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Por cierto...
(Domingo, 29 de enero de 2006)

¿Donde está ahora ese mentalista cacereño que iba a detener en Nochebuena el reloj de la Puerta del Sol? Un amigo me cuenta que consiguió detener el del Ayuntamiento de Cáceres. Pero todos sabemos que eso no cuenta: el mérito, en tal caso, hubiera sido ponerlo en marcha. ¿Dónde pavonea ahora su derrota este desprestigiado prestidigitador? Tal vez siga allí, frente al enorme edificio, preso en el frío y la quietud imaginaria de un segundo, ese instante de brillo en la mirada que precede a la aparición, corrosiva y falaz, de la lágrima.


Revistas
(Sábado, 28 de enero de 2006)

Mi amigo Luciano Feria me decía una vez que entre tanta oferta de revistas, suplementos, monográficos y estudios literarios -a los que ahora se suma además la Red- uno no encuentra tiempo de leer los libros de los cuales precisamente se habla. Pero no es sólo una cuestión de tiempo; también de espacio: sobre mi mesa duermen el sueño de los justos un buen números de libros a los que quisiera hincar el diente, si no fuera porque el montón del al lado, el de los suplementos y revistas, ha acabado dominando mi ánimo. Y más desde que un ánima bendita puso en mis manos más de trescientos ejemplares de las más variadas y exquisitas ciencias. Hay tres revistas, sin embargo, a las que me mantengo fiel desde hace años. Forman una extraña trinidad que sintetiza perfectamente mi mundo de referencias estéticas: Clarín, Goldberg y Popular1.

La revista asturiana Clarín, fundada hace ahora 10 años por Graciano Gracia y José Luis García Martín, se ha convertido en un referente de primer orden para enterarse del panorama literario español, un mundo extraño y a veces poco aconsejable donde, entre otras faunas, aún perviven los poetas.

Goldberg, tal vez una de las revistas más hermosas del mercado, profundiza en la música clásica anterior a la muerte de J. S. Bach, es decir 1750. De ahí p´abajo, se ha producido un recontrucción histórica y musical de las épocas pasadas que está dando un jugo maravilloso: Autores como Cristobal de Morales, Thomas Thallis, John Dowland, Charpentier, Couperin, Lully...

Popular1, por último, proporciona la ración justa de rock & roll a mis venas sin las cuales no merecería la pena seguir respirando. Monográficos como el de hace dos meses (dedicado a los ´80) o minuciosos dossiers sobre las grandes bandas de la Historia (de Pink Floyd a Ramones, de Tom Waits a Mötley Crue...) y todo ello sin indicar ningún precio ni someterse a los intereses del mercado. Más de 30 años corroboran el mérito de esta revista barcelonesa, verdadera apasionada del ruido más macarra y maravilloso del siglo XX, el rock, ese hijo bastardo del delta del Mississippi.

(Está sonando "Alice", de Tom Waits )


Gonzalo Hidalgo Bayal
(Jueves, 26 de enero de 2006)

Magistral, como siempre: "Pasatiempo"


Cine y Literatura
(Miércoles, 25 de enero de 2006)

Esta tarde hemos inaugurado el ciclo de Cine y Literatura en El café del Teatro de Trujillo. Ha venido la tele y he tenido que improvisar un entusiasmo cansado. La película elegida ha sido "Las horas" (2003) de Sthepen Daldry, una impresionante trama alrededor del universo de Virginia Woolf (Nicole Kidman), que parte del personaje de una de sus últimas novelas, la señora Dalloway (Meryl Streep), y una mujer, Laura Brown, (Julianne Moore) cuyo destino parece depender por segundos de la lectura del libro. Un drama, vamos, pero esta vez maravillosamente narrado, con interpretaciones soberbias y la música penetrante y reinventada del a veces insondable Philips Glass.

Poca gente ajena al Club. Pero ya irán llegando.


Las muelas del juicio
(Martes, 24 de enero de 2006)

Hay que sufrir para recibir la sabiduría, y hay que sufrir para otorgarla.
El sufrimiento más puramente amargo, el sufrimiento penal, como garantía de autenticidad.

