya quedado muy envejecido.

Amarcord
: (Federico Fellini): Una obra maestra que no se puede explicar. Hay que verla al menos una vez al año.

Decamerón
, (Pier-Paolo Pasollini): Divertida y esperpética a partes iguales.

Rojo
, (Krzysztof Kieslowski, 1994): La que fue la última cinta del director polaco, es una compleja historia magníficamente narrada acerca de la intimidad y sus secretos, el amor y la edad, el pasado y sus fantasmas. El famoso Bolero de Zbiniew Preisner y la aparición, en los minutos finales, de los actores de las otras dos películas de la trilogía, "Blanc" y "Bleu", confieren al conjunto un movimiento cíclico lleno de sentido.

Las horas
, (Stephen Daldry, 2003): Adaptación de la novela homónima de Michael Cunninghan, Las Horas es ante todo un homenaje a la literatura. Recrea con soberbia fluidez tres historias paralelas en tres épocas distintas: Por un lado, los tormentos de la novelista Virginia Woolf (Nicole Kidman) en los años en que escribía Mrs. Dalloway; el destino de Laura Brown (Julianne Moore), una madre de familia angustiada por el modelo perfecto del sueño americano, tars la Segunda Guerra Mundial. al que ella no consigue adaptarse. Y por último, en 2001, el enfrentamiento de una mujer, Clarissa Dalloway (Meryl Streep) con el destino elegido por su antiguo amante, un poeta enfermo de sida para el que prepara una fiesta. La cinta tiene un ritmo ágil y fluido, y cuenta con numerosos guiños al espectador (como la latente homoxesualidad de las tres mujeres), aunque hay uno que me parece magistral: en Las horas asistimos a los tres tiempos del juego literario: la autora, concibiendo su novela; la lectora que la lee, treinta años después; y la protagonista, en el presente, que conjura sus demonios como puede para escapar al destino del libro. Soberbio.


Bunbury agotado:
(Lunes, 28 de agosto de 2005)

Sólo unas horas después de que un frío comunicado insertado en su web anunciara la disolución de su banda, el Huracán Ambulante, la cancelación de la gira americana y "su intención de retirarse temporalmente y sin fecha prevista de los escenarios", Enrique Bunbury se subía a las tablas del pabellón de Zuera, a 25 kmtrs de su Zaragoza natal para dar el que sería por un tiempo su penúltimo concierto (seguía en pié el día siguiente en Cambrills). Sin embargo algo iba mal desde el momento mismo en que Bunbury salió al escenario. Dos amigas, Eva y María, bien situadas, me aseguran que el olor a tequila y la cara del artista eran demasiado evidentes, parecía sufrir con cada canción. A la tercera canción, oportunamente titulada "Sácame de aquí" las fuerzas del maño no pudieron más: levantó la mano, mandó un beso al público y se dió media vuelta desapareciendo, mientras la banda terminaba la canción.

Ahora todo son especulaciones, y hasta el Telediario se hace eco de la espantá del artista para certificar, si hace falta, su súbita decadencia. El futuro está abierto, en efecto, pero nadie cree en la retirada. Estoy convencido de que el artista Bunbury sabrá sacar un nuevo as de su manga, un nuevo truco de su chistera. Lo que no veo claro es en qué condiciones estará el hombre, aquél Enrique Ortíz de Landázuri que un buen día decidió cambiar su nombre por el de un personaje secundario de La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde, y vender su alma al diablo siguiendo al dictado los proverbios del infierno, el camino del exceso que habría de llevarle al palacio de la sabiduría.

Nos íbamos a conocer esa misma noche, en Zuera. Suerte que no fuí.


Premática del desengaño contra los poetas güeros.
Por don Francisco de Quevedo:

"Por cuanto habemos sabido que la mayor parte del mundo, olvidada de nuestras verdades, ha dado en seguir la falsa secta de los poetas chirles y hebenes, por último y eficaz remedio de nuestros reinos nos plugo ordenar y ordenamos estas premáticas y las mandamos guardar de todos so las nuestras iras y penalidad de nuestra desgracia:

