El pasado que vuelve

ENRIQUE GARCÍA FUENTES



Espero tener el ordenador arreglado para cuando esta reseña llegue a la luz pública y así poder ver, como pueden hacer ustedes también, qué es lo que opina el autor de lo que yo opino de su última entrega. Sí, porque Daniel Casado, uno de los más bulliciosos y activos miembros de la última generación poética, es uno de esos escritores que tienen su propio "blog", el cual cultiva con esmero, y en el que todo lo literario tiene cabida; si no, ya se encarga de él de hacer que todo cuanto acontece se transforme en materia de ágil y combativa literatura.

Esta dedicación entusiasta y absorbente ha hecho que el de Casado haya llegado a ser un nombre recurrente en el actual panorama poético de nuestra región. Junto a Antonio Sáez o José María Cumbreño está, poquito a poco, convirtiéndose en un referente de nuestras últimas letras. Como los citados, está también dando cuenta de una inusual proclividad a la publicación continuada; en concreto ésta es su tercera entrega en menos de tres años, las otras dos avaladas por sendos premios importantes, como el Ciudad de Mérida o el Arcipreste de Hita. Y como los dos citados, también se está decantando, al menos parece entreverse de su último libro, por el siempre espinoso camino del poema en prosa.

Y aquí es donde salta implacable el atento lector o el defensor acérrimo, si como sibilino ataque esto considerase: pone bien claro en la contrasolapa del libro -y en la nota de prensa que anunciaba su aparición- que El proyector de sombras fue en realidad el primer libro que escribió el autor, concretamente entre 1997 y 2001. Nada que objetar; no creo que la historia de la literatura se alterase porque el tránsito de Daniel Casado haya sido del verso a la prosa poética o viceversa, sólo digo (y conviene mojarse un poquito de vez en cuando) que éste me parece, de largo, el mejor de los que ahora ha dado a la estampa.

Dilema

Surge, claro, el dilema: si lo lógico es que un autor -sobre todo uno como éste, de prometedores comienzos y previsible buen porvenir- entrega un libro superior a los anteriores nadie se extrañaría, porque eso es lo esperable en todo autor que va superando etapas, abandonando tópicos y deslices, encontrando su acento más personal.

En El proyector de sombras, Daniel Casado hace válida la voz de quien retoma el recurrente sendero del territorio perenne de la infancia como asunto principal, pero lo hace sin rubor y con valentía, con verdadera fe en los trasuntos que remueve y sin el tono a veces pedestre y cursilón que lastraba sus entregas anteriores. Las dos partes de la obra se conjugan en ofrecer una visión tensa y enternecedora a la vez del tiempo mágico vivido, que es evocado, ya digo, con serena melancolía exenta de afectación. Pero si este indudable paso adelante resulta ser, en realidad, una recuperación de sus primeras intentonas, no faltará el cínico que en seguida aludiera al viejo tópico de los cangrejos o al manoseado Manrique del «cualquiera tiempo pasado ». Sinceramente no creo que sea el caso. Y si lo es de verdad que me da igual.

Tiendo a creer que, si de veras éstos son los primeros escarceos de este autor, para la publicación han sido concienzuda y brillantemente revisados por un autor cada vez más versado y atento hasta obtener una obra verdaderamente sostenible. Si no es así, que sepan que a mí me han convencido más sus primitivos tonos que sus últimos derroteros. Pero esto no es más que una opinión. Lo dicho, acudan al "blog".

 

Daniel Casado, El proyector de sombras
Editora Regional de Extremadura, Mérida, 2005.