Simone Weil


Al fondo del día no hay más que un ligero dolor de muelas que crece y desaparece, una tensión lejana que voy prorrogando con las más variopintas distracciones: libros que abro al azar sin detenerme a recordar su trama; una llamada sin esperanza a alguien que no contesta; una nueva capa de pintura a la terraza; un vistazo inútil a los documentos de la melancolía: facturas, contratos, poemas decapitados... todo vale para ignorar la creciente amenaza del dolor. Sólo el dolor físico, el más vulgar de todos, tiene algún sentido. Sólo él nos reconoce en lo que somos: carne desatenta, tejidos abrasados por el viento de la experiencia, encías ensangrentadas. Eso me dice ahora, a media noche, cuando la luz de la mañana se me antoja un milagro imposible, este dolor. Arrestado en los vaivenes nerviosos que mecen las horas, contemplo el monitor encendido, leal como un niño tonto, y pienso que la vida es ir encanjando estas visitas, estas compadencencias del agotamiento, este vómito de maldiciones. Y aquí está ahora, un dolor tan intenso ya que uno no sabe si es cierto.

(............................)

Luego cede, como la tiniebla, instalándose en las ruinas de mi cobardía. "No visitarás al dentista esta vez, tal vez la próxima..." dice una voz al fondo de mí. Pienso que es tributo justo cargar con sus manías. Al fin y al cabo, el dolor físico es la certeza más absoluta de nosotros mismos, casi una rúbrica genial que aquel remoto Creador bordó en nuestro infame tejido. Por él deberíamos conocerlo y no por nuestros logros futiles, caducos de toda trascendencia. Un buen dolor de muelas, ésa es la unión verdadera, el éxtasis, la gracia, el supremo amor.

Me alegro de estar vivo.


Pesadillas comunes
(Lunes, 23 de enero de 2006)

Estaba a punto de llegar a Comala cuando apareció ella, la Hechicera. Me habló de un lugar donde gobiernan los niños y los humillados de la belleza recitan a Horacio por las esquinas; sonrió con dificultad y luego me dijo que no volviera a buscarla más a aquel café de Alejandría. No la hice caso. A la noche siguiente traspasé de nuevo el umbral. Allí seguía ella, que ahora se hacía llamar Justine. Hundiéndome sus ojos, protestó: -¡pero qué diablos haces en Macondo! Intenté retenerla del brazo pero volvió a la noche y sus misterios dejándome solo a la puerta de una humilde cabaña. La madreselva cubría las ventanas y un sol radiante taladraba el silencio. Una anciana se acercó para decirme que aquél a quien buscaba, el loco de Kampa, se estaba dando un baño de estrellas. Me fuí de allí antes de que apareciera Clara Janés. La solución a este entuerto -me dije- está en la página siguiente. Pero no había más páginas. El libro sólo contenía aquella. Al cerrarlo supe que ya todo sería oscuridad. Ítaca es aún más hermosa de noche.


Sucede a veces
(Sábado, 21 de enero de 2006)

"Posiblemente, Daniel nunca explicará lo que realmente nos quiere decir con ella (para mí, muy reveladora), ni si la invención es suya -que lo supongo- o de otro loco parecido a él y, de paso, a mí". (José Manuel Díez, en su blog)

Sucede a veces, querido José Manuel, que leemos de otros lo que sólo en nosotros tiene razón de ser, encuentra su refugio definitivo. Cuántas veces nos reconocen los versos de Cernuda, el crujido seco de Vallejo, la turbia claridad de Celan. Eso es y debe ser la poesía. En cuanto a la invención, ya sabes que descreo de la originalidad, no la cortejo con ansia de notario ni me ocupo de violar su sacrosanta concavidad pública. La originalidad, como el sexo, se disfruta mejor si no se espera. A ciertas horas todos los gatos son pardos, y yo escribo de noche. No diremos que al humo pertinente de doña maría, que queda mal en las biografías pero impecable en el poema; ni tampoco que al sabio dictado del bourbon (un humilde vaso de leche, las más de las veces), ni que las líneas del caos reververan este orden de palabras inevitables: la soledad, querido, esa fulana es quien se escribe en nuestros versos. La soledad codiciada, la indebida, la malparida soledad, que sabe más de nosotros que nosotros mismos.

Suerte en la China, mandarín delicioso, y vuelve pronto lleno de ritmos y versos, que te queremos por aquí. Ah, y tráeme una geisha baratita, con seda alejandrina y silencio de porcelana, que andamos robándole versos a la noche.


21 correos y una sonrisa
(Miércoles, 18 de enero de 2006)

Es una pasada: hoy he recibido 21 correos de entidades bancarias (algunas de las cuales no he pisado en mi vida) pidiendo que inserte el preciado código de mi cuenta. He pedido "cuentas", efectivamente, en mi sucursal acerca de esta variedad cibernética del timo de la estampita, pero la hermosa muchacha de ojos azules me ha sonreído igual que siempre, cuando acato sus designios y me enclaustro en un contrato impredecible. Luego ha seguido sonriendo, como si esa mueca deliciosa fuera fruto de su integridad inhumana, el único obsequio de su competente incompetencia.