1. Por lo cual, atendiendo a que este género de sabandijas que llaman poetas son nuestros prójimos y cristianos, aunque malos, viendo que todo el año idolatran mujeres y hacen otros pecados más enormes, mandamos que la Semana Santa recojan a los poetas públicos y cantoneros, como a malas mujeres y que los prediquen para convertirlos; y para esto señalamos casas de arrepentidos, que según es su dureza, no las estrenarán.
2. Item. Advirtiendo los grandes bochornos que hay en las caniculares coplas de los poetas del sol, como pasan a fuerza de los soles que gastan en hacerlas, ponemos perpetuo silencio en las cosas del cielo, señalando meses vedados (como a la caza y pesca) a las musas, porque no se acaben con la priesa que las dan.
3. Item. Habiendo considerado que esta infernal secta de hombres condenados a perpetuo concepto, despedazadores y tahures de vocablos, han pegado la dicha roña de poesía a las mujeres, declaramos que nos damos por desquitados con este mal que les han hecho del que nos hicieron en Adán.
4. Item. Por cuanto el siglo está pobre y necesitado de oro y plata, mandamos que se quemen las coplas de los poetas, como franjas viejas, para sacar el oro y plata que tienen, pues en sus versos hacen sus ninfas de todos metales como estatua de Nabuco.
5. Item. Advertimos que la mitad de lo que dicen lo deben a la pila del agua bendita por mentiroso y que sólo dicen verdad en decir mal unos de otros.
6. Item. Habiendo advertido que han remitido todos el juicio al valle de Josafat, mandamos que anden señalados en la república y que a los furiosos los aten; concediéndoles los privilegios de los locos, para que en cualquier travesura llamándose a poetas, como prueben que lo son, no sólo no les castiguen por lo que hicieren, sino les agradezcan el no haber hecho más.
7. Item. Advirtiendo que después que dejaron de ser moros (aunque guardan algunas reliquias) se metieron a pastores todos, por lo cual los ganados andan secos de beber sus lágrimas, la lana chamuscada del fuego de sus amores y tan embebecidos en su musical que no pacen, mandamos que dejen el tal oficio; y a los amigos de soledad les señalemos ermitas y que los demás, por ser oficio alegre y de pullas, se acomoden en mozos de mulas.
8. Item. Por estorbar los insolentes hurtos que hacen, mandamos que no se puedan pasar coplas de Aragón a Castilla, ni de Italia a España, so pena de callar un mes el poeta que tal hiciere y si reincidiere, de andar un día limpio.
9. Item. Declaramos y mandamos tener entre los desesperados que se ahorcan y desempeñan, y como tales que no los entierren en sagrado, a las mujeres que se enamoran de poetas a secas. Demás de esto, advirtiendo la innumerable multitud de sonetos, redondillas, etc. que han manchado el papel, mandamos que los que por sus deméritos escaparen de las especerías vayan a las necesarias sin apelación.
10. Item. Pero advirtiendo con ojos de piedad que hay tres géneros de gentes en esta república tan sumamente miserables, que no pueden vivir sin los tales poetas, como son ciegos, farsantes y sacristanes, permitimos que haya algunos oficiales desta corte conocidos, los cuales tengan carta de examen del cacique que fuere en aquellas partes; limitando a los de las comedias a que no acaben en casamientos, ni hagan las trazas con papeles y bandos, y a los de ciegos que no sucedan los casos en Tetuán y que para decir la presente obra no digan zozobrar y a los de villancicos que jueguen del vocablo ni metan más en ellos a Gil, ni a Pascual, porque se quejan, ni hagan pensamientos de tornillo que, mudando el nombre se vuelvan a todas las fiestas. Y últimamente a todos los poetas en común les mandamos descartar de Apolo, Júpiter, Saturno y otros dioses, so pena que los tendrán por abogados a la hora de su muerte.

Todas las cuales cosas mandamos guardar a nuestras justicias inviolablemente con el rigor acostumbrado".


Poesía Hispánica Contemporánea.
Andrés Sánchez Robayna y Jordi Doce (eds):

(Domingo, 28 de agosto de 2005)

¡Qué barbaridades lee uno de vez en cuando! ¡Cuánta erudición! ¡Cuánto despropósito!


Me uno al dolor por la muerte de Fernando T. Pérez, cuya labor al frente de la Editora Regional de Extremadura no deja lugar a dudas de lo que es una gestión impecable del patrimonio literario extremeño. Parece que aún lo veo salir de la editora camino del parking, con su maletín a cuestas, soportando una enfermedad que él ha llevado siempre con una dignidad que a todos asombraba. Mando desde aquí un fuerte abrazo para su hermana Isabel y toda su familia, y para sus compañeros de trabajo y amigos.


Serrat agotado:
(Miércoles, 24 de agosto de 2005)

En sólo dos días, las entradas para el concierto de Serrat en Mérida se han agotado. Esto no es ninguna sorpresa; los empresarios conocen bien el tirón popular del cantautor catalán. Lo que sí desconcierta es que las entradas se hayan puesto a la venta únicamente por Internet. Esta medida (por la que hace seis años protesté en relación a otro concierto de Enrique Morente en el Auditorio de Cáceres), sigue siendo hoy, pese a haber cruzado el umbral de otro siglo, una forma antidemocrática de gestionar la cultura. No todo el mundo tiene conexión a Internet. No nos pasemos de modelnos. El ciudadano de a pie tiene todo el derecho del mundo a pasearse hasta una ventanita, guardar su turno y sacar su entrada. Esto no parece importarles a los organizadores del evento, porque el agravio no termina aquí: al sacar la entrada ¡la organización cobra 1 € de recargo! ¿Cuántas localidades pueden haberse vendido, 5.000, 6.000...? Pues alguien acaba de hacer su agosto sin dar palo al agua.


Canto de inocencia:
(Martes, 23 de agosto de 2005)

Esta mañana por fin he conocido a C. Es, en efecto, una persona encantadora. Todos me lo habían dicho. A su despreocupada belleza, se unen un envidiable sentido de la atención, unos modales impecables, casi teresianos y, lo más importante de todo: posee una voz discreta y joven, dulce y serena.

