Autor: Daniel Casado (Cáceres, 1975)

 

D E R I V A S
Octubre
de 2005


Octubre está escalando sereno la ventana.
Fugándose a ese ardiente corazón del estío
desborda silencioso el fruto de su cuerpo.



Gastón Baquero

 

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Días en Trujillo
(Sábado, 29 de octubre de 2005)

Este año los membrillos vienen tardíos y pequeños, prematuramente arrugados. Salgo con ilusión al jardín y encuentro algunos en el suelo. Soy el único que los come. Nadie se molesta ya en hacer compota con ellos, ni en asarlos o dejarlos olvidados al fondo de los armarios. Los amontono sobre la mesa de piedra agrupados según tamaño y color. Con un trapo voy quitando la pelusa y les hablo: -"No llegásteis al veranillo de san Martín, por qué poco!" Ellos, los membrillos, dulcemente alineados no responden. Son orgullosos y tercos, y si se les importuna con sandeces adoptan el porte de las antiguas maneras. Cojo el más pequeño, lo froto en mi manga y lo muerdo.

El cielo huele a cera y a difunto y a musgo.


Monsieur Marais
(Viernes, 28 de octubre de 2005)

Éste es el peso de mi alma. Ni la lluvia en silencio, ni la noche y sus guaridas, ni el mejor de los poemas. Ésta música de Marin Marais, grave como el corazón de las tinieblas. Éstas violas atravensando el tiempo, uniendo en un sólo instante los siglos de la melancolía. Arco sobre cuerda, reconozco mi gastada canción ("siempre sonando a lejanía", que decía don Claudio): está atrapada en un fraseo de la viola da gamba (o d´amore) en esta obra, La Gamme, que ahora escucho resucitada por Jordi Savall.


Los muertos que bailan
(Jueves, 27 de octubre de 2005)

Al parecer, en un espectáculo de Broadway van a resucitar digitalmente la voz y el careto de Frank Sinatra. Después de algunos liftings dicen que ha quedado como nuevo. Y puestos ya a elegir, se ha preferido, claro, el sinatra joven (guapo nunca fue, no me digan) de los años 60.

En la gira mundial de los ex-componentes de Queen con el cantante Paul Rodgers, el bueno de Fredy Mercury aparece en las pantallas cantando la parte inicial de Bohemian Rhapsody, pero sólo hasta el punteo: la parte final la canta Rodgers.

Estos y otros trucos que sin duda habrá, actualizan una cuestión que ya planteó Milán Kundera en su imprescindible ensayo "Los testamentos traicionados" (Tusquets, 130): ¿hasta dónde puede llegar el ser humano en su afán por traicionar la memoria de los que nos antecedieron?

Kundera dice: "Simplemente un muerto a quien quiero jamás será un muerto para mí". La industria del espectáculo piensa lo mismo. Sin embargo, el escritor checo añade: "Si me resulta imposible considerar muerto al ser a quien amo ¿cómo se manifestará su presencia?" Y resuelve: "En la voluntad, que conozco y a la que permaneceré fiel".

No creo que a Sinatra ni a Mercury les hayan preguntado al respecto.


La eterna cuestión
(Jueves, 27 de octubre de 2005)

Una folklórica a los periodistas que la acosan: "Bien, bien, estoy muy bien ahora. Luchando por la vida, por la felicidad y porque todo vaya bien". Tan interesante testimonio me plantea una cuestión, o la misma cuestión de forma diferente: ¿es el mal el estado natural de las cosas y el bien, en cambio, algo que requiere lucha y esfuerzo?

Y si nos dejamos ser tan sólo ¿hacia dónde nos movemos?


Irak: crónica del alba
(Miércoles, 26 de octubre de 2005)

Miro el televisor en el segundo justo en que todo salta por los aires. La ciudad queda irreconocible aunque la voz en off informe que se trata de Bagdad. Tampoco es necesario ponerle fecha a la masacre. No ha cesado el horror ni un solo día en Irak desde que el país fuera invadido, ya sabemos todos cómo y por qué. La repugnancia, el dolor que me produce es también el mismo de entonces. Pronto habrán pasado ya dos años.

Dos años. Éste es el poema que escribí entonces. Éste es el poema de hoy:

Crónica del alba
(Bagdad, 2004
)

¿Quién dirá ahora que se ha enamorado?
¿Quién nacerá con pleno convencimiento?

(La tierra es ya un solo cuerpo, ardiente y mudo,
un costado de niebla que el odio abraza)

¿Quien lavará la sombra seca del muro?
¿Quién plantará el olvido necesario?

