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Mayo 2005



Delicatessen
5 de mayo de 2008


De la mano de la editorial Littera, que con gusto ejemplar comandan en Villanueva de la Serena Antonio Reseco y Daniel Fernández Vergés, nos llega, en nuevo formato, el primer título de una nueva colección, Litteratos, dirigida por José María Cumbreño. Se trata de un volumen sobrio y de menor tamaño que encierra, al menos en esta su primera entrega, un suculento manjar: Diario de un vago, de Andoni Sarriegi.

Para los amantes de la buena mesa el nombre de Sarriegi no debe resultar desconocido: desde hace más de quince años este periodista mallorquín (Palma, 1964) viene firmando algunas de las mejores reseñas culinarias de este país así como la crónica de sus viajes gastronómicos en publicaciones tan prestigiosas como Gourmetour, Club de Gourmets o Terra de vins. Y eso que, pese a la secular austeridad estética de la Alta Cocina (lo siento, lo de "restauración" me sigue sonando a anticuarios), Sarriegi no ha perdido el humor ni el vicio de catar la vida tal como se le presenta.

Buena muestra de ello son estos aforismos, pensamientos y crónicas de mantel que nos ofrece -caldo breve pero denso- este Diario de un vago. A través de ellos podemos rastrear los pasos perdidos de un hombre cabal; demasiado cabal, a veces, de ahí su acierto y su humor irresistible:


"Si no fuera por las mujeres, el mundo estaría lleno de señores".

"El mundo se divide en buenos y mansos"

"Una buena abuela le da mil vueltas a un padre"

"-Habiendo vecinos pobres, ¿construyen un teatro?

"Definitivamente, la globalización es un latazo: ¡en todas partes el mismo grupo de música andina!"


Son textos -digamoslo ya- con un pie en la greguería y otro en la servilleta, en la corbata y hasta en el perejil de la experiencia propia, esa maestra inigualable que nos hace entender las razones más ocultas de nuestro propio ser, y aún las de los demás:

Deslumbra, entre líneas, alguna que otra muestra de deslumbrante sabiduría:

"Dos no follan, si una no quiere"

 

Pues eso: un buen libro para leer si ella -o él- no quiere... ya me entendéis.


Aviso:
Este libro no debe tomarse de un sólo trago.

www.litteralibros.com


Os equivocáis:
2 de mayo de 2008


El verdadero objetivo de la literatura no es quedar sino ser.


Marillion, o el milagro de la infancia eterna
2 de mayo de 2008



Angelina, del álbum Marbles.

 

Dejo las riendas del entuerto a los jinetes más aventajados, pero a mí me da que Marillion siguen siendo una de las mejores bandas de este planeta. Su forma de entender y practicar el rock progresivo en los umbrales del XXI me parece todo un lujo.

Dejo aquí constancia de esta perla, Angelina, de su doble álbum Marbles y de un ceñido texto de presentación de la banda extraída de su web en español www.thewebspain.com. Esta versión de Angelina aparece recogida en el directo Marbles Live. Aquí el amigo Steve Rothery nos ofrece una lección de cómo hacer hablar a una guitarra.

Existe una versión acústica de Hogarth al piano recogida en uno de los albumes navideños de la banda.

Así da gusto. Tal vez ahora seamos menos, pero estos músicos conocen a su público.


 

"Marillion es uno de los secretos mejor guardados del panorama musical del Reino Unido. Un grupo que nos ofrece música potente y emotiva, que muy a menudo es capaz de calar hondo en sus oyentes, y cuyos vibrantes conciertos en directo dejan al público sin aliento.

Cuando Fish, el primer cantante de Marillion, dejó la banda en 1988 después de cuatro discos, fue sustituido por el carismático Steve Hogarth, ex-miembro de The Europeans y colaborador ocasional de The The y Julian Cope. Hogarth aportó a la banda una nueva energía y una nueva alma.

Los malos augurios se disiparon rápidamente, ya que a lo largo de NUEVE discos, Hogarth, junto con los miembros fundadores Steve Rothery (guitarra), Mark Kelly (teclados), Pete Trewavas (bajo), y Ian Mosley (batería), le dieron un nuevo ímpetu al sonido de Marillion, redefiniéndolo constantemente. Se adentraron y asentaron en nuevos territorios musicales con discos llenos de inventiva y emoción sin importarles los caprichos de aquellos que dictan las modas musicales.