Hoy he empezado a leer (a leer de verdad, es decir: con intención de aprender) la poesía de Auden. Hasta ahora sólo había leído poemas sueltos en revistas, o habia dedicado unos minutos a ojear Gracias, Niebla en la Biblioteca. Pero ayer compré El mar y el espejo (Bartleby editores), y hoy, durante la siesta, me he metido de lleno en la obra.

Anoche, bien tarde, la mula me obsequió con un Grandes éxitos de Bobby Womack, músico de soul del que sólo habia escuchado alguna versión ocasional, quedando inmediatamente prendado de su voz. Ahora, mientras escribo estas líneas escucho una antología de sus más de cincuenta años dedicados a la música.

Intento retener la inocencia de estas tres emociones. Saborear despacio el misterio de cada ofrenda, donde cabe todo, todavía. Bien sé que el tiempo exige, antes o después, su óbolo de cotidaneidad, desmaquillando el perfil de lo asombroso a cambio de un poco de familiaridad; haciendo palidecer en la costumbre el mágico don de su compañía o, más terrible aún, decretando la peor de las decepciones. No ignoro que hay un cierto cinismo en todo ello. Como si pudiéramos protegernos de la belleza: -"Señorita: me gusta usted tanto, que no estoy seguro de querer seguir conociéndola"


Dos ejemplos contrarios:
(Martes, 23 de agosto de 2005)

A Miguel Ángel Lama, con gratitud.


Emily Dickinson
, la poeta de Amherts, sumida hoy en la leyenda de una vida enclaustrada, cerrada al mundo, apresada sólo en el laborioso hermetismo de sus poemas. Pero no nos basta así. Ha sido preciso reconstruir (o inventar) su biografía. Nosotros, sus lectores, somos el ambicioso editor que pide, a toda costa, el rostro, la pose de ese producto.

En Buenos Aires, Alejandra Pizarnik recibe la bendición de Borges, y años después, en París, la de Julio Cortázar, Octavio Paz y Rosa Chacel. A su vuelta a Buenos Aires, Pizarnik trabaja incansablemente en sus poemas, a la vez que la angustia y el desequilibrio crecen, llevándola al suicidio en 1972. La fuerza de su personalidad, la sustancia de su biografía la han convertido hoy en una autora de culto: esto propicia que se edite toda su obra, incluyendo, por supuesto, sus muchos poemas incompletos o absolutamente prescindibles.

Al final, a una y a otra sólo les une un buen puñado de poemas brillantes. Sólo poemas.


No he podido evitar decirle a la quiosquera:
- Ese librito lo he escrito yo.
- ¡Ah! -dice ella-, aún no he vendido ninguno.

Jules Renard: Diario 1887-1910


Vanitas vanitatis:
(Lunes, 22 de agosto de 2005)

Al otro lado del teléfono, el escritor y periodista Liborio Barrera me hace unas preguntas para una entrevista que aparecerá días más tarde sobre escritores extremeños con páginas webs; hablamos un rato sobre el contenido de ésta, y finalmente, apuntala: - "¿Pero cuál es el verdadero motivo de crear una web sobre uno mismo? ¿La vanidad?". - Por supuesto, querido ¿Qué esperabas?

Hace unos meses, inducido por varios participantes de los clubes de lectura, se me ocurrió colgar en el foro literario una lista de libros que había leído ese mes, creo que era diciembre. Inmediatamente aparecieron mensajes anónimos asegurando que tal número de lecturas era imposible, cuestionando mi modo de vida (las horas que dedico a la lectura no pueden ser compatibles, al parecer, con un trabajo digno), y dedicándome una buena ristra de insultos por semejante acto de vanidad. Uno, incluso llegó a insinuar que mentía sobre el libro "Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás" que, según él, constaba de más de 400 páginas. Como por entonces acababa de leer las 264 páginas del libro de Julián Rodríguez para su presentación en Trujillo, decidí no contestarlo y retirarme de tan estéril cuestión. Eso sí, de los que habían pedido que les recomendara algún libro no recibí un sólo mensaje.

Un conocido poeta y amigo placentino inaugura un blog donde trata cuestiones relacionadas con la literatura, la sociedad, la política... Decide compartir una parte de su tiempo ofreciendo su visión del mundo y de las cosas, y, en particular, su valiosa interpretación de la poesía. A los pocos días, el blog se llena de mensajes ofensivos, agravios y salidas de tono de algunos impresentables camuflados en la libertad del anonimato.

Lo dice Camus, en algún renglón de El verano: "Existe la belleza y existen los humillados".


Un nuevo blog que añadir a las lecturas matutinas: Activando la disidencia, de José Tato González (Cáceres, España). Mirada ácida, prosa limpia, buen juego de piernas y, cuando menos te lo esperas, un buen gancho directo al riñón. Bienvenido.

P.D: Gracias Iris.


