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Diciembre de 2005

Diciembre es esta imagen
de la lluvia cayendo con rumor de tren,
con un olor difuso a carbonilla y campo.

Diciembre es un jardín, es una plaza
hundida en la ciudad,
al final de una noche,
y la visión en fuga de unos soportales.

Jaime Gil de Biedma
"Del año malo"
Derivas Diciembre de 2005

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Las uvas:
(Sábado, 31 de diciembre de 2005)

el año se acaba. el mundo se acaba. tome usted un gorro verde de amena y sonría. amenice a la cámara. no desperdicie un deseo. sople. sople aquí. el año se acaba. lencería roja y lotería del niño a ver si esta vez. el mundo se acaba.
sonría. leer nos transforma. las uvas no olvide las uvas. tome usted. que nervios ya no hay humos. año viejo y qué feo. con rima y sin rima. se acaba. ya se acaba. el mundo. la tarde. la nada.

Llera:
(Viernes, 30 de diciembre de 2005)

Lo confieso: llevaba meses planeando una reunión más o menos formal de poetas extremeños (lo de jóvenes me da cada vez más yuyu) que sentara a una misma mesa a los siguientes autores: José María Cumbreño, Elena García de Paredes, Antonio Reseco, Hilario Jiménez, José Manuel Díez, José Antonio Llera y yo. La idea es pasarlo bien, sin protocolos pero con mucho humo, a ser posible. El caso es que teníamos todos la mejor disposición pero el vértigo de las fechas ha dado al traste con el encuentro. Sin embargo, al final José Antonio y yo, no nos resistimos a conocernos y tomar nuestra primera copa hablando de lo que más nos gusta: la literatura. Nos acompañó Silvia Pérez Simón, directora de la Universidad Popular de Trujillo, quien tras largas horas de coloquio casi bipersonal, sentenció: - No, si me gusta escucharos hablar. Lo soporto bien.

José Antonio Llera, es autor del magnífico poemario Preludio a la inmersión (Editora Regional de Extremadura, 2004) así como de dos ensayos publicados, El humor en la obra de Julio Camba (Biblioteca Nueva) y Humor verbal y visual en La Cordorniz (CSIC) y otro más, aún inédito, sobre Cernuda. Con su perfil detectivesco y ese acento rontundo, más salmantino que cacereño, pese a vivir en los madriles (me recordaba a Leopoldo Mª Panero en El desencanto), Llera demuestra a la primera de cambio que es un conversador nato, atento y lúcido, inteligente y receptivo. Hemos pasado la tarde y buena parte de la noche delimitando territorios comunes: Cernuda, Elliot, Celan, Trakl (de quien me regaló la edición de Revelación y Ocaso con dibujos de Alfred Kubin), el romanticismo inglés, las vanguardias, los feroces y, cómo no, el descarriado redil de poetas extremeños. - "Pero Daniel ¿aún crees en eso de la poesía extremeña?" me espeta nada más sentarnos en el Aldana. Ya digo, hasta las tantas.

Espero que volvamos a reunirnos pronto. Y que esta vez el parto, pese a tantos abortos ya, sea fecundo. Y sin epidural, a poder ser.


Oído en la librería Punto Aparte, esta misma tarde:
(Jueves, 29 de diciembre de 2005)

Una muchacha a otra:
- ¡Qué de libros, tía!
- ¡Jo, tía, ya te digo!

Pero no consigo trascribir el tono, la amenazada sorpresa, el pavor de las dos muchachas antes de enfilar la puerta.



María, punto y aparte
(Martes, 27 de diciembre de 2005)

Conviene reconocer al ángel, ser testigo veraz de su constancia. Desde 1995, María, la dueña de la librería Punto Aparte de Mérida es uno de mis ángeles preferidos. No sólo porque cuajara pronto entre nosotros una amistad sincera, un diálogo sin texto ni palabras, una mirada limpia de contratos y obediencias; no sólo porque ella, María, tan sencilla y clara como su nombre, tan a la intemperie, haya ido dejando en mis manos todo este tiempo las mejores páginas de mi vida, los versos necesarios, las lecturas esenciales; no sólo porque, a veces, María huya a hacer sus recados en cuanto me ve aparecer por allí, dejándome por unas horas las llaves del reino; no sólo porque oculte a los clientes los ejemplares raros o difíciles, que luego me ofrece, con sonrisa truhana; no sólo porque mantenga los míos en el escaparate más tiempo del que la prudencia aconseja; no sólo porque con los años me haya concedido el lujo de llevar a casa ciertos libros y devoverlos una vez leídos; no sólo porque las Noches de Reyes en su librería sean verdaderamente Noches de Reyes; no sólo porque hayamos reido y llorado juntos tantas veces que ya ni nos acordamos; no sólo...


