Autor: Daniel Casado (Cáceres, 1975)

 

D E R I V A S
Septiembre
de 2005



Ha cambiado la luz: esto es septiembre.

Septiembre se desploma
aullando en esta página.


Carlos Marzal

 

Ver las últimas  Derivas

 

 



Un sueño en otro
(Jueves, 29 de septiembre de 2005)

Escucho el último trabajo de Enrique Morente, este Sueño de la Alhambra que acompaña ahora el mío, mucho menos sugerente y más esquivo, en esta hora dócil de la tarde. El del Albaicín sigue poseyendo ese toque de los grandes maestros, aderezado con sublimes lecturas de la mejor poesía española: María Zambrano, Luis Cernuda, San Juán de la Cruz... y el disco, lejos ya la aventura radical de Omega, se hunde en las aguas del arte hondo, tradicional, ortodoxo, para desde allí reclamar otras formas expresivas, otros horizontes posibles. Justo al contrario que los retoños de la fusión flamenca, los Ketama, Pata Negra, Barbería y en fin, tantos otros que simplemente se limitaron a evidenciar su origen gitano desde una identidad comercial francamente sospechosa. ëstas y otras muchas cosas son las que hacen de Morente un caso único en nuestra música. No importa que el cantaor haya perdido por el camino algunos registros francamente portentosos de su voz, ni que el directo inevitable acabe deshaciedo el encanto de sus milagros discográficos, Morente traduce en belleza cuanto toca. A su lado, las guitarras de Pat Metheny (la sintetizada y la acústica) y la voz susurrante de Estrella sobre los versos de Donde habite el olvido, se vuelven una experiencia mágica, un conjuro de luz y de nostalgia en la callada penumbra de la tarde.


Copie usted
(Miércoles, 28 de septiembre de 2005)

Resultan algo ingenuas las medidas adoptadas por la SGAE -medidas que consisten básicamente en considerar un delincuente a todo el que practica la copia de cualquier expresión artística- cuando uno recibe publicidad de Telefónica y otras operadoras anunciando sin pudicia los beneficios de la banda ancha con proclamas como "Cinco veces más velocidad de descarga" o "Bájate tu música preferida con la banda ancha de..." Ah, y las llamadas nacionales ¡gratis! para que no pierda usted tiempo. Ya sólo falta que en el pack del moden sirvan los discos de la Mula y el Nero.

Un amigo me pasa una docena de películas en dvd, algunas por estrenar, con el fin de ofrecerme una sesión acelerada de cine del siglo XXI. No pienso verlas todas, pero escojo al azar dos o tres títulos. Cuando me someto por fin al clandestino lujo de ver una de estas cintas, observo alucinado las siglas de la productora del film: "Manga Films".

Pues está bien claro. ¿No?


Respuesta a unos versos memorables
(Martes, 27 de septiembre de 2005)

No observar el cálido poniente desde una atalaya de piedra o pensamiento, no indagar desde una orilla la rotunda permanencia del mar, no inscribirse en los suaves misterios de la noche: masticar despacio -sólo eso- esta goma de regalíz con pica-pica, sentado sobre la dura grada de una pista de tenis, sin más horizonte que una línea blanca y, sobre ella, el movimiento irresistible de las jugadoras.

Me ilumino de inmenso, Ungarretti, en esta calma impertinente que, mucha o poca, tú jamás comprenderás.


Homenaje parvulito a J.R.J.
(Jueves, 22 de septiembre de 2005)

Jamás una jaculatoria tan jenial, tan jenerosa, tan májica... jiró sobre un eje tan ájil ¡Qué jonjorino el jodido juan ramón!