La tierra, que no distingue el cráneo de la rosa.
Sólo la tierra, que avanza ajena y sin memoria.

de Oscuro pez del fondo, (inédito).


El "Día de"
(Martes, 25 de octubre de 2005)

Se celebra hoy el día de Internet y me viene al pelo para poner en claro algunas cuestiones que me vienen rondando en los últimos años. En primer lugar, conviene desconfiar de los "Días de..." Es mosqueante este interés generalizado porque todos disfrutemos de "las ventajas de la tecnología". Dudo que si ésta no fuera, a su vez, un elemento de consumo, de un consumo creciente y suculento, los gobiernos pusieran tanto empeño. La pregunta, pues, es clara: ¿Tenemos la Internet que soñamos hace años? Ni mucho menos. El usuario hoy sólo tiene acceso a un servicio privado al que accede mediante el alta en un operador, previo pago por el uso de un servicio. Lejos queda el sueño de crear una Red verdadera y libre, es decir, gratuita y asequible para todos. En unos años Internet habrá desplazado a los medios usuales de información, y en unos pocos años más los habrá borrado del mapa. La televisión será un recuerdo costumbrista de los albores del siglo XXI, y la Red se convertirá en el vehículo de nuestras comunicaciones e informaciones. Por eso no debe caer en las manos del Poder. Y el Poder son, que duda cabe, las operadoras. Mucha gente ve lógico que al suscribirte a un servicio así, se deba pagar una cuota (en este caso, la línea adsl o el servicio funcional), sin embargo Internet no se creó con este fin. En una sociedad global (que no globalizada) como la nuestra, que tiene circulando por el espacio miles de satélites de tv y repetidores de teléfonía móvil e internet, la administración de este servicio es una falacia. Internet debe ser para el ciudadano un servicio gratuito. Así se ideó a finales de los 60´ cuando la NASA creó un sistema de comunicación interno dando forma al formato Html, que rige hoy las páginas webs de toda la Red. Este formato permite que el usuario "suba" información y a la vez la "descargue", abriendo nuevos canales de información que, claro está, han liberalizado la opinión publica. Y es ahí cuando los Gobiernos y las empresas han entrado al trapo. ¡Cómo van a permitir que un vecino de Alaska y otro de Australia compartan información libremente, compartiendo archivos, descargando canciones, y descentrando, en suma, los mecanismos del Poder! "Ya que se nos escapa de las manos, hagámos de ello un negocio. Que cada ciudadano pague una cuota por este servicio". Pero lo que muchos usuarios ignoran a día de hoy es que la conexión por cable es absolutamente innecesaria. En mi ciudad existen zonas donde con un simple ordenador portátil puedes conectarte desde la calle y enviar correos electrónicos o navegar pr Internet sin conectarte a ningún servidor. Ése es el uso verdaderamente democrático que debemos exigir.

Lo que hoy nos venden es un uso comercial de la Red, cuando la Red es nuestra, de los ciudadanos y ciudadanas del mundo. Hasta hay quienes alardean regalando 5.000 dominios gratuitos si te das de alta en las veinticuatro horas del día de hoy. Pero sólo hoy, claro, que es el "Día de".
A este paso ¿qué haremos cuando coincidan en el calendario el "Día sin coche", el "Día de la comida sana", el "Día de la gimnasia sueca", el "Dia del bolindre" y encima ahora el "Día de Internet". Con la exigencia de libertad termina la libertad.

En una sociedad futura -como la nuestra- ya estoy viendo el "Día sin ordenador".



(Viernes, 21 de octubre de 2005)

Debí haber escrito esto para ti:

"Hallarte sin medida, ocupándolo todo
lo mismo que el vacío, en lo hondo del ser
cerrada sobre ti, donde el silencio nombra

su infinito, y la luz, ingrávida en las manos,
tan deliciosamente contenida en tus manos,
ovillada en el pulso fecundo de la sangre
rosada entre tus dedos, pronunciando

no gozo, no dolor, no lentitud de espíritu,
sino cuerpos informes que me rozan,
inabarcable carne que se agita y de pronto
se arremolina el polvo y centellea y tú,

y eres el polvo tú, horizontal rindiéndote
a la vida, fulgiendo sobre una densa cinta
que abrasa las pupilas y descorre lo oscuro

hasta anunciarte y párpados, amanecer te veo
desnuda y casi cierta, siendo ligeramente;
tomando forma el mundo, las palabras,

vacío yo de mí pero de ti colmado
y sin medida ahora, te reconozco a tientas
y a mi tacto, despacio, presencia ya de piel;
entreabres los labios, y me miras".