Cuanto sé de mí
(Lunes, 26 de diciembre de 2005)

Para Álvaro Valverde

Yo no sé si fueron piedras o migas de pan torpemente dispuestas para un regreso ya imposible de antemano. Pero sólo al mirar, ahora, la frágil cubierta del Canto a mí mismo de Whitman, contemplo la playa de Almuñecar desde la Punta de la Mona, el aire detenido en los pinos y la urgente ineficacia de Dios en la capilla de la ermita; la voz del padre Alfredo Rubio refrendando aquellos torpes versos míos, viendo en mí al poeta que no era, que no podía ser todavía.

Si observo el medido desorden que reune sobre el estante la obra de Blake, me veo llegando tarde al local de ensayo, con los Proverbios del Infierno ardiendo en mis sienes, para entregándome al delirio de cantar herméticos versos sobre un colchón de decibelios sin futuro.

O encuentro a un turbio adolescente (Gimferrer me enseñaría años más tarde a no tenerles piedad) huyendo del instituto con Las personas del verbo bajo el brazo, el mismo volumen que aún coserva la dedicatoria de la profesora que me lo regaló: "Por si te apetece probar suerte, Cyrano". Nadie como ella supo anunciar mi fracaso con la contabilidad y el cálculo mercantil.

Tal vez esa mañana no llegué al Hotel Las Cigüeñas sino que entré -y era casi de noche- en el pub Alcandoria, donde Elías Moro puso en mis manos por vez primera un libro de Antonio Gamoneda, de hermoso título: "Edad", que aún no he dejado de leer. Tal vez hubiera descubierto tarde o temprano otras páginas de Aníbal Núñez, Tonino Guerra, Rafael Pérez Estrada o José Viñals, pero fue con él, a la luz de aquellos años, sobre un mostrador de mármol del que se ha escrito más que se ha bebido.

Hubo luego un joven del que no he vuelto a saber nada y del que ya sólo tendré noticia a través de los libros que regresaron de aquella emboscada voluntaria en los muros del Monasterio de Yuste: Los hijos del limo, Cántico espiritual, Palabras a la oscuridad, Libro del frío, Una oculta razón... leídos frente a los olivos que velan el descanso atronador de ciento treinta soldados alemanes. También la revelación, intramuros, de una biblioteca que sólo conservo en mi memoria: anotaciones con la música que san Juan de la Cruz concibió para algunos de sus poemas, los siete volúmenes del Zohar, en cuyas páginas un monje fue traduciendo a lápiz los estados del alma; los terribles, despiadados registros de la Inquisición, con los nombres del acusado y su delator, y más abajo la aborrecible sentencia; también un libro de José Hierro yacía despistado entre los nobles tomos con su serena verdad a cuestas.

Sí, decir Hierro es tocar algunas vértebras, recorrer un hilo de sangre enamorada, sin sentido. Es seguir allí, frente al rosal ardiente, leyendo Estatua Mutilada a unos ojos que creí firmes pero acabaron obedeciendo al poema. Decir Hierro es también perseguir la rotunda cabeza del poeta, en el Ateneo de Almería, verle de nuevo garabatear sobre la página mi retrato, la feliz caricatura de los años veloces.

Porque algunos libros producen encuentros y certezas, pero otros, en cambio, son enigmas y despedidas: sé que si saco del estante Un canto en la espesura del tiempo de Nuno Júdice romperé algo más que el caprichoso orden; veré de nuevo a Martín Romero en su estudio, leyéndolo ya lejos de todos. Algunos libros -lo supe entonces- no se deben recuperar.

¿Cómo recobrar las tardes en que Keats afirmaba que belleza es verdad y que nada más necesitamos saber, nada más... ante el grave espectáculo del sol cayendo tras la muralla de Trujillo y el dulce magisterio de la noche al fondo? ¿Cómo volver al Salón Bizcocho, donde leí con voracidad la obra de Paul Celan, la amniótica poesía de Georg Trakl, la belleza decandente de Verlaine...?

Aunque pudiera asomarme una vez más a todas esas páginas (parece tan fácil como extender la mano), sé que esos libros serían ya otros, otro su dueño, otra la vida que los hiciera acaso inconvenientes, animal de lomo herido, ave depredadora que en vano acecha en la nostalgia y el arrepentimiento.

Pero uno sabe ya que la vida, el enorme cuento de la vida, con sus impredecibles vertientes y acantilados, no aguarda en los libros leídos, en la sólida alianza de títulos y autores que disculparon nuestro paso y lo acompañaron. La vida, que se escribe a cada instante, espera todavía y siempre en las páginas que quedan por descubrir, en el hallazgo de ese instante súbito, ineludible, que la literatura otorga, como consuelo, a los que tal vez no sabemos vivir.

En esos libros, en fin, que no leeré y en los que está escrito el misterio y la clave. Cuanto sé de mí.


La secreta alianza
(Domingo, 25 de diciembre de 2005)


Ah, pasar el día de Navidad sin hacer otra cosa que escuchar música. Música negra, para llevar la contraria a la postal. De Buddy Guy a Bessie Smith, de Ben Harper a Van Morrison (¿quién dice que el león de Belfast no tiene el alma negra?), Shiley Horn, Solomon Burke, Miles Davis, Jack Teagarden... música sin fin que no precisa palabras para salvarnos de la atronadora vulgaridad de estos días.