El fragante delito de la poesía
(Jueves, 22 de septiembre de 2005)

En su blog, Santos Dominguez vuelve a proponer un interesante tema de debate: "Imitación y robo en poesía". Lo refrenda además con unas sabias palabras de Eliot. Sabias, sobre todo, porque el autor de Four Quartets reconoce que incluso el buen poeta comete algún tipo de robo. No creo que quede nadie, a estas alturas, lo suficientemente ingenuo o vanidoso para afirmar que la literatura se crea de la nada. De ese maravilloso nutriente que es la lectura, nos llegan algo más que formas poéticas, recursos sintácticos y un escueto repertorio de temas universales. Al leer, asumimos la visión del autor, de ése otro indestructible que nos obligará a tomar posición, a favor o en contra de su mundo poético. Todos sabemos que incluso de un mal poema hay algo que aprender. Lo decía Ángel Crespo, con su peculiar tino: "La poesía es como una piedra abandonada en el camino: el buen poeta tropieza con ella; el mal poeta nos la tira a la cabeza".

Esperemos no descalabrar a nadie...


El cazador de sombras
(Miércoles, 21 de septiembre de 2005)

Hay en mi ciudad, que es cualquier ciudad menos la mía, un personaje que adoro desde que lo vi por primera vez. Rotundo y silencioso, como si el mundo no fuera con él ni sus leyes pudieran distraerlo un sólo instante, es sólo un hombre que lee, bajo cualquier sombra, al amparo de una intriga de Hennig Mankell y el aroma inefable de un habano. Cuando llegué a la ciudad me lo encontraba por todas partes, en el rincón más insospechado, siempre con el libro en alto, como un misal sin templo, si bien no tardé mucho en ir componiendo su itinerario predilecto de sombras. Recuerdo que al inspector de seguros que lo observaba, aquel le parecía el estado idílico de la felicidad. Cruzaba entonces fatigado y triste por su lado sintiendo una oscura envidia. Él nunca levantaba la mirada, ni siquiera cuando la lluvia o el frío se ensañaban con una novela menor, tratando así de apresurar el desenlace. Yo quería, sin más, pertenecer a ese tiempo detenido del que anda inmerso en aventuras tropicales, amores insaciables y corrupciones policíacas de toda índole. A veces, las primeras luces del otoño abrillantaban su calva de senador y el viento enredaba, caprichoso, las invertidas trenzas que colgaban de su puro. Por fin una mañana en que él estaba sentado frente al Arco de Trajano, me decidí a conocerlo. Me presenté de la manera más torpe, sin saber bien qué tenía que decirle. Él me miró largo rato, con el libro aún abierto frente a su cara, y sin ninguna sonrisa a mano. Le dije que admiraba su pasión por los libros, y que su sola estampa contribuía más al fomento de la lectura que mil carteles del Ministerio... en fin, ése tipo de lindezas que suelto cuando no domino una situación. Finalmente, cerró su libro y me vió. Hablamos cerca de una hora sobre todo tipo de asuntos. Por supuesto, le pregunté qué generos prefería. Nunca olvidaré su respuesta: "Mire, yo leo de todo menos poesía. No soporto a los poetas: hablan en un lenguaje que nadie usa".

Aún así vino varias veces al Club de Lectura, hasta que un día volvió a las amaestradas sombras del olvido.


José Viñals, divisándolo todo desde su bastión jienense, me recuerda esta mañana que "la poesía en prosa no existe, que ésas son categorías del pasado cuando la poesía sólo se escribía en versos". De vez en cuando, conviene certificar ciertas defunciones (y disfunciones) del género. Más que nada por este olor a tradición que uno no se acaba de quitar nunca de encima.


Una sola letra distingue el término "Tradición" de "Traición". Una sola letra. Y es la mía.


De una poeta adiestrada en el ejercicio de la "experiencia":

- "Lo que me gusta de tu blog es que no es de ésos en los que sólo se habla de literatura".
- ¿Literatura, cielo? ¿Qué literatura...?


Los discos de agosto


Roger Waters: "Amused to death"
Lee Ritenour: "Overtime"
Eric Johnson: "Bloom"
Alice Coltrane: "Translinear light"
V.V. A.A.: "Cuba canta a Serrat" - "Serrat eres único. Vol 2"
François Hardy:
"Clair-obscur"(Virgin, 2000)
Dream Theater: "Octavarium"" (Sony, 2005)
Vicente Amigo:
Omar Faruk Tekbilek: Discografía completa
John Wetton & Geofrey Down: "Icon"
Franco Battiato: "Dieci stratagemi"
Madredeus: "Faluas do Tejo"
Rodrigo Lêao: "Cinema"
Nick Cave and the bad seeds: "The good son"
Mayte Martín:
"Tiempo de amar"
Radio Tarifa:
"En directo"



El destino de los libros
(Sábado, 17 de septiembre de 2005)

Todos tienen su destino, en efecto, y todos vuelven como espectros a presidir nuestros actos. Están allí en el momento exacto del estremecimiento, del amor, de la ira, de la soledad. Está invisible en nuestra forma de conocernos y amarnos, todo lo leído. Todo lo posible.