Después de la aparición en el mercado en 1999 de "marillion.com", la banda desterró de una vez por todas la presión del fantasma de las compañías discográficas creando su propia compañía (el sello acertadamente llamado Intact) y liberándose para producir algunos de los mejores momentos musicales de su carrera.

Gracias a su incursión pionera en Internet, Marillion ha desarrollado una relación muy cercana y especial con sus fans. Desde financiar una gira entera en los Estados Unidos, hasta la grabación de sus discos recientes, la legión de fans de Marillion es única en su afecto y dedicación. Como resultado de este apoyo tan apasionado a gran escala, Marillion ha podido salirse de la industria musical convencional y abrirse su propio camino.

En el 2001 Marillion dio el paso innovador de pedir a los fans que compraran por adelantado el álbum "Anoraknophobia", antes de que estuviera grabado. Para su sorpresa 12000 personas respondieron, ayudando de esta forma a su grabación. En el 2004 la banda volvió a pedir a los fans que compraran por anticipado la que sería su obra maestra "Marbles", pero esta vez el dinero se canalizó para la promoción y el lanzamiento del nuevo álbum.

El hecho de que los sencillos "Don't Hurt Yourself" y "You're Gone" irrumpieran en el Top 20 de las listas del Reino Unido (este último alcanzando el número 7), dejó boquiabierta a toda la industria de la música.

No es un mal resultado para una banda sin una multinacional que le respalde.

Esto ha sido simplemente la última jugada de un grupo con 23 años de historia, que se ha aferrado a la convicción de que lo que hacen SIGNIFICA algo real.

Enfrentados a la ignorancia y la apatía, Marillion continúa desafiando las ideas preconcebidas y las etiquetas. La banda ha evolucionado hasta convertirse en una fuerza musical radiante, con más cosas en común con grupos experimentales como Radiohead y Muse, y la majestuosidad eterna de Talk Talk y The Blue Nile.


Para los que aman a Marillion, son algo especial. Para los demás son un idilio por materializarse.

El inminente nuevo álbum "Somewhere Else" bien podría ser el que le traiga a la banda el reconociemnto generalizado que merece desde hace tiempo. Los pocos privilegiados que ya lo han oído, piensan que es el mejor disco de Marillion, y eso que es su disco número 14, lo que significa tres discos más que U2, dos más que Los Beatles y el mismo número que Los Ramones, un hecho poco común en los anales del rock.

Más raro todavía es que un grupo se esté superando a sí mismo tras un cuarto de siglo de vida".

 

 


Parábola en tres actos
1 de mayo de 2008

 

A los Hermanos de la Hermandad de la Luciérnaga.
(Para J. A. CL. C. P. A. y B.)

 

-Ja, ja, ja voy a comerte... le dijo la serpiente a aquella enrevesada luciérnaga blanca que no había dejado de palmotear un sólo instante sobre su nuca, pura como el hilo de una cometa.

- ¿Por qué te empeñas en comerme? ¡Ni siquiera pertenezco a tu cadena alimenticia!, arguyó la víctima (que era licenciada en Lógica Aplastante y una sabionda de mucho cuidado).

-Porque no soporto que brilles, respondióle la viperina.


Diez razones (psicodélicas) para no creer en los derechos de autor
30 de abril de 2008


1ª cuestión:

La propiedad intelectual no existe -aunque la ley recalque que ésta es inalienable-, ¿acaso no hemos leído a los persas, a los griegos, a los grandes poetas latinos y a cuantos nos han precedido hasta hoy? De existir tal derecho, todo poeta -incluidos los malos- andaría en números rojos.

2ª cuestión:
La fortuna del Arte es que no da dinero. (Dinero dan los cuadros, las películas, los discos... y a eso se le llama Industria). El Arte -a secas y a locas- sólo existe mientras se hace. La Obra es tan sólo la brillante cacofonía de un milagro.

3ª cuestión:
El botánico nos advierte: no toque esa flor, aún tiene la pintura fresca.

4ª cuestión:
Todos los seres humanos -incluidos los directivos de la SGAE- somos copia unos de otros.

5ª cuestión:
En el mejor de los casos, el plagio sólo sirve para postergar al autor. La imitación, en cambio, lo hace eterno.

6ª cuestión:
Sólo el mediocre teme que lo copien. (Bueno, el mediocre y el "agarrao").

7ª cuestión:
Un banco de lágrimas y emociones, un depósito de pensamientos amaestrados y en medio el "artista", esperando su turno con la cubeta en la mano. -"¿El último, por favor?"