Feliz ilusión
(Sábado, 24 de diciembre de 2005)

Aceptado ya por todos -incluso por los que arman el Belén- que Jesús no vino al mundo un 25 de diciembre
, ni siquiera hace dos mil años, sólo nos queda resistir buenamente el derrumbe sacramental de estas fechas. Nunca me gustó la Navidad; esta inexacta puntualidad de la bondad siempre me mosqueó; como si uno no conociera sus contínuas fugas, sus asaltos a mano armada, sus repentinos cambios de rumbo. Porque esta Navidad que llega a finales de noviembre anunciada en letras grandes en la publicidad del Carrefour, no es otra cosa que un salvoconducto a la ilusión. Y puestos a soñar prefiero otros logros y otras fechas, o mejor, ninguna: sugiero el destierro de toda conmemoración que no sea espontánea, que no surja de una experiencia interior, ineludible, abstracta, inesperada. Y en cualquier otro día, a ser posible.

Feliz ilusión, amigos.


Me he quedado dormido y he llegado media hora tarde al Club. Mis compañeros debatían sobre el origen de ciertos textos sagrados. Me he servido un café y les he escuchado con atención, si cruzar palabra. Luego ha subido Tato a decirnos que ya era hora de cerrar, que vaya pesados, que siempre igual...


Margarit
(Jueves, 22 de diciembre de 2005)


Joan Margarit (1938 - ...)Ha vuelto a hacerlo. Pese al título -que no es feo, pero despista-, Joan Margarit (Sanaüja, 1938) ha vuelto a emocionarnos con un nuevo poemario por el que discurren, en inexorable retrospectiva, el hondo sufrimiento de la experiencia (la común y la propia), la crisis del hombre moderno y la terca alegría que acompaña su lenta consumación de actos, principios y derrotas. Cálculo de estructuras (Visor, 601) es un libro que acompaña al lector, que no deja de hechizarnos al finalizar su lectura sino que crece aún más en nuestro pensamiento cuando descubrimos los mismos obstáculos, idénticas disyuntivas, territorios comunes en los que acecha la vida y el milagro de estar vivos, pese a todo. Un libro para náufragos de sí mismos. Un libro para todos.

Si algún efecto cabe reservar a la Poesía, es el de acompañarnos en la huida, que es la entrada a ciegas en la experiencia propia a través del otro. Rimbaud lo resumió en un verso revelador y Margarit apenas precisa unas líneas para corroborarlo: estamos solos, infinitamente solos, y cubrimos ese abandono con las trampas de la memoria, persiguiendo nombres y fechas que sabemos inútiles, gastadas, pero que nutren nuestro amor, la sombra de un amor al que seguimos fieles, a través del tiempo y la palabra. Somos el otro. Y en esa fuga constante de nosotros mismos encontramos la terca verdad que nos reconcilia y nos afirma.



Otra cena de Navidad

(Miércoles, 21 de diciembre de 2005)

Habíamos quedado esta tarde en un café próximo a la Biblioteca para ver la película "Las Horas". Cuando llegamos el local éste estaba abarrotado: no habíamos previsto la desbandada general de estos días, el personal de toda ralea que asola las barras tras las consabidas comilonas de empresa. Como somos gente de bien y en realidad nos quedan unas horas para estar haciendo exactamente lo mismo, pedimos unos cafés y decimos adiós a Nicole Kindman, Julianne Moore y Meryl Streep. José Carlos, el dueño de la cafetería se me acerca conciliador y yo aprovecho la ocasión para sacarle un ciclo de cine y literatura a partir de enero. Será los últimos miércoles de cada mes. Yo me encargaré de la parte literaria, los libros que leeremos previamente a cada proyección; José Manuel Ortega llevará la parte cinéfila, el debate posterior a las películas. Espero que esto atraiga más gente al Club de Lectura (uno ya no sabe qué hacer). Para matar el rato le he pedido a mis compañeros que fueran indicando qué películas les gustaria ver. Aún estaríamos allí. Cuando les pregunto títulos de libros apenas sugieren alguno ya leído. El caso es que ahora tengo la siguiente lista de películas a las que debo buscar lectura: "Remando al viento", "Sostiene Pereira", "Vidas al límite", "Descubriendo a Forrester", "El viaje a ninguna parte", "Carrignton" y "Las Horas".

Después hemos ido a cenar y, como siempre, nuestro número ha aumentado considerablemente. Los maridos acuden puntualmente a esta cita, pese al fútbol. Algunos aprovechan para inspeccionar sobre el terreno las extrañas amistades de su pareja y, claro, no es el mejor día. Sobre todo porque viene Chuty y rápidamente nos ponemos a volar sobre el más elemental principio, incluídas las virtudes teologales, el precio del marisco y otros pecados capitales. Al final todos se despiden pasando el brazo por el hombro de sus señoras y con la mejor sonrisa felicitan el año a diestro y siniestro, aliviados en el fondo de que eso de la lectura no sea una secta más. Incluído mi padre.


