La pequeña historia del dios Brillante
...y otras especias.

Ésta es la pequeña historia de una apuesta, la historia de un hombre (llamémosle José Mari) que alardeaba siempre de ser el único portador de una receta mágica: una variedad de paella que extraviaba el juicio de aquellos que la probaban; vamos, como él decía poéticamente: "¡que quita el sentío!" Sus perplejos y hambrientos camaradas no dieron, por supuesto, la más mínima credibilidad aquellas ínfulas tabernarias, y decidieron someterle a la prueba del algodón: Irían todos al campo y probarían uno por uno sus ostentosas dotes de chef.

Las imágenes aquí expuestas demuestran cuál fue el resultado de aquella asombrosa azaña: cuerpos sacudidos por el sabor de aquella extraña pócima, ojos llorando de alegría, mandíbulas desencajadas de placer... Cuentan las crónicas que aún hubo quien repitió tres veces.

Al final, sus incrédulos paisanos hubieron de convenir que aquel hombre de rostro irsuto era en verdad el depositario de una ciencia secreta. Levantáronle en aquel mismo lugar un altar presidido por miles de granos de arroz y una enorme paellera.

Acordaron, bajo juramento, volver a aquel mágico lugar al menos una vez al año para rendir culto al sabio dios del grano, al que llamaron -por casualidad- "Brillante".

 

Pasando el examen de calidad Miembros del jurado antes de avalanzarse sobre los platos

Typical spanish scene: Uno currando y todos mirando Llegó, vió y venció: José María luchando con el arroz

Testigos del milagroso don de José Mari Los "andarines" tambien comen

 

Los damnificados pueden dirigir sus reclamaciones al Hospital de Mérida
o mandarnos un mail a nosotros, total: el resultado va a ser el mismo.

Salud, compañeros.

Ave, Maestro Brillante!!!