8ª cuestión:
Copia, que algo queda.

9ª cuestión:
Si alguien copia sílaba a sílaba mi poema, deberé estar en condiciones de reemplazarlo inmediatamente por otro aún mejor, es decir: digno de ser copiado.

10ª cuestión:
¿Cómo voy a proteger mi obra si mi obra soy yo?


Moraleja: ¡Brilla en tu diamante enloquecido!


Pink Floyd: Shine on your crazy diamond. ("Wish You Were Here", 1975)



Tras una lectura en el IES Santiago Apóstol de Almendralejo
29 de abril de 2008



Para Guillermo, en sus quince rebosantes años,
porque me confesó temblando que escribe poemas desde que está enamorado.

 

Tendrás, de sobra, palabras que cortejen
su ancho corazón adolescente, los hilos
invisibles del amor que ya nace en sus labios.

Propias o prestadas, serán irreparables.
Dulce, silenciosamente alcazarán su objetivo
y ella encontrará la excusa al fin para besarte.

Cuando despiertes del sueño pubescente
habrás besado a otras muchachas -tal vez demasiadas-
y querrás estar a solas, recogido en tu silencio.

Te acordarás, tal vez, de mí: no quise prestarte mis versos.
A la entrada del bosque te dejé perdido. Quien juega
con fuego -te advertí- acaba ardiendo de vida y de dolor.

Sólo espero -sin falsas emociones- que encuentres
las palabras que hay en ti, que sean tuyos fuego y verso
y que nada, ni la terca sombra, te salve en ese incendio.



Visión
28 de abril de 2008


También la piedra aspira a elevarse.

 


Una lanza por Vázquez-Figueroa
27 de abril de 2008


Resulta cuanto menos interesante asistir a la emancipación artística de uno de los autores de mayor éxito de este país. Cuestiones de prestigio al margen (¿quien lo tiene en esta tierra?), lo cierto es que Alberto Vázquez-Figueroa ha resuelto a su manera la terrible dicotomía que acecha al escritor (de éxito) de nuestros días: vender o no venderse -venderse o no vender- a las leyes del mercado editorial. He aquí algunas razones, extraídas de su página web:

