Me acuerdo

 


Me acuerdo

por Sara E. Rodríguez


En 1978 el escritor francés George Pèrec escribió un libro curioso y poco conocido que se titula "Je Me Souviens" (Hachette, París, 1978), compuesto por cuatrocientas ochenta anotaciones sobre sus recuerdos, los cuales comienzan con las tres palabras mágicas del título: yo me acuerdo. A pesar de que Pèrec no se ha convertido en un escritor admirado por grandes masas de lectores, sí que ha sido un referente literario en muchos autores posteriores. Así, el escritor Juan Bonilla es un coleccionista incansable de ediciones de este libro y los escritores Elías Moro (Madrid, 1959) y Daniel Casado (Cáceres, 1975) reconocen también el referente que supone Pèrec en la vida de ambos. Después de leer "Je Me Souviens" se propusieron escribir una obra similar, motivada e inspirada por el principio que llevó a Pèrec a hacerlo:

“Tratar de recuperar un recuerdo casi olvidado, inesencial, baladí, común si no a todos, al menos a muchos…, que suscita durante algunos segundos una impalpable nostalgia tenue.”

Sin embargo, y a diferencia, del original, algunos de los me acuerdo que en este libro se recogen no son reales, ni fueron escritos con la pretensión de compartirlos con nadie, sino que son inventados, imaginados, soñados.

Dijo una vez Juan Bonilla que "Georges Pèrec quiso darnos una lección con su libro tan aparentemente banal y a la vez tan absoluto, tan poca cosa y a la vez tan inalcanzable, tan abierto a los otros y a la vez tan personal, tan interminable y a la vez tan imposible de comenzar. Reduciendo su memoria a una pila de frases sin atractivo literario, nos enseñó que la literatura en esencia es eso: ofrecer memoria, invitar a hacer memoria, compartir recuerdo, añadir recuerdos a la bolsa donde guardamos todos los "me acuerdo" que son nuestra vibrante necrológica, que nos hacen ser quienes somos".

¿Puede alguien recordar lo que nunca vivió? ¿Puede anticiparse lo que todavía no se ha vivido? En "Me Acuerdo" (Mérida, Librería La Luna, 1999) todo es posible. Un libro donde participan tanto el lector como el escritor.

"Me Acuerdo" es un libro pequeñito de tan solo sesenta páginas en las que los escritores comparten con el lector una gran variedad de “me acuerdos” dignos de toda una generación que hoy en día tiene entre treinta y cincuenta años. Recuerdos que son un guiño a esta generación y que a más de uno conseguirá arrancar una sonrisa al leer:

Me acuerdo de cuando corría el Tour de Francia con las chapas de los refrescos: Fanta Naranja (Raymond Poulidor), Canada Dry (Eddy Merckx), Cervezas Mahon (Luis Ocaña).

Me acuerdo de una tía abuela que en los primeros años de la TV, con la vista fija en la pantalla, murmuraba para sí, como entre dientes: `¿Y nos verán ellos a nosotros?´.

Me acuerdo de las cajas de zapatos donde guardaba los gusanos de seda y su milagrosa metamorfosis.

Me acuerdo de las tapas del tambor Colón y cómo jugábamos con ellas haciéndolas volar.

Me acuerdo del disco de vinilo y aquel hijo suyo, el single. Se enamoró de la radio. El casete los casó. El compact disc los enterró.

Esta obra que el lector tiene entre sus manos se abre con una cita de Federico Fellini que preludia lo que en él se va a encontrar: no recuerdo mi infancia. La invento cuando la necesito. Y en cierto sentido nuestros recuerdos están forjados de momentos que deseamos recordar, algunos de los cuales están alimentados con aspectos irreales; otros son totalmente inventados. Porque la memoria se compone en base a lo que sólo deseamos recordar y a lo que nos hubiera gustado que sucediera.

A veces se recuerda lo que no se ha vivido y se olvida lo que existió.

 


Me acuerdo

Daniel Casado

(selección de textos publicados en el libro)

 

Me acuerdo de las tapas del tambor "Colón" y cómo jugábamos con ellas haciéndolas volar.


Me acuerdo de una señora que nos vendía leche. En la cocina tenía dos enormes calderos con los que fue amamantando al barrio hasta que llegó el Tetrabrick.


Me acuerdo de los hermanos que nunca tuve, las patadas que nunca nos dimos, los juegos a los que nunca jugamos, los llantos no llorados, las risas no reídas, las meriendas que fueron sólo para mí.


Me acuerdo de "el marido de la peluquera" bailando tontamente entre olores de sprays, tintes y champúes. Tanto amor que Maitlde, acurrucada, le decía: "Abrázame fuerte, que no pueda respirar. Tengo miedo de que un día ya no quieras bailar conmigo". Pedro Guerra les canta una canción.


Me acuerdo de la adolescente manía de pegar a las muchachas que me gustaban. (No daba lo suficientemente muerte, se conoce)


Me acuerdo de que a Mafalda le encantaban los Beatles y Manolito los odiaba. Jamás dibujante alguno ha sabido plasmar tan nítidamente los dos grandes misterios de la vida: amar de forma ciega, ciegamente odiar.