"Habent sua fata libelli", como recuerda Manuel Pecellín en su reseña de hoy en la prensa, a propósito de mi último libro. Si el poema llega a romper los límites de la cruda necesidad, si precisa leerse en los otros, si cobra vida en otras vidas un instante, habrá llegado a su destino. Y ése es, francamente, un magnífico destino.


Poema del 16 de septiembre
(Viernes, 16 de septiembre de 2005)

La encina grave
de hoja oscura y perenne

Miguel de Unamuno


¿Qué se hunde,
raíz o rumor, más allá
de su sombra?

El silencio es el eje
vertical de la encina.

Hundo mis manos
en la falda de arcilla.

Del otro lado, el viento
lame mis uñas como frutos.


Daniel Casado, de Trece maneras de plantar una encina (inédito)


Mayte Martín, en la emboscada
(Jueves, 15 de septiembre de 2005)

Mi amor por esta cantaora barcelonesa es incondicional desde que en 1996 escuchara por vez primera su voz en el ya clásico Free boleros, firmado al alimón con Teté Montoliú. A los pocos meses, en la sala Trajano de Mérida, pude entrevistarlos a ambos y, frente a la forzada simpatía del pianista, Mayte me reveló su elegancia y su claridad de ideas. La crítica -y todos sabemos que no hay sector crítico tan exigente como el del aficionado* flamenco- ya ha puesto su nombre junto a los de las grandes cantaoras de la Historia. Basta escuchar sus trabajos discográficos para entender por qué esta mujer, menuda, discreta, sin aspabientos escénicos y ataviada siempre de riguroso negro, se llevó en 1987 la lámpara del Festival de Cante de las Minas. El milagro está en su voz. Una voz profunda, oscura, bien encajada, que riza el aire a placer tanto por bulerias como por tangos, seguidillas o boleros. Ella, inteligente y sensible a otros estilos, diferencia claramente sus discos de boleros de los de flamenco. Pese al éxito más cómodo de los primeros, ella impone una de cal y otra de arena, volviendo una y otra vez a las raíces del cante hondo. Y es que Mayte reivindica con su arte, sin palabras ni defensas a ultranza, un arte puro, en la tradición más arraigada, donde no caben más que una guitarra y una voz. Entonces reina como sólo ella sabe hacerlo. Se ha dicho, y es cierto, que el de Mayte es un arte cerebral, demasiado técnico y perfeccionista, donde el duende emana del dominio de su facultades técnicas, desplazando tal vez la emoción de lo espontáneo. Sea como sea, su apuesta es un lujo en nuestro panorama musical.

Hace unas semanas, al celebrarse la Diada, Mayte fue invitada a cantar en un acto organizado por la Generalitat junto a José Carreras y María del Mar Bonet. A quienes la queremos tal como es, nos ha sorprendido la radiante inocencia de Mayte ante los sectores más extremistas de la catalanía recalcitrante. Ella se defiende: "Me llamó la consellera Tura -titular de Interior- y me propuso si quería cantar en la Diada, lo que quisiera y en el idioma que quisiera, y acepté enseguida”. Y argumenta, cargada de razón, que “no tendría sentido que por tratarse de un acto organizado por el gobierno de la Generalitat interpretara una canción en catalán, porque ésta es 'una decisión que debe nacer de un deseo artístico”. Los de CIU, claro, no lo han entendido así y la han acusado de "desnaturalizar la Diada", entre otras lindezas. Mayte ha hecho lo que mejor sabe hacer. Cantar lo que siente en su corazón y mantenerse fiel a sus principios, que no son (y no será por falta de criterio ideológico) otros que los estrictamente artísticos. Una doble lección para todos.