¿Sabes bonita? -le he dicho a punto de echarme a llorar sobre el hombro de su chaqueta-, bastante nos roban ya los bancos como para darles también a estos el número correcto, las señas verdaderas, las ilusiones, ay, aplazadas de mi vida.


Pablo, Ignacio y Paco
(Martes, 17 de enero de 2006)

Me ilusiona que después de haber desertado de mis propios foros, movido sobre todo por el cansancio de borrar entradas impresentables, por comerciales o cobardes, aún haya gente que escriba cosas tan bellas como éstas, a propósito de nuestro querido Pablo Guerrero. Las entradas de Paco Martín e Ignacio, amigos a los que no conozco y nos ha unido la música del de Esparragosa me confirman las esperanzas en este medio. Son las grandes recompensas que le ofrece a uno andar manejando estos artilugios del demonio en horas poco recomendables. Estos días andamos discutiendo sobre música, es decir, corremos serio peligro de acabar siendo amigos.

Los foros, por supuesto, siguen ahí:



El mecanismo de la sospecha
(Martes, 17 de enero de 2006)

Llevo siempre en el coche algunos cuadernillos de las distintas Aulas Literarias de nuestra región, un hermoso proyecto sin parangón, por cierto, en ninguna otra. De esta forma, en los momentos más insospechados puedo rescatar un poema de Claudio Rodríguez, Félix Grande, Miguel D´Ors o José Viñals y resolver las circunstancias más adversas. Eso hice esta tarde, mientras el gato hidráulico anestesiaba a mi peugeot, matando los minutos en uno de esos bares con hilo musical de tragaperras y olor a aceite de varios días. Ahí estaban los poemas de Antonio Gamoneda, tan reveladores como el primer día.

Recuerdo bien la tarde que lo conocí; fue en Mérida, a donde vino a recitar programado por el Aula Jesús Delgado Valhondo. Inmediatamente sintonizamos. Después de unas cervezas le planteé un asunto que me obsesionaba por aquel entonces y que él supo interpretar perfectamente: - "Lo que debemos hacer - me dijo-, es mantener siempre bien engrasado el mecanismo de la sospecha".

Confieso que no cuesta mucho, dadas las circunstancias. Uno sabe que vive en el mejor y el peor de los mundos posibles. Es cuestión de consciencia. !Se puede ser tontamente feliz en nuestra época! Pero también se pueden conocer el infierno y la amargura. Se puede cantar en esta tierra extraña, pero también se puede enmudecer para siempre. El sufrimiento pasa a nuestro lado cada día, pero la muerte no existe. Es todo tan raro y sencillo, tan natural... Vivir es fácil -escribió el poeta-, arduo sobrevivir lo vidido. Pero junto a la consciencia de uno mismo en este maravilloso disparate, surge entonces la visión del otro, el animal indómito, el ser que somos también en otros, en medio de la barbarie y el sufrimiento, en la pobreza y la vanidad, en la nada miserable.

Acaso solamente aquí, en este inframundo erróneo, sea posible la Poesía.


Sin relación aparente
(Lunes, 16 de enero de 2006)

En una sociedad como la nuestra, en la que, dijérase, se han superado los tabúes más rancios e insospechados, sigue hoy sin hablarse pública y libremente de al menos dos cuestiones sin relación aparente: de monarquía y de pornografía. Por ejemplo.


Lo más terrible es que sólo existe una vida. Y no es ésta.


Arma de destrucción masiva:


Cadáveres bien parecidos
(Sábado, 14 de enero de 2006)

Leo un libro que acaba de ganar un prestigioso premio de poesía. El primer poema que ojeo reune, convoca, apiña en un mismo texto a Lennon, Hendrix, Morrison, Janis, Page... y no sé cuantos mártires más del rock and roll, (pese a que algunos como Page no hayan muerto aún). La intensidad del texto o poema se basa en una ingenua pero sincera devoción por la imaginería de los ´70 - ´80, que el poeta recuerda como la época de los grandes mitos.

Aprendo así a esquivar definitivamente una tentación que a menudo me asalta. Hay mitos que huelen mal dentro de un poema, tal vez porque necesitan el espacio abierto de la mitología, la leyenda, la ilusión de las luces, los watios... Pero el poema -que nos es la isla de Wight precisamente- enmudece por exceso de ruido, como si todos se empeñaran en cantar a la vez. Y enmudece.