"A partir de ahora mis novelas se editarán simultáneamente en edición “cara”, de las llamadas “de tapa dura”, en edición de bolsillo a mitad de precio, podrán descargarse gratuitamente en “Internet” y todos los periódicos o revistas que lo deseen están autorizados a publicarlas al estilo de las antiguas novelas por entregas con la diferencia que en este caso no tendrán obligación de pagarme nada en concepto de derechos de autor.
Me han preguntado si es que me he vuelto loco, me sobra el dinero o pretendo arruinarme y arruinar de paso a mi editor. No es el caso.
He meditado largamente sobre el tema y he llegado a la conclusión de que hoy en día hay público para todos los niveles adquisitivos del mismo modo que quien lo desea puede almorzar en un restaurante de lujo, en una simple hamburguesería e incluso acudir a un comedor social.
También puede hacerse un traje a medida, comprárselo en unos grandes almacenes o en un rastrillo dominguero.
Igual ocurre en la mayor parte de las facetas del consumo, excepto en lo que se refiere a los lectores que tienen que resignarse a pagar el precio que marca el editor que ha adquirido los derechos en exclusiva de un determinado libro o aguardar años hasta que se edite en bolsillo.
Y desde luego nunca lo obtendrá gratis.
Y se me antoja injusto porque la cultura es tan importante como comer o vestirse, y desde luego mucho más importante que adquirir un coche donde se ofrecen cien gamas de precios donde elegir.
Mi próxima novela trata sobre Irak y las oscuras maquinaciones de las grandes compañías americanas que inventaron la existencia de armas de destrucción masiva con el fin de iniciar una guerra que ha costado casi medio millón de muertos y nunca podrá ganarse, pero que produce miles de millones de beneficios a empresas directamente ligadas a lo mas altos cargos de la administración republicana.
Y a mis lectores, cualquiera que sea su condición social o capacidad adquisitiva, ese tema les interesa conocerlo a fondo en estos momentos, no dentro de dos años, que sería cuando cualquier otra editorial considerase que ya había exprimido al máximo el limón de la “tapa dura” y tuviera a bien editarla en bolsillo para unos lectores “De Segunda Categoría”.
No deben existir lectores de segunda ni de tercera categoría, porque lo que importa es su relación directa con el autor independientemente de lo lujoso que sea el vehículo que proporcione dicha relación.
Al cumplir cincuenta años como escritor muchas personas me han asegurado que se acostumbraron a leer con mis novelas de aventuras, y aunque algunas me han sido infieles con el paso del tiempo, lo que importa es el hecho de que empezaron a leer y aficionaron de igual modos a quienes les rodeaban.
Folletines del estilo de “Los tres mosqueteros”, “Los Miserables” o “El Conde de Montecristo” consiguieron que, al poder acceder gratuitamente a tan magníficos textos, en el transcurso de una sola generación el número de lectores franceses se multiplicara por tres.
Los editores no tienen derecho a quejarse de que “se lee poco” mientras mantienen el control sobre el precio de lo que en ese momento interesa, ni las autoridades deberían promover absurdas campañas publicitarias que no conducen mas que a gastar dinero; lo que deben hacer es presionar a los editores a la hora de poner los libros al alcance de todos los bolsillos.
Personalmente prefiero que me lean dos estudiantes, obreros o secretarias en el autobús por siete euros, que un alto ejecutivo en su cómodo despacho por veinte, porque aunque gane menos si el libro es bueno esos dos lectores se convertían en cuatro y luego en ocho, y resulta evidente que existen muchos mas obreros, estudiantes y secretarias que altos ejecutivos.
Y si el libro es malo ni unos ni otros lo compraran.
En cuanto al hecho de ofrecerlo gratuitamente en “Internet” tengo claro que quien lo descargue de la red nunca hubiera comprado mi novela, o sea que prefiero que me lea gratis a que no me lea.
Tal vez la próxima vez se decida a comprar un libro aunque no sea mío.
Algo es cierto: he vendido casi veinticinco millones de libros y todo el dinero que me han pagado me lo he gastado, pero una gran parte de los lectores que he conseguido, aun los conservo.
Y de todo el dinero que gané la mitad se lo llevo Hacienda.
Sin embargo Hacienda aun no ha logrado arrebatarme un solo lector.
En Inglaterra, país culto donde los haya, los escritores no pagan impuestos por el fruto de su trabajo, pero en España, pese a pertenecer también a la Unión Europea, cada año debo entregar la mitad de mis ingresos a Hacienda o me embargan.
Eso significa que un escritor ingles cuenta con el doble de medios económicos que yo para viajar o investigar a la hora de encarar un nuevo trabajo.
Eso no evita que las autoridades españolas se lamenten de que nos esté invadiendo la cultura anglosajona, y lo único que se les ocurre para remediarlo es adquirir los más emblemáticos y costosos edificios de cada capital con el fin de instalar un nuevo Instituto Cervantes en el que dar cobijo a “intelectuales” afines al partido que se encuentre en esos momentos en el poder.
Para nuestra voraz, inculta y derrochadora administración tan solo somos europeos cuando conviene, y esa es una de las razones por la que prefiero regalarle la mitad de mis ganancias a unos lectores anónimos que tal vez me lo agradezcan, que a un gobierno que no solo no lo agradece, sino que no acepta que para escribir un una novela interesante sea necesario viajar e investigar.
Siento curiosidad por saber si las editoriales continuaran con su absurda política inmovilista o comprenderán que es hora de renovar unos hábitos que no han evolucionado un ápice en trescientos años mientras que a su alrededor el mundo se transforma a marchas forzadas.
En mi juventud una película se estrenaba en una única y enorme sala, estaba casi un año en cartel y tan solo entonces pasaba a los cines de barrio. Hoy se estrena en cuarenta multisalas, a los quince días se edita en “DVD”, al mes se compra en televisión, y se puede ver en las cadenas abiertas a los tres meses.
Si las grandes productoras cinematográficas, con sus complejos estudios de “marketing” han llegado al convencimiento de que esa es la formula que conviene en los tiempos que corren, las editoriales deberían tomar buena nota al respecto.
El mundo del libro tiene la enorme suerte de que no resulta rentable a los “piratas” del “Top-Manta” que tanto daño hace a las industrias del cine y la música, pero por eso mismo, y por la gran competencia de la televisión y todo tipo de deportes de masas, los que lo gestionan deberían plantearse un cambio radical e intentar conseguir lectores antes que beneficios.
Sin lectores no hay beneficios, y cuando haya muchos lectores ya llegaran los beneficios.
Resultará muy interesante comprobar si los Ministerio de Cultura y Hacienda seguirán opinando que es preferible que los empresarios- en este caso los editores- continúen manteniendo el privilegio de abaratar los precios únicamente cuando les convenga sin tener en cuenta los intereses de los lectores, al tiempo que no cesan de apretarle las clavijas al pobre trabajador- en este caso el autor.
Por lo visto un gobierno que se autodenomina socialista considera que es preferible proteger al que se beneficia económicamente de la cultura que al que la crea.
Existen varias editoriales multimillonarias, pero ni un solo autor español mínimamente “acomodado”.
El viejo dicho, “En España escribir es llorar” ya no tiene sentido: debería decirse “En España escribir- y leer- es pagar”.

