MONEDA PORTUGUESA
Sostengo en mi palma una moneda.
Me la entregaste una tarde lluviosa de abril,
frente al Museo Romano;
te desprendiste de ella como de un zapato viejo:
súbitamente pasó de tu bolsillo a mis manos.En ellas sigue, vieja moneda portuguesa,
como divisa de nuestra amistad,
como óbolo oscuro donde se cifra, ahora,
un latido.Vendrán los años, dejará -si es que algo vale-
de representar algún poder, el brillo antiguo
para el que fue acuñada, y el recuerdo
borrará en ella también nuestras fechas.¿Adónde, finalmente, llegará?
¿En qué rincones, teñidos por el silencio
o la lluvia, quedará varada?
¿De qué bulliciosa mañana, alguna mano
experta, amorosamente sabrá rescatarla?A su futuro dueño,
bien le valiera esta advertencia:Déjala estar, así: pálida y hermosa,
mas sin utilidad posible.Hay ríos de sumergida luz bajo su manto y cuerpos
que nunca alcanzaron el mar.
De El largo andar tan breve (Ed. Vitruvio, 2003)