© Javier Vela, "El silencio"


Ya que un extraño (otro más) se me adelanta, sé tú la misma. Esa mujer de sombra y claridad que amanece amenazando a la vida. Vuelve a ser tú la idéntica destinataria de mis palabras ajenas.


Rectificando, que es gerundio
(Jueves, 20 de octubre de 2005)

Me encontraba en ese cómodo espacio destinado a la evacuación, leyendo una revista de literatura extremeña. (La asociación es, como puede entenderse, absolutamente azarosa). El caso es que en estos menesteres a un servidor se le relaja todo, hasta el pensamiento. Ojeando algunos textos, tan numerosos como insistentes, me da por pensar en esa cuestión de la dichosa literatura extremeña. ¿Existe de verdad una literatura puramente regionalista? A la vista está. Ciertos libros, en su mayoría poemarios, pero también novelas, relatos y ensayos, abordan temas que nacen y acaban en la estricta frontera de nuestra región. Son autores además perfectamente alineados en torno a esta cuestión: debe resultarles más cómodo limitar su discurso a un entorno rural, histórico, literario... que en muchos casos ya ni existe. O sólo existe en sus líneas y sus versos. Hablo de cantos a la piedra, a las fiestas patronales, a la Batalla de la Albuera, a la raya, los mochileros, a la aceituna y el picón...

Existe, sí -resuelvo mientras tiro de la cadena- una literatura puramente extremeña. Y me alegro de que sean otros quienes la escriban.


...
(Miércoles, 19 de octubre de 2005)

Después de ver al Coro de Belgais en el Centro Alcazaba, regreso a casa caminando. La temperatura es perfecta para demorar mis pasos por la ciudad. De repente, al pasar por un cajero observo en el suelo a una joven tendida, calentando con su mechero un trozo de papel de plata. La miro. Me mira. Hay un segundo infinito de necesidad y de disgusto, de miedo, de violencia... Camino sin saber qué debo hacer. En plena calle, a las puertas de un banco, una mujer se inyecta heroina. No habrá cumplido los treinta.

Avanzo cabizbajo intentando explicarme lo que ocurre. ¿Qué es lo correcto -me pregunto-, denunciarla a la policía y hacerle aún más duro el trago? ¿O ignorarla, fingir que no la he visto, que ninguno la hemos visto, ahí, sola y asustada, hundida? Un adulto habla desde el fondo de mí: dice que no quiere este ejemplo para sus hijos, que la vida no eso eso, ni mucho menos. Hay otra voz que me dice camina, llega a casa, nada de esto habrá sucedido.

Ahora estoy en casa, he cenado y me he puesto a leer. No he conseguido pasar de la primera página.


Luis
(Martes, 18 de octubre de 2005)

"No has cambiado nada, Daniel. Estás igual que siempre" me dice Luis Pastor cuando nos abrazamos por fin tras su concierto en Mérida.

Recordamos nuestro primer encuentro - Joder, Luis ¿ya han pasado quince años?- allá en el lejano Trujillo, una noche en La carbonera con sabor a complicidad y proyectos, a luchas y esperanza. No creo que el mundo haya ido a mejor, pese a haberlo amordazado con versos y canciones.

Me alegra sin embargo que, pese a tantos cambios, los dos sigamos haciendo lo mismo.


Lealtad
(Lunes, 17 de octubre de 2005)

Abro un documento de texto en el ordenador. No sé qué quiero escribir. No sé, en realidad, si quiero escribir. Miro los márgenes de la hoja vacía, su cuadriculada disposición., ese vientre inexpugnable que es la nada, la ausencia absoluta de signo y significado. Pero ¿en realidad es así? ¿Carece esta hoja en blanco, este espacio libre de significado? Tal vez su remota verdad sea esta. Este espejo inmaculado al que me asomo sin convicción ni propósito, temeroso en realidad de que su alianza acabe delatandome. No, no escribiré. No sé escribir. La hoja en blanco lo demuestra, fiel demoledora de todas mis esperanzas. Y sin embargo ¿no nos iguala este vacío? ¿No refleja su nada la impertinente verdad? Un hombre en silencio ante una hoja en blanco. Y entre ambos, el poema.