Alberto Vázquez-Figueroa"

 

Y tal y cual...


Frío, frío... ¡La poesía del rock!
26 de abril de 2008


Se lee en media tarde esta enrevesada antología "Palabra de rock. Antología de letristas españoles" que viene firmada, con más voluntad que acierto, por Silvia Grijalba. Se recogen en ella textos y letras de canciones de gente muy dispar -de Roberto Iniesta a Luis Alberto de Cuenca, de Pablo Guerrero a Corcovado- repasando of course lugares comunes de nuestros surcos preadolescentes: Kiko Veneno, Sabino Méndez, Julián Hernández, Fernando Márquez "El Zurdo"... hasta llegar a las pútridas y excelsas aguas indies -que no desenbocan, que no desenbocan- de Nacho Vegas, Astrud y compañía. Un libro ameno, después de todo. Un claustrofóbico epílogo de Alfredo Taján tajantemente alucinado (el epílogo, digo) confiere al volumen el inevitable -por trasnochado- aire de justicia poética. Nada que objetar al respecto, faltaría más. Uno, que ha crecido con muchas de esas canciones, constata lo evidente, que la canción siempre ha sido y será un género bastardo, fronterizo, que requiere de dos artes -la de la melodía y la de la palabra- para funcionar. Así, la gran mayoría de estas letras resuenan algo cojas sin esa música excelsa y excesiva bajo sus moldes. Claro que siempre tenemos la opción de volver a pinchar sus discos. Pero eso, ahora se ve más claro, sería volver a hacer trampas.

Y ya puestos a retratarnos, hagámoslo con la mayor estridencia: reivindiquemos las ausencias. La autora parece empeñada en dejar de lado a los cantautores (tan sólo cita de pasada a Serrat, Aute, Sabina y Javier Álvarez); excepción hecha de las Vainica Doble (que merecerían por sí solas un libro aparte), salva a Pablo Guerrero "porque aporta en su música elementos de vanguardia" (ay, Suso, esto es un abuso). Pues bien, acatemos las normas. Pero abramos el juego. Junto a los nombres expuestos en el libro (nada que objetar, insisto) nos tienta añadir los de José Ignacio Lapido (091, Lapido), Nacho Goberna (La dama se esconde), Gabriel Sopeña (El Frente, Más Birras, Loquillo), Pau Riba (él mismo), Jaume Sisa (Música Dispersa, Ricardo Solfa, Suburbano), Jesús de la Rosa (Triana), Manolo Tena (Cucharada, Alarma), Josele Santiago (Los enemigos), Carlos Goñi (Comité cisne, Revólver), Rosendo Mercado (Leño) y, en fin, hasta Manolo García (¡por dios!).

Escribiendo estas líneas aceleradas, he rescatado una vieja canción de aquella pre-movida promovida: una joyita que nunca me canso de escuchar: "Frío" de Alarma.

Como cantaban los Moddy Blues: días de un futuro pasado.

 

 


De patitas en la calle
25 de abril de 2008


Después de una larga y pesada jornada de trabajo, qué alegría ponerme de patitas en la calle y ya, sin contemplaciones, andar... andar sin rumbo cierto de espaldas al sol.

Es primavera, me dices.

-Ahora sí.


Ufff!!!
24 de abril de 2008


¡Qué susto: por más que me palpaba, no conseguía encontrarme el ego!