* A diferencia de su sentido más común, en el lenguaje flamenco el término "aficionado" se emplea para designar a aquellos que conocen bien las raíces y la historia de este arte.



Distinto

(Miércoles, 14 de septiembre de 2005)

Releo estos días Platero y yo para la reunión del Club de este jueves. No recuerdo cuál fue el primer libro que leí siendo niño, en la mate oscuridad de aquel colegio de Carmelitas, pero sí me recuerdo leyendo un libro. Y es éste: las aventuras del viejo hirsuto y su borrico con ojos de azabache. Cómo lo odiaba. Con qué candor castigaba aquellas nobles páginas desguazándolas para enclaustrarlas sin miramientos alrededor de la espina dorsal de un bolígrafo Bic. En aquel Trujillo húmedo de los ochenta cada día de colegio era para mí un suplicio. Profesores y monjas se disputaban el honor de castigarme primero. Algunas veces, un castigo suplía a otro y no era necesario que entrase en el aula. Me castigaban de pie, en el pasillo con lámparas agudas y amarillas que yo contaba en las largas horas de escarnio. Pero lo peor fue que ninguno de ellos supo qué hacer con la que, al parecer, era mi única cualidad: ser distinto. Todos lo decían. Y no es que me aburrieran las matemáticas, es que no creía en ellas (el tiempo me acabaría dando la razón: en la vida uno más uno nunca volvieron a ser dos). Así que las abolí junto a la Ciencia, la Física, la Gimnasia y las Manualidades. Me interesaba la Historia y sobre todo la Religión. Ética no había, y en libro menos. Resolví aplazar mi cita con Lorca, Machado, Saint Exupery y el borrico con ojos de azabache hasta que las revoltosas nociones del fonema, la sintaxis y el complemento indirecto se acoplaran debidamente en mi cabeza. Mis profesores me miraban con lástima y miedo. En los exámenes me entretenía escribiendo versos en lugar de respuestas, o párrafos sombríos de alguna novela de Lovecraft. Entonces me lo decían: ¡cuándo serás como los demás! mientras el bolígrafo rojo (tambien Bic) trazaba la inalterable nota: 4´5. Insuficiente.

Esta tarde he dado un paseo hasta la Biblioteca y luego me he sentado frente al río a leer a Juan Ramón. En Una colina meridiana (Huerga y Fierro, 2003), uno de sus libros menos conocidos, he encontrado este poema. Se titula Distinto:

Lo querían matar
los iguales
porque era distinto.

Si veis un pájaro distinto,
tiradlo;
si veis un monte distinto,
caedlo;
si veis un camino distinto,
cortadlo;
si veis una rosa distinta,
deshojadla;
si veis un río distinto,
cegadlo...
Si veis un hombre distinto,
matadlo.
¿Y el sol y la luna
dando en lo distinto?

Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto
de lo distinto;
lo que seas, que eres distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre):
si te descubren los iguales,
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.


Y ya no he leído más.


A veces pienso que todo es un juego de la mente. Sólo lo pienso cuando tiemblo de frío.

Deuce
(Lunes, 12 de septiembre de 2005, 19:00 h.)

Partido de tenis con Manuel, que acecha la red con su inefable sombrero, gafas de esquiar y una camiseta de Kafka. Además de recoger pelotas de tenis, hemos tenido unos minutos de juego. Luego nos hemos sentado a hablar. Mirar el juego de otros es un ejercicio de reprimida malicia, un placer oscuro y secreto que, aunque compartido, ninguno de los dos se atrevería a confesar. Ensayamos en los tenistas (los de verdad) la modélica forma de nuestro drive mortal, el acerado vuelo de un revés definitivo (a ras de línea, por supuesto), el servicio, en fin, contagiado de los más variados y rotundos aces. Y así, desde la grada, sentados como anfibios a la espera del milagro, dirigimos sus movimientos, movemos sus piernas y anotamos el tanteo. Viento no hace, pero dos hombres mueven estáticos sus brazos, golpeando sin medida la súbita bola. Aún no saben que ninguno de ellos ganará este partido.