El encanto de la corona
(Lunes, 17 de octubre de 2005)

En la música, como en casi todo, existen dos filosofías: una que se empeña en contemplar el lado benébolo, el todo-vale, del artista y otra que augura el mayor de los desastres a todo el que ose trascender su condición de puro entertaiment. Es el viejo truco de la botella medio vacía o medio llena, pero nos sigue tentando con su canto de serpientes. Sin duda, ante esta circuntancia han pasado largas horas los músicos de Queen y el cantante británico Paul Rodgers, antes de embarcarse en la gira más extraña, chirriante y -qué diablos- esperada de las dos últimas décadas. Como todo el mundo sabe, Fredy Mercury, estrella y alma de Queen, moría de sida una tarde de septiembre de 1991, dejándonos huérfanos de una de las voces más maravillosas del rock y una figura con un carisma y talento innatos. También sabemos que el bueno de Mercury alentó hasta el último de sus días a sus compañeros para que mantuvieran vivo el espíritu de la Reina, apresurándose a terminar el majestuoso Innuendo (1990) y grabar, ya seriamente enfermo, las partes vocales del incomprendido Made in heaven (1996).

Hasta ahí todo bien. Lo que no podía imaginar el cantante es que, años después, sus compañeros de banda aprovecharían la mínima de cambio para sustituirlo por cantantes tan ineficaces como Paul Carrack, George Michaels o Paul Young. Fueron, por fortuna, reuniones eventuales que no lograron marchitar el legado de Queen, aunque a más de uno se nos cayera la cara de vergüenza al escuchar a estos serafines entonar "We are the champions". Y es que, la vuelta al ruedo de Queen ha sido la mayor tentación a la que Brian May, John Deacon y Roger Taylor han tenido que enfrentarse en sus azarosas vidas. Finalmente, hace cosa de un año y medio la nostalgia, los intereses más oscuros, el afán de divertirse, la simple necesidad o todo ello junto, han hecho que el nombre de Queen volviera a brillar en las vallas publicitarias de medio mundo. Ésta vez sin la compañía del bajista John Deacon, que decidió que ya estaba mayor para embarcarse en giras mundiales y que lo que quería era ser un perfecto family man. Sin embargo ha permitido que sus compañeros utilicen el nombre de Queen para el nuevo experimento. La sorpresa venía esta vez en la elección del nuevo cantante, el veteranísimo Paul Rodgers (Free, Bad Company, The firm...). Alto ahi, amigos, basta de bromas: Paul Rodgers no es un cantante más, pese a que su nombre resulte desconocido para gran parte de los fans más acérrimos de Queen. Rodgers es un artista de la vieja escuela, una de las voces definitivas del rock and roll, con un timbre único para el blues, y un sentimiento a la hora de cantar que lo conecta con la gran tradición de cantantes negros a los que tanto escuchó de niño, siendo Muddy Waters su mayor fijación. Además, Rodgers no es un novato, ya con su primera formación, Free, gozó del prestigio y el respeto de todos a finales de los sesenta y principios de los setenta. Más tarde saboreó el éxito (que no es exactamente igual) al frente de Bad Company, nombre indispensable en el sonido de la América de los setenta. En las siguientes décadas, su carrera, ya en solitario, sufriría los altibajos propios de una época dominada por la imagen, el video y los sintetizadores o por el sonido garage, el grunge y la fiebre indie, entre los que no encajaba.

Por eso, pese a haber reflotado Bad Company hace unos años, este perro viejo no ha dejado escapar la oportunidad de bailar al son de la serpiente del éxito, (del éxito asegurado, claro) y de paso remendar sus bolsillos moviendo el esqueleto rodeado de viejos amigos. La gira "Queen + Paul Rodgers" recorrió Europa este verano y arrasó en los States allá por donde pasó. Ahora ve la luz el fruto de aquellas noches llenas de un extraño sentimiento, entre la nostalgia y la deslealtad, al que todos sin embargo sucumbimos.

Así pues, lo mejor será cerrar los ojos y dejar que la música hable...


Llueve en el Planeta de las maravillas
(Domingo, 16 de octubre de 2005)

"Como ya sucedió el día anterior, el escritor y miembro del jurado Juan Marsé ha abierto la caja de los truenos al reiterar que ninguna de las dos novelas tenía suficiente calidad literaria y ha asegurado que no había votado a ninguna de las dos.

María de la Pau Janer, (la ganadora de esta edición) ha expresado su alegría por "ser la menos mala de las diez finalistas", pero ha tenido que aguantar un auténtico aguacero cuando Marsé le ha espetado que la novela ganadora tiene como problema "el ritmo narrativo tan pormenorizado y tan meticuloso, que me empecé a impacientar" y ha criticado asimismo la "decantación hacia lo sentimental" que hay en el texto.