El pecadillo de Onán
(Martes, 20 de diciembre de 2005)


Éste fue.Uno empieza a estar cansado de oír usar alegremente la palabra "Onanismo", refiriéndose al delicado arte de la masturbación. Si precindimos de prebendas teológicas, encontraremos en la historia del pobre Onán una profunda tragedia que disipa cualquier posible paralelismo (perdonen la aliteración, estas cosas me ponen... nervioso).

El caso es que, según la Biblia, después de que Er, su hermano mayor, falleciera, Onán debía casarse con su viuda Tamar, tal y como dictaba la Ley judía. Cuenta la prensa amarilla de aquel tiempo que cada vez que Onán tenía una relación sexual con su cuñada derramaba su semen sobre la tierra. Esto lo hacía porque pensaba que un hijo tenido con Tamar no sería considerado suyo, sino un niño tardío de su hermano. Como respuesta a este acto, Dios mató a Onán.

¿Qué hubiera sido mejor fecundar también a la mujer del hermano? ¡Joder con los antiguos, los cristianos, los estoicos y la madre que los parió! En semejante valle de lágrimas el Ojo Eterno fulminaba de un plumazo a los honestos.

(Ésa es otra -y perdonen que me vaya por las ramas-, la risible confusión que lleva a algunas personas a confesarnos públicamente su higiene moral cuando dicen aquello de: "Para ser honesto..." u ¿"Honestamente, creo que..." tratando de manifestarnos la honradez de su criterio).

Pero volviendo a Onán, a quién de niño imaginaba, claro, calvo como una pelota, uno reconoce haberle cogido apego a la historieta, que siempre viene bien para excusar tan benemérito acto y quedarse uno tan ancho. Nada, pues, de temores infundados y llamemos a las cosas por su nombre: Pajearse. De toda la vida.

Y que el buen Dios nos pille con las manos en la masa.


La tarta del cd
(Lunes, 19 de diciembre de 2005)


Así se reparte el dinero de un disco de 18 euros según AFYVE (Asociación Fonográfica y Videográfica Española):

* IVA: 16%: 2'49 euros.
* Tienda: 40'2 %: 7'25 euros.
* Discográfica: 24'4%: 4'41 euros.
* El distribuidor: 4% 0'73 euros.
* La fabricación: 4% 0'73 euros.
* Derechos de autor: 4%: 0'73 euros.
* Royalty para el artista 9'4%:1'69 euros.

Fuente: www.escolar.net

¡Pero el ladrón es siempre el usuario que graba e intercambia archivos de música! No dejen de escuchar la interesante conferencia del abogado David Bravo en la Universidad de Sevilla desmontando las "Mentiras más importantes sobre la piratería" (audio).

Por otra parte, si echamos un vistazo a la lista de artistas más importantes (es decir, que más venden) de AFYVE (ahora donimada irónicamente PROMUSICAE) encontrarmos talentos artísticos, propuestas arriesgadas y genios, en fin, de la creación musical como Estopa, Madonna, María Isabel (sí, hombre: la niña del inmortal "antes muerta que sencilla"), Chenoa, Luis Miguel y Mecano (reedición de sus éxitos sin un sólo tema nuevo), etc...

Qué bien protegidos están los músicos de jazz de este país, los investigadores de nuestro folklore, las bandas de hip hop, los cantautores, las bandas de blues, las formaciones corales, los compositores de música clásica...



¿Inteligencia artificial?
(Domingo, 18 de diciembre de 2005)

Tradicionalmente, nuestros mayores suelen encomendar a San Antonio el hallazgo de algún objeto perdido. Es de suponer que, en la actualidad, el buen santo sigue ofreciendo sus servicios a tarifa reducida ante el avance espectacular de buscadores más certeros, como el famoso Google. Este potente motor de búsqueda (se trata de un robot que lee toda la Red y actualiza sus contenidos a diario) no es ni mucho menos inocente pero tampoco requiere los esfuerzos de la fe al dispensar sus servicios. Y hasta piensa por sí mismo. Podemos comprobarlo tecleando la palabra "ladrones" en el buscador. La primera entrada que aparece deja ver bien claro su portentosa inteligencia a la hora de ordenar datos. ¿Será esto lo que llamábamos inteligencia artificial?