¿A esto hemos llegado?
(Domingo, 11 de septiembre de 2005)

Amigos, en esa página ¡pagan por leer El Quijote!: www.dineroparaleer.com.

Pues no es mala idea, oiga. ¿y por qué no, ya puestos, un servicio de asignación pública por listas?: -"Usted se va a leer Crimen y castigo. Y luego nos hace un resumen de medio folio". -"Usted en cambio, el Canto General y ya nos contará"... Con eventuales ayudas, por supuesto, para los menos aplicados: -"Para usted, abuelo, cuarto y mitad de Isabel Allende. Y recuerde no tragarse los pipos". Luego será necesario, eso sí, un departamento de reclamaciones y, finalmente, un servicio de urgencias: -"Paciente de edad media presenta claros síntomas de indigestión de odas de Luis Antonio de Villena" ó - "Joven poeta ingresa con episodio epiléptico de segundo grado y varios diarios de García Martín bajo la chaqueta".

Abierto las 24 horas, por favor.


No pasen por alto el magnífico texto de Xuan Bello aparecido ayer en ABCD (pag. 18) bajo el título Evocación del Trastevere. A veces el arte y el oficio coinciden:

"Todos los días bajaba las escaleras del Monte Áureo y entraba en el bullicio del Trastevere. Una cantinela me cantaba en la conciencia (Las campanas del Trastevere / van y vienen por mi sueño) preparándome para esa forma pura de la nostalgia: la nostalgia futura. Jorge Luis Borges, en un poema, describe esta sensación: la de echar de menos lo que se tiene entre las manos; una conciencia, en definitiva, de lo paradójico del tiempo. Yo sabía que perdería lo que tenía y lo añoraba ya, como si no lo tuviese; estrategias de la mente, y del espíritu, para seguir poseyendo lo que ya sólo será intuida niebla, una cálida distancia". (...)


El que habla por mí
(Sábado, 10 de septiembre de 2005)

Tengo mujer e hijos, y de la vida he aprendido algunos trucos para ir tirando sin tener que bajar la cabeza demasiado. No siento temor de Dios ni me asfixian dudas existenciales. Soy de estómago agradecido y algunas noches sueño. Me temo que puedo vivir civilizadamente.

Entonces... ¿por qué me empeño en escribir poesía?


(Viernes, 9 de septiembre de 2005)

El libro del mes: "Helena o el mar del verano" de Julián Ayesta. (El acantilado, 2000)

Virtuosa y lírica, ésta es una novela de una sagacidad y concreción extraordinarias. En apenas 90 páginas el autor nos descubre de la mano de su protagonista, un niño adolescente en la España de la postguerra, toda un red de ilusiones y terrores, de dudas y aceptaciones, que va trazando hábilmente un trasfondo inquietante donde el mundo de los adultos se revela lleno de falsedades e intereses. Silenciada durante décadas, ésta novela, la única de su autor, revela un exquisito dominio de la tensión narrativa a la vez que recrea las claves de un tiempo que, sin haberlo vivido, nos resulta sospechosamente verídico.

Julián Ayesta
(Gijón 1919-Madrid 1996) fue diplomático. Su obra literaria se limita a varias obras de teatro y a este único texto narrativo, que se publicó en 1952 en "Insula". Afiliado a la Falange en 1937 porque, en palabras del propio Ayesta “Entonces lo que estaba de moda era ser de Falange, porque estaban gobernando las izquierdas y porque era como ser europeístas, partidarios de un Estado fuerte y más bien anticlerical” sacó en 1947 las oposiciones a diplomático y tuvo diferentes destinos durante toda su carrera, algunos de ellos de castigo. Participó con Dionisio Ridruejo y Fernando Baeza en las reuniones del Club Tiempo Nuevo con el grupo formado por estudiantes como Javier Pradera, Ramón Tamames y Enrique Múgica.

Por su temática esta novela si sitúa en el ámbito de La vida nueva de Pedrito Andía de Rafael Sánchez Mazas, Desde el amanecer de Rosa Chacel y Tiempo de silencio de Luis Martín Santos. Sin duda, se trata de una gran novela.