Marsé no ha ocultado su desagrado porque la autora ganadora deja al descubierto "la carpintería literaria".Para el escritor de "Ultimas tardes con Teresa", "en un país con tantos premios literarios, que se produzcan sólo media docena de buenas novelas al año es puro milagro, y demuestra que esto no funciona". Marsé ha admitido que "desde el punto de vista comercial el Premio Planeta funciona como una seda, pero desde la óptica literaria es más que dudoso".

En un diálogo tenso, Janer ha acusado a Marsé de jugar a ser "enfant terrible", pese a su edad, a lo que el escritor ha respondido que "sólo le interesaba la crítica literaria y no los ambientes literarios".

La también miembro del jurado y directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás, ha opinado que "también esperaba que el nivel (del Planeta) fuera más alto", pero ha destacado que la poca unanimidad ha propiciado, sin embargo, "un larguísimo y enconado debate sobre literatura, que siempre se echa en falta en España". Regás ha admitido que una de las dos novelas sí aportaba algo y que una le había gustado más que la otra, sin llegar a desvelar su identidad.

La novela finalista, "Y de repente, un ángel", es, según ha explicado el peruano Jaime Bayly, "la historia de una mujer analfabeta, nacida en un pueblo perdido de los Andes peruanos, que no sabe leer ni escribir, y conoce a un escritor solitario y huraño, una relación que cambiará sus vidas". Como en todas sus novelas, la obra de Bayly tiene un punto de partida de la realidad: "la historia real de la mujer que cuida mis hijas en Lima, que no sabe leer ni escribir y a la que a mi vuelta a Perú leeré la novela".

Marsé ha reprochado a Bayly que "recurre a un escritor, sin que luego desarrolle cómo influye la cuidadora de la casa en la creación literaria del protagonista. Es como si se clavara un clavo en una pared, sin que al final se cuelgue ningún cuadro en la pared".

Terra/Efe


El botín de los Seiscientos un mil (euros, por supuesto)
(Sábado, 15 de octubre de 2005)

"Es una opinión personal, pero el nivel es bajo, en algunos tramos incluso subterráneo. Hay alguna novela que promete en sus planteamientos, pero luego fracasa. Como ya se sabe, es un premio que no puede quedar desierto, así que nos vemos obligados a votar la menos mala"

Juan Marsé, miembro del jurado del Premio Planeta


El miedo y la estupidez
(Viernes, 14 de octubre de 2005)

Este mundo está loco y vive preso de su miedo, arrinconado de sí mismo, sospechándose, delatándose. Hoy vuelvo a recibir uno de esos mails circulares que alguna mente enferma lanza a rodar por los circuitos del miedo. A la grotesca broma, -y al flamante ejecutivo que mercantiliza con ella- se les suma luego la participación voluntaria de quienes reenvían a su vez estos mensajes. La estupidez, ya se sabe, es tan solidaria...

IMPORTANTE: PASADO DE LA DIRECCION GENERAL DE LA POLICIA Y DEL MINISTERIO DEL INTERIOR.

NO COJAIS NINGÚN MOVIL QUE ENCONTREIS Y LEED ESTO ATENTAMENTE:
POR DETERMINADAS CIUDADES ESPAÑOLAS, INCLUYENDO MADRID, BARCELONA Y VALENCIA, SE ESTAN PREPARANDO ATENTADOS INDISCRIMINADOS CON LOS DETONADORES ROBADOS RECIENTEMENTE EN "GRENOBLE" POR E.T.A. EL "MODUS OPERANDI" ES ACOMPAÑARLOS DE UNOS GRAMOS DE DINAMITA E INSERTARLOS EN TELEFONOS MOVILES, LLAVEROS, ETC... QUE LUEGO SE ABANDONAN POR LAS CALLES. TIENEN POTENCIA SUFICIENTE COMO PARA ARRANCAR UNA MANO.

ALERTAD A CUANTA MAS GENTE PODAIS.


Esto es lo que quieren: una sociedad asustada, viviendo un sentimiento constante de inseguridad, una sospecha (ficticia) de su vulnerabilidad. Sólo así pueden los gobiernos, el Poder, protegernos. El negocio es redondo y limpio, nadie resulta salpicado, no hay un nombre que remita estos mensajes, el rostro del presentador de informativos es el mismo en cada canal.

Que no me busquen en las filas del bunquer ni a las puertas del templo: ofrezco mi sitio a los titiritones. En las selvas del miedo yo entierro las hojas caídas. Llámenme ingenuo, pero cuando el cielo se nuble de ánthrax, cuando los coches vuelen a mi paso, cuando el enemigo me identifique, yo seguiré contando las rosas marchitas.