Ana Diosdado en el laberinto
(Viernes, 16 de diciembre de 2005)

Ana Diosdado (Buenos Aires, 1938) es un auténtico ejemplo de vocación, dignidad y elegancia en la escena española. Anoche lo pudimos comprobar una vez más. Fue en la Sala Trajano de Mérida, donde la actriz presentó la obra "Óscar o la felicidad de existir" de Eric-Emmanuel Schmitt. Se trata de un monólogo que navega entre la ternura, la sonrisa y el llanto sin ceder del todo, manteniendo al espectador en todo momento a raya de sus propias emociones, que son, por la magia del teatro, las del pequeño Óscar, un niño enfermo de cáncer que escribe cartas a un Dios en el que nadie cree. Confieso que no soy imparcial con el trabajo de Diosdado; no se puede ser imparcial ante el trabajo bien hecho, cuando además éste refleja un profundo compromiso con el texto -en este caso nada fácil, y ni mucho menos apropiado para el espíritu navideño que se nos viene encima- y no obedece, como en tantas ocasiones, a los frívolos vaivenes del interés popular. La obra propone varias posibilidades al atribulado espectador, desde la indignación ante las reacciones "maduras" de los adultos, la ternura que envuelve la insistente inocencia del protagonista, o la complicidad con la ducle mentira de Mamá Rosa, la enfermera jubilada que entabla, a través del enfermo, una lucha personal con su propio destino.


Desde hace unos días, la actriz desempeña además la difícil tarea de presidir la SGAE (Sociedad General de Autores Españoles), anquilosada institución que trata -a su modo, claro está- de defender los derechos de los creadores españoles. Cabe esperar de la gestión de Ana Diosdado un nuevo horizonte de consenso en materia de reproducción, distribución y gestión de la propiedad intelectual. Apartado ya el ínclito Teddy Bautista (ay, Teddy quién te ha visto y quien te ve), es hora de que sean los artistas de verdad, los que no han dejado de serlo, quienes gestionen sus propios derechos. Veamos que sucede.


Esta tarde
(Jueves, 15 de diciembre de 2005)


Yo también he visto la luna enorme balanceando el puente. La torpe luna de Cyrano, el triste astro de Novalis y en medio el puente, atravesado de luciérnagas. Qué se yo... tal vez he pensado en ti. La luna ejerce sus influjos siempre a deshora. La luna, que es redonda, lenitiva y amarga.


Si el cielo se derrumba sobre nuestras cabezas
(Miércoles, 14 de diciembre de 2005)

¿Qué habrán pensado los trujillanos al visitar estas últimas semanas la Biblioteca Municipal y toparse, de entrada, con ese improvisado rastrillo de libros y revistas apiladas? Debo insistir en este asunto: esta tarde aún quedaban ocho o nueve cajas que nadie se ha molestado siquiera en abrir. Como un gato ante unas raspas de pescado, he ido desvelando su contenido. Inmediatamente la sorpresa ha dado paso a la tristeza, y ésta al escándalo más absoluto: ¿Cómo puede alguien tirar 45 números de Ínsula, más de 50 Urogayos, 10 Archipiélagos, 60 Versión Original y exactamente 14 Clarín, por no citar otras publicaciones como Scherzo (más de 100), CD Compact, Revista de Occidente, etc...? ¿Cómo puede una biblioteca de pueblo prescindir de libros de Joseph Roth, Manuel Puig, Alfredo Bryce Echenique o Reyes Huertas? Es curioso: la ignorancia no distingue géneros ni tradiciones. En mis manos acaricio un ejemplar de La canción de la aldea en edición de 1952; le faltan la portada y las diez primeras páginas, pero la novela está íntegra. Más que indignado, asustado por este desprecio de nuestro patrimonio bibliográfico, decido coger el toro por los cuernos. Subo resoplando las escaleras y me planto frente a la bibliotecaria. Respiro hondo y con la mejor de las sonrisas le pregunto por esa repentina necesidad de desprenderse de tan valiosos fondos. Me cuenta que esos libros y revistas estaban en el archivo, una especie de doblado que al parecer corre el riesgo de hundirse en cualquier momento, así que lo mejor es soltar lastre para evitar desastres mayores. Le sugiero que los done a cualquier biblioteca de los pueblos vecinos, La Cumbre, Ibahernando, Madroñera... que en alguna parte serán de utilidad. Me mira como a un marciano y se limita a responder: "Ah, pues es verdad. No había caído". Después me da otra caja vacía y remata: "Están ahí para que la gente se lo lleve. Sé que a ti te serán de utilidad".

Sí: he llenado una caja (la segunda) y no voy a negar que me ha entusiasmado encontrar de golpe tantos números de Clarín, El Urogayo, Versión Original... que daba ya por perdidos. Sin embargo, durante el viaje de vuelta a Mérida no he podido evitar un profundo malestar. Preferiría que estas tomos estuvieran debidamente ordenados y disponibles en las estanterías de la Biblioteca de Trujillo. Y no dudaría en devolverlas si así fuera. Pero, a qué engañarse, tal y como están las cosas esto es absolutamente imposible. Un tesoro escondido no sirve para nada. Salvo para que el techo se derrumbe.

Al final todos tenemos lo que merecemos.