 

 


El infierno verdadero de Juan Gelman, Premio Cervantes 2007
23 de abril de 2008



"Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señoras y señores:

Deseo, ante todo, expresar mi agradecimiento al jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honrosísima distinción, la más preciada de la lengua, que hoy se me otorga. Mi gratitud es profunda y desborda lo meramente personal. En el año 2006 se galardonó con este Premio al gran poeta español Antonio Gamoneda y en el 2007 lo recibe también un poeta, esta vez de Iberoamérica. Se premia a la poesía entonces, “que es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa” para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en “Viaje del Parnaso”,

“puede pintar en la mitad del día
la noche, y en la noche más escura
el alba bella que las perlas cría…
Es de ingenio tan vivo y admirable
que a veces toca en puntos que suspenden,
por tener no se qué de inescrutable”.

A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos “Dürftiger Zeite”, estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderin preguntándose “Wozu Dichter”, para qué poetas. ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte.

Safo habló del bello huerto en el que “un agua fresca rumorea entre las ramas de los manzanos, todo el lugar sombreado por las rosas y del ramaje tembloroso el sueño descendía”, Mallarmé conoció la desnudez de los sueños dispersos, Santa Teresa recogía las imágenes y los fantasmas de los objetos que mueven apetitos, San Juan bebió el vino de amor que sólo una copa sirve, Cavalcanti vio a la mujer que hacía temblar de claridad el aire, Hildegarda de Bingen lloró las suaves lágrimas de la compunción, y tanta belleza cargada de másvida causa el temblor de todo el ser. ¿No será la palabra poética el sueño de otro sueño?

Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí. Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino “que no es sino morir muchas veces”, comprobaba Teresa de Avila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareció a 30.000 personas y cabe señalar que la palabra “desaparecido” es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo.

Lo leí por primera vez en mi adolescencia y con placer extremo después de cruzar, no sin esfuerzo, la barrera de las imposiciones escolares. Me acuciaba una pregunta: ¿cómo habrá sido el hombre, don Miguel? Conocía su vida de pobreza y sufrimiento, sus cárceles, su cautiverio en Argel, su Lepanto, los intentos fallidos de mejorar su suerte. Pero él, ¿quién era? Releía el autorretrato que trazó en el prólogo de las Novelas Ejemplares: “Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada”, que nada me decía, salvo la mención de sus “alegres ojos”. Comprendí entonces que él era en su escritura. Me interno en ella y aún hoy creo a veces escuchar sus carcajadas cuando acostaba al Caballero de la Triste Figura en el papel. Sólo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante. Cómico es el rostro de la tragedia cuando se mira a sí misma.

Declaro que, en verdad. quise recorrer ante ustedes, con ustedes, los trabajos de Persiles y Sigismunda, o la locura quebradiza del licenciado Vidriera, o compartir la nueva admiración y la nueva maravilla del coloquio de los perros, o el combate verdaderamente ejemplar entre los poetas malos y los buenos que tiene lugar en “Viaje del Parnaso” y en el que cualquier buen poeta podía caer herido por un pésimo soneto bien arrojado. Pero tal como la lámpara alimentada a querosén que los campesinos de mi país encienden a la noche y alrededor de la cual se sientan a cenar, cuando hay, y luego a leer, cuando hay y cuando hay ganas, y a la que mosquitos y otros seres alados acuden ciegos de luz y la calor los mata, así yo, encandilado por don Alonso Quijano, no puedo sustraerme a su fulgor.

Muchas plumas hondas y brillantes han explorado los rincones del gran libro. Por eso, parafraseando al autor, declaro sin ironía alguna que, con seguridad, este discurso carece de invención, es menguado de estilo, pobre de conceptos, falto de toda erudición y doctrina. Sólo hablo como lector devoto de Cervantes, pero quién puede describir los territorios del asombro. Con mucha suerte y perspicacia, es posible apenas sentarse a la sombra de lo que siempre calla.

Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalguía para criticar las injusticias de su época, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que Hölderlin nombró. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos. Cervantes inventó la primera novela moderna, que contiene y es madre de todas las novedades posteriores, de Kafka a Joyce. Y cuando en pleno siglo XX Michel Foucault encuentra en Raymond Roussel las características de la novela moderna, éstas: “el espacio, el vacío, la muerte, la transgresión, la distancia, el delirio, el doble, la locura, el simulacro, la fractura del sujeto”, uno se pregunta ¿qué? ¿No existe todo eso, y más, en la escritura de Cervantes?

Su modernidad no se limita a un singular universo literario. La más humana es un espejo en el que podemos aún mirarnos sin deformaciones en este siglo XXI. Dice Don Quijote: “Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y la vida de quien la merecía gozar luengos siglos”.

