Tabula Rasa
(Sobre
música de Àrvo Pärt. n. 1935)
Els mots, en veritat,
no són sols per entendre´ns pel que signifiquen,
sino per descobrir el que, transparents, oculten.
En verdad las palabras
no están sólo para entendernos por lo que significan,
sino para descubrir aquello que, transparentes, ocultan.
Joan Vinyoli
A / a
Amarte.
Sólo en la mortalidad, sólo en la pérdida hasta nunca de tus gestos,
puede alzarse, ebria, la palabra.
Significar algo distinto.
B / b
Borré tus manos como cántaro, bramé sobre tu nombre,
escasas y ciegas, venenosas las palabras.
Busqué, bendije, besé en otros labios tus labios de tierra, bebí
el placer bajo tu noche imposible.
Porque me habías al fin reconocido.
C / c
Escribo este poema inútil, desfigurado ya por los
retoques (que tú siquiera sospechas), lejano y tenso, como quien
no espera nada y lo esperó todo.
Como quien palpa un cuerpo que no es suyo y con la extrema avidez
del pensamiento deja, sobre la piel deseada, esta sentencia: Casi.
D / d
Dame, dijiste (demoradas y débiles tus palabras),
dame esa luz que tiembla.
Dejé sobre tus manos, como prensiles astros, rotas, las mías.
E / e
Esperar, estar, estacionar. Enviudar de tanta vida
en el extremo de un camino ya para ti imposible.
De nuevo estacionar, estar, esperar como el envés del sueño deja
escritas sobre tu solo nombre, todas las respuestas.
F / f
Fecundidad: En la perpetua línea de la vida, engendrar
un rastro del dios, su sola huella, afirmar con la carne la certeza
de su visible impresencia.
G / g
Guardador de rebaños: no Fernando Pessoa, no los
rostros de su imposible soledad. Nosotros, que fuimos hechos para
el fuego, ardemos fríamente, fríamente alzamos para nadie nuestra
hermosa y temporal podredumbre.
(0ficio de la
poesía)
H / h
Huir, habitar la espera, hundirse en las aguas abisales,
invocar como entonces, de una piel tensada, el rítmico fragor de
la palabra.
Huir, hacinarse en el silencio, errar, vacío ya de esa luz, porque
la luz no es, en efecto, nuestra.
I / i
Izé los tenues velos que cubrían tu rostro. Porque
en verdad era el tiempo de saber, el tiempo de la palabra.
Bebí despacio el sudor amargo y descendí:
me esperabas.
J / j
Mi juventud ha estado -y lo dijo levemente- anclada
al recuerdo del sonido que abre tu nombre.
K / k
Kirie eleison:
Toda la noche, el vuelo ardiente de mi voz besó las túnicas del
amanecer.
Allí no apareciste, oh, Señor.
L / l
Llegar al límite de la extensión, probar la dura
superficie, su sordo acento de madera vieja, yacer apenas sobre
ella. Ah, la palabra.
Rondar como un maldito los rincones donde más clara fuera su presencia,
y como pálido espectáculo, dejar tan solo en el poema un ligero
destello, una brizna que arde.
LL / ll
Llamabas tú, cuerpo, frente a tu propia imagen. Llamabas
como la llama al pasto, como a las bestias lentas la lluvia.
Delante de ti, como ave sombría, erecta, ya sólo la muerte.
M / m
Madre, matrix, matriz. Oscuro vientre, tacto de filo,
vendrás a mis brazos, ah, cautivo, ah, señor de mis lágrimas, hijo.
Y ante el callado cuerpo de la madre, extendió sin más tregua los
planos de la demolición.
N / n
No sabían entonces la extrema libertad de tu canto.
Nadie nunca nada pudo ofrecerte; ni esas lilas, ni esa música eran,
ya lo viste, para ti.
Sobre tus sólidas cenizas no advirtió nadie nunca nada.
Salud, poeta.
Ñ / ñ
Añorar, por inventado más cruel, aquel invierno en
que apenas fui para ti una sombra y tan breve. Añorar tu blusa de
golpe una tarde, agosto del dos mil, en aquella fecha que, de tan
lejana, nos parecía un cuento más del destino.
O / o
Olvidé los nombres, el lugar, la fecha, y nunca pude
acudir.
Quién a estas horas serías tú, qué ridículas o elegantes ropas llevarías
ahora mismo, y quién, dime, quién sería yo al abrazarte hasta perder
en tus ojos mi mirada y algo más.
P / p
Todas las palabras son piedras de un exilio.
Antonio Ramos Rosa.
Hábitat, lugar, estancia la palabra.
La palabra, su silencio.
Q / q
Qué lento el caminar de las estatuas por encima de
los ahogados; ansían los pechos desnudos de la osada tierra, con
sus caducas larvas, con sus altares vacíos.
R / r
Resuelvo tus manos, aunque me avance a la sombra,
aunque germine oscura la violencia de tu nombre. Resuelvo tus manos
con la paciencia de lo perdido, de lo no hallado al fin junto a
mi lecho, entre mis ropas.
Como un licor
suave festejo a solas mi memoria de ti. Se hace legible un verso
de entonces:
El calor de otros seres no está sino en mi recuerdo.
S / s
Sombra, tú que fuiste rumor, labio de estatua, gentil
reverso de mi alma, dónde, te pregunto, en qué cuerpos respiras,
en cuál tu aliento diurno habrá tallado ahora mi inexplicable tristeza.
T / t
Hacer entonces tabla rasa. Desposeer el centro de
dioses y fármacos de urgencia. Derribar la Historia jamás verificada,
sus ínclitas razas, su salvaje podredumbre, caer al fondo de las
letras como al suelo la ceniza cae, y otorgarle de nuevo al silencio
su valor.
U / u
Urge ahora alzar sobre la tierra otro silencio, otra
supeficie ajena al llanto, y por toda planta, por toda bestia el
eco, el estrepitoso eco de tu nombre.
Por toda vida.
V / v
Vulva, oscura palpitación, fermento y cáliz. La sombra
al cabo de tanta luz. En la salvaje exaltación del silencio, murmuro
solemnes los nombres que aún te significan. Naces hacia mis manos,
me recorres, con la electricidad de un segundo.
Deja, tú que sabes, como flor letal al fondo, un poco de esperanza.
X / x
Exhaustas fueron abriéndose las puertas del templo;
para ser al fin revelada, la Palabra se valió del silencio.
Nadie, sobre la hoguera intacta, vio allí, irreverentes, blasfemas,
las manos del escriba.
Y / y
Yerra quien otorgue a la poesía el dudoso don de
lo divino. La poesía se yergue sobre la faz primera de las cosas,
y no pregunta. Se hace tan solo yerba en las yemas, yugo y yunta.
Yace en lo oscuro, subterránea, siempre por debajo de Yahavé.
Z / z
Como el zahorí, por el temblor te sé. Por el temblor,
mis manos, -déjalas- te anuncian. Sólo un brillo tu presencia, sólo
un canto y tan breve tu inasible abrazo, ah, Palabra.