Un hombre sólo
(Martes, 13 de diciembre de 2005)

Uno sólo. Un hombre sólo, como aquel brigadista del poema de Cernuda, basta para que uno sienta útiles sus pasos sobre la tierra. Hoy me he sentido así. Y se lo debo a alguien que aún desconozco. Desde Praga (ah, que maravilloso debe ser poder sentir apego por esta España nuestra), un lector me remite estas líneas por mail que traigo a Derivas lleno de emoción y gratitud.

"Buenos días, Daniel:
Ayer, mi amiga Elena Buixaderas leyó un poema tuyo (El viento y las brasas), aquí en Praga, en los encuentros literarios Luces de Bohemia, como supongo que sabrás. Le dije a Elena que tu nombre me suena, y hoy, leyendo el blog de Álvaro Valverde, me encuentro un link al tuyo. Y nada, que te mando saludos desde Praga, y que me sentí un poco más cerca de mi Extremadura al saber que de allí eres. Mi nombre es Ramón Machón, y vivo en Praga desde hace 15 años. Algo de lo que escribo puedes encontrarlo en mi blog: http://machon.blogspot.com/ Acaban de publicarme un librito en Mallorca, a raíz de un premio de la Fundación Cabana (www.yoescribo.com) Y qué más decirte... de momento, que sigo tus apuntes, y que para cualquier cosa aquí tienes a un extremeño (Santa Amalia - Amaliense) retirado en Praga, pero buscando siempre sus raíces.
Un abrazo desde Pragajoz.

Ramón Machón"

Un abrazo para ti, Ramón y otro para nuestra amiga Elena. ¡Salud y Poesía, Hermanos!


El fauno y el azar
(Domingo, 11 de diciembre de 2005)

El reencuentro con Debussy, tan lejano ya, tan siglo veinte, tan... delicioso. Sí, la obra de Debussy navega entre dos siglos, pero esa es una impresión óptica que el oído desobedece de inmediato. Uno puede, por ejemplo, saber que este L´après-midi d´un faune se estrenó en 1894 y que fue además una obra abandonada por su autor, que pretendía trazar aspectos más profundos del poema de Mallarmé... Pero no llegó a más, se asustó de la carga sensual y cognitiva del texto y lo abandonó. Sin más. Aún resuenan ebrias las palabras del fauno:

Mas el alma, de palabras vacante
y este cuerpo aturdido,
sucumben a la fiera calma del mediodía;
sin más, fuerza es dormir en el blasfemo olvido,
en la sedienta arena yaciendo, ¡pues me place
abrir la boca al astro eficaz de los vinos!

Pero la música siguió sonando un día tras otro, atravesando un siglo entero, abrazando otro más improblable aún que aquél. La poesía de Mallarmé en cambio, no brilló siempre a la misma altura. Tal vez dió lo mejor de sí tras el desengaño de su estética, que él asumía como misión de todo poeta; a saber: llegar a "escribir la obra que, por ser la explicación órfica de la tierra, someterá al dominio del espíritu humano el azar, símbolo de la imperfección de ese espíritu". Bien se ponían éstos, la verdad. En cualquier caso, ahí está su magistral "Un Coup de Dés", posiblemente la obra más influyente de la Poesía Moderna.

Brindo por los altos ideales. Brindo por las poéticas abocadas al fracaso. Brindo por el altivo Arte, siempre tan vano. Brindo por el fauno y el azar. Brindo por mi propio ridículo.



El que acompaña
(Sábado, 10 de diciembre de 2005)

A veces la Red tiene sus propios impulsos. Esta mañana me ha regalado un hermoso paseo, otro más. La niebla no impidió que aquellos poemas me sonaran remotamente familiares, a medida que andábamos...

Vigésimo octavo Paseo Literario: "El proyector de sombras"

Gracias, Gatito Viejo, por hacer realidad el único propósito de mis versos: acompañarte.


El compromiso
(Sábado, 10 de diciembre de 2005)

En el número dos de la mítica revista de García Nieto "Poesía española" (febrero de 1952), un joven Rafael Morales (1919-2005) se defiende de quienes le acusan de usar su "mal humor" para escribir poesía:

"Es posible que en la frivolidad de muchas gentes y en la intención floral de algún purísimo liróforo mi poesía aparezca como apoyada con exceso en estados anímicos tan irreductibles y en carne viva; tan contradictorios y anárquicos. Ahora bien: he creído servir siempre, con esa pasional torrencia que, en ocasiones -acaso en contadas ocasiones- puede quedar en pie, cuando ya el argumento se nos olvida, el compromiso insobornable con mi vocación de hombre desnudo y de solitario en peligro".