Desde el lugar de presunto caballero andante quejoso de que las armas de fuego hayan sustituido a las espadas, y que una bala lejana torne inútil el combate cuerpo a cuerpo, Don Quijote destaca un hecho que ha modificado por completo la concepción de la muerte en Occidente: es la aparición de la muerte a distancia, cada vez más segura para el que mata, cada vez más terrible para el que muere. Pasaron al olvido las ceremonias públicas y organizadas que presidía el mismo agonizante en su lecho: la despedida de los familiares, los amigos, los vecinos, el dictado del testamento ante los deudos. La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras.

Y qué decir de los 200.000 civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tobbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón. Piloteaba un aparato que bautizó con el nombre de su madre, arrojó la bomba atómica y después durmió tranquilo todas las noches, dijo. Pocos conocen el nombre de las víctimas cuya vida el coronel había segado. La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak.

Creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego. ¿Y acaso no quisimos hacer quijotadas en alguna ocasión, ayudar a los flacos y menesterosos? ¿Luchando contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera? ¿Despanzurrando odres de vino en vez de enfrentar a los dueños del dolor ajeno? ¿”En este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos -dice Sancho-, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería”?

He celebrado hace dos años, con ocasión de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, mi llegada a una España que no acepta las aventuras bélicas y que rompe clausuras sociales que hieren la intimidad de las personas. Hoy celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.

Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compañero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¿cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces.

Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. “¡Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!”, exclama. Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países. Y los hombres no han logrado aún lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto.

Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular.

Pero volviendo a algunos párrafos atrás: hay tanto que decir de Cervantes, de este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque “esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso”. Hace unos años ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si éste fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran “lastimándolo” desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice “siempre mañana y nunca mañanamos” agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.

Esas invenciones laten en las entrañas de la lengua y traen balbuceos y brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, tocó al infante en su cuna y le abrió una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¿no son acaso una victoria contra los límites del lenguaje? ¿Acaso el aire no nos sigue hablando? ¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía.

Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: “[…] lo que finalmente nos resguarda/es nuestra desprotección”. Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir".


© Juan Gelman

www.juangelman.com

 

 


Maneras de no estar solo
22 de abril de 2008

 


Detrás de estas palabras sólo estamos tú y yo.

Sólo detrás de estas palabras estamos tú y yo.

Detrás de estas palabras estamos solos tú y yo.

Detrás de estas palabras.


Esto no es música ni es ná
21 de abril de 2008


Si bien es cierto que a menudo tratamos de escribir el libro que nos gustaría leer, no lo es menos que otras veces leemos el libro que nos gustaría haber escrito. A mí me ha pasado con éste:

Aviso para culturetas:

Se trata de un estupendo ensayo -tan erudito como irónico y divertido- acerca de la influencia de la cultura pop en el desarrollo de la sociedad de consumo, y en particular de esa otra Cultura que tantas veces menosprecia a los ídolos de barro que, sin embargo, mejor que nadie han cartografiado los límites
de nuestra cultura sentimental,
o lo que sea.

(Podría explicarlo mejor,
pero no me sale)

¡Chapeau!

 


Neil Young - Rockin´in the Free World

 


Insistencias en Brossa
20 de abril de 2008


No le toques ya más
que así es la rosa Joan Brossa.

Poema visual, concebut al 1971 i realitzat al 1982. La clau té aquí un alfabet enlloc de les serres, les lletres són ara la clau que ajuda a obrir noves portes.

J.B.



Un poema en el bolsillo
19 de abril de 2008


Plegado en el bolsillo de una chaqueta, así lo he encontrado. Lo esbocé hace un par de meses en Plasencia cuando asistí a un concierto del Coro Amadeus. Surgió en el momento, mientras Chuty hacía fotos, y pensé que lo completaría más tarde, en casa. No he vuelto a acordarme. Se trata, pues, de eso: un esbozo, un primer plano sobre el terreno.

 

Naranjos frente a la Catedral


No los oscurece la imponente construcción
sino el tiempo, que ya no mece sus ramas.

De hacerlo, volverían a volar
los pañuelos de seda y los encajes
las voces y los niños. Volvería
la luz municipal para la orquesta,
y el abanico de mano en mano
para el adiós de los amantes.

Furtivos, solidarios, oscuros.

Naranjos frente a la catedral.