Los discos de julio:


Van Morrison
: "Magic Time"; (Polydor, 2005)
Toots Tielesman & Kenny Wermer; Toots Tielesman & Kenny Wermer (Verve, 2003)
Pain of salvation: "Be"; (EMI 2005)
Patricia Baber: "Live a fortnight in France" (EMI, 2004)
Luis Salinas: "Luis Salinas y amigos en España" (BMG, 2005)
Emmylou Harris: "Spyboy" (CBS 1995 )
Jacinta: "Tribute to Bessie Smith" (Blue Note, 2003)

Dream Theater: "The number of the beast" (No oficial)
Mosaic: "The folk music of anatolia"
Steve Vai: "Real illusions - Reflections" (Sony, 2005)
Peter Gabriel: "Ovo - Millenium edition" (Real World, 2003)
Deep Purple: "Bananas" (2005)
Cirque du soleil: Discografía completa
Gabriel Fauré : "Musique pour piano" - Estéban Sánchez, piano (Ensayo, 1972)
Paolo Conte: "Elegia" (Atlantic, 2005)
Kurt Weill: "La ópera de tres centavos" - (Decca 1990)
Bob Dylan: "Time of mind" (Columbia, 1997)

Ray Charles:
"Love genius company"
Miles Davis:
"Tutu" - "Amandla" - "Doo bop" (Sony, 1986-1991)
Miles Davis:
"The Capitol Blue Note years"
Arvo Pärt
: "Summa" (ECM, 1994)

 




se me ha terminado la marihuana y hoy debidamente aconsejado por las autoridades sanitarias he empezado a fumar


Balance:
(Sábado, 20 de agosto de 2005)

Acabo de cumplir treinta años. La mitad de mi vida se la he dedicado a la Poesía, es decir: no he hecho nada útil. Los libros, los títulos, los nombres, las escuelas y tendencias, los trucos y el método, la saqueada tradición... todo fue en vano. No he sido capaz de comprender una palabra. No he sabido encontrar en todo ello posición o beneficio. Y ahora caigo en la cuenta de que tampoco sé leer. Me he limitado a sentir.


Existe una ciencia del sentir. Existe otra belleza.


Poesía y bondad (II):
(Sábado, 20 de agosto de 2005)

Al parecer no hablamos de lo mismo. El texto de Lama defiende la bondad de la poesía de Luis y Luciano Feria, no la de éstos como personas. Si se debate la bondad humana de los autores de poesía, no creo que deba exigirseles más que a un funcionario, a un jefe de ventas o a un banquero. Es un tópico largo tiempo sostenido en el que creen muchos lectores; leen, por ejemplo, a Borges, Neruda o Trapiello e inmediatamente creen -necesitan creer- que esos autores están por encima del bien y del mal, tocados por el halo divino de la perfección moral.
También sucede lo contrario: lectores y lectoras que se niegan a leer a Cela, Umbral o Vargas Llosa porque no esperan que "esos tipos" puedan escribir algo por encima de su condición humana, (a menudo distorsionada por la televisión, las ideologías y las leyendas negras de la historia). Cualquiera puede comprobarlo al glosar en público las excelencias de novelas como La colmena, Mortal y rosa o La ciudad y los perros.

En cambio, si hablamos -como creo que pretende Miguel Ángel Lama - de la bondad de la poesía, aludimos al contenido intrínseco de ésta, a su intencionalidad, ni siquiera a su calidad. En estos términos, las de Luis Feria y Luciano Feria son obras cargadas de bondad poética: es decir, su impulso es cantar la nobleza del hombre y de las cosas. Como las de Trapiello (el Trapiello poeta), Colinas, Brines, Atencia, Guillén... y tantos otros nombres, entre ellos el propio Álvaro Valverde.
Del otro lado, del lado de la poesía que nace como necesidad de subversión a los valores impuestos, encontrarmos poetas alejados de toda bondad: Leopoldo Mª Panero, Antonio Gamoneda, Roger Wolfe, José Viñals, Jorge Riechmann... Se podrá observar que la lista no es larga.

Cincuenta años después de las palabras de Valente, seguimos claudicando a las tentaciones de lo correcto.


Poesía y bondad:
(Viernes, 19 de agosto de 2005)

Miguel Ángel Lama apela en su blog a la poesía y la bondad y da dos ejemplos inequívocos: Luis Feria y Luciano Feria, que además de apellido, comparten en sus versos una natural inclinación a las buenas intenciones. Ya a mediados de los cincuenta, al recibir el premio Adonais, el poeta José Ángel Valente protestaba contra la supuesta bondad del ser humano: "Esa bondad, tan literaturizada ya, da asco. Hace falta una racha de maldad en la poesía".

Yo defiendo las bondades del verso malicioso. Y pongo como ejemplo, saltándome las reglas del pudor, este poema que escribí anoche y que aún no lleva título:


Un día, no sabemos cómo, el lenguaje
entre nosotros comenzó a cambiar.

Fueron otros los vocablos y otras
las acepciones, por lo común tan claras.

Dimos términos confusos, inútiles
subjuntivos, resonancias olvidadas,
vomitando incesantes palabras
de raíz muerta o en desuso.

A poco de aquello, nada
hubo capaz de explicarse, nada
digno de entenderse todavía.

Morimos al fin una tarde cualquiera,
ahorcados por la dura correa del silencio.

No sospechábamos siquiera
los años que aún quedaban por llegar.


Es lo único que puede aún sorprenderme. No es mi historia y es, a la vez, la historia de todos. Una racha de aire impuro cruzando nuestras vidas, nuestros actos, aquello que más amamos. ¿Qué sentido tendría narrar la felicidad? Ya tenemos para eso las comedias de Hugh Grant, los discos de Bisbal...