Ay, lo que hay
(Flashback: Miércoles, 7 de diciembre de 2005: Trujillo)

Al llegar a la Biblioteca hemos encontrado a la entrada, apiñadas unas sobre otras, varias cajas con libros. Volúmenes antiguos, manuales de historia, geografía, filosofía... cuadernos de caligrafía de a 25 reales, revistas de antes de la Guerra, encuadernaciones anónimas, inverosímiles... Me detengo a abrir algunas cajas: aparecen más de cincuenta números de Ínsula, otros tantos de Lateral, Revista de Occidente, Cuadernos Hispanoamericanos, Anthropos... etc... Sonrío al reencontrar cuatro ejemplares de Espacio/espaço escrito que faltaban en mi torpe colección. Hay también libros imprescindibles, desde Garcilaso de la Vega (edición de 1957 del Patronato del Libro Peruano, al precio de tres soles) hasta Juan Goytisolo, Rafael Dieste, María Zambrano...

Subo preplejo las escaleras en busca de una explicación cabal que aclare semejante idiosincrasia. Interrogada, la bibliotecaria ha sido tajante: "necesitamos espacio: puedes llevarte lo que quieras". Luego ha puesto en mis manos cuatro ejemplares de la revista Poesía Española de 1952/53 (que incluyen primeros poemas de José Hierro, Tomás Segovia, Rafael Morales, José Luis Cano, Juan Ramón Jiménez, o Carlos Edmundo de Ory, entre otros muchos), y ha forzado algo así como el reflejo del recuerdo de la sombra de una sonrisa.

Hasta me ha dado una caja.



Lennon y el vigilante de los sueños
(Jueves, 8 de diciembre de 2005)

Hoy se cumplen 25 años de la muerte de Lennon. No he podido resistirlo y llevo todo el día escuchando "su último disco", este "Acoustic" precocinado en los fogones de la Capitol, un cuarto de siglo después de que muchas de estas canciones fueran grabadas (y desechadas) por su autor. Pero no quería hablar de esto. La desaparición de Lennon supuso para mí la conciencia brutal de que existía la muerte. No digo siquiera el crimen, sino la muerte, a secas. Nadie me había hablado de eso. Tenía cinco años y ni siquiera el fantasma de Franco había rondado nuestra casa, así que, aquella noche frente al televisor, la noticia del asesinato del beatle me abrió las puertas del mundo real. Un mundo donde los asesinos podían ser perfectos boys scouts y leer a Salinger en los parques. Un mundo en salvaje involución que nos reservaba aún la guerra fría, la amenaza nuclear, la Thatcher, el 20-F, Chernobil y un inagotable muestrario de gloriosas calamidades. Era el fin, ahora lo sé, de la edad de plata. Plata que resultó ser, y perdonen el chiste, de papel albal. Como las balas de Mark David Chapman, ese pertubado que descerrajó mi infancia y la de tantos una fría noche de diciembre hace hoy exactamente un cuarto de siglo.
Años después supe que el tipo estaba obsesionado con la novela El guardián entre en el centeno, y se creía un alter ego de su protagonista, el confuso Holden, hasta el punto de amoldar su vida a la del adolescente. Entonces leí la novela de Salinger y pude comprender la nítida línea que separa la literatura de la vida. Más tarde cayó en mis manos la autobiografía El guardián de los sueños escrita, a modo de venganza, por la hija del enigmático novelista americano. En sus páginas, ésta arremete contra quien, a su perecer, le robó una infancia que debía haber sido de otro color. A todos se nos complican, antes o después, los planes previstos. Lennon debía estar con nosotros y ser, tal vez, una gloria bien maquillada como McCartney o un flamante Premio Nobel que diera conferencias en El Escorial cada verano. No sé, cualquier otra realidad menos aquella que terminó frente al edificio Dakota de cuatro balazos con quien tanto me ha hecho soñar y amar la vida. Está sonando Working Class Hero. Luego lo harán, en un ritual bien aprendido, Julia, Strawberry fields, Jealous Guy, Imagine, Happy Xmas...y tantas otras canciones que han venido acompañandome estos años.

Gracias, John.


Cosecha del Ochenta y tantos
(Lunes, 5 de diciembre de 2005)

La culpa es del Popu, que el mes pasado editó un número especial dedicado a los 80´s y ha puesto mis recuerdos patas arriba: el blandiblú, los lagartos de V, los zombies de Thriller, la teta de Sabrina, las pelis de Superman, los Airgam Boys, el The final countdown de Europe, el Equipo A, el Impero Cobra, los caramelos envenados, el cubo de Rubik, las cucharas dobladas de Uri Geller, el "a colocarse" de Tierno Galván...

Sobreviví a todo eso. No me pregunten qué hago escribiendo poesía.

www.popular1.com


Cierta-mente
(Domingo, 4 de diciembre de 2005)

Viendo a Gabilondo dirigir su informativo en el "nuevo" canal Cuatro, siento la misma repugnancia que al sintonizar la Cope, leer las editoriales de Pedro Jota o soportar las rancias arengas de Ansón. Qué más da de qué signo sean cada uno. Todas son un insulto a la inteligencia del ciudadano, un simple bulo que desprecia la mente del espectador y su independencia. Iñaki tiene además ese halo de hombre razonable que durante años dio el pego. Pero las fauces del dogma se abren cuando se enciende la luz roja del directo. Todos a cubierto. La realidad ha dejado de ser lo cierto.



