Licor de flor venenosa 
La relación entre droga y literatura –la relación que a nosotros nos interesa, la fructífera- y, por extensión, entre las drogas y la creación artística, es más bien nueva en términos históricos, y su producto, en términos literarios, es bastante disparejo en calidad. Como se verá, las sustancias alucinógenas y la literatura caminan de la mano desde Homero y la Biblia, hasta nuestros días.
Sin embargo, los primeros acercamientos realmente productivos e interesantes entre ambas áreas se dan en el siglo XIX, de la mano de autores como Baudelaire, Swinburne, Verlaine, o Thomas de Quincey (Confesiones de un Comedor Inglés de Opio, 1821) -y por supuesto, los maestros rusos como Dostoyevski y sus contemporáneos-, quienes veían en el alcohol -y en las drogas- una manera de expandir el horizonte creativo del autor, derribando los límites impuestos por la razón y entregándole una libertad creativa aún sin explorar y probablemente, muy fructífera.
Para ellos, la creatividad florecía por completo cuando las constricciones que inhibían la vida diaria eran barridas por el efecto del alcohol, abriendo las ventanas del alma.
SUMARIO:
"...Se
me ocurrió hablar del vino y del hachis en el mismo artículo,
porque
ambos poseen efectivamente algo en común: el desarrollo poético
excesivo del
hombre. El gusto frenético del hombre por todas las sustancias, sanas
o
peligrosas, que exaltan su personalidad, atestigua su grandeza. Siempre
aspira a enardecer sus esperanzas y a elevarse hacia el infinito. Pero es
preciso ver los resultados. He aqui un licor que activa la digestión,
fortalece los músculos y enriquece la sangre. Incluso tomado en gran
cantidad, no causa sino desórdenes bastante breves. Y he aqui una sustancia
que interrumpe las funciones digestivas, debilita los miembros y puede
ocacionar una embriaguez de veinticuatro horas. El vino exalta la voluntad,
el hachis la aniquila. El vino contituye un soporte físico, el hachis
es un
arma para el suicidio. El vino hace que el hombre sea bueno y sociable. El
hachis lo aísla. Uno es laborioso, por decirlo asi, el otro en cambio
es
perezoso. Pues ¿para qué trabajar, laborar, escribir, fabricar
lo que sea,
si es posible apoderarse del paraíso de un solo golpe? En suma, el
vino es
para el pueblo que trabaja y merece beberlo. El hachis pertenece a la clase
de los goces solitarios: esta hecho para los miserables ociosos. El vino es
útil, produce resultados fructíferos. El hachís es inútil
y peligroso".
Charles
Baudelaire
"LOS PARAISOS ARTIFICIALES"
"Acerca del vino y del hachis"

"Lo tomé, y al cabo de una hora, ¡oh cielos! ¡qué revulsión! ¡qué resurrección, la del espíritu, desde sus profundidades más remotas! ¡qué Apocalipsis del mundo dentro de mí! Mis dolores se habían desvanecido, volviéndose triviales frente a mis ojos; el efecto negativo fue tragado en esa inmensidad de los efectos positivos que se abrieron delante de mí, en el abismo de un regocijo divino que de pronto se me reveló. He aquí una panacea... para todas las miserias humanas; aquí se encontraba el secreto de la felicidad, acerca del cual los filósofos habían disputado durante siglos, descubierto de inmediato; la felicidad se podía adquirir ahora por unos centavos, y transportada en el bolsillo del pantalón; el éxtasis portátil, se podía descorchar de una botella de un cuarto, y la paz del espíritu podía ser ahora enviada por correo".
Thomas De Quincey
"Confesiones de un comedor de opio inglés" (1823)
ANTONIO ESCOHOTADO
Sobria
Ebriedad
ANTONIO ESCOHOTADO
Entrevista
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