Los justos
(Martes, 11 de octubre de 2005)

Cruzo la calle por un paso de peatones donde un conductor anónimo y urgente detiene su automóvil. Sé que es una escena habitual, automática, idéntica en todo momento en cualquier ciudad, y que obedece también a un férreo código de normas. Sin embargo llueve y el vehículo estaba ahí antes que yo. El conductor ha esperado unos segundos a que pasara. Simplemente, su generosidad se ha saltado las reglas del manual de seguridad vial, y la dualidad peatón-conductor se ha desvanecido dejando a dos hombres frente a frente. Complicidad y gratitud en una sola mirada.

Pienso que éstas cosas aún pueden salvar el mundo. Son los justos del poema de Borges. La suya es una identidad variable, un rostro distinto cada día. Nos asaltan con inmerecida paciencia y sin esperar nada a cambio, nos devuelven el valor de nosotros mismos.



Bajo el Angelus de Millet
(Para Chuty, que me contó la otra noche esta historia, frente a sus lienzos)
(Lunes, 10 de octubre de 2005)


Envueltos en el más absoluto recogimiento. Los aperos tristes y la iglesia al fondo, el tridente clavado en la tierra y ése cielo inexacto (¿qué anuncia o qué refleja?). Se trata del Angelus de Jean-François Millet (1814-1875), uno de los lienzos más perturbadores del realismo y en el que ya se adivina, sin embargo, una clara intención impresionista. También se la llamó "pintura socialista" por su obstinación a representar motivos campesinos y personajes poco favorecidos.

Cuenta la leyenda, que un obsesionado Salvador Dalí presintió que en la tela había un enigma. Su privilegiado sentido artístico advertía otro drama bajo la adusta escena, llegando a obsesionarle esta obra. No faltaron asociaciones de corte onírico, tan abundantes en su método "crítico paranoico" como las que siguen:

"Observémosla, esa madre que podría muy bien ser una variante de la madre fálica con cabeza de buitre de los egipcios, utiliza a su marido, extrañamente despersonalizado, en carretilla, con el fin de enterrar a su hijo al mismo tiempo que se hace fecundar, siendo ella misma la tierra madre nutridora por excelencia. La imagen doble del falo-cactus se nos presenta como una alusión sin equívoco al deseo de castrar al esposo, quien privado, de este modo, de su dignidad y reducido al estado de simple vehículo, de reproductor, ya no puede servir de pantalla, ni dañar dentro de las relaciones directas madre-hijo o el sol naciente del matriarcado absoluto. En el matriarcado, la madre quiere sustituir al marido reemplazándole en todas las situaciones, en el presente caso en su situación de carretilla, por eso desearía jugar, ser mimada, balanceada rítmicamente por su hijo.

Este gran tema mítico, de la muerte del hijo, sentimiento esencial que se desprendía de mi mito trágico del Angelus de Millet, me fue confirmado una vez terminada mi tesis sin que pudiera verificarlo personalmente en estos últimos tiempos. Me informaron de que en efecto Millet había pintado, entre los dos campesinos, piadosamente recogidos, un ataúd que contenía a su hijo muerto, a la derecha, cerca de un pie de la madre. Según cierta correspondencia, un amigo de Millet que residía en París, le había puesto al corriente de la evolución del gusto en la capital parisina y la reciente tendencia en contra de los efectos demasiado melodramáticos. Probablemente Millet se dejaría convencer y amortajó al hijo muerto con una capa de pintura que representaba la tierra, con lo que se explicaría la angustia inexplicable de esas dos figuras solitarias unidas de hecho por el elemento argumental primordial que estaba ausente de la imagen, escamoteado.”

Salvador Dalí, "El mito trágico del Ángelus de Millet", 1963


Pablo
(Domingo, 9 de octubre de 2005)