Diamantes en el interior
(Sábado, 3 de diciembre de 2005)

Por fin ha caído en mis manos la discografía completa de Ben Harper: 6 álbumes en total, desde 1994 hasta este 2005. Su mezcla de soul, blues, reggae, rock y música de raíz americana (no me atrevo a decir folk ni country, aunque no anda lejos) conforma la esencia de un talento innato a la hora de componer y ejecutar pequeñas obras maestras. Cada disco, cada etapa de su trayectoria describe un paraje distinto en su particular búsqueda espiritual. Más allá de géneros y propuestas cerradas de antemano, Harper tiene, como Janis y Holiday, como Davis y Hendrix, el don de lo irrepetible. Cada actuación es distinta a la siguiente, cada disco es más extraño y atractivo que el anterior. Todavía hay quienes le reprochan no haber inventado nada nuevo -¿quién lo ha hecho en las últimas tres décadas?- como si no fuera suficiente dar lo que uno siente y sentirlo de verdad. Allá cada cual con sus prejuicios. Yo prefiero escuchar su música, que sirve lo mismo para conducir que para bailar, hacer el amor o tomar unas copas con los amigos. Sólo es cuestión de pinchar la canción adecuada y Harper hará el resto. Por sus venas corre la sangre de Dylan y Buckley, de Mayfield y Gaye, de Hendrix y Marley, que él destila con aplastante sinceridad. En este momento está sonando "When she believes" y nada se me antoja más oportuno que éste lento gospel: "He oído la más sabia de las sabidurías / y he cenado en palacios y reinos / pero nada es tan bello / como cuando ella cree en mí".

Web oficial: www.benharper.net
Web española: www.benharper.iespana.es


La importancia de llamarse Wilde
(Viernes, 2 de diciembre de 2005)

Hay algo terriblemente atractivo en Wilde, más allá de su ingenio y su desgracia. Algo que ha quedado en nosotros como el sabor añejo de un vino que sabemos nunca defraudará. Y no lo hace. Por más que su capacidad de asombro se pudra ya en el almacén de las citas célebres, en los libros de saldo de las ferias de pueblo o en los salones mustios donde los dandys no se aventuran... Wilde sigue siendo Wilde, un artista fuera de época, un genio en costante fuga que se revela mejor en público que en privado. Lo he podido comprobar de nuevo esta noche, con el Club de Lectura de Mérida. Hemos acudido a la representación de La importancia de llamarse Ernesto, en la sala Trajano. Con su digestivo humor burgués, Wilde nos ha vuelto a hechizar. Había señoras delante de mí que a buen seguro habrían salido huyendo de la primera representación de esta obra, una mágica noche de febrero de 1895. En aquella ocasión, Wilde, que presenció el estreno, puso al público en pié y a la moral patas arriba. Mientras el salvaje marqués de Queensberry era retenido por los agentes a las puertas del teatro bociferando gruñidos y con una caja de frutas podridas que pensaba lanzar al flamante enemigo. Ha pasado un siglo y hoy, ya digo, nadie se ofende de la descarnada ironía con la que Wilde se reía del artificio del matrimonio, y las paradojas de la (in) felicidad. "Comedias larmoyantes para los más, y arabescos verbales para los menos", así definió Borjes el teatro del irlandés, a quien nunca estimó. Guste o no, lo cierto es que sus obras siguen llenando los teatros de todo el mundo y nos vuelven a poner en pie tras cada función. Y es que si el humor de Wilde ya no hace daño, su talento sigue dejando ay, una sangrante ausencia.


Rituales
(Jueves, 1 de diciembre de 2005)

La galleta que moja el café y se empapa en la tibia tristeza de mis manos ¿no es la misma de otras veces? ¿No era esta música, la lenta densidad de esta luz, no era la lluvia de ahora en el tejado aquella de entonces? Lo recuerdas bien: con Bruckner llegaba el invierno, largo y plácido como el adagio de la Séptima. En la noche de Difuntos ¿qué mirabas tras la imposible ventana, qué inquietud te movía a pasear a solas, siempre a solas, regresando luego con un alivio extraño, profundo, de serena nostalgia? Diciembre era George Winston, y era la risa fugaz de Silvia, eterno Thanksgiving que sonaba toda la noche... Por Carnavales, recuérdate frente al verde tallo de un almendro, ambos a espaldas del gentío y su falaz alegría, mirandoos. Debías tener once años. O veintiséis... Como estas manos de ahora -¿que edad tienen? dí- alzando la taza, bebiendo tú de ella y regresando, monótona y frágil, la tarde de diciembre, la caja de galletas, la lluvia en los cristales, la soledad de siempre...


"Permite que te llamen "decandente". Sonríe y afirma sin perder ecuanimidad: Soy decadente, es decir, llevo ventaja a mi época".

Abilio Estévez
"Manual de tentaciones" (Tusquets 179)



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