Me acuerdo de que el olor de las peluquerías hacía llorar a gritos a Neruda.


Me acuerdo de aquella canción de Víctor Jara: "Te recuerdo Amanda / la calle mojada / la lluvia en el pelo / no importaba nada: / ibas a encontrarte con él".



Me acuerdo de los campos donde la infancia me jugó.



Me acuerdo de que el asesino de Lennon estaba obsesionado con la novela de Salinger, "El guardián entre el centeno".


Me acuerdo de que aquella vez (cuando lo de Lennon), mi padre lloró.



Me acuerdo de Salieri en los silencios de Mozart.




Me acuerdo de la inexplicable tristeza de los lunes.



Me acuerdo de que Félix Rodríguez de la fuente amaba sobre todo a los lobos.



Me acuerdo de cuando íbamos a "La Chimpuna". Comprábamos soldaditos de plástico en bolsas de a duro y un paracaidista verde que luego se ahorcaba voluntariamente en los cables de la luz.


Me acuerdo de una profesora de la que no estuve enamorado.


Me acuerdo de Blanca cantando Donna Nobis en el castillo de Marvâo.



Me acuerdo de las noches de verano cuando llegaban feriantes al barrio con aquel rudimentario proyector de cine. Con sillas, periódicos o sobre la arena, los vecinos pasábamos la velada entre las coplas de Manolo Escobar, la risueña torpeza de Paco Martínez Soria, la triste cursilería de Marisol, y por supuesto, al fondo, el cinéfilo canto de los grillos.


Nuevos Me Acuerdo

(Textos no publicados en el libro)

Me acuerdo de Elías Moro, sempiterno camaleón de mirada marmórea, apoyado en la barra de Alcandoria, la gorra hasta las cejas, el cuello de la camisa obedientemente abrochado hasta el último botón, leyéndome, cuaderno en mano, sus me acuerdo.

Me acuerdo de la mirada de Aleister Crowley.


Me acuerdo de que en la portada del Sargent Peppers aparece Marylin Monroe, Tarzán y la mona chita.



Me acuerdo de lugares donde nunca he estado.


Me acuerdo de la primera canción que aprendí: Los sonidos del silencio de Simon and Garfunkel, la pinché tantas veces una tarde que mi padre tuvo que comprar de nuevo ese disco.



Me acuerdo de la anciana ciega de Smoke recibiendo la noche de Navidad a un desconocido (Harvey Keitel) a cenar. Ambos saben que no son quienes pretenden ser: él, turbio comerciante de barrio, y ella, doméstica madre desamparada, actúan sin embargo como si fueran madre e hijo. Él, que había entrado a robar, estuvo toda la cena en silencio y la vieja, que temía pasar esa noche también a solas, se acabó quedando dormida, dócilmente.



Me acuerdo de haber amado lo invisible, la tersa piel de un brazo que junto a mí extendía su tristeza. De haber amado un sueño, una terca impostura que sólo dejaba, en la umbría, el inocente gesto de una mano agarrada a lo desconocido.



Me acuerdo de un verso de Huidobro que retrata magistralmente el dudoso don del conocimiento: "Los cuatro puntos cardinales son tres: el Sur y el Norte."



Me acuerdo del fado aquel: Que estranha forma de vida / tem este meu coraçâo / vive de vida perdida / quem lhe daria o condâo... y de la voz de Amalia, ahogada ya por los años, más cierta, más honda.



Me acuerdo de los Diálogos para besugos de Armando Matías Gíu: siempre comenzaban y terminaban igual: Buenos días, decía uno; buenas tardes, contestaba el otro.



Me acuerdo de todos los ángeles que amé, junto a sus dueños: los de Alberti, temibles, los de Wenders, hermosos; inocentes los de Klee, luminosos en Blake, los ángeles ridículos y tiernos de Pérez Estrada, los de Rilke, tan llorones, y todos los ángeles anónimos que nos sostienen.


 

 

Aquellos maravillosos años...

El editor, Marino Gonzalez y, detrás, Daniel Casado, Ángel Campos y Elías Moro  (Noviembre de 1999)

Brindando en los buenos (y viejos) tiempos

Firmando ejemplares en la Librería La Luna (Mérida)


ISBN: 84-922586-6-7
TÍTULO: Me acuerdo
AUTOR: Elías Moro/ Daniel Casado
EDICIÓN: 1ª
FECHA APARICIÓN: 1999
COLACIÓN: 65 Pág. 14x19 cm. (rústica)
CLAVE MATERIA : 860-4
MATERIA: Literatura española. Aforismos
PRECIO: 6,01 Euros

Comprar este libro: www.delalunalibros.com

Páginas de interés:

Sobre Me Acuerdo: www.delalunalibros.com

Sobre Je me souviens: www.elmundolibro.com

Sobre George Pèrec: www.elaumento.s5.com