(Sigue sonando Nick Cave: The good son )


Con dos...
(Viernes, 13 de enero de 2006)

© Quino/Ediciones de la Flor, Buenos Aires


Quisiera hacer una defensa de la poesía, pero no me sale.
(Jueves, 12 de enero de 2006)

Cuando por fin revela su condición cómplice y servil, la poesía ya es, sin duda, otra cosa. Ha dejado de ser una amalgama de signos capaces de disfrazar el mundo, volviéndolo más digno y placentero. En esa necesidad de ser a través de los demás, de los libros y lecturas que uno acumulaba convencido de albergar el santo grial de la emoción humana -una especie de código secreto que poseía milagrosas propiedades- radicaba el empeño de tantas noches de fértil ejercicio, que ahora son años arrebatados a lo desconocido. Podría haber sido peor, claro está; podríamos haber cruzado esos años sin la más mínima identidad, resueltos en ser un perfecto ciudadano, un tibio personaje que vota y participa de los logros y miserias del Estado, un hooligan de domingo por la tarde, un hombre, en fin, más o menos feliz.

Pero ahora uno observa, con implacable sensatez, que la poesía no cambia nada. No fueron suficiente El collar de la paloma, la Tierra Baldía, el Cantar de los Cantares, las Iluminaciones, las Odas de Keats, Ítaca, Comala o Macondo, la locura de Hölderlin, los ángeles de Alberti, el Canto General, los venecianos, ni siquiera, ay, los taxis de García Montero... para salvar el mundo de no sabemos muy bien qué.

Pero entonces un día se nos viene encima el tiempo y una mujer desconocida cruza la calzada con su hijo de la mano, o nos mira sin rencor un funcionario de Correos, o se nos para el corazón al contemplar el salto suicida del salmón contra la corriente y comprendemos: para que esto exista, para que todo permanezca como estaba, antes fue necesario escribirlo. Por decirlo cursi, universalmente: para que fuera la rosa fue necesario Juan Ramón; para que el tigre rugiera en la noche simétrica, fueron imprescindibles Blake y Borges. Sólo así el mundo y sus cosas logran ser lo que son, y serlo para todos. Al cabo, la poesía, que no deja constancia de veracidad alguna, nos entrega la decisiva lección de nuestra permanencia. Error útil que sostiene en equilibrio al mundo. Materia de sueños, ya se ha dicho, que mantiene bien despiertos los sentidos, esa consciencia brutal y necesaria de ser, de estar siendo todavía.


Actos reflejos
(¿qué día es hoy? enero de 2006)

Como vivimos en una sociedad de reflejos -de reflejos comerciales, se entiende- la cultura debe ser atendida también como un acto reflejo de lo que dictan los intereses de turno, ahora llamados aniversario, centenario o lo que sea, que no será otra cosa que una astuta estratagema para vendernos el ocio enlatado y listo para servir.

Ahora resulta que este año toca escuchar a Mozart (1756-1791), como el año pasado tocó leerse El Quijote. Vaya, ya estamos. Como si fuéramos tontos. Como si la música de Mozart -que como todo el mundo sabe vuelve a los bebés inteligentes de remate- sonara mejor este año que por ejemplo en 1998 o 2021. Y eso que ya tuvimos mozartmanía hace quince años, o sea, ayer. No importa. Las genialidades del austriaco serán servidas de nuevo, precalentadas en el horno fiel de la devoción generalizada, el entusiasmo aprehendido, la pasión de saldo...

Sin embargo, a veces sucede que el sistema reacciona mal a sus propios reflejos; veamos: es el año Mozart y las discográficas se apresuran a sacar todo tipo de artefactos sublimes destinados a llenarnos el alma y vaciarnos el bolsillo. Pues hete aquí que un sello alemán, Brilliant (Diverdi), ha recibido el estímulo del espíritu mozartiano y acaba de sacar a la venta (en la Navidad del 2005. ¡total por unos días!) un cofre con la obra integral de Wofgang. Nada menos que170 cedés al ajustado precio de ¡99 euros!!!. Y se ha montado el pollo. Los prestigiosos sellos de música clásica han puesto el grito en el cielo señalando la traición: "Pero bueno, ¡se trata de sacar algo!"

