Oscuro pez del fondo

"Oscuro pez del fondo, oscuro vicio
intacto de nadar contracorriente;
inmóvil si en las áridas aguas;
luminoso y amargo si en el cieno;
pez oscuro siempre en la errátil luz
que alumbra todos tus naufragios".

Escrito entre 2001 y 2008, Oscuro pez del fondo, se publica en 2010 tras obtener un accésit del Premio Adonáis “por la madurez de su dicción –como afirmó el jurado–, que dialoga fructíferamente con algunas líneas fundamentales de la reciente poesía española, aportando originales inflexiones y una gran variedad temática”.

Dividido en seis apartados, el presente poemario, que toma su título de un texto de José Ángel Valente, mantiene como hilo conductor la presencia del sueño y de las sombras, en constante entrecruzamiento, como si al poeta no le fuesen accesibles otros caminos de la realidad más luminosos. Así, para Daniel Casado, la vida es una trayectoria poblada de oscuridades y desposesiones en la que, a veces, gracias a la levedad del lenguaje poético, aflora un deseo inmanente de trascendencia o, en palabras suyas: “cierta luz al fondo / del poema”.

El resultado es la creación de un mundo en proceso de formación, intuido a través del poder sugeridor de la palabra y de ciertos usos de intertextualidades que van desde san Juan de la Cruz hasta el último Juan Ramón Jiménez, pasando por una serie de autores contemporáneos como T.S Eliot, Rilke o Eugenio Montale, sin dejar a otros como aquéllos a los que les dedica una sección del libro: “los dioses domésticos” se titula, y que suponen un referente de resistencia moral y de compromiso lírico para el autor. Asuntos como el odio, la desigualdad social o la inmigración –tratados en la primera parte del poemario– u otros, como la significación de la caída del hombre –quinta parte del volumen–, no hacen más que acentuar la coherencia de este Oscuro pez del fondo en el que, sin duda, destaca la enorme preocupación del poeta por convertir su actividad lírica en un medio de rede
nción de la memoria y el tiempo.

 

 

Sobre Oscuro pez del fondo

Rafael Morales Barba

 

Con sus virtudes bien claras me llega al correo este Oscuro pez del fondo, que el jurado del Adonáis ha sabido premiar y dejar en segundo plano simultáneamente. Al menos en apariencia, porque no es ningún demérito ser accésit del premio más importante en español para poetas jóvenes. Y recordemos que accésit significa el que está más cerca del primero. No es un demérito, ni mucho menos, sobre todo cuando se lee el prometedor poemario, todavía lleno de futuro, del poeta que es, pero sobre todo del que puede llegar a ser Daniel Casado (1975). Fundamentalmente si consigue afianzar la voz propia y delimita su papel de lector aplicado de José Ángel Valente, Antonio Gamoneda o Claudio Rodríguez, cuyos versos, fórmulas y referencias, resuenan todavía. En ese sentido su merodeo todavía no ha despegado completamente como hizo Antonio Méndez Rubio en su salto hacia el trasluz o el lugar que no existe desde Wallance Stevens, frente a cierto continuismo de Ada Salas. O quien es ya un nombre de referencia, Vicente Valero, que supo evolucionar desde su antiguo maestro, Antonio Colinas, con la lectura del desasosiego existencial de Claudio Rodríguez y el lenguaje de José Ángel Valente, hacia un recorrido de interiores a través de los paréntesis de Francis Ponge. Del diálogo de interiores y ficciones que Stevens construyó como metapoema. Algo parecido le puede ocurrir a este zambranista que, como todos esos poetas un poco mayores que él, pero con los mismos modelos, necesita evolucionar hacia la voz sin anclajes. Sea la ya insinuada por alguno de esos nombres o hacia territorios indómitos.

Oscuro pez de fondo (2009), como hemos dicho, trae todos esos iconos, junto a citas no menos significativas como la de los inquietantes Alejandra Pizzarnik y Paul Celan, o del contemplativo y desolado César Simón, entre otras. En ese sentido el libro trae algunos guiños desde las citas hacia cierta poesía del minimalismo, como la argentina, junto a otras más inusuales en español como el excéntrico poeta portugués que fue Al Berto o, aunque choque en ese contexto de patrones, el poeta realista asturiano Víctor Botas. Lo cierto es que es la voz de Valente a través del juanramoniano animal de fondo, del limo y el cieno, de la derrota en definitiva con que nuestra época vive el yo, la que abre el libro desde el poema que da título al libro con su conmovida resignación y desconsuelo. Lo marca y también le lleva hacia el poeta moral que reprueba envidia, mentira, traición…y hacia una actitud gnoseológica, indagadora y existencial, que se revela en la autognosis y en cierto hermetismo de quien señala un camino y se adentra en él entre incertidumbres y titubeos emocionales. A veces cierto hermetismo, sólo a veces, pero también talento para proponerse en esos parajes titubeantes donde brilla una capacidad tropológica muy sugerente: con el ramo de niebla de la vida o la larga noche de palabras vencidas. En efecto, la diosa melancolía del hombre moderno que ya no cree en la revelación, viene en el libro como un presente que se opone a la esperanza de un hijo, Miguel, que sosiega el desconsuelo y da sentido al omphalos u ombliguismo, por contarlo a la manera de su maestro, con que cierto ensimismamiento nos recorre. De esa forma el poemario trastoca el angustiado pathos que marca una mirada distinta y no monocromática como la que venía desde la reciente tradición de la poesía esencial. Ese eclecticismo, a veces desconcertante para el lector, porta así esperanza, ironía (Equilibrios), o una profunda delicadeza, menos ácima y desconsolada que la valentiana, como demuestra el espléndido Pájaro del olvido. En cualquier caso esa herida desde donde dialoga con la vida tiene su deriva hacia la ternura (y reproches), como en el magnífico Surcos, donde la memoria establece una silenciosa estampa de silencios. Así también lo hizo Vicente Valero en su momento con una mujer de negro, intemporal, en los campos de Ibiza. Pero Casado ha establecido ahí un diálogo que hace olvidar ese después de todo somos las piedras del río. Enlaza así con toda una tradición metafísica extremeña, zurbaranesca, a la que habrá que hacer caso en ese sentido conmocionado y de pureza, soledades, intimismos. No nos engañemos, no es un desconsolado sin más lleno de clichés y lecturas, sino una voz fresca y honda en el camino, que busca desde su biblioteca viva de lecturas y sentimientos, la suya propia. La del solitario pensativo y desasosegado que dialoga entre tu alma y la noche.


Obviamente en un libro tan rico de inquisiciones y disquisiciones hay otros registros que miran hacia los lados como el conmovedor Inmigrantes, Equilibrios…es decir, donde Casado muestra esa vena solidaria y conmovida por el dolor ajeno, que es la base de ese cristianismo que parece dejado a un lado, tal y como le ocurrió a Claudio Rodríguez en la época del Don (tal y como se puede comprobar incluso desde los poemas de la prehistoria del zamorano), pero del que guarda parte de la cosmovisión. En este sentido el libro muestra su eclecticismo de intimismos esenciales y metafísicos (expresión que no le gusta a Mario Martín Gijón), sabio y solidario, humano y donde cielo y fondo (no) son el mismo naufragio. No cabe duda de que su lectura no se aparta en este sentido de la de muchos de sus contemporáneos.

 

Rafael Morales Barba es profesor de Literatura Española
en la Universidad Autónoma de Madrid.


 


Presentaciones

24 de abril. 20´00 h. Feria del Libro de Cáceres.
5 de junio. 20´00 h. Feria del Libro de Mérida.


Audio (Mp3)

Oscuro pez del fondo