Duda etimológica:
(Viernes, 19 de agosto de 2005)

Hablamos de Bitácoras para referirnos a esta suerte de blogs y diarios en los que vamos anotando impresiones de forma, más o menos, correlativa. Sin embargo al referirnos a la expresión "Cuaderno de Bitácoras" ¿cabría emplear el prural Bitácoras? Así lo escribí en la entrada a esta sección, pero creo que es erróneo.

Gonzalo ¿puedes echarme una mano?


Préstamos:
(Jueves, 18 de agosto de 2005)

Leo en el blog de Álvaro Valverde un conocido poema de Czeslaw Milosz que, instintivamente, me hace extraer del estante su vieja antología en Marginales (Tusquets, 1984), libro que salvaría sin duda de mi biblioteca en caso del socorrido incendio. Hoy, sin embargo, tanto o más que el premio Nobel, me interesa su sobrino Lubicz Milosz, que José Viñals me descubrió el año pasado en su casa de Jaén, durante una de nuestras interminables charlas sobre poesía. La obra de este aristócrata oscuro y hermético (apenas se conoce su biografía), siempre en la estela del malditismo, posee una extraña, irreflexiva belleza.

Busco el poema de Czeslaw, aquí en la traducción de Barbara Stawicka, y lo vuelvo a leer. Fluye, de inmediato, esa energía que nos dispone a lo inesperado. Lo echo a la mochila y salgo a caminar.

A las 20:00 h. había quedado con Manuel en el Jazz. Entro y no hay clientes. Un muchacha joven y aburrida me mira despreocupada. Me siento al fondo, bajo la ventana, y pido un café. Suena Bobby Womack, su magnífica versión del California Dream. La verdad es que, salvo la música, nada parece en su sitio. Es la primera vez que contemplo este local tan vacío, siempre lo he visto atestado de clientes y de humo, de noche y de promesas. Hablando de promesas, Manuel no aparece por ninguna parte. Saco el libro de Milosz; va quedando poca luz, asi que me apresuro a leer. Busco Hijo de Europa, mi poema suyo favorito, cuyo comienzo que aún me pone los pelos de punta:

Nosotros, a quienes la dulzura del día penetra en los pulmones
y miramos las ramas florecer en mayo,
somos mejores que aquellos que perecieron.

Nosotros, que saboreamos el alimento masticándolo con esmero
y apreciamos, como se merecen, los divertimentos del amor
,
somos mejores que aquéllos, enterrados.


Al fin aparece mi destartalado amigo, todavía con sol de Bruselas en los brazos. Dos cervezas y algunas risas. Trae tabaco belga que fumamos con fingida devoción. Toma el librito de Milosz, lo ojea, lo deja sobre la mesa y comienza a hablarme de sus vacaciones. Poco a poco el local se va llenando. Sin embargo, no puedo quitarme esos versos de la cabeza. Todo me parece una sutil fantasmagoría hecha de sueños y de fingida alegría, y este escenario, este momento, sacado de algún poema de Juan Luis Panero. Las voces, la música, las copas, el brillo en las pupilas a medida que el alcohol avanza. Mientras Manuel habla y habla, yo pienso en Los muertos, el relato de Joyce, y veo, clarísimo en los nuestros, el contorno feroz de una despreocupada desesperación.

Después de cenar, me he tirado en el sofá a revisar Los muertos (Dublineses, 1988), la cinta de John Houston. Hoy procuraré acostarme más temprano.


Lamentable Victoria:
(Miércoles, 17 de agosto de 2005)

Lamentable Victoria Beckham reconociendo no haber leído un libro en su vida. Por lo general, sus opiniones y vahídos ya envidenciaban lo que ahora ella misma nos confirma: que el intelecto y la belleza (aunque sea postiza) conjugan mal. Declaraciones como la suya hacen más daño a la formación de futuros lectores y lectoras que mil videjuegos juntos. ¡Cuántas adolescentes considerarán las palabras de su ídolo como un estricto canon de lo conveniente y lo fashion! Más delito, si cabe, tienen los medios informativos que airean una noticia que en realidad no debería serlo (lo novedoso hubiera sido lo contrario: "Victoria Beckham declara que no puede vivir sin leer un libro al día: Me fascina el pensamiento de María Zambrano, dijo la cantante en la presentación de su último perfume..."

Esa sí que hubiera sido una sorpresa. Hasta yo mismo saldría corriendo a comprarme todos los discos de las Spice Girls.


Otro más:
(Martes, 16 de agosto de 2005)

Desde Argentina recibo este mail de "otro" hermano:

"Hola Daniel, te escribo porque me sorprendio mucho que tengas mi nombre y apellido, estaria bueno leer tus obras. Yo soy Daniel Alejandro Casado, de Mendoza, Argentina y te deseo mucha suerte con tus obras.

Pd: Si algun dia llego a viajar a España me gustaria conocerte personalmente.

Un gusto y un abrazo. Daniel Casado".

¿Debería hablarle de nuestro hermano colombiano D.C. que dice conocer la existencia de un tesoro destinado a nuestra generosa estirpe?


