
Sobre El largo andar tan breve
por José María Cumbreño
Hay libros de usar y tirar y otros que sólo pueden apreciarse si se leen con calma. Sin duda, este último es el caso de El largo andar tan breve. Para Carlos Murciano, portavoz del jurado, se trata de un libro "maduro y vital", "como de un poeta que ya hubiera atravesado su primavera y su verano, enfrentándose al otoño de su vivir", y, sin embargo, esa madurez que los miembros del jurado encontraron en el libro la poseen unos versos escritos por un poeta que no ha cumplido aún treinta años, lo que demuestra que detrás de los textos se esconde un proceso de depuración que no es propio de alguien que empieza.
Los poemas de El largo andar tan breve van superponiéndose, formando estratos que componen un conjunto unitario y trabado en el que "contemplar" y "recordar" se convierten casi en sinónimos. Libro, pues, de la quietud, de la calma que la voz que resuena en los poemas emplea para ir hacia atrás, hacer balance de lo que se ha hecho, de lo que se ha dejado de hacer y de lo que el futuro hará de nosotros. Y es que en el poemario tienen cabida, por ejemplo, desde textos escritos para recordar a amigos desaparecidos hasta otros que clebran el nacimiento de una hija.
Luis Antonio de Villena ha afirmado que el título de su última antología de poetas jóvenes, La lógica de Orfeo, resume esa capacidad que algunos poetas de hoy tienen para fundir la poesía figurativa y la de corte más o menos visionario. Daniel Casado también realiza algo parecido, y el resultado es un libro en el que el poeta se arriesga para dibujar los límites de un universo personal, de un espacio en el que conviven The Beatles, Ungaretti, Martín Romero, Aníbal Núñez, William Blake...
José María Cumbreño es escritor y profesor.
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