A ver si lo entiendo: resulta que hay que escuchar la música de un tipo que nació hace 300 años y murió joven, desprestigiado y al que ni siquiera enterraron dignamente. Todo dios se pone a montar funciones, documentales, películas, tartas, vibradores... inspirados en el señor éste. Y nosotros, sacudidos por el áspero fuego de la vergüenza, reconocemos que del tal Amadeus no conocemos más que la serenata, del móvil; la sinfonía ésa de la película; el disco de "Mozart inteligente" que poníamos al niño cuando lloraba y el Réquiem, donde hay un lacrimossa muy bonito. Nos escuece la ofensa. ¡Somos unos inconscientes! Además de incultos. Que no se note: venga, vamos a comprar la caja ésa: total: son 170 cds ¡y por ése precio!

Pero entonces sale otra casa denunciando a la que vende el chollo y diciendo que Mozart no suena bien a ese precio. Dudamos -¿se estarán riendo de nosotros?-. Recibido: hay que especializarse, es decir, hay que leer: venga biografías, artículos, el poema de Cernuda, el dvd de la peli, hasta "El enigma Mozart". Ya sabemos que sellos dan el tongo y cuáles son los fieles: los caros. Hemos aprovechado la feria de pueblo para hacer una viaje relámpago a Viena. Ya sabemos tararear eso tan lindo: così fan tutte le belle! non c´è alcuna novità. Y entonces va el año ¡y se acaba! Ahora resulta que se lleva Shostakovich, y el clasicorro ése ya está pasao de moda.

Vaya por dios ¿y ahora que hacemos con la colección y el mueble? Y sobre todo: ¿qué coño es eso que suena? Si es que estoy descolgao, todo un año oyendo al mozart ése y me he olvidado de mi música favorita: la sardana.


En fin, después del rollo éste, lo que yo quería decir es que hay un artículo excelente del escritor y periodista David Torres al que no le falta razón, pese que al dársela hagamos exactamente lo dicho más arriba. Buen provecho.

P.D: ¿Cómo eructaría Mozart?


Todavía
(Martes, 9 de enero de 2006)

Un poema que me saca del infierno, consiguiendo restituir el orden de este jodido universo que somos los humanos:

MASA

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...

César Vallejo
(1892-1938)


Como dice un poema de Gonzalo Rojas: "Ya todo estaba escrito cuando Vallejo dijo: -Todavía"



(YES o la historia del eterno retorno 1980-1990)
(Lunes, 8 de enero de 2006)

Para muchos, lo más interesante de Yes se plasmó en una serie de álbumes a lo largo de los setenta, cuando dieron forma y prestigio, junto a otras bandas británicas, al ampuloso término de rock sinfónico.

Obviamente, el nivel de trabajos como Fragile, Close to the edge, o Tales from topografic ocean era difícil de superar en una década, la de los ochenta, que se anunciaba difícil tras el estallido punk del 77 y los primeros coletazos de la new wave y otras pantomimas electrónicas previas al domonio del vídeoclip, esto es, a la imagen por encima de la música. Sin embargo, no debemos olvidar que en 1980, siguiendo el éxito de Asia, el supergrupo formado por Steve Howe (Yes), Carl Palmer (EL&P), Geoffrey Downes (Yes) y John Wetton (King Crimson, Uriah Heep...) la banda más representativa del fenómeno dinosaurio enlazó una serie de obras imprescindibles antes de caer en la autocomplacencia y la guerra de egos. Me refiero al sorprendente 90125 (1983) (su album más vendido), al injustamente despreciado Big Generator (1987). Hacía tiempo que no los escuchaba, pero la reedición de estos discos en formato cd y con temas extras ha vuelto a poner ante los amantes de la belleza, sin más, el maravilloso legado de una banda irrepetible.