¿La próxima moda?

(Jueves, 8 de septiembre de 2005)

Martín López-Vega se hace eco en las páginas de El Cultural (El Mundo, 1-7 de septiembre de 2005) de la publicación de El proyector de sombras:

"Daniel Casado (Cáceres, 1975) escribió El proyector de sombras (Editora Regional de Extremadura) antes que sus otros libros publicados, pero es ahora cuando ve la luz. Un libro de poemas en prosa (la próxima moda) que gusta de la alegoría que une recuerdo y lección, “aunque mi infancia se agolpe de nuevo a la puerta”. Un acierto, en cualquier caso, haberlo rescatado".

Agradezco el guiño, pero sigo sin entender que los poemas en prosa puedan ser "la próxima moda". No discuto las dotes de oráculo del asturiano y menos su conocimiento de la tradicción, en la que, como todos sabemos, abundan poemarios en prosa. Simplemente me sorprende, sobre todo porque se trata de un libro escrito hace siete años, cuando muchos jurados sencillamente obviaban tales formas poéticas, tal vez por miedo a que alguien impugnara las bases aduciendo aquello de "esto no es poesía".
Yo, por si las moscas, tomo prestadas estas palabras de Lorenzo Olivián a propósito de Las cosas del campo de José Antonio Muñoz Rojas:

"Nadie sabe muy bien lo que es la prosa poética. ¿Es sólo prosa descargada de acción narrativa para dentrarse en un lirismo más amplio? ¿Es verso libre no dispuesto en verso? ¿Es la gatera o puerta de atrás por la que los poetas han querido cambiar de género sin cambiar de mirada? Quede tal cuestión para los taxidermistas expertos en disecar las más extrañas criaturas. Al poeta de a pie le basta con saber que puee haber poesía de altura escrita en prosa, y que tal mixtura es la que abunda en Diario de un poeta recién casado de Juan Ramón Jiménez, la que se da en el magnífico Ocnos de Luis Cernuda, o la que juega un peso de primer orden en otro maestro de esa escritura híbrida: José Antonio Muñoz Rojas". (Blanco y Negro cultural, 2-11-2002)


Sin palabras
(Jueves, 8 de septiembre de 2005)

"Soy joven. Tengo coche y me gusta lucirlo. También me gusta correr. No soy consciente de que mañana o pasado mañana dejaré a mi familia, a mi novia, a mis amigos con un hueco imposible de llenar.
He crecido tragándome todas las patrañas que venden las películas yanquis y la publicidad, y me parece que conduciendo mi vehículo soy el mejor, invulnerable, que nada me puede pasar.
Mi nombre es el de cualquiera de los miles de jóvenes extremeños que, jugando a los cochecitos, arriesga cada día su vida y la de personas inocentes. La sociedad mira para otro lado, indiferente a esta estúpida matanza. Mi fracaso es también su fracaso.
Mañana vendrá de nuevo la noticia en el periódico, repetida hasta el hastío: joven varón... salida de la vía... causas desconocidas... pero no tendré tiempo de leerlo, porque habré sido yo el que se ha dejado la vida en cualquier cuneta".


"22 años" - Cartas al Director, Diario HOY, 7 de septiembre de 2005


Para Santos, desde esta orilla
(Miércoles, 7 de septiembre de 2005)


...Y TODO ES VANIDAD

(Javier Krahe)

Gracias a mi conducta vagamente antisocial
temo no verme nunca encaramado a un pedestal:
no alegrará mi efigie el censo de monumentos,
no vendrán las palomas a rociarme de excrementos.

Y es una pena, la verdad,
porque sería muy bonito
seguir de adorno en mi ciudad
sobre un bloque de granito.
Pues qué penita y qué dolor,
no tendré estatua, no señor.

Gracias a mi postura más bien anticlerical
no será un siglo de éstos cuando entre al Santoral:
no acudirán beatas a pedirme un milagrillo
no vendrán los ladrones a vaciarme mi cepillo.

Y es una pena, la verdad,
porque tenía cierta gana
de echarle un ojo a la deidad
mientras me doran la peana.
Pues qué penita y qué dolor
no tendré culto, no señor.