Tarde de tormenta:
(Lunes, 15 de agosto de 2005)

Después de comer, el cielo se ha tiznado de un gris prometedor. Hemos mirado las nubes con la esperanza de una inminente descarga, pero luego no se ha producido: apenas cuatro gotas, las justas para dejar embarrados los coches, húmeda la ropa tendida, ávido el corazón en un bostezo similar al de ciertos relojes al pararse. He decidido salir a caminar. Seguir el olor de la tierra mojada. En mi mochila llevo tres libros: "37 poemas" y "La tormenta" de Eugenio Montale y "Un grito y paisajes" de Giuseppe Ungarretti. También algunos poemas de Oscuro pez, un número atrasado de Cuadernos de Jazz (uno nunca sabe como pueden acabar estas tardes) y una bolsa de panchitos con cáscara de sal, por si no encontrara el camino de regreso.

Sentado sobre un viejo tronco podrido (no de olmo sino de encina) siento latir mi corazón, y una mirada enrededor basta para entender el secreto milagro que me rodea, este minuto de fuego que, en ocasiones, he confundido con la felicidad:

Felicidad hallada, caminamos
por ti sobre un cortante filo.
Para los ojos eres el fulgor que vacila,
para el pie, tenso hielo que se hiende.
Mejor que no te toque quien más te ama.


Ossi di seppia,
Eugenio Montale

Luego, como siempre ocurre al escuchar mi corazón -un pensamiento sucede a otro-, me asalta la duda de haber aprendido a vivir, y retorna ese peso grave dentro del pecho que, a veces, he confundido con la muerte:

Tal vez una mañana caminando por un aire de vidrio,
árido, al darme vuelta, contemplaré el milagro:
la nada a mis espaldas, el vacío detrás
de mí, con terror de borracho.

Luego, como en una pantalla, acamparán de golpe
árboles casas lomas en su habitual engaño.
Pero será ya demasiado tarde, y yo me iré en silencio
con los hombres que no miran atrás, con mi secreto.


Ossi di seppia,
Eugenio Montale



Regreso agradeciendo la rara armonía de la tarde, viendo correr el río, lento Guadiana que sonríe pícaro al bailar el sol sobre su falda, mirando un oscuro tren sin historia que se pierde... Camino en silencio, sin atraverme a mirar atrás y preguntarme si habrá sido sólo una falsa alarma.


Anuncio:
(Domingo, 14 de agosto de 2005)

Poeta en desuso busca famosa antología de poesía italiana contemporánea a cargo de Ángel Crespo. Rechazo imitaciones de Colinas, Villena y otros... Prometo pagar bien. Razón: aquí.


Inventario de la normalidad
(Sábado, 13 de agosto de 2005)

Conozco un poco de calma mientras pasan estos días lentos como mamuts (¿cuál es el prural de mamut?) y algo parecido a la felicidad se aposenta en mis vértebras. Para el poeta, la felicidad es una tenia que devora el instrumento de su trabajo, una voraz carcoma que va royendo sin pausa las arterias del lenguaje. Puedo oirla.

Escribo una canción para Gino que encierra un homenaje a Mallarmé: "Un golpe de dados". En cambio, el oscuro pez no avanza, enfangado en la prosa mustia de estos días estériles. Debo tener ya cerca de setenta poemas; es decir, puedo haber escrito en estos cinco años, cuatro o cinco poemas que merecen la pena.

Leo "La señora Dalloway" de la Woolf; sí, el visionado de "Las Horas" ha hecho su efecto. La película es magnífica. Cunninghan da un paso más que Woolf y desarrolla tres historias paralelas que se nutren entre sí; Pero el motivo real de leer "Mrs. Dalloway" (en estos días en que ando husmeando en las miserias de Ungarretti) es seleccionarla para los clubes de lectura. Siempre me acabo equivocando con las obras que más me gustan. Pienso: "bueno, si la novela no gusta, al menos tienen la película".

Estas noches no serían posibles sin la compañía de Tom Waits, Van Morrison, Terry Callier, Paolo Conte, Henry Salvador... Y aún así no me prestan una sola línea.

Qué impúdico el vientre afilado de la hoja, abriendo su blanca extensión como una ramera a la que no sabemos tocar. La sonrisa del silencio.


Con la misma moneda
(Viernes, 12 de agosto de 2005)

Con mis padres (29-07-05) durante el concierto de Deep Purple en MéridaTenía 8 años cuando mis padres decidieron llevarme al castillo de Trujillo a ver a Barón Rojo. Un año después, en las mismas circunstancias vimos a Obús, y al siguiente a Asfalto. Estos hechos condicionarían, claro, mi pasión por la música en general y el rock en particular. Nunca hubo en mi casa una comida con "el parte" de rigor o el silencio respetuoso de arcaicas normas. Ni un solo día -y aún es así- cada comida, cada instante vivido en la casa de mis padres se produce sin el amparo de la música que suena por toda la casa, y que puede derivar de The Doors a la Incredible String Band, de Leño a Iceberg, de King Crimson a Iron Maiden, Jethro Tull o Caravan... Este pago silencioso y continuado se ha venido produciendo a lo largo de treinta años.