Lo que más me gusta de estos Yes reformados -y comerciales, dirán algunos- es el descaro con que sellaron su permenencia en la siguiente década. La jugada fue maestra y se fraguó en el disco anterior, "Drama" (1980) de significativo título. Es el único trabajo de Yes donde no está Jon Anderson; en su lugar, un esforzado Trevor Horn suple con aprobado la angelical voz del lider. Junto a él, y reemplazando nada menos que a Rick Wakeman, se encontraba el inquieto Geofrey Downes. Ambos formaban un extrambótico dúo llamado Buggles y hacía pocos meses que habían parido el abobinable megahit Video killed the radio star, verdadero himno que anunciaba la era digital y que en España escuchamos hasta en la sopa gracias al anuncio de una conocida marca de electrónica. Muchos se rasgaron las vestiduras al saber que los dos locos del dúo Buggles pasaban a formar parte de la banda británica más respetada del momento. Drama, aplaudido por la crítica, con ser un trabajo inteligente y con momentos brillantes, no convenció al público. Los largos desarrollos instrumentales y las letras de tierras míticas y tiempos futuros debían ceder a la inmediatez de mensaje de la era post punk. El grupo decidió abandonar por un momento el peso de la leyenda Yes, y tras reclutar al guitarrista de origen africano Trevor Rabin pasaron a llamarse Cinema. El planteamiento era claro: adaptarse al formato de canción de cuatro o cinco minutos a lo sumo, con estribillos más sencillos y riffs directos y memorables. Habían grabado unas cuantas canciones cuando un buen día apareció Anderson por el estudio como si sólo hubiera ido a comprar tabaco. Al parecer, le gustó tanto el nuevo material que les ofreció volverse a unir a ellos. Trevor Horn, en un alarde de camaradería, se limitó a producir el disco. ¿Y ya puestos, para qué utilizar un nombre francés cuando poniendo el nombre de toda la vida la mitad de las ventas estarían aseguradas? además Tony Kaye, el teclista original había sido llamado a filas nuevamente, tras la deserción de Geoffrey Downes que vió clara la fórmula del éxito en Asia.


YES: 90125 (1983) YES: BIG GENERATOR (1987)

Así es como nació el disco de la discordia: 90125 (1983) , con ese trepidante riff que abre Owner of a lonely heart (su primer nº1) y una claridad de ideas que echa para atrás. Además el sonido se pulió al máximo y la imagen de la banda cambió radicalmente: desaparecieron las portadas de Roger Dean y en su lugar un enigmático signo y el no menos misterioso título juegan a confundir al comprador. Todo en este trabajo raya a una altura deslumbrante, ni mejor ni peor que sus álbumes míticos pero sí diferente, por novedosa e inesperada. Ahí están Changes, I can´t happen, Cinema, Leave it... Tras una gira mundial que duró más de un año, el merecido descanso se alargó más de lo debido y... los ´80, como sabemos, fue una década veloz, donde el mundo de la música cambió vertiginosamente (y para mal) estableciendo definitivamente las reglas de un negocio voraz. Big Generator (1987) es un digno sucesor de 90125; un disco menos calculado, más variado de ritmos y sonoridades que aquel, con momentos donde la guitarra acústica de Rabin casi logra que nos olvidemos de Howe y todo ejecutado con la misma elegancia de siempre. Ahí están maravillas como Final Eyes, Shoot high, Aim low, o la deliciosa balada Holy lamb. Se eligió como single Rhythm of love, que siendo una gran canción no tenía el toque casi minimalista de Owner of a lonely heart. En esta ocasión las ventas no fueron tan apabullantes y, el otro sector de Yes, los remozados Steve Howe, Bill Bruford, y Rick Wakeman se habían unido de nuevo a Anderson para grabar una maravilla sin continuación posible: "Anderson, Bruford, Howe, Wakeman" (1989). Así, llegaron a coincidir en el tiempo dos formaciones de la misma banda que, para más inri, compartían cantante. ¿La solución? Muy británica, desde luego: juntarlos a todos bajo el mismo nombre y editar un album de título evidente: "Union" (1992) , mucho más precedible que sus antecesores.

La historia continua hasta nuestros días, para regocijo de unos pocos melómanos que perdonamos casi cualquier cosa a la mítica banda, y escarmiento de aquellos que aseguraban que la época de los dinosaurios había pasado definitivamente a mejor vida.




De haikus imposibles
(Domingo, 8 de enero de 2006)

Escribió Felipe Benítez Reyes que el haiku es el triple salto mortal de una ranita japonesa sobre el estanque inmóvil de un pequeño pensamiento. Pues bien: dejo aquí constancia de mi torpeza acrobática y estrello estos pensamientos contra la lona fría del aburrimiento.

A un adolescente:

También en ti,
la muerte habita, aunque
más bellamente.

A un pederasta:

Tiene forma, sí,
de Menina distraída,
pero es pecado.

A Mafalda

Entre la sopa
y los Beatles, fuimos
madurándonos.

A un suicida:

Así es la vida:
tan arriesgada y fiel
tan puñetera.

Canto a mí mismo:

Ya se extinguen
las brasas que creíste
tan verdaderas.
A nadie, en especial

Nadie olvide
que la rosa florece
sin memoria.