Gracias a que mi musa se las da de cerebral
son pobres mis compases para expresión corporal:
no danzarán mis prosas las reinas de discoteca,
no vendrán los carrozas a hacer su gimnasia sueca.

Y es una pena, la verdad,
porque sería algo inefable
cambiar la torpe realidad
y ser o Borges o bailable.
Pues qué penita y qué dolor
no tendré el Nobel, no señor.

Gracias a mi tozuda decisión existencial
no cabe entre mis planes dar ningún salto mortal:
no gozará la honras funerales mi alma en pena,
no vendrán los gusanos a tirar de la cadena.

Y es una pena, la verdad,
porque sería algo divino
ver cómo todo es vanidad,
y yo en decúbito supino.
Pues qué penita y qué dolor
no tendré esquela, no señor.


El poder de la serpiente
(Martes, 6 de septiembre de 2005)

Todo artista, todo creador, llega a conocer, acaso de manera instintiva, la relación entre su energía sexual y su energía creativa. Según la sabiduría hindú ambas están relacionadas por el segundo chakra (Swadisthana). Esta energía creadora recibe el nombre de Kundalini y la figura que adopta en la imaginería tántrica es la de una cobra enroscada. Según el dr. Gurucharan Singh Kahlsa: "La combinación de creatividad y pasión del segundo chakra es una de las razones por la cual los artistas suelen tener personalidades temperamentales y estar llenos de singularidades y caprichos. Un artista debe tener opiniones y pasión. Ve el mundo de una manera diferente. Desea algo y busca la manera de expresarlo, de darle nacimiento. Es un acto final del segundo chakra dar a luz, pasar por el canal intrauterino y finalmente llegar a la luz. En el segundo chakra están mezclados el deseo y el placer, el dolor y el esfuerzo, para finalmente dar a luz la creación. Cuando todos los demás chakras están equilibrados en relación con el segundo, la sexualidad se vuelve divertida, variada, expresiva, y raras veces tiene las connotaciones de confusión, dificultad, dolor o perversión que parecen ir en aumento en nuestra cultura".

Kundalini Sakti, la energía "femenina" enrollada y adormecida, es el vasto potencial de energía psíquica presente en todos nosotros. Normalmente se simboliza como una serpiente enrollada tres veces y media, con su cola en la boca y girando en el axis central (sacro o hueso sagrado) en la base de la columna. El despertar de esta serpiente y la manifestación de sus poderes es lo que produce, antre otras cosas, el acto creativo. Cuando está lista para desenrollarse, asciende a través de los chakras en la columna para unirse por encima de la corona de la cabeza con Siva, la Pura Consciencia que permea todo el Universo.


Punto de no retorno
(Miércoles, 7 de septiembre de 2005)

Habitualmente, los sábados compro El País y el ABC; Es todo un error, lo sé, creer que de lecturas opuestas se puede sonsacar un atisbo de verdad. En realidad lo hago por los culturales, y hay que reconocer que el del ABC es, con diferencia, el mejor de toda la semana. Hubo un tiempo en que con indisimulada vergüenza extraía el suplemento cultural del ABC y dejaba el resto de hojas encima del mostrador, debajo de un euro. (Por cierto, llegó a ser el último diario en alcanzar la redonda cifra). El caso es que ahora, como Riechmann, también yo he dejado de leer El País. Me interesa poco una izquierda que ha perdido sus más elementales niveles de autocrítica. Además tampoco tiene gracia leer aquello con lo que uno está de acuerdo (más o menos). Así pues, como no leo prensa lo sábados, los domingos me apresuro a informarme de la doméstica actualidad del fin de semana. Es entonces cuando cae en mis manos (ay!) La Razón, que con escrupulosa puntualidad mi suegro ha colocado estratégicamente al alcance de todos, tal vez con la tímida esperanza de redimirnos. Y andaba yo leyendo este domingo la infame prosa y el más apestoso aún pensamiento de Ansón, cuando debilitado sin duda por los efluvios del rancio catolicismo, del neoliberalismo galopante, de la diarrea nacional-ista, víme de repente confabulado en la sinrazón y a punto de comulgar con algunas prebendas. A los pocos minutos cerré aquel infame artilugio de papeles y salí como pude al jardín a respirar el aire limpio de la mañana. Del otro lado del cristal, mi suegro esbozaba una sonrisa.