Pablo GuerreroSiempre llovía cuando escuchábamos a Pablo Guerrero, uno de los pocos cantautores a los que mi padre -confeso rockero de la parroquia de Woodstock- reservó siempre un sitio en su colección de vinilos. Los domingos, poco antes de llevarme a la Plaza y sentarme tras un tablón con sellos, mi progenitor me despertaba con las canciones del de Esparragosa de Lares. Entonces, claro está, yo no sabía dónde estaba ése pueblo, ni el mío, ni tenía en la cabeza otras ocupaciones que la conjura muda del aburrimiento. Llovía siempre -lamento que suene literario- mientras cantábamos "la recuerdo muy bien / y no porque en sus labios / se trajera cerezas de los valles del Jerte...". Sonaba extraño y bonito y lejano y posible. Había además otras muchachas a las que aquel hombre hirsuto de barba adormecida y flequillo calado aludía con envidiable intimidad. A una la llamaba "mujer amiga y compañera", de otra decía que estaba hecha de nubes, a otra la buscaba el pelo por debajo del agua... incluso hubo una a la que confesaba no saber qué era y la comparaba con la "mano suave, bien domada, tranquila" dispuesta a ser trote, a ser mujer o pájaro o arcilla. Sobreviví a los domingos imaginando las mujeres de Pablo Guerrero. Jóvenes hermosas y calladas, con el pelo mojado y las manos frías, esperando siempre a la puerta del Museo del Prado o dormidas en una barca rodeada de olvido. Sin darme cuenta, en lugar de a aquellas amables amazonas, al que fui conociendo fue a Pablo. Resulta que tenía la cabeza llena de bicicletas blancas, que amaba el sol y el riesgo, el fuego y el futuro, y su presencia en mis días se fue haciendo cada vez más prolongada. Terminé pinchando sus vinilos a escondidas.

Luego vino Silvia, con la cabeza llena no sé si de bicicletas blancas o de ciclomotores roncos, pero su sonrisa era aquella a la que había cantado con palabras prestadas y sus hombros tenían la humedad de una promesa. Seguían siendo aquellos domingos largos como boca de metro, pero brillaba el sol en los duraznos y Otto, nuestro pastor alemán, erguía sus orejas en cuanto la sentía llegar. Por aquella época yo ya sabía que lo que le pasaba a Pablo es que era un cantautor, y no lo podía evitar. Una tarde, en la terraza, Silvia me cantó A cántaros con su guitarra. Desde ese momento, cada vez que la cantábamos inventábamos los más extraños vocablos para cubrir aquel maldito verso "sin bioencimas, claro" que nunca entendimos. Silvia se fue (para quedarse de veras) y yo aprendí que con las mujeres hay que vivir siempre con la ventana abierta. Vinieron luego otras muchachas. A todas, las coplas de Pablo les venían que ni pintadas.

Muchos años después, en el Teatro Romano de Mérida y tras una velada mágica donde cantaron Dulce Pontes, Pablo Guerrero y Luis Pastor, éste último nos presentó. Se lo venía pidiendo a Luis desde nuestro encuentro en Coria, accidentado y solidario como pocos. Recuerdo la cara empapada de Luis, tras el concierto, diciéndome "Ven conmigo, le he dicho a Pablo que quieres hablar con él". Hablar con él, dijo. ¿Hablar con él? Yo quería saludarlo, agradecerle sus canciones, pero... ¿de qué iba a hablar con él?. Luis me llevó tras unas tablas aderezadas de falsa hiedra, donde, en efecto, Pablo nos esperaba sentado en una silla y con cara de querer hablar. Tras los saludos de rigor, Luis desapareció. Recuerdo que lo primero que me llamó la atención de Pablo fue el tamaño de su cabeza; me resultaba enorme, como si en ella cupieran todos los versos y las muchachas tristes del mundo. De lo que hablamos, en cambio, no sabría decir.. hablamos de todo, pero no sé cómo se expresan esas cosas.

Al rato apareció Suso Sáiz, que puso ante nosotros una fuente de patatas fritas, ofreció vino y se sentó a escuchar. Admiro a Suso desde hace años, pero por las mismas razones que aprecio su trabajo con Esclarecidos y sus proyectos personales y sus producciones de autor y... lamento su influencia en la música de Pablo. Para mí, desde "Los momentos del agua" la música de Pablo Guerrero fue otra cosa, se convirtió -como para todos- en un carrera de culto, rara y escondida, tercamente vanguardista aunque siempre emocionante. Su lírica, en cambio, creció en profundidad, se hizo intelectual y hermética, y comenzó a decirse que Pablo era un Poeta. Ir por esos pueblos de Dios cantado a las amapolas y las espigas no era mérito, por lo visto, para alcanzar semejante condición. Los enrollados de la izquierda comenzaron a llamarlo Poeta, y hasta le organizaban homenajes antes de tiempo. Pero Pablo es Pablo: tiene un ángel en la boca y conoce los caminos para huir de la muerte.

Por supuesto, le dije a Suso todo esto. Pablo se reía. Suso, absolutamente pasmado, me miró tras sus lentes redondas, diminutas, y preguntó: "¿no te gusta lo que hace Pablo ahora?" Pablo no dejaba de reirse. Sus manos liaban el porro más grande que he visto en mi vida. Siempre solidario, me lo ofreció como para salir del entuerto. Encendí aquel enorme cigarro sosteniendo la mirada expectante de Suso. Fumé lo más hondo que pude. Y respondí.