 

Escuchando el Bringing It all back home de Dylan
(Sábado, 7 de enero de 2006)

Solo en casa de mis padres, mientras la navidad agoniza y las luces de la ciudad se vuelven un pálido espectro sin sentido, rescato la irreverencia del mejor Dylan, su primer tanteo con la electrificación antes del colosal Highway 61 revisited. Aquí están Subterranean homesick blues, Maggie´s farm y Mr. tambourine man, pero es la preciosa It´s all over now, baby blue, la que acaba enamorándome esta noche. Es dificil olvidar otras versiones, The Byrds o Van Morrison tal vez las han cantado mejor, pero aquí está la semilla de una revolución. Las palabras de Dylan sigue siendo palabra en el tiempo.


Humo de hierba en la oscuridad. Cerrar los ojos y asistir a una historia que nunca viví, y por eso mismo... una historia de identidad y traición, de lealtad y sacrificio, una más de las que me perdí. Y sin embargo...

P.D: Si no hubiera cantado tan mal, Dylan habría sido dios en España.


El tono
(Viernes, 6 de enero de 2006)

El uniforme del general
se quita y se pone
como otro igual.

El esperpéntico episodio vivido hoy me ha hecho recordar, a propósito de generales y tenientes, un magnífico relato de José Ángel Valente que terminaría costándole al poeta orensano una condena en rebeldía (vivía en Ginebra desde 1958) con retirada del pasaporte, allá por 1971. El tiempo, ya se sabe, pone a cada uno en su sitio, aunque no por ello debamos pensar que el enemigo ha desaparecido. Ahí tenemos ahora al teniente Mena Aguado alzando la bayoneta de la posibilidad, la amenaza indirecta, la sucia argucia del miedo. Y uno ya no sabe si textos arriesgados como "El uniforme del general" ya no se escriben porque no hay a quien contestar, porque el enemigo se ha disuelto en las arenas de la modernidad o porque simplemente no hay cojones.

El caso es que he escuchado varias veces las palabras del soldadito éste procurando no leer más allá de su simple y directo significado. Al final, creo que lo más repugnante no son las palabras sino el tono. Ese viejo tono. El mismo tono de siempre... que sólo duerme, que sólo duerme...


Cuento de Navidad para la Noche de Reyes
(Jueves, 5 de enero de 2006)

Cuento de Navidad

Ahora podría con estas mismas manos,
como en aquellos días del invierno,
colocar las sillas, las viejas cajas de cartón
y, sirviendo de frente, la larga, oscura mesa.
Sobre ella, los papeles, al principio lisos y estirados,
después cayendo en apresurados bloques.
Los montones de musgo aún húmedos,
las montañas de corcho, la nieve de algodón.
Allí estaría el pastor, con el peso de su oveja en los brazos
y el leñador cargado de madera y costumbre.
En la fingida altura, el castillo de Herodes se alzaría
entre lanzas de alambre y sangre de niños.
Junto al viejo portal, la mula, con la rota cabeza
pegada de nuevo, reclinaría mansamente su cansancio
y desde Oriente, bajo la deslucida estrella de plata,
los tres reyes vendrían, cabalgando en dorados camellos.
Extraño juego, inútil, muchos años repetido.
Levantada arquitectura de niñez y sueños
que tercamente vuelve a los ojos esta noche,
mientras la nieve verdadera de diciembre resbala por los cristales,
y hasta mí llega un olor lejano de musgo,
el rumor de un río hecho de espejos rotos.


(A través del tiempo, 1968. © Juan Luis Panero)


(Sentados: Martín Romero, Daniel Casado, Juan Luis Panero, Luciano Feria y Lola Lasala;
De pie: el camarero del bar, con el dedo en alto)


Tres posibles variantes sobre la palabra blog
(Miércoless, 4 de enero de 2006)


# Mi amigo José Manuel Díez -a quien sólo encuentro un defecto: le apasiona José Agustín Goytisolo-, se queja amargamente en su blog de que todo el mundo siga considerándolo una promesa. Y hace bien en defenderse, que lo suyo son muestras y no conjeturas. No sé si se acordará pero la tarde que nos conocimos, antes de recitar en la Feria del Libro de Badajoz, se lo advertí con una sonrisa irónica: -¡No veas lo bien que me viene que seas más joven que yo!

# ¿Y con tanto blog terminaremos dejando de leer los libros que se amontonan sobre la mesa? ¿Y con tanta revista dejaremos de escribir los poemas que se acurrucan al fondo del cajón? Ay, Señor, qué inverosímiles excusas encuentra uno para no dar ni golpe.

# "Blog es una palabra fea de cojones", dijo, y yo no supe si dejar que me besara. "Prefiero Vitákora", concluyó. Y quitándome de en medio, concluí que no era bueno que me vieran más con ella.