Pequeña crónica provinciana
(Sábado, 3 de septiembre de 2005)

Trujillo en fiestas. Escapo de los ritos pueblerinos con Chuty y Celima. Los llevo a casa de mis padres, que a estas horas deben surcar las aguas del mediteráneo a lomos de un crucero. Mi madre, con claros síntomas de padecer el síndrome de Stendhal me informa de la insoportabe belleza de Florencia. Mi progenitor, al que supongo noqueado por el espectáculo, ni siquiera se pone al teléfono. Volverán el martes, así que tenemos tiempo de saquear sus licores y su colección de discos. Un poco de todo: AC-DC, Janis Joplin, Santana, Stones, The Doors, Queen, The Police... Chuty pregunta por El aviador Dro, y busca en vano discos de Kraftwell. Celima, recostada, huele el aroma rancio de los vinilos y recuerda su adolescencia... Al final, me da la vena mística y apago las luces: escuchamos La sombra de la luz y Sagradas sinfonías del tiempo, de Battiato. Chuty tiene su primer viaje. Espectantes, aguardamos el relato. Pero lo que llegan son frases inconexas, zumbidos de una república de sueños y vaticinios. No tenemos fuerzas ni para reirnos.


Lo que ya hemos perdido
(Sábado, 3 de septiembre de 2005)

En una civilización como la nuestra la metralla está de más. Es harto innecesaria si lo que se pretende es extender el miedo, y con ello, la catástrofe. Sobre el puente Aima de Bagdad han muerto cerca de mil personas acorraladas por una sola voz que anunciaba una falsa bomba. Si el miedo, ya se sabe, es libre, el terror carece de pasaporte y viaja sin papeles por el mundo. Señores de la guerra, no malgasten sus arcas. Inviertan sobre seguro, sin costes ni gastos de envío. Es la indócil realidad: todos correremos acojonados si alguien olvida sobre la silla de la cafetería una mochila, aunque sólo esté llena de libros y poemas.


A quien leyere

No soy un intelectual y tal vez mi poesía no valga para decirte lo que de verdad importa. Así que te lo digo ahora, a tí que me escuchas: van a llover palos, querido. Por todas partes. Los poderes políticos, religiosos y económicos terminarán excluyéndonos, tarde o temprano. La Naturaleza se cobrará su diezmo con un último, inmenso gemido. He perdido la necesidad de salvarme. Tengo tanto miedo como tú.


La ira furibunda de Ratzinger-Zeta sobre los lomos doloridos de nuestro monarca, mientras de los ojos de Sofía, hermosa cual estatua de sal, cae imperceptible una lágrima sobre el lacustre mármol.


Nueva Orleans, antes y después
(Viernes, 2 de septiembre de 2005)

 

Pulsa sobre la imagen para ver la animación
Pulsa sobre la imagen para ver la animación. © Fotografía: NASA


Primer poema de septiembre
(Jueves, 1 de septiembre de 2005)

 

MUELLE DE NUEVA ORLEANS

Éste es el río envolvente, éste es el Padre
de las Aguas y él las sepulta.
En su rueda giran sin pausa
el barro del principio y los desechos letales
que acabarán con el mundo.
Pero tal vez no porque el Misisipi
ha estado siempre y seguirá para siempre.

Al verlo transcurrir con ese aplomo
majestuoso y ensimismado y también muy triste
parecería
que él engendró al planeta y aún es el magma
en donde bullen interminadas formas de vida.
Cuando pasa en silencio deja escuchar
algo como un lamento por el exilio del agua.

Un río jamás emplea la palabra reposo.
El Misisipi no se limita a ilustrar
con su fluir el paso de nuestras horas.
El Misisipi socaba la tierra firme. Y un día
terminará con todo lo que no es agua
y acabará por imponer su ley de arena a los mares.


© José Emilio Pacheco, de Los trabajos del mar, 1979-1983.



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