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Tabula Rasa

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(Indagaciones sobre las letras
a partir de la música de Arvo Pärt)





Haciendo tabla rasa...



Cuando, hace unos años, se me encargó escribir unos textos o poemas inspirados en las letras del alfabeto castellano, inmediatamente acepté el reto. Para un escritor, no sé, un novelista tal vez, tratar tan íntimamente con las palabras puede resultar embarazoso; para un poeta, para el poeta que intuyo debo llegar a ser, esa relación es necesariamente carnal, en muchos aspectos. Me dispuse, por tanto, a mantener un contacto más íntimo con las letras de nuestro abecedario. Acariciarlas, estrujarlas, morderlas, comerlas, conocerlas en toda su dimensión.

Por esos días, tenía entre manos un libro maravilloso, el Zohar, o Libro del esplendor, parte esencial de la Kábala judía, cuyas nociones sobre el poder la Palabra han quedado indelebles en mí. También andaba inmerso en la extrema belleza de una obra del músico estonio Arvo Pärt, Tabula Rasa compuesta para conjunto de cuerda en 1937. Desde la asunción de estas dos influencias, traté de acercarme a nuestras veintiocho letras castellanas con espíritu de búsqueda y lucha. "Busqué, bendije, besé en otros labios tus labios de tierra" (...) "porque en verdad era el tiempo de la palabra" Otra experiencia vino forzosamente a condicionar el avance de mi investigación: durante los días de escritura de Tabula Rasa, falleció mi compañero Martín Romero, apenas veinticuatro horas después de haber revisado ambos una selección de sus poemas para los que preparaba una antología. De noche, a solas, volviendo a leer sus magníficos poemas, observaba cómo cambiaban éstos de sentido, cómo la lógica de los hechos daba contexto y naturaleza a su obra. En esta averiguación de los límites de la Palabra Poética centré mis esfuerzos.

El resultado, al lector corresponde juzgarlo, pero en todo caso diré que aún por encima de su veredicto, aquellos días de agosto de 2000, permanecerán en mi memoria como los de una intensa, extrema y alumbradora experiencia.

D. C.

 

 


Tabula Rasa
(Sobre música de Àrvo Pärt. n. 1935)


Els mots, en veritat,
no són sols per entendre´ns pel que signifiquen,
sino per descobrir el que, transparents, oculten.


En verdad las palabras
no están sólo para entendernos por lo que significan,
sino para descubrir aquello que, transparentes, ocultan.


Joan Vinyoli



A / a


Amarte.

Sólo en la mortalidad, sólo en la pérdida hasta nunca de tus gestos, puede alzarse, ebria, la palabra.

Significar algo distinto.

 

 

B / b


Borré tus manos como cántaro, bramé sobre tu nombre, escasas y ciegas, venenosas las palabras.

Busqué, bendije, besé en otros labios tus labios de tierra, bebí el placer bajo tu noche imposible.

Porque me habías al fin reconocido.

 

 

C / c


Escribo este poema inútil, desfigurado ya por los retoques (que tú siquiera sospechas), lejano y tenso, como quien no espera nada y lo esperó todo.

Como quien palpa un cuerpo que no es suyo y con la extrema avidez del pensamiento deja, sobre la piel deseada, esta sentencia: Casi.


D / d


Dame, dijiste (demoradas y débiles tus palabras), dame esa luz que tiembla.

Dejé sobre tus manos, como prensiles astros, rotas, las mías.

 

 

E / e


Esperar, estar, estacionar. Enviudar de tanta vida en el extremo de un camino ya para ti imposible.

De nuevo estacionar, estar, esperar como el envés del sueño deja escritas sobre tu solo nombre, todas las respuestas.

 

 

F / f


Fecundidad: En la perpetua línea de la vida, engendrar un rastro del dios, su sola huella, afirmar con la carne la certeza de su visible impresencia.

 

 

G / g


Guardador de rebaños: no Fernando Pessoa, no los rostros de su imposible soledad. Nosotros, que fuimos hechos para el fuego, ardemos fríamente, fríamente alzamos para nadie nuestra hermosa y temporal podredumbre.

(0ficio de la poesía)

 

 

H / h


Huir, habitar la espera, hundirse en las aguas abisales, invocar como entonces, de una piel tensada, el rítmico fragor de la palabra.

Huir, hacinarse en el silencio, errar, vacío ya de esa luz, porque la luz no es, en efecto, nuestra.

 

 

I / i


Izé los tenues velos que cubrían tu rostro. Porque en verdad era el tiempo de saber, el tiempo de la palabra.

Bebí despacio el sudor amargo y descendí:

me esperabas.

 


J / j


Mi juventud ha estado -y lo dijo levemente- anclada al recuerdo del sonido que abre tu nombre.

 

 

K / k


Kirie eleison:


Toda la noche, el vuelo ardiente de mi voz besó las túnicas del amanecer.

Allí no apareciste, oh, Señor.