El libro
(Martes, 3 de enero de 2006)

Esta mañana he recibido un paquete. Llamaron a la puerta, y la cartera me hizo bajar ya que el sobre no cabía por la rendija del buzón. Ningún dato indica su procedencia ni hay en su interior nota alguna que justifique el obsequio; nadie, al parecer, lo remite. Se trata de un libro de poesía. Y, una vez leído, puedo asegurar que se trata incluso de un hermoso libro de poesía. Su título: Poemas de amor y no; su autor: José María Parreño. La edición -magnífica- corre a cargo del Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga. Así da gusto. A ver si aquí alguien toma ejemplo. Habría que empezar, claro, por crear eso del "área de cultura", que no es pintar con una tiza sobre el suelo un círculo y meter dentro a todos los poetas, pintores y músicos de la ciudad... no: bastaría con promocionarlos, exponerlos, editar sus libros dignamente, y después enviarlos por ahí a la buena de dios, como a este de Parreño. Ya se encargará cada libro -no me cabe ninguna duda- de encontrar su único, intransferible destinatario.


Eh, usted
(Lunes, 2 de enero de 2006)

Si pierdo la memoria, qué pureza

Pere Gimferrer


Usted perdone, amigo, pero... en esto del blog, digo yo, ¿se puede ensayar el futuro? ¿Podríamos escribir aquí la tarde del próximo jueves, la noche de mañana? Con tan sólo una pequeña traición en la fecha, ¿podríamos sentarnos a escribir cómo será? ¿Y si nada coincide, y si al cabo la literatura sólo aspira a lo imposible? O peor aún: ¿y si todo sucediera exactamente a lo previsto y escrito, si un maleficio lejano nos permitiera fijar de antemano nuestros actos, uno tras otro cada encuentro, cada emoción inesperada? Sería hermoso, amigo, pero no me atrevo. Quién sabe que sería de nosotros si otros pudieran hacer lo mismo. Imagine el disparate: un guerra mundial de blogs, todos cruzando el destino del adversario; o una guerra fría: todos en blanco, con el dedo sobre Enter. Ya lo dijo alguien: el fin del mundo será pulsar Supr. Ah, pero si perdiera la memoria...

También como los sueños, él último post nos traicionará.


Y sólo eso
(Lunes, 2 de enero de 2006)

Buscaba información sobre Morente, en concreto la letra de una de sus canciones, cuando de pronto ha aparecido esto. Merece la pena leer debajo de la foto del disco, sobre el fondo blanco. Qué triste el arte hipotecado. Y qué torpe la ley. Por si habíamos olvidado que detrás de una página web hay también personas, tipos normales engrandeciendo este proyecto común que es la Red, la de tod@s, éste enlace demuestra que a algunos aún les mueve la ilusión. Y sólo eso.


Del sueño alucinado
(Lunes, 2 de enero de 2006)

Las crónicas saben la grandeza de Enrique Morente. Seguirán diciendo a un mundo venidero quién fue, cómo cantó, cómo logró fundir tradición y vanguardia en un mismo quejío. Pero qué sabrán del sueño alucinado, de la inquieta marisma en que esa garganta a veces se sumerje. Chapoteo precioso del duende en las aguas de la alucinación. Eso dice este martinete o ésos versos de Cernuda. A diez años del inmortal Omega, Morente ha vuelto a grabar un disco alucinado, un trabajo que rehúye el sentido común, que crece en la abolición de las estéticas y las épocas, en una y nueva radical belleza. Es el lenguaje del Arte, el secreto lenguaje, el puto lenguaje de los genios. Abrazando a Pat Metheny, a Ute Lemper, a Blanca Li o Cheb Khaled, el del Albaicín vuelve a poner orden en el caótico mundo de la música. Ya lo hizo en octubre, en el Heineken Green Space de Valencia, compartiendo escenario con los Sonic Youth.


Oración del ateo
(Domingo, 1 de enero de 2006)

Cómo huir hacia el límite de la nada vigilante, de la asombrosa nada, sin cenizas ni olvido, la sola nada. Cómo integrarme de nuevo fuera del tiempo, a ras de cuanto gime y se agita, en la palabra desaparecida. Cómo fluir hacia la fuente por debajo del agua de la vida, sin memoria ni destino. Cómo nacer a otra existencia más precisa, digna aún del milagro de tu inminente aparición. Oh, Señor, si en esos tus semblantes plateados...


"La Eternidad está enamorada de las obras del Tiempo"

William Blake
"Proverbs of Hell" (1792)



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