Hace unos días, con la visita de Deep Purple a Mérida, tuve la oportunidad de devolver a mis viejos aquel gesto. Recordé con mi padre las tardes en que me enseñaba a distinguir entre Led Zeppelin y Deep Purple, colocándome de espaldas a la portada del vinilo (tal vez Physsical Graphity o Burn) hasta que yo, inseguro, me decidía.

Del paso de los Purple por Mérida ya hablo en la crónica que se puede leer en estas mismas Derivas. Pero esta mañana, el fotógrafo que nos tomó esta instantánea, Carlos Acedo, ha puesto en mis manos un pedazo, detenido, de nuestras vidas. Y aquí lo fijo.


El hombre que nunca seré
(Jueves, 11 de agosto de 2005)

Sólo o acompañado, en esta hora de súbita desgana escucho esta canción de Boston, The man I´ll never be, cayendo como un puñado de tierra sobre mi infancia. Entonces, ningún temor me apartaba de ella, podía escucharla veinte veces en la misma tarde, porque aquel niño no entendía ni jota de la letra y tarareaba confiado el estribillo:

You look up at me
And somewhere in your mind you see
A man I'll never be

I'm the man you believe I am
And it gets harder every day for me
To hide behind this dream you see
A man I'll never be.


Pero los años descorren los velos del azar. Como un molde hecho de sueño y miseria, el que soy, el que acabaré siendo, también da forma, con límites oscuros y precisos, al hombre que nunca seré.


La destrucción o el humor
(Miércoles, 10 de agosto de 2005)

Leyendo la obra poética de Ángel González, tenemos la sensación de que tras unos inicios soberanamente claros y brillantes, con títulos como Áspero mundo (1956), Sin esperanza, con convecimiento (1961), Grado elemental (1962) y Tratado de urbanismo (1967), la aparición, paulatina pero imparable, del humor en sus poemas malogra una trayectoria que estaba destinada a cotas más altas. Al menos en lo extrictamente poético, no en su aceptación popular, que ha sido y sigue siendo la de un poeta mayor. Sin embargo, será, mas o menos, a partir de Breves acotaciones para una biografía (1969) cuando, a mi juicio, la descarada intención de dar un giro cómico a ciertos poemas, algunos de una emoción incipiente y desperdiciada como "Eso era amor", sume al lector en una escalofrío de emociones. ¿Cómo podemos conciliar la emoción de "Cumpleaños de amor" "Me basta así" o "Primera evocación" con lindezas de este calibre: "Esto es un poema. Aquí está permitido / fijar carteles, / tirar escombros, hacer aguas / y escribir frases como: Marica el que lo lea, Amo a Irma, / Muera el...(silencio), / Arena gratis, / Asesinos, etcétera". Por no hablar de otras gracias de similar jaez que acompañarán ya su obra hasta el bucólico "Otoño y otras luces" (2001) y que el lector recordará con maliciosa sonrisa.

Y es que, en su peculiar cruzada en busca del humor perdido, González terminará engendrando títulos (y poemas) tan rotundamente líricos como Prosemas o menos, Ilusos los Ulises, Cómo se puede ser hombre sin tener hambre, Gajes del oficio... En este último, por ejemplo, leemos: "Era un hombre que por su profesión / estaba siempre cometiendo errores de bulto. / Me estoy refiriendo a un maletero". Sencillamente atroz.

Es difícil tratar el humor en la poesía. Otros nombres han rodado por la afilada pendiente que separa el poema del chiste y viceversa. Algunos con envidiable acierto: Juaristi, Miguel D´Ors, Luis Alberto de Cuenca... Y otros, en fin, sometiendo al lector a la tortura de la gracia hueca. Es el caso de José Agustín Goytisolo, que, enpeñado en hacernos reir a medida que se agotaba su capacidad poética, terminó entregándonos dudosos ejemplos de buen gusto escritos en prosa, junto a sus retocados y deslucidos poemas célebres.


Cumpleaños
(Martes, 9 de agosto de 2005)

Como cada año, el día de mi cumpleaños sale todo del revés. Nunca coinciden lo acontecido y lo previsto. Además, mi entrada en la treintena viene precedida de un cacareo generalizado que trata de alertarme de todo tipo de males, frutos del fruto maduro que ya debo - a toda prisa- empezar a ser. La verdad es que no he notado nada nuevo al levantarme. Todo seguía en su sitio. Y, ¡qué diablos! en muy buena forma.

Por la noche, B. y yo vamos a un concierto de jazz. Funk agarrotado y poco original, humo en los ojos y gente hablando sin parar.

Salimos para dar un paseo por el río. Todavía parecemos los mismos de hace once años.


La perla
(Lunes, 8 de agosto de 2005)

En La mujer y el muñeco, una novelita deliciosa del autor de Justine, el francés Pierre Louÿs, encontramos una perla abandonada por éste, no sabemos si a propósito. En la nota al pie de texto, para explicar el término "mocita" con el que la protagonista defiende su virginidad, leemos lo siguiente:

1. "Mocita" es una palabra más familiar que "virgen", y que las muchachas emplean libremente para expresar que se han mantenido puras. La palabra francesa que traduce el mismo matiz está hoy en desuso".