 

 

L / l


Llegar al límite de la extensión, probar la dura superficie, su sordo acento de madera vieja, yacer apenas sobre ella. Ah, la palabra.

Rondar como un maldito los rincones donde más clara fuera su presencia, y como pálido espectáculo, dejar tan solo en el poema un ligero destello, una brizna que arde.


LL / ll


Llamabas tú, cuerpo, frente a tu propia imagen. Llamabas como la llama al pasto, como a las bestias lentas la lluvia.

Delante de ti, como ave sombría, erecta, ya sólo la muerte.


 

M / m


Madre, matrix, matriz. Oscuro vientre, tacto de filo, vendrás a mis brazos, ah, cautivo, ah, señor de mis lágrimas, hijo.

Y ante el callado cuerpo de la madre, extendió sin más tregua los planos de la demolición.

 

 

N / n


No sabían entonces la extrema libertad de tu canto. Nadie nunca nada pudo ofrecerte; ni esas lilas, ni esa música eran, ya lo viste, para ti.

Sobre tus sólidas cenizas no advirtió nadie nunca nada.

Salud, poeta.


Ñ / ñ


Añorar, por inventado más cruel, aquel invierno en que apenas fui para ti una sombra y tan breve. Añorar tu blusa de golpe una tarde, agosto del dos mil, en aquella fecha que, de tan lejana, nos parecía un cuento más del destino.

 

 

O / o


Olvidé los nombres, el lugar, la fecha, y nunca pude acudir.

Quién a estas horas serías tú, qué ridículas o elegantes ropas llevarías ahora mismo, y quién, dime, quién sería yo al abrazarte hasta perder en tus ojos mi mirada y algo más.

 

 

P / p


Todas las palabras son piedras de un exilio.

Antonio Ramos Rosa.


Hábitat, lugar, estancia la palabra.

La palabra, su silencio.

 

 

Q / q


Qué lento el caminar de las estatuas por encima de los ahogados; ansían los pechos desnudos de la osada tierra, con sus caducas larvas, con sus altares vacíos.

 

 

R / r


Resuelvo tus manos, aunque me avance a la sombra, aunque germine oscura la violencia de tu nombre. Resuelvo tus manos con la paciencia de lo perdido, de lo no hallado al fin junto a mi lecho, entre mis ropas.

Como un licor suave festejo a solas mi memoria de ti. Se hace legible un verso de entonces:

El calor de otros seres no está sino en mi recuerdo.

 

 


S / s


Sombra, tú que fuiste rumor, labio de estatua, gentil reverso de mi alma, dónde, te pregunto, en qué cuerpos respiras, en cuál tu aliento diurno habrá tallado ahora mi inexplicable tristeza.

 

 

T / t


Hacer entonces tabla rasa. Desposeer el centro de dioses y fármacos de urgencia. Derribar la Historia jamás verificada, sus ínclitas razas, su salvaje podredumbre, caer al fondo de las letras como al suelo la ceniza cae, y otorgarle de nuevo al silencio su valor.

 

 

U / u


Urge ahora alzar sobre la tierra otro silencio, otra supeficie ajena al llanto, y por toda planta, por toda bestia el eco, el estrepitoso eco de tu nombre.

Por toda vida.

 

 

V / v


Vulva, oscura palpitación, fermento y cáliz. La sombra al cabo de tanta luz. En la salvaje exaltación del silencio, murmuro solemnes los nombres que aún te significan. Naces hacia mis manos, me recorres, con la electricidad de un segundo.

Deja, tú que sabes, como flor letal al fondo, un poco de esperanza.

 

 

X / x


Exhaustas fueron abriéndose las puertas del templo; para ser al fin revelada, la Palabra se valió del silencio.

Nadie, sobre la hoguera intacta, vio allí, irreverentes, blasfemas, las manos del escriba.

 

 

Y / y


Yerra quien otorgue a la poesía el dudoso don de lo divino. La poesía se yergue sobre la faz primera de las cosas, y no pregunta. Se hace tan solo yerba en las yemas, yugo y yunta. Yace en lo oscuro, subterránea, siempre por debajo de Yahavé.

 

 

Z / z


Como el zahorí, por el temblor te sé. Por el temblor, mis manos, -déjalas- te anuncian. Sólo un brillo tu presencia, sólo un canto y tan breve tu inasible abrazo, ah, Palabra.

 

 

 



FECHA APARICIÓN: Enero 2001
PERIODICIDAD: Semestral
COLACIÓN: 74 Pág. 15x21 cm. (rústica)
UNIDADES: 1000
PRECIO: 6,01 euros

 

 

Pedir este libro:

www.delalunalibros.com

Portada del nº 12 de la revista La luna de Mérida,
donde apareció la primera edición de Tabula Rasa.

 


 

 

sobre Arvo Pärt:

www.arvopart.info


 

 

 

® Daniel Casado · 2001
EL ERMITAÑO PRODUCCIONES