Platero revisited:
(Jueves, 6 de octubre de 2005)

Esta tarde en el Club de Lectura hemos terminado de analizar "Platero y yo", una obra que por más que se relea, y pese a aquellas accidentadas lecturas de la infancia, siempre depara continuas y sorprendentes emociones. Creo que precisamente por esto, porque provoca un honda emoción en el lector, me ha resultado una de las lecturas más difíciles de explicar. Manejar conceptos y teoría es siempre más fácil que tratar las emociones. Así pues, el imaginario borrico del poeta de Moguer ha propiciado éstas últimas semanas más de un testimonio emocionado. Ha habido de todo: confesiones en voz baja acerca de determinados episodios que muchos han vivido en carne propia, argumentaciones de profundo corte psicológico, ambientaciones varias del señorito andaluz, reinvidicaciones tardías acerca del protagonismo de Zenobia... pero sobre todo, el consenso unánime de estar ante un de los libros más hermosos de nuestra literatura.

Me fío siempre de estas impresiones. La opinión de un lector vale más que la defensa o el menosprecio de toda la crítica. Platero, con su broma fácil y su lírica indeleble a cuestas, ha cruzado una vez más nuestras vidas para reencontrarse con una veintena de lectores a los que dejó heridos de incomprendida nostalgia, en un tiempo de pupitres dobles y monjas rechonchas. Ha valido la pena esperarlo, sí, a un lado del camino, con su trote despreocupado y su cabeza gacha. A más de uno - estoy seguro- nos ha devuelto a la fragilidad de un tiempo que resultó ser, sin embargo, el más consistente de todos.


Cuanto no sé de mí
(Miércoles, 5 de octubre de 2005)

Leyendo a Fayad Jamís (1930-1988) encuentro este sorprendente poema:

"No es huir este repentino sobresalto a veces duro
que tiñe el rostro de apagados secretos y preguntas.
Es que tambien hay una angustia rápida, un pez
de sueño roto que transita en su flecha
y que constantemente hacia la luz desaparece.
Mirad, mirad este temblor, mirad el viento:
Todo corre espejeando, sin que huya,
yendo al exacto río de su centro".


Pienso en mi Oscuro pez del fondo que, tras cuatro años, parece haber encontrado esta noche pregunta a su respuesta.


Mal fario:
(Martes, 4 de octubre de 2005)

En numerosas culturas, y no tan antiguas como cabría imaginar, el eclipse de sol era signo inequívoco de una desgracia venidera. Como en aquellos tiempos, pese a no haber transistores de radio ni presentadores de televisión asustando al personal, también sucedían catástrofes (y gordas), cualquier acontecimiento de mal fario era sometido a la influencia del astro, en carantoñas crepusculares con su hermana la Luna.

La verdad es que ayer la luz era extraña: no caía de los edificios, apenas los proyectaba, retenía tan sólo lo visible. Quien mirara al suelo podía advertir la doble línea de sombra, el dubitativo impacto de la luz sobre los cuerpos.

Luego se despejó y cada cual retomó su trabajo. Ajenos a la influencia de lo astral en nuestras vidas, no hubo tiempo para superticiones ancestrales ni humor para inventar calamidades nuevas. Pero hoy, antes de ir a trabajar he leído en la prensa que el PP ha aumentado varios puntos en intención de voto. Ya me extrañaba a mí. No, si eso nos pasa por desconfiar de los antiguos.


Esperanza
(Lunes, 3 de octubre de 2005)

Se falla mañana -si no recuerdo mal- el Premio Nacional de Poesía. Ojalá este año la experta e insigne tropa del jurado sea capaz de sembrar una semilla de esperanza.


Trujillo: ciudad trimilenaria fumigada en dos décadas de turismo avasallador, estéril, cincuentón. Aparcelada por ingleses que contemplan el crepúsculo al vivo son del caviar y la langosta, con chachas ecuatorianas y chóferes africanos...

...o Trujillo: ciudad de un único instante abierta al porvenir, con estudiantes delgadas pero hermosas, un barquillero triste, somnoliento, dos o tres pintores, una lechera, un sillero, un perenne escaparate de lencería ortopédica y la sublime mecanografía de las cigueñas sobre el tejado hundido de la iglesia.

Usted decida.


Comencemos el mes cantando...
(Sábado, 1 de octubre de 2005)


© Quino



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Nota: La barca siempre te lleva al final, que es el principio