Arden los libros: La mujer y el muñeco de Pierre Louÿs (divertido), El telón de Milán Kundera (brillante), El viajero afortunado de Derek Walcott (luminoso).



Amigos de lo ajeno
(Domingo, 7de agosto de 2005)

En Trujillo me roban algunos cds del coche. Reconozco que ésta vez les he ayudado: anoche me dejé la ventanilla medio abierta. El afortunado se lleva el Dear Heather de Leonard Cohen, y tres selecciones muy especiales de Amancio Prada, Madredeus y Pat Metheny. ¿Nos gustará la misma música? La última vez que me robaron fueron diez cds, seis de ellos originales, pero respetaron el reproductor. Si al menos disfrutara de esa música... pero seguro que se trata del imbécil de siempre, el mismo que me robó los tapacubos de mi coche porque al parecer los esnifa.

Por otra parte, se confirma que la música no puede amansar a las fieras.


Hiroshima
(Sábado, 6 de agosto de 2005)

Se cumplen 60 años de la bomba atómica sobre Hiroshima, tres días antes de su brutal reverberación en las aguas de Nagashaki. Japón es hoy un pueblo que insiste en la necesidad de la paz. Árboles y palomas blancas en manos infantiles. La memoria que no cierra. Mientras tanto, Irán hace pruebas nucleares para demostrar al mundo que está a la altura de nuestra barbarie. Haciendo gala de un cinismo sin límite, Bush señala el peligro de semejante crecimiento armamentísitco en un país como ése. Los demás países asienten, o callan. Como si quisieran olvidar qué país lanzó aquellas dos bombas entonces, cuando éramos aliados. Hoy sólo existe alianza en la amenaza de todos contra todos. Hemos perdido la alianza en el dolor.


La larga noche de José Ángel Valente
(Mérida, 5 de agosto de 2005)

En la web www.clubcultura.com miro las fotografías que Manuel Falces hizo a José Ángel Valente. No me explico cómo el poeta orensano, ya enfermo y demacrado, se prestó a este burdo y tétrico espectáculo al final de sus días. ¿Qué quería añadir a su mensaje? ¿Qué quería retocar de él? A menudo, los límites de la poesía, como los de cualquier cosa que hemos amado mucho, nos muestran un perfil apagado, una existencia consumida, una escueta panorámica de la vulgaridad del ser humano. No hay razones para creer que esta compadecencia última de de un Valente frágil esconda una venganza, una pirueta de domador ante la fiera muerte y sus secuelas. Él, que nos enseñó a burlarla tantas veces (Mientras pueda decir, no moriré. No moriré. Ni tú conmigo) acaso fue dejando demasiadas señales en su torpe existencia, abriendo con gesto mohíno de par en par las puertas al cáncer que un dieciocho de julio de hace cinco años se lo llevó. No es casual que a un carácter agrio, en ocasiones cruel, acompañe un cáncer, la somatización de tanto dolor y odio contenidos. Pero Valente tenía su palabra, bendecida por el vuelo de la gran poesía. Hoy, algunos años después de su desaparición, releo viejos recortes de prensa, homenajes sinceros, débiles palabras de elogio de sus enemigos... y comprendo que, mucho más difícil que escribir poesía, que escribir cientos de poemas memorables, es vivir la vida con nobleza, llevar una existencia a la altura de lo escrito.

(Vuelvo esta noche a leerte, después de algunos años de obligado abandono, y celebro y compadezco en tus versos, maestro, el milagro de tu radiante existencia).


Mediodía
(Viernes, 4 de agosto de 2005)

¿Seremos más adelante parecidos a esos cráteres donde ya no acuden los volcanes, y amarillean los tallos de la hierba?

René Char

Está la casa sosegada. Diríase que nadie habita en ella. No suena este quinteto para guitarra y cuerdas de Boccherini ni el humo del cigarro puede indicar otra cosa que un rescoldo extinguido. Sin embargo, en este momento de súbita calma, hasta la luz (como la lluvia de Borges) parece estar sucediendo en el pasado. Aquellas manos del niño sin sueño, ondean la vacía extensión de mi despacho. Si pudiera escuchar esta música. Si pudiera decirle que es hermosa y terrible esta realidad y que sus miedos no fueron en vano. Que alumbra, después de todo, una luz parecida a la suya y nos devora y nos expulsa al futuro. Allí donde un hombre gastado nos observa, con música de fondo, y asombrado por la radiante claridad del mediodía nos recuerda...

Y mira sus manos, que han dejado de temblar.


© Derek Walcott:
(Lunes, 1 de agosto de 2005)


Dejaré pasar las noches,
permitiré que el sol se alce,
lo dejaré pasar como una antorcha a lo largo de la pared
en la cual está puesta desvaneciéndose,
piedra a piedra descoloridas,
la cara de una chica perpleja, sus labios, su pelo negro
con raya al medio al primitivo estilo pompeyano.

Y qué puedo escribir para ella,
sino que cuando estamos estupefactos de dolor;
y agitamos la cabeza furiosamente de lado a lado,
diciendo "no más", "no más de nuevo", a ciertas cosas,
no más fe, no más esperanza, sólo claridad,
la claridad da a la fe y a la esperanza
alas mucho más fuertes.

 


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