 


Una realidad de tantas
18 de abril de 2008


Pienso ahora en aquel tipo del bar, indómito macarra de fin de semana, que espolvoreó su preciada mercancía sobre la base metálica del futbolín donde jugábamos y, enrollando un billete de 20 euros, esnifó ante nosotros la carga milagrosa. Patético, sí, y triste, ver a alguien en semejante actitud chulesca, como un niño que busca a toda costa llamar nuestra atención; no por el ritual en sí (a cada cual sus vicios y milagros), sino por el enorme vacío espiritual que supone tener que recurrir a una sustancia artificial para seguir haciendo nada.

De un simple vistazo, donde había un hombre sólo vemos un niño.

 


Iron Butterfly, In-A Gadda-Da-Vida (1969)


Libros
18 de abril de 2008


Carmen Barrantes, directora de la Biblioteca Municipal de Cáceres, me plantea una pregunta inicial para dar pie a la mesa redonda que tendrá lugar el próximo miércoles 23 de abril en la carpa de presentaciones de la Feria del Libro de Cáceres. La idea es trazar, desde varios puntos de vista, una perspectiva más exacta acerca del futuro del libro.

La pregunta es:

¿Cambia la relación que un poeta mantiene con las palabras cuando hay por medio una pantalla?


No me aventuro a adelantar mi opinión. Desde aquí os invito a participar con nosotros, más abiertamente, el miércoles en Cáceres, a las ocho de la tarde. Estaremos rodeados de libros y lectores, y allí sabremos si el futuro, como se dice, ha doblado ya la esquina del tiempo para darnos alcance o, por el contrario, podemos seguir hablando de escrituras paralelas: la de los libros, intemporales; las de los blogs, webs y foros, urgentes y efímeras.

Allí estaremos.


Mi homenaje a Alcandoria
17 de abril de 2008


25 aniversario del Colectivo Alcandoria (Mérida)


Si es que llueve
16 de abril de 2008


De repente sale alguien de nuestras vidas, alguien por quien lo habríamos dado todo. Y una mañana nos asalta la certeza de que su ausencia presente ya es pasado: sustituimos, no sin recelo, los encuentros de los viernes en la librería, las charlas y tertulias, las palabras más o menos vanas... hasta que deja de dolernos que afuera sea primavera, decididos como estamos a avanzar pese a todo. A decir verdad, la consciencia suave de que vivir es un milagro no desmerece la pátina dorada de otros años, cuando acaso lo dudábamos -por cierto ¿Qué años? ¿Quién de todos esos era yo?-.

Aquí seguimos, transitando humanamente un camino indescifrable a cuyos lados no han de crecer hierbajos. Así nos lo dijo Hegel, antes que Pound sellara esa verdad de un certero escupitajo. Pese a todo, seguimos creyendo en la esperanza. Algo nos dice que en esta lucha de conciencias ya es bastante haber amado una vez. No deberíamos, en fin, leer tanta poesía: otros se limitan a matar. Porque aquel camarada, aquel hermano, aquella muchacha se cambió de curso o de acera o de chaqueta, y lo imposible abrazó su acostumbrada presencia, deshizo el nudo del destino y os separó para siempre.

Hoy es siempre todavía.

Mira llover con gratitud, Daniel. Mira llover, si es que llueve.


Muerte accidental de cada uno de nosotros
16 de abril de 2008


" ¿El pueblo pide una auténtica justicia? Nosotros en cambio conseguimos que se conforme con una menos injusta. Los trabajadores gritan basta ya de la vergüenza de la explotación bestial, y nosotros procuraremos sobre todo que no se avergüencen más; pero que sigan siendo explotados... quieren no morir más en las fábricas, y nosotros pondremos alguna protección complementaria, algún premio para las viudas. Quieren ver como desaparecen las clases... y nosotros haremos que ya no haya tanta diferencia, o mejor aún, ¡qué no se note tanto! Ellos quieren la revolución... y nosotros les daremos reformas, muchas reformas... los ahogaremos en reformas. O mejor aún, los ahogaremos en promesas de reformas, ¡porque tampoco se las daremos nunca!. "


Dario Fo, Muerte accidental de un anarquista.

 

 

( Sin tiempo de sentarme a leer más que el periódico de la mañana (y del revés), gestionando actividades en fomento de la lectura, transportando libros y gentes de un sitio para otro... y sin llegar a disfrutar de un par de horas de lectura al día en las últimas semanas, tan sólo alcanzo a dejar aquí constancia breve de este genio de nombre Dario y de apellido Fo.

¿De dónde nos viene? me pregunto, os pregunto.

¿Creerá todavía